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El telescopio Hubble capturó una imagen del cometa más lejano jamás avistado (y esto podría ser emocionante)

Algo tiene la distancia física que, aunque en algún plano representa una abstracción, es tan palpable que incluso se experimenta en la piel. Estar físicamente lejos de algo nos resguarda, pero paradójicamente también puede traducirse de forma proporcional en una atracción latente: un largo trecho que nos protege pero a través del cual extendemos un lazo fuerte, a veces nostálgico (otras hasta violento), que termina por vincularnos con ese algo que al parecer se encuentra muy lejos de nosotros. Por todo lo anterior, el simple hecho de pensar en un algo "más lejano", por ejemplo, un cometa, conlleva una carga insinuante, que atrae –o tal vez, hace emanar– emociones complejas.

El cometa C/2017 K2 ha navegado durante millones de años los impensables límites de nuestro sistema solar. Su órbita sugiere que proviene de la Nube Oort, región esférica que, presumimos, guarda más misterios de los que podríamos digerir en una vida. Esencialmente extraño, este cuerpo ostenta una frialdad extrema, de -266°C, y está compuesto de gas y polvo congelados hasta lo pétreo. Su parcial cercanía con el Sol tras una larguísima travesía –actualmente se encuentra a unos 2 mil 500 millones de kilómetros de él– ha provocado que este cometa desarrolle una nube de polvo de más de 120 mil kilómetros de angostura, llamada coma, la cual adorna hoy su núcleo.

Recientemente el telescopio Hubble, uno de nuestros avizores más queridos, logró documentar al C/2017 K2, con su indiferencia azul, y así capturó la imagen del cometa más lejano jamás registrado. Y si bien este éxito astronómico tendrá, supongo, repercusiones en el campo de esta ciencia, también pareciera un buen pretexto para reflexionar brevemente sobre la distancia de los cuerpos físicos y las emociones que esto genera. 

La distancia seduce, calma, arrebata y, también, hace especular. 

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

Equinoccio de otoño, 22 de septiembre del 2017: luz y oscuridad en equilibrio

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/03/2017

Con el equinoccio del 22 de septiembre del 2017 inicia el otoño en el hemisferio norte y la primavera en el hemisferio sur

Este viernes 22 de septiembre a las 20:02 horas (tiempo universal) (a las 15:02, tiempo de la Ciudad de Mexico) el Sol cruzará el ecuador celeste, la línea imaginaria en el cielo encima del ecuador de la Tierra, marcando de esta manera el equinoccio de otoño en el norte y el equinoccio de primavera en el sur. Los habitantes del hemisferio norte se dirigen hacia el invierno y el descenso de la energía solar y los del hemisferio sur hacia la siembra de la primavera y finalmente el esplendor del verano, con el incremento de la luz del Sol. Los equinoccios, junto con los solsticios, son los grandes relojes de Sol, los puntos nodales donde se marcan los cambios en el constante proceso de la naturaleza.

La palabra equinoccio, literalmente aequs-nox: "noche igual", hace referencia a que en este punto del año solar el día y la noche duran igual o casi igual, ya que en los polos hay una pequeña diferencia. Así tenemos este juego de polaridades en equilibrio, una eterna danza de fuerzas que más que opuestas son complementarias, se necesitan la una a la otra para existir, la luz y la oscuridad, la vida y la muerte. Simbólicamente, en el norte el otoño marca el inicio de la muerte del Sol, la cual culminará en el solsticio de invierno, fecha que a la vez es su renacimiento, ya que toda muerte en la naturaleza es una transformación. Así, estas fechas estaban ligadas al almacenamiento de los frutos cosechados y a la preparación para el invierno, donde había menos recursos. Esto mismo se traspolaba de un nivel material-social a un nivel energético individual: el individuo debe empezar a cuidarse y a conservar su energía para evitar enfermar en verano. La medicina china tradicional, basándose en el texto seminal El clásico interior del emperador amarillo, aconseja:

-En invierno se debe acostar temprano y levantarse tarde. Esto es especialmente importante para cuidar el riñón.  

-En primavera uno debe acostarse tarde y levantarse temprano. En esta temporada el cuidado especial es sobre la energía del hígado.

-En verano uno se debe acostar tarde y levantarse temprano. Aquí hay que cuidar el corazón.

-En otoño se debe acostarse temprano y levantarse temprano. Aquí se cuida la energía pulmonar.

Mientras, en el hemisferio norte, las personas deben empezar a cuidarse un poco más y tomar precauciones. En el sur la gente puede empezar a beneficiarse de estar en la naturaleza y de cargarse de la energía celeste que se imprime en la Tierra, siendo este el momento de las albricias: es tiempo de sembrar, el Sol se eleva por el cielo y la luz se difunde por la Tierra. La luz que para todas las sociedades que han observado la naturaleza es vida. La medicina china recomienda hacer caminatas en el bosque en primavera. 

Ciertamente, hoy en día estas fechas han pasado a segundo término dentro de todos los festejos seculares o comerciales que se tienen. Sin embargo, antiguamente estas eran de las principales fechas en los calendarios de civilizaciones que estaban más vinculadas a la naturaleza y a los ciclos de cultivo. De cualquier manera, el equinoccio nos permite reconectar con este modo de existir, el cual se interesa por el cosmos y considera que toda la vida en el planeta existe de manera interdependiente, sensible a los pulsos y ritmos de la naturaleza, la cual sirve como guía.