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Esta es la razón por la que el actor James Franco jamás ve porno, y es buena

AlterCultura

Por: pijamaSurf - 09/09/2017

En la era del porno, mensajes como este de James Franco llevan la discusión a planos más importantes

El porno es un fenómeno polémico. Si bien en algún momento el dilema era sobre todo moral (y lleno de tabúes), luego a esta disyuntiva se unieron los argumentos neomísticos (en contra de la masturbació) o metafísicos (sugiriendo frecuencias bajas alrededor de esta práctica) también tenemos, por ejemplo, la indignación feminista alrededor de la "objetificación" de la mujer y su cuerpo. Pero un punto que pocos tocan en la discusión son las condiciones laborales y psicológicas de cientos de miles de mujeres que participan en esta industria alrededor del mundo.

Aunque muchos lo ignoremos, y muchos más queramos ignorarlo, en alguna medida la industria del porno, y obviamente de la prostitución, tienen una estrecha relación con la trata de blancas y el mercado de personas, por ejemplo. Las mujeres que no viven algo así, se enfrentan, al menos en su gran mayoría, con condiciones denigrantes y están en posiciones muy vulnerables. 

Cuando a James Franco, actor que además protagonizará una serie sobre la industria de la pornografía, le preguntaron sobre el porno, fue claro al sentenciar que él no consume jamás porno por una convicción ética:

No tengo ninguna oposición moralista contra esto (el porno), pero en un capitalismo no regulado siempre existen unas cuantas personas que de alguna manera terminan en la cima mientras el resto son simplemente arrojados abajo del camión. 

[...] Creo que lo que más se me quedó de esa película (el documental Hot Girls Wanted) es que estas niñas están completamente desprotegidas. 

Así que la próxima vez que veas porno considera que más allá de su potencial "pecaminoso", de que vaya a entorpecer tus habilidades tánicas o de expansión de conciencia, o que sea una afrenta ideológica contra la mujer, quizá puedas añadir a la danza psicocultural que quizá del otro lado no se la están pasando tan bien o que incluso son uno más de los deshechos de un sistema económico y social diseñado miserablemente.  

Científicos logran entender el misterio de cómo se produce la psilocibina en los hongos y, también, cómo producirla

Por qué los hongos producen alcaloides alucinógenos es una buena pregunta. Pregunta que hasta hace poco, en parte por la prohibición que había eclipsado la investigación sobre las propiedades medicinales y terapéuticas de los psicodélicos, no había podido responderse.

Los hongos han estado en el planeta mucho antes que los seres humanos y en primera instancia no parece haber una razón evolutiva para su producción de psilocibina. Un etnobotánico aficionado muy popular durante los principios de Internet, Terence McKenna, había sugerido que los hongos son una especie inteligente que proviene de las estrellas y forma una relación simbiótica con el ser humano.  

Existen más de 200 especies que producen psilocibina, muchas de las cuales son muy distintas y no forman parte del mismo árbol fungi, por así decirlo. Esto genera diferentes posibilidades: tal vez las especies desarrollaron la capacidad de producir psilocibina de manera independiente, o quizá en un principio todos los hongos tenían esta capacidad y la han perdido. O, como ha teorizado el micólogo Jason Slot, tal vez los genes para hacer esta sustancia psicodélica brincaron entre especies a través de lo que se conoce como "transferencia horizontal de genes", esto es, situaciones en las que los genes se brincan el pasaje hereditario entre generaciones para transmitirse directamente entre individuos, casi como un fenómeno de infección cultural.

Para probar esta hipótesis, Slot tuvo primero que descubrir los genes responsables de fabricar esta sustancia psicodélica. Se ubicaron cinco genes que producen enzimas necesarias para generar psilocibina y se mapeó su presencia en la familia de los fungi. Ya que estos genes aparecen en el mismo orden relativo a varios hongos alucinógenos, todo indica que existe una transferencia horizontal de genes. Como muchos aficionados sabrán, muchos hongos alucinógenos crecen cerca del excremento del ganado, y estos genes se especializan en descomponer madera o heces de animales. Slot cree que, debido a que estos materiales suelen estar llenos de insectos hambrientos que compiten con los hongos, tal vez desarrollaron la psilocibina como un arma para drogar a sus competidores. La psilocibina afecta al ser humano porque forma un enlace con moléculas que responden a la serotonina, un neurotransmisor que los insectos también tienen. La psilocibina, según estudios recientes, tiene la capacidad de reducir el apetito en los insectos. Así que el poder alucinógeno, cuasidivino de la psilocibina, habría surgido simplemente para hacer que los insectos entren en un estado de saciedad alucinógena, para que no tengan munchies. Eso, o quizá es momento de desenterrar la teoría de McKenna y pensar que la psilocibina es un programa de transmisión intergaláctica para despertar la conciencia de los seres humanos.

Lo que es seguro es que la investigación psicodélica está atravesando un boyante revival. Diversas investigaciones han mostrado que la psilocibina es una alternativa segura para la depresión, la ansiedad, para dejar de fumar y demás. Recientemente, un laboratorio alemán identificó cuatro enzimas que pueden producir esta sustancia, lo cual por primera vez permite a los científicos generar psilocibina sintética, lo que a su vez abre las puertas para la distribución a escala masiva de psilocibina, posiblemente como una supermedicina para la depresión o para paliar la ansiedad de la muerte en pacientes terminales. Claro, falta que esto se apruebe, pero cada vez parece más cercano.