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Vivir en un vecindario donde puedas caminar mantiene saludable tu cerebro

Salud

Por: pijamasurf - 09/26/2017

La salud del cerebro y el lugar donde vives están estrechamente relacionados

Juegos de agilidad mental, ejercicio físico, cierto tipo de alimentos, mantener vivos nuestros lazos personales, meditar: las recomendaciones para conservar el cerebro en un estado óptimos son diversas, en buena medida porque la complejidad misma de un componente tan importante en nuestra anatomía nutre su bienestar desde distintas fuentes. 

Un estudio añade otro factor que quizá se había considerado poco hasta ahora: vivir en un lugar donde sea posible caminar. 

La investigación (que puede consultarse en este enlace) fue realizada por Amber Watts, profesora asistente de psicología en la Universidad de Kansas, quien al frente de un equipo recogió información sobre la salud cerebral de dos grupos de personas con dos de las enfermedades cognitivas más comunes de la edad adulta y la vejez: el Alzheimer y la demencia precoz.

En primer lugar, Watts y su equipo realizaron una especie de labor cartográfica al establecer la relación entre las personas del grupo, su casa y los lugares que más frecuentaban en un radio de hasta 800m dentro de ese vecindario. Con este mapa, establecieron después el grado tanto de integración de dichos sitios con respecto al hogar de cada persona como de complejidad que implicaba llegar a los mismos puntos.

En otro momento del estudio, la psicóloga realizó exámenes para conocer la capacidad cognitiva de los individuos en sus distintas funciones y determinar así el estado de su bienestar.

De acuerdo con los resultados observados, las personas que demostraron mejores capacidades cognitivas fueron también aquellas que vivían en vecindarios de conectividad notable, esto es, con muchos lugares a los cuales era posible llegar caminando desde su casa, en donde había más gente alrededor con la cual socializar (vecinos, personas en la calle o en los locales, etc.), más razones para acudir a esos sitios, etcétera.

Según explica Watts, esta relación puede deberse a la necesidad de memoria espacial que se requiere para salir a la calle, la cual, hasta donde se sabe, se genera en distintas partes del cerebro que trabajan simultáneamente: el hipocampo, el córtex parietal posterior, el córtex prefrontal y otras más.

Y más allá de que te sea posible o no vivir en un lugar así, donde puedas caminar y conectar puntos en el mapa de tu rutina y de tu vecindario, parece ser que en el fondo lo fundamental para nuestro cerebro es mantenerse activo, sentirse desafiado y vivo a través de nuevos aprendizajes. 

 

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Salud

Por: PijamaSurf - 09/26/2017

El abuso infantil es un evento que con la repetición no sólo provoca creencias irracionales sobre uno; también altera la manera de relacionarse en un mundo social

Cuando una persona sufrió desde la infancia malos tratos, humillaciones, insultos, golpes, abuso sexual, negligencia constante, su esencia está marcada de manera irreparable a lo largo de su vida. Es un evento que con la repetición no sólo provoca creencias irracionales sobre uno; también altera la manera de relacionarse en un mundo social. Es decir, la data científica ha demostrado incluso que la mayoría de los casos estudiados sobre trauma infantil –abuso psicológico, físico, sexual o negligencia– en el hogar se vincula con practicar o sufrir bullying en el ámbito escolar.

De hecho, de acuerdo con Bruce Perry, especialista en trauma, la esencia de una persona con trauma puede verse tan alterada que su personalidad después posee ciertos rasgos a lo largo de su vida, tales como:

– Ira

La teoría psicoanalítica indica que la ira contenida causada por el maltrato puede desplazarse hacia otras personas que posean rasgos similares al victimario. Se trata de un proceso principalmente inconsciente.

– Una rutina de disculpas constantes

Los sobrevivientes de abuso psicológico tienden a sentirse responsables de cada eventualidad, aun si no es su responsabilidad. Se trata de la manera en que los condicionaron a sentirse en relación con su abusador.

– Vive en o huye del conflicto

Dado que su sistema nervioso continúa viviendo en un estado de supervivencia, los únicos tres modos de vivir son pelea, huida o congelamiento. Por ello, cualquier evento que surja puede tomarse como un ataque frente al cual se necesita pelear, huir o simplemente dejar que suceda y congelar el cuerpo para evitar la muerte.

– Crisis de ansiedad o depresión

Numerosos eventos, como salir a la calle o vincularse con otras personas, pueden provocar sensaciones asociadas con ataques de pánico, ansiedad o depresión.

– Se es primordialmente introvertido

La introversión implica un largo tiempo para acercarse a las personas, confiar en ellas y aceptar que pueden comportarse fuera del patrón vivido. En muchas ocasiones, uno decide alejarse para evitar sentirse lastimado en un futuro.

– Eterna duda sobre hacer lo correcto

La historia personal, en donde si se hacía algo malo o bueno se recibía cualquier tipo de abuso, se vuelve en el peor enemigo de la confianza en uno mismo y la habilidad para tomar decisiones.

– Un autoconcepto pobre

Debido a la historia de abuso, el autoconcepto que se estructuró a lo largo de los años fue el de una persona que no merece amor ni cariño, o la idea de que el amor es a través del abuso, el exceso de control o la negligencia. En muchas ocasiones, el autoconcepto aprendido es el de “No soy lo suficiente para que me amen”, “Tengo que ser de tal manera para que me amen”, “El amor duele” o “Me pega porque me ama”.

– Es difícil aceptar regalos o halagos

Principalmente porque a nivel inconsciente no se cree que se merezcan o que, cuando se reciban, vendrán también con algún tipo de abuso.