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El matrimonio de Big Data con Big Brother: China crea sistema para evaluar conducta de sus ciudadanos

Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 10/27/2017

La preocupante fusión del monitoreo con la evaluación de la conducta ha comenzado; los ciudadanos accederán a privilegios o serán castigados según su comportamiento. Esto es el riesgo que se corre cuando se renuncia a la privacidad a cambio de participar en las redes sociales y tener nuevos gadgets

Como salido de una visión distópica como la de Orwell, o quizás más precisamente de la serie Black Mirror, el gobierno chino ha lanzado un proyecto con el cual evaluará el comportamiento de sus ciudadanos, creando un ranking algorítmico de cada uno de ellos. Con esto se avecina una nueva era en la que la vigilancia digital será parte de un mecanismo ya no sólo de prevención sino de prohibición, en la que existirán diferentes clases de ciudadanos.

Vivimos ya en un mundo en el que todos nuestros comportamientos son monitoreados y la información que generan alimentan a diferentes algoritmos, esto es básicamente lo que se conoce como el Big Data. Lo que compramos en línea, las llamadas que hacemos y desde dónde las hacemos; quiénes son nuestros amigos y cómo interactuamos con ellos, qué sitios visitamos y cuánto tiempo pasamos en ellos, etc. Todos estos comportamientos generan perfiles que compañías como Google, Facebook, Apple o Amazon utilizan para crear mejores anuncios, optimizar sus plataformas y desarrollar nuevos productos. Sin embargo, por el momento todo esto, al menos según queremos creer, no genera una evaluación o un ranking que determina nuestra elegibilidad a cosas como un trabajo o un pasaporte. Pero eso podría cambiar pronto, y ya lo está haciendo en China. El monitoreo se une, como inevitablemente iba a suceder algún día, a la evaluación de la conducta como una forma de control del poder.

La revista Wired tiene un artículo muy amplio sobre el programa que ha lanzado China para la construcción de un Sistema de Crédito Social, con el que se busca evaluar la confiabilidad de sus 1.3 mil millones de ciudadanos. La idea que el gobierno promueve es que el sistema puede aumentar la confianza a nivel nacional y construir una cultura de la honestidad, exaltando valores positivos y evitando fraudes. Por el momento el programa es voluntario, pero para el 2020 sería obligatorio. Actualmente, cada ciudadano participante es evaluado por el gobierno conforme a diferentes factores considerados por un algoritmo creado por una compañía afiliada al gigante de Internet Alibaba (el Amazon chino) y otras empresas.

El llamado Sesame Credit mide a las personas en un puntaje entre 350 y 950 puntos, y toma cinco factores a consideración. El primero es la historia crediticia -esto es, por ejemplo, si un ciudadano paga a tiempo la luz o el teléfono. Un segundo factor mide el cumplimiento de las obligaciones contractuales en el trabajo. El tercer factor verifica la información personal de una persona, como su número de teléfono y dirección. La cuarta categoría (aquí se empieza a poner tenebrosa la cosa) mide las compras que hace una persona en línea. Así, el ranking considerará la diferencia entre alguien que compra videojuegos y alguien que compra pañales, por ejemplo. Esto sugiere algo sumamente preocupante: al evaluar el comportamiento como positivo o negativo, el sistema empieza a sugerir o moldearlo, ya que, evidentemente, todo ciudadano será consciente de que ciertos comportamientos pueden generar evaluaciones negativas. La quinta categoría son las relaciones interpersonales; por ejemplo, compartir cosas positivas en línea ayuda a subir el puntaje. Según Alibaba, sólo lo positivo sube el puntaje. Pero cuando el gobierno lance el programa oficialmente en el 2020, será difícil pensar que los comportamientos críticos no afecten dicho puntaje o al menos sean tomados en cuenta por el gobierno, como sugiere la investigación de Wired. Asimismo, puesto que el ranking se ve influido por las relaciones de cada persona, fácilmente se podrán ver casos en los que exista presión social para que se eviten ciertos comentarios.

Hay un episodio de la serie Black Mirror que es aterradoramente parecido. En el programa chino, los amigos y los contactos sociales pueden influir en la evaluación de un ciudadano y, a la vez, los ciudadanos que tengan comportamientos altamente confiables acceden a beneficios. Actualmente esto ya les permite acceder a préstamos para comprar en línea, rentar un auto sin dejar un depósito o hacer check-in VIP en diferentes lugares. El sistema recompensa la lealtad, y los altos puntajes son vistos como una nueva forma de estatus. De manera  escabrosa, el sistema mismo aconseja a los ciudadanos cómo mejorar su puntaje, por ejemplo, no haciéndose amigos de personas con bajo puntaje, lo cual es ya el prototipo de un elitismo de ultracorrección política. Como dice Rachel Botsman en Wired, el Sesame Credit es la versión videojuego Big Data del Partido Comunista, la gamificación de la vigilancia. Ya antes en China existía el dang'an, un registro de todas las transgresiones políticas y personales de un ciudadano, pero ahora esto se vuelve exponencial, pues involucra a toda la sociedad. Ello hará que las personas que tengan bajos puntajes tengan una menor velocidad de conexión y pierdan sus derechos a viajar, señala Botsman.

El nivel al que esto puede llegar ha generado alarma. Luciano Flordi, profesor de filosofía de Oxford, lo compara con un cambio de paradigma al nivel de la revolución copernicana o las ideas de Freud de que nuestras acciones son controladas por el inconsciente. El nuevo paradigma tiene que ver con la fusión de lo que hacemos online con la vida offline, creándose lo que él llama "onlife", esto es, una nueva personalidad que integra nuestra personalidad virtual con nuestra personalidad física offline. Viviremos en un mundo que será algo así como Yelp para humanos.

Hay que mencionar que algunas personas en China consideran que este sistema tiene cierta ventaja y es más transparente que lo que se hacía antes en ese país. Ya que los ciudadanos de todas maneras saben que van a ser monitoreados, al menos ahora conocerán cuáles son las reglas y tendrán acceso a su perfil. Además, el sistema los protege de realizar negocios e intercambios con personas con poca credibilidad, de la misma manera que Uber, Airbnb o Mercado Libre.

Mientras que los occidentales reaccionan a esto pensando que es algo típico del comunismo, quizás no se dan cuenta de que lo mismo podría suceder en el futuro en sociedades como las nuestras. Rachel Botsman escribe que nuestra sociedad:

ciertamente tiende hacia eso. Salvo que se produzca una masiva revuelta ciudadana exigiendo tomar control de la privacidad, estamos entrando una era en la cual las acciones de los ciudadanos estarán siendo juzgadas por estándares que no pueden controlar y los juicios no pueden borrarse. Las consecuencias no son sólo perturbadoras, son permanentes. Olvidémonos del derecho a borrar y a ser olvidados, a ser jóvenes e impulsivos. 

Aunque algunos analistas son más optimistas -como Kevin Kelley, quien habla de la covigilancia (donde los vigilados vigilan a los vigilantes también)- el poder que están tomando las grandes compañías de Internet, como Google o Facebook, es ciertamente alarmante. Aunque estas compañías no usen sus datos necesariamente para controlar a los ciudadanos, ciertamente los usan para incrementar sus ganancias, y actualmente pueden ya provocar ciertas conductas (nudging) y predecir comportamientos, en ocasiones con mayor efectividad que la misma persona. Sabemos que la economía digital basada en la idea de crecimiento infinito no genera prosperidad real, sino que aumenta la desigualdad -ciudadanos de diferentes clases. Sabemos también que la economía digital esta basada en la captación de la atención y que para captar la atención se crea todo tipo de tecnologías de la distracción. Así que podemos tener una versión similar a la del comunismo, sólo que capitalista; mientras que la tecnodistopía de China se parece a la de Orwell, la de Occidente se parece más a la de Huxley.

 

Lee también: Por qué lo que estamos viviendo se parece más a 'Un mundo feliz' de Huxley que a '1984' de Orwell

 

Imagen: Kevin Hong

Estadísticas de búsquedas en línea muestran que muchos hombres se sienten atraídos sexualmente por mujeres que tienen sobrepeso y probablemente no las buscan porque se sienten socialmente avergonzados

Las personas mienten para ser más deseables y para conformarse a ciertos estándares sociales que creen que son importantes. En diversos etudios de los años 50 se notó que cuando se recopilan datos en sondeos sobre cosas como si se dona dinero a caridad, si se sale a votar o si se tiene una tarjeta de biblioteca, las personas suelen exagerar notoriamente en favor de aquello que creen deseable. Cuando se compararon los datos oficiales registrados se descubrió que la gente dona menos, lee menos y vota menos de lo que dice. Hoy en día, los científicos saben que cuando un sondeo se hace de manera personal hay menor probabilidad de que las personas digan la verdad, cuando es por teléfono esto aumenta y cuando es por Internet sube más, pero incluso en Internet, cuando hay cierto anonimato, la gente suele exagerar. A esto se le conoce como "sesgo de deseabilidad social".

Hoy en día esto sigue siendo un problema cuando se realizan reportes, por ejemplo, en los que los individuos se autoevalúan. Y no sólo le decimos mentiras a los demás; nos mentimos a nosotros mismos. Pero hay alguien a quien nadie le dice mentiras o, al menos, que sabe lo que realmente quiere la gente aunque diga lo contrario, y ese es Google, y algunos otros motores de búsqueda (y en general el Big Data). Seth Stephens-Davidowitz se dedica justamente a estudiar lo que nos dicen las búsquedas en línea que hacen las personas sobre sus conductas y preferencias. Según Seth, Google fue inventado para que la gente aprendiera del mundo, pero esto también tiene otro efecto: permite que los investigadores aprendan de las personas. Una de las cosas de las que todos mantienen más secretos es, por supuesto, el sexo.

Un caso especialmente notorio y que revela una cierta patología social es el caso que Stephens-Davidowitz ha notado con respecto a las búsquedas que hacen los hombres para ver pornografía de mujeres con sobrepeso:

El porno que muestra mujeres con sobrepeso es algo sorprendentemente muy común entre hombres. Pero los datos de los sitios de citas nos dicen que casi todos los hombres tratan de salir con mujeres delgadas. Tratan de salir con las personas que creen que van a impresionar a sus amigos.

Esto revela cómo muchos hombres van en contra de algunos de sus deseos para conformarse con los paradigmas socialmente aceptados, como es el de que una mujer bella debe ser esbelta, algo que ciertamente no tiene un carácter universal sino que es particular de la sociedad moderna.

"Es algo ineficiente", dice Stephens-Davidowitz:

Hay muchos hombres solteros y muchas mujeres con sobrepeso solteras que serían sexualmente compatibles. Pero no salen juntos, al tiempo que el hombre intenta y fracasa en salir con mujeres esbeltas, aunque se siente menos atraído por ellas. Y luego tienes mujeres que prácticamente se mueren de hambre para mantenerse delgadas para que su esposo no las deje, aunque quizás su esposo se sentiría más atraído a ella si pesara más. El deseo de impresionar causa todo tipo de ineficacia.

Este sesgo en contra de las mujeres con sobrepeso, más allá de lo que realmente sentimos por ellas, se nota también en los padres. Los padres tienen dos veces más probabilidades de buscar en Google "¿Padece sobrepeso mi hija?" que lo mismo sobre su hijo. Y, sin embargo, los datos de salud en Estados Unidos muestran que el 28% de las niñas y el 35% de los niños tienen sobrepeso, lo cual revela, nuevamente, que hay una preocupación que no obedece a la realidad pero sí a la presión social. Los padres se preocupan porque sus hijas con sobrepeso no van a ser deseadas.

En líneas generales, los datos que ha analizado Seth muestran que existen muchos más hombres homosexuales en el clóset de lo que creemos, que las mujeres casadas están preocupadas sobre si su esposo es gay, que muchas mujeres heterosexuales ven porno lésbico, y que el porno que muestra violencia contra las mujeres es más popular entre las mujeres que entre los hombres.