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La preciosa "ecuación" de Albert Einstein para la trascendencia de la vida

AlterCultura

Por: pijamasurf - 10/24/2017

Einstein consideró que el problema fundamental del ser humano es ignorar esto: que es parte del todo y que no existe de manera separada

Después de desarrollar su teoría de la relatividad, Albert Einstein se volvió la más importante celebridad intelectual de su época. Einstein se interesó por todo tipo de ideas, mucho más allá de la física, incluyendo, por supuesto, la filosofía de Spinoza, la cual mantuvo como lo más cercano a una creencia personal. Es debido a su gran inquietud intelectual y a la obsesión popular por su inteligencia que hoy en día abundan todo tipo de frases, sobre todo tipo de temas (desde la política internacional al vegetarianismo), que se le atribuyen -algunas de dichas citas son falsas o imprecisas. 

Aunque existe un claro abuso en el recurso a la autoridad de Einstein para legitimar una idea, es indudable que el científico dejó perlas de sabiduría, algunas de las cuales son sumamente útiles e inspiradoras en nuestro tiempo. Un caso notable es un pequeño párrafo que fue citado en el New York Times (marzo 29, 1972) y que el escritor George Monbiot sugiere que puede leerse como "la otra gran ecuación de Einstein: una fórmula para la supervivencia del mundo viviente y los seres humanos". Esta es la cita:

Un ser humano es parte de la totalidad, llamada por nosotros "universo", una parte limitada en el tiempo y el espacio. Se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones, como separado del resto -[esto es] una especie de ilusión óptica de su conciencia. Una ilusión que es una forma de prisión, limitándonos a sólo nuestros deseos personales y a sentir afecto por sólo las personas más cercanas. Nuestra tarea debe ser liberarnos de esta prisión al extender nuestro círculo de compasión y abrazar a todas las criaturas de la naturaleza en toda su belleza. 

Esta cita (en su versión en inglés) ha circulado por innumerables sitios en la red. Sin embargo, según la autora Alice Calaprice en The New Quotable Einstein, la cita original proviene de una carta que Einstein le escribió en 1950 a un padre que había perdido a su hijo, y es la siguiente:

Un ser humano es parte de la totalidad, llamada por nosotros "universo", una parte limitada en el tiempo y el espacio. Se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sensaciones, como separado del resto -[esto es] una especie de ilusión óptica de su conciencia. Esforzarse por liberarse de esta ilusión es el tema central de la verdadera religión. No nutriéndola sino superándola es la forma de lograr una medida estable de paz mental. 

Indudablemente, la primera cita está embellecida y expresa más explícitamente una visión muy cercana a la filosofía del budismo mayahana (como algunas personas claramente han notado). Dicho eso, la segunda cita contiene la misma idea: básicamente, que no existimos de manera separada -por lo cual, nuestra percepción común es una ilusión- y que esta falsa sensación de separación es la raíz de nuestro sufrimiento.

Aunque Einstein no sugirió nunca que esto fuera estrictamente una fórmula, es indudable que la frase refleja el núcleo de su filosofía personal, ya que en repetidas ocasiones habló de algo similar, de un sentimiento de religiosidad cósmica, una reverencia ante las leyes de la naturaleza, la belleza y la elegancia de las cuales somos parte integral. La moralidad está justamente en este existir de manera interdependiente en un universo de una belleza y un orden que reflejan una misteriosa fuerza y una "razón que se manifiesta a sí misma en la naturaleza". "Vemos un universo maravillosamente arreglado, que obedece ciertas leyes, pero apenas entendemos esas leyes. Nuestras mentes limitadas no pueden aprehender la fuerza misteriosa que mueve a las constelaciones", escribió Einstein

¿Por qué es esta una posible ecuación para la supervivencia de nuestra especie y, en general, de la vida en el mundo? Es porque de la noción fundamental de que no existimos de manera separada, que somos parte de la totalidad, se deriva lógicamente que vivimos en un mundo interdependiente, en el cual cada ser y cada acto afectan a todos los demás. Este es el origen del problema ecológico (concebirse como separados e independientes) y la solución del problema ecológico y en general existencial (erradicar la ilusión de la separación y entender que nuestra paz y felicidad dependen de tomar en cuenta a los demás). Einstein era consciente de que esto es la base de todas las religiones, la llamada ley de oro, pero su aportación a ello es entenderlo desde la física, ya no como una aseveración moral basada en la revelación divina o ni siquiera en el sentido común, sino en la observación de la naturaleza del universo, pues en realidad no somos tanto personas o individuos como porciones del universo en las cuales el mismo universo se hace consciente de sí mismo. La religión cósmica de Einstein, su espiritualidad, está en esta conexión con el universo, más allá de dogmas. La verdadera humanidad es esa compasión que trasciende identificaciones como credos, nacionalismos, razas e incluso familias y especies. Esta es la verdadera perspectiva cósmica integral. 

 

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Entre algunos de los tesoros hallados en el interior del túnel: dientes de cocodrilo forjados en piedra verde, cristales con forma de ojos, esculturas de jaguares, un paisaje en miniatura de montañas y pequeños lagos con mercurio fungiendo como agua, y cuatro estatuas de piedra verde

Cualquier nativo y extranjero que visita las pirámides de Teotihuacán experimenta una mezcla curiosa de sensaciones. Hay quienes dicen que es una tierra sagrada que transmite una energía lúgubre, ancestral, diferente, que rinde homenaje a su traducción en náhuatl: Teōtihuācan, “el lugar en donde los hombres se convierten en dioses”; una tierra en la que, según los informantes nahuas de Bernardino de Sahagún, los dioses se reunieron para dar origen a Nahui Ollin, el Quinto Sol, cuando aún era de noche y no había luz ni día.

Si bien no se sabe con precisión los contextos en los que se creó y se colapsó esta “Ciudad de los dioses”, poco a poco los investigadores y arqueólogos han logrado descubrir elementos clave que dan sentido a una de las civilizaciones prehispánicas más poderosas del mundo. Fue en el 2003 que el arqueólogo mexicano Sergio Gómez Chávez halló un túnel por debajo de la pirámide de la Serpiente Emplumada, el cual guardaba entre sus paredes una cantidad extraordinaria de tesoros colocados como la última vez que se realizó un ritual de ofrenda a los dioses. Se trata de un túnel perfectamente cilíndrico, con dirección a tres cámaras principales y paredes cuidadosamente impregnadas con pirita pulverizada para crear el efecto de la galaxia de estrellas que dio lugar a la luz del fuego.

Gómez Chávez explica a The Guardian que un día de lluvia se percató de un hoyo que representaba un peligro para los turistas. Al tratar de alumbrar en su interior y continuar viendo oscuridad, decidió bajar a descubrir de qué se trataba: ahí estaba, en un túnel perfectamente cilíndrico que reflejaba la antigüedad en su construcción. Ante semejante hallazgo, el equipo del arqueólogo decidió utilizar un robot con una videocámara para explorar el túnel. Para ellos fue sorpresivamente evidente: nadie había entrado a este pasadizo en al menos mil 500 años.

Entre algunos de los tesoros hallados en el interior del túnel había dientes de cocodrilo forjados en piedra verde, cristales con forma de ojos, esculturas de jaguares, un paisaje en miniatura de montañas y pequeños lagos con mercurio fungiendo como agua, y cuatro estatuas de piedra verde que, según los investigadores, podrían representar a los chamanes fundadores de Teotihuacán y que guiaron a los peregrinos al lugar sagrado. Son aproximadamente 250 piezas, las cuales se expondrán en el Museo de Young de San Francisco, California, en EEUU, bajo el título de Teotihuacán: City of Water, City of Fire.

La idea de esta exposición es dar a conocer los amplios panoramas sobre la grandeza y riqueza que continúan habitando en Teotihuacán, pues, a diferencia de las pirámides de Egipto, las de Mesoamérica, principalmente las aztecas, solían usarse exclusivamente como templos. El Museo de Young ofrecerá una visión de la pirámide de la Serpiente Emplumada no sólo como una fachada de fortaleza y autoridad, con una plataforma para rituales y sacrificios que brindó un sentido de sensibilidad y cohesión entre los habitantes de la ciudad, sino también como un elemento de la cotidianidad con el que se delineó la cosmogonía de la ciudad.

Para Gómez Chávez se trata de una exhibición que representa uno de los más importantes logros culturales, al permitir conocer los más recientes hallazgos que brindan un ápice de claridad sobre una de las ciudades más misteriosas del mundo. Sin embargo, aún quedan dudas y enigmas que aprender de esta cultura que, según dicen, pudo haber conquistado a la sociedad moderna. En palabras de Matthew Rob, curador de la exposición: “Los teotihuacanos resisten a que se les interprete, sólo pueden provocar una atracción hipnótica sin develar el misterio de su belleza”.