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Esta mujer crea hermosos diseños con las hojas de los árboles que caen en el otoño (FOTOS)

Arte

Por: pijamasurf - 12/13/2017

Aunque la vida puede ser en sí misma estética, a veces necesitamos pequeños recordatorios que nos ayuden a darnos cuenta de ello.

Cada otoño, desde hace al menos cuatro años, es posible ver a una mujer en el campus de la Universidad Estatal de Sacramento barriendo las hojas que se desprenden de los árboles ahí plantados. 

Se dirá que esta es una labor común y corriente, y en cierto modo lo es, pero en el caso de Joanna Hedrick, está acompañada de una intención entre estética y metafísica. 

Su barrido no es simple, sino dirigido: con las hojas elabora preciosos y, en algunos casos, intrincados diseños. Espirales, laberintos, modestos fractales, combinaciones geométricas… 

Bajo la inspiración de Andy Goldsworthy (artista británico conocido por el uso de elementos naturales en sus piezas), Hedrick realiza estas figuras a manera de regalo para los estudiantes que, en esta temporada, suelen encontrarse en exámenes y ya que ella trabaja como consejera en la Universidad, seguramente sabe de la tensión que éstos provocan en los jóvenes.

“Tomo algo que ya es hermoso y lo hago único, algo ante lo cual no puedes simplemente pasar y ya”, dice.

El ejercicio evoca, inevitablemente, los mandalas de arena que realizan los monjes del Tíbet, paciente y laboriosamente, a lo largo de muchos días y aun meses, para al final barrerlos y aprender así que todas las obras son frágiles y momentáneas, que el ego es menos que una brizna para la esencia del tiempo y que todo, al final, desaparece, a veces amablemente, como las hojas de esos árboles, dispersadas por el viento o consumidas poco a poco por la misma tierra de la que surgieron.

 

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‘Yo, un negro’ (Jean Rouch, 1958): el cine entre arte e investigación

Arte

Por: Lalo Ortega - 12/13/2017

La obra del cineasta y antropólogo francés existe con un pie en la ficción, y otro en el documental

Cortesía de su influencia y éxito comercial inconmensurables, es fácil pensar que el destino del cine siempre fue la representación de lo que otras artes ya han manifestado antes. En su capacidad única de capturar la realidad mejor que otros medios de expresión, el cine del mainstream a menudo ha caído en la paradójica representación de lo que Hitchcock llegó a despreciar como “teatro filmado” (desdén que, por extensión, aplica a la literatura adaptada a la gran pantalla). ¿Cuál es, entonces, la esencia del cine como arte independiente?

Ya en 1955, el pintor, artista y cineasta experimental, Hans Richter, escribía que una de las posibilidades del medio para emanciparse yacía en volver de la ficción a la historia, y del estilo teatral al documental. Así, la naturaleza provee al cine de una materia prima propia que no es limitada por las tradiciones literarias preexistentes: su capacidad creadora es dada sólo por la cámara y la sala de edición. Jean Rouch, cineasta y antropólogo, exploró dichas posibilidades a lo largo del centenar de películas que constituyen su filmografía.

Pionero de técnicas como el jump cut y reverenciado como precursor de la Nueva ola de cine francés por sus integrantes, Rouch es, sobre todas las cosas, padre del cine de etnoficción. Junto con "Los amos locos" (Les Maîtres Fous, 1955), "Yo, un negro" (Moi, un noir, 1958) es una de las obras más conocidas del subgénero.

 

 

El filme muestra a un grupo de inmigrantes nigerianos que viven en Treichville, un barrio en la capital de Costa de Marfil, mientras buscan trabajo todas las mañanas. Al plantear Rouch, mediante voz en off al inicio, el proceso de su experimento, hace de "Yo, un negro" una obra que se inscribe dentro este nuevo tipo de cine.

Se trata de una improvisación, carente de un guión preexistente, en la que sus sujetos se interpretan a sí mismos con libertad de hacer y decir lo que quisieran, bajo seudónimos que mucho dicen sobre la influencia de la cultura occidental en la cosmovisión de la juventud africana de la época. Por limitaciones técnicas del registro sonoro, ésta no es una película con sonido directo: las narraciones y comentarios fueron grabadas después en París.

En el carácter imprevisible y caótico de su creación, el cine de Rouch se desprende de la antropología rígida para oscilar entre el arte y el método científico. Donde éste y el guión cinematográfico clásico se encargan de controlar el entorno y reducir las variables, la espontaneidad de los sujetos en "Yo, un negro" admite una experimentación del mundo más amplia y, de cierto modo, más real.

¿No es una contradicción que el antropólogo presente una realidad enmascarada a posteriori por la narración de sus propios sujetos? O, quizá a la inversa, Rouch propone ir más allá del registro objetivo de los hechos gracias a la capacidad intrínseca del cine de representar la subjetividad.

 

El Cine Tonalá y Le Cinéma IFAL son sedes del ciclo “Jean Rouch: una aventura cine-etnográfica” durante el mes de diciembre. Para conocer fechas y horarios del programa, consulta este enlace.

Twitter del autor: @Lalo_OrtegaRios