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Beber alcohol te ayuda a hablar mejor un idioma extranjero, según este estudio

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/22/2017

¿Quieres mejorar tu habilidad oral en otro idioma? Este estudio aporta una sugerencia interesante

El alcohol es bien conocido por su efecto de desinhibición. Esa alegría que parece sobrevenir después de unos cuantos tragos no es otra cosa más que el triunfo del alcohol sobre nuestras inhibiciones, esto es, sobre nuestros miedos, angustias, ansiedades, preocupaciones, limitaciones y así sucesivamente. Triunfo parcial y efímero, es cierto, una victoria pírrica, pero triunfo a fin de cuentas, aunque sea sólo por unos momentos.

Pero más allá de situaciones más o menos comunes en las que el alcohol hace de las suyas (la fiesta, el cortejo, etc.), quizá no sería mala idea comenzar a explorar ese beneficio potencial en otras circunstancias a las que no solemos asociarlo. Por ejemplo: la práctica de un idioma extranjero.

Al menos así lo sugiere un estudio publicado recientemente sobre el efecto del alcohol en la capacidad de hablar un idioma distinto al nativo.
Investigadores de la Universidad de Liverpool, el King’s College London y la Universidad de Maastricht (Países Bajos) reunieron a 50 estudiantes de esta última universidad, cuya lengua materna es el alemán pero que asisten a cursos impartidos en holandés. Los 50, cabe mencionar, habían aprobado un examen de competencia en dicha lengua.

El experimento diseñado por los científicos consistió en que cada uno de los estudiantes tuvo una conversación breve y sencilla con otra persona en holandés. Sin embargo, a la mitad de ellos se les dio de beber agua antes de la entrevista y a la otra mitad una bebida alcohólica (equivalente a una pinta de cerveza). Además, al terminar, se pidió a cada estudiante que calificara su propio desempeño con la lengua.

En una segunda fase, dos personas cuyo idioma nativo era el holandés escucharon las grabaciones de estas pláticas y evaluaron el manejo del idioma de los participantes, esto sin saber que algunos de ellos habían bebido alcohol poco antes de hablar.

Al reunir los resultados, los investigadores encontraron que, en general, el alcohol no había afectado la evaluación que los estudiantes hicieron de sí mimos, es decir, no se mostraron ni más confiados ni más complacidos con su manejo oral del holandés.

No obstante, de acuerdo con la evaluación externa, el desempeño sí fue distinto. En el caso de los estudiantes que bebieron alcohol antes de la conversación, los nativos holandeses que escucharon esas grabaciones notaron sobre todo una mejor pronunciación en las palabras y una mayor elocuencia, en comparación con quienes bebieron agua. En otros aspectos como la gramática, la amplitud del vocabulario o la capacidad de argumentación, la calificación fue muy similar en ambos grupos.

Ante estos resultados, los investigadores hacen un par de acotaciones. En primer lugar, una especie de alerta de moderación, pues aunque el efecto desinhibidor del alcohol parece mejorar la fluidez en un idioma extranjero, en dosis mayores puede provocar justo lo contrario.

Asimismo, en el caso de las circunstancias de este estudio, sus autores dicen no poder saber si dicha mejora se debe al efecto que el alcohol provoca en el cuerpo o si se trata más bien de un fenómeno psicológico, y si es más bien esto último, ¿funcionaría también el efecto placebo? Es decir, si una persona cree que bebió alcohol, ¿también hablaría mejor en un idioma extranjero? 

En este sentido, los investigadores reconocen la existencia de la “ansiedad del idioma” (language anxiety), por la cual los pensamientos y emociones de una persona afectan su habilidad para manejar un idioma distinto al nativo.

Como vemos, la investigación (que puede encontrarse en este enlace) se abre a más preguntas en torno a este fenómeno. Por el momento, si estudias una lengua y quieres mejorar tu capacidad de hablarla, puedes considerar beber antes una cerveza u otro trago de tu preferencia.

 

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Científicos logran descifrar los misterios del reloj biológico y obtienen el Nobel por esto

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/22/2017

Científicos han logrado entender cómo el reloj biológico o ritmo circadiano se sincroniza con la Tierra y afecta procesos metabólicos y regula el sueño, entre otras cosas

El primer Premio Nobel del 2017 ha sido para los investigadores estadounidenses Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young, quienes recibieron el Nobel de Medicina por explicar "los mecanismos moleculares que controlan los ritmos circadianos", esto es, el llamado reloj biológico de los seres vivos, particularmente de los humanos. Los ritmos circadianos controlan, entre otras cosas, el sueño, e influyen en el metabolismo y otros procesos vitales para la salud. Se ha encontrado que tales ritmos están sincronizados con la Tierra y su relación con el Sol. La Academia Sueca menciona:

Sus descubrimientos explican cómo las plantas, los animales y los humanos adaptan su ritmo biológico de manera que esté sincronizado con las revoluciones de la Tierra... Nuestro reloj interno [...] regula funciones críticas como el comportamiento, los niveles de hormonas, el sueño, la temperatura corporal y el metabolismo... Un desajuste crónico entre nuestro estilo de vida y el ritmo dictado por nuestro reloj interno [se ha asociado a] un aumento del riesgo de varias enfermedades.

Los estudios de estos investigadores demuestran la importancia del sueño en la salud, ya que los desajustes circadianos pueden llevar a enfermedades como "el cáncer, enfermedades neurodegenerativas y trastornos metabólicos", como la diabetes tipo 2. Además de afectar el sueño, las perturbaciones de este ritmo diurno están relacionadas "con la depresión, el trastorno bipolar, la función cognitiva y la formación de recuerdos". 

Los investigadores confirmaron algo que ya se sospechaba claramente: la luz solar ayuda a sincronizar el reloj biológico del ser humano, y la exposición a más o menos horas de luz perturba el reloj biológico. La luz solar está ligada a la producción de la hormona melatonina, llamada "la hormona del sueño". Demasiada exposición a la luz, incluyendo sobre todo luz artificial después del atardecer, suele perturbar el sueño. Por otro lado, demasiada poca luz solar ha sido asociada con perturbaciones en el estado de ánimo. 

Se descubrió, asimismo, que la luz solar ayuda a sincronizar el reloj biológico en el cuerpo humano y que la exposición a un exceso de luz a horas inapropiadas puede perturbar dicho reloj.

Generalmente, debido al ritmo circadiano que controla diferentes producciones de hormonas y sustancias endócrinas, la temperatura corporal es mínima de madrugada y máxima por la tarde, el nivel de alerta es máximo por la mañana y la tensión arterial es máxima por la tarde; y aunque la somnolencia aumenta de manera transitoria a primera hora de la tarde, el sueño profundo es máximo por la noche.