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Este estudio demostró que un vino barato puede ser tan bueno como un vino costoso

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/30/2017

Entre las muchas cualidades que hacen del vino una bebida generosa tenemos que su precio de venta nunca afectará nuestra capacidad de disfrutarlo, y este experimentó así lo probó

En el modo de vida propiciado por el capitalismo solemos pensar que el precio de una mercancía tiene una relación directa con su calidad, es decir, que mientras más costoso sea un producto es “mejor”, lo que sea que eso signifique.

Sin embargo, además de que esa impresión es en sí misma sumamente cuestionable, en nuestra época el costo de una mercancía suele estar determinado por muchos otros factores y, paradójicamente, no siempre la calidad de los insumos es uno de los primeros. Alimentos que vienen de tierras lejanas y sobreexplotadas, gadgets hechos en China en jornadas de trabajo inhumanas, prendas deportivas que para su elaboración se sirven de mano de obra infantil… Todo lo cual reduce los costos de producción, pero eleva el precio final de venta. ¿Curioso, no?

Es posible, no obstante, que exista al menos un producto que parece escapar de ese círculo pernicioso, pues su calidad depende de una coincidencia singular de circunstancias: el vino. El terreno donde se siembra, la uva que se utiliza, el clima, las condiciones en que ocurre la fermentación. Todo ello hace que cada cosecha de vino tenga algo no sólo de irrepetible sino también de azaroso, lo cual a su vez se conecta con otra singularidad: la de nuestro propio gusto. Por todo esto, en el vino el precio puede llegar a ser sólo un accidente que, por fortuna, no determina la calidad ni el placer que podemos sentir al disfrutarlo.

Prueba de ello es un experimento realizado por investigadores de la Escuela de Economía de Estocolmo y de las universidades de Yale y de California en Davis, quienes reunieron a un grupo de voluntarios para examinar su respuesta ante dos grandes tipos de vino: los de precio de venta elevado y los de precio bajo. Cabe mencionar que las personas participantes constituyeron un grupo heterogéneo, pues lo mismo se encontraban conocedores de las cualidades del vino que individuos sin ningún tipo de entrenamiento o formación para paladearlo.

Después de poco más de 6 mil pruebas del tipo “ensayo a ciegas” (es decir, sin que la persona supiera qué vino probaba), los investigadores observaron una tendencia de relación indirecta entre el precio y la sensación de disfrute: curiosamente, mientras más caro era un vino, las personas lo disfrutaban menos. Sólo en el caso de individuos que sabían distinguir las propiedades del del vino, este fenómeno se revirtió parcialmente.

“Estos hallazgos sugieren que los consumidores no expertos en vino no deberían prever un gran placer en cuanto a las cualidades intrínsecas del vino sólo por su costo elevado o porque es apreciado por los expertos”, escribieron los científicos en el artículo respectivo, publicado en la revista especializada Journal of Wine Economics (disponible en este enlace).

Así que ya lo sabes: es imposible elegir un buen vino por su precio. La única opción de conocerlo y saber si lo disfrutarás es probándolo.

 

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Los humanos sienten más empatía por los perros que por otros seres de su misma especie

Ciencia

Por: pijamasurf - 11/30/2017

Esta situación puede explicarse tomando en consideración que los sujetos visualizan a los perros no como animales, sino como unos “bebés peludos” u otros miembros de su propia familia humana

En caso de ser necesario, los perros fungen como herramientas terapéuticas en personas que requieren elaborar un duelo, incrementar herramientas afectivas como la empatía, o simplemente enfrentar el miedo a la soledad. Desgraciadamente, hasta ahora se se sabía poco sobre los efectos terapéuticos de orden psicoperceptivo que estas mascotas son capaces de brindar a sus dueños.

De acuerdo con un estudio realizado por investigadores de la Universidad Northeastern, de Boston, publicado en Society & Animal Journal, los humanos son capaces de experimentar más empatía por los perros que por otros humanos. Para llegar a esta conclusión se realizaron análisis a 256 estudiantes, a quienes se les presentaban dos casos: un humano y un perro siendo golpeados con un bate de béisbol por un personaje desconocido. Las víctimas, que podían variar entre un niño de 1 año, un señor de 30 años, un cachorro o un perro adulto, se encontraban con múltiples daños, una pierna/pata rota y en estado inconsciente.

Como resultado, los estudiantes realizaron un baremo del nivel de empatía en relación con cada una de las víctimas, y mostraron sentirse menos impactados cuando los adultos humanos eran las víctimas y más conmovidos cuando se trataba de bebés, cachorros y perros adultos. Según los investigadores, sólo uno de los estudiantes mostró bajos niveles de empatía cuando las víctimas eran bebés humanos y perros adultos.

Esta situación puede explicarse tomando en consideración que los sujetos visualizan a los perros no como animales, sino como unos “bebés peludos” u otros miembros de su propia familia humana. Es decir, el factor de la edad se encuentra presente y de manera significativa en relación a la especie: “Encontramos que hay un mayor nivel de empatía por las víctimas que eran niños humanos, cachorros o perros mayores que por aquellas víctimas que eran adultos humanos”.

Este factor es indispensable a la hora de transmitir la empatía hacia otros seres humanos: más allá de tan sólo una cuestión evolutiva, se trata de un método indispensable para la salud mental tanto de un individuo como de una sociedad entera, pues mientras mayor desarrollo empático y asertivo se genere en sistemas pequeños, como un hogar, una escuela o una colonia, mayor será el funcionamiento a nivel nacional.