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Timidez botánica: el singular fenómeno por el que las copas de los árboles nunca se tocan (FOTOS)

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 08/15/2017

Un maravilloso ejemplo de equilibrio y sabiduría natural ocurre en las copas de ciertas especies de árboles

Quizá algún día, paseando por algún bosque o algún jardín, miraste hacia el cielo y te encontraste con un panorama muy especial: ahí arriba, las ramas y las hojas de los árboles habían crecido pero sin cubrirlo todo, como si se tratase de un techo fragmentado, con la luz colándose entre esas grietas como dejadas al azar, o con cierto propósito secreto, apenas intuido.

Por muchos años, científicos de diversas disciplinas se han preguntado por las razones de este fenómeno conocido como “timidez entre árboles” (designación no exenta de poesía, vale la pena señalar). Por algún motivo, en ciertas especies de árboles las copas crecen sin nunca tocarse, con lo cual se forma un dosel con brechas. Se sabe que esta timidez ocurre entre los eucaliptos, la conífera Pícea de Sitka (natural de Sitka, Alaska) y el alerce del Japón, entre otras especies, tanto entre sí como en combinación con otros árboles.

Al menos desde principios del siglo XX, se ha intentado explicar esta situación. Se ha dicho, por ejemplo, que esas grietas son el resultado de una “poda recíproca” entre los arboles, particularmente en zonas de vientos fuertes; también se cree que las grietas entre las copas permiten el paso de luz necesaria para otras plantas que crecen al pie de los árboles. Hasta ahora, la explicación más convincente es que las fragmentaciones en el dosel natural que forman las copas previenen la proliferación de ciertas especies de insectos nocivas para los árboles.

Sea como fuere, estéticamente se trata de un fenómeno muy admirable, sobre todo tomando en cuenta que su formación es del todo natural, o como si existiese una dirección artística en la improbabilidad propia de la creación del mundo.

Las plantas tienen 15 sentidos más que los seres humanos, explica neurobiólogo

Ecosistemas

Por: pijamasurf - 08/15/2017

Stefano Mancuso, uno de los principales expertos en inteligencia vegetal, sobre la extraordinaria capacidad sensorial de las plantas

Las plantas son un reino subestimado en su inteligencia, víctimas de nuestra visión antropomórfica de la realidad. No sólo son la pieza fundamental de la cadena de vida en la Tierra, al producir el oxígeno que vitaliza a los animales; son también seres sumamente perspicaces y sutiles.

En una reciente entrevista en un diario chileno, el neurobiólogo Stefano Mancuso de la Universidad de Florencia, fundador también del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal, explica que, de hecho, la ciencia ha demostrado que las plantas tienen los mismos cinco sentidos que los seres humanos y unos 15 adicionales. Entre las capacidades hipersensoriales de las plantas se encuentra la percepción de "cambios eléctricos, el campo magnético, el gradiente químico, la presencia de patógenos" y otros más. Mancuso aclara que "las plantas tienen nuestros cinco sentidos y 15 más. No tienen ojos y oídos como nosotros, pero perciben todas las gradaciones de la luz y las vibraciones sonoras". 

Existe una noción popular que sugiere que a las plantas les gusta la música; Mancuso explica que, específicamente, las frecuencias bajas "entre los 100 Hz y los 500 Hz favorecen la germinación de las semillas y el crecimiento de las plantas hacia la fuente de ese sonido, que equivale a frecuencias naturales como la del agua que corre, pero hablar o cantarle a las plantas es perder el tiempo". Además es posible que las plantas lleven a cabo una forma de comunicación subterránea, ya que se ha descubierto que las raíces producen y perciben sonido.

Las plantas se comunican entre sí y son capaces de manipular a otras especies para su beneficio:

Se comunican con otras plantas de la misma especie a través de moléculas químicas volátiles, mandan, por ejemplo, mensajes de peligro. Si un insecto le está comiendo las hojas, la planta produce al instante determinadas moléculas que se difunden por kilómetros y que avisan de que hay un ataque en curso.

Un ejemplo de esto:

Estudios recientes demuestran que un naranjo o un limonero en flor actúa de diferente manera según la cantidad de polen que lleve el insecto. Si lleva mucho polen, aumenta en el néctar la cantidad de cafeína para activar su cerebro, para que se acuerde de esa planta y vuelva. Si lleva poco polen, corta la cafeína.

No hay duda de que las plantas deben ser apreciadas como seres inteligentes de una gran sutileza.