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El tiempo constructor de lazos: Una reflexión del documental ‘Las estaciones en Quincy (4 retratos de John Berger)’

Arte

Por: Psicanzuelo - 08/05/2017

Un retrato del crítico de arte y filósofo John Berger, sobre el tiempo y el arte, estructurado por la actriz Tilda Swinton

Las estaciones en Quincy se puede ver como un ensayo visual dividido en cuatro partes, o una serie documental trascendental de cuatro episodios que se construye encima de la visión de un iconoclasta como lo fue John Berger, recientemente fallecido. El título elude al pueblo alpino donde se encuentra la propiedad donde el autor vivió desde 1973, una suerte de refugió de la era posindustrial. 

John Berger fue antes que nada un crítico de arte marxista, también escritor, filósofo y artista pictórico inglés. Después de pelear durante el último año de la segunda guerra mundial estudió arte y al graduarse impartió clases de dibujo en la misma universidad donde había estudiado. En esos años comenzó su colaboración con el Tribune, donde George Orwell fungía como editor en ese entonces. Siguió colaborando con artículos en importantes publicaciones, publicando novelas y ensayos también, con el arte como excusa para hablar de la humanidad.

La primera parte-capítulo de Las estaciones en Quincy se llama “Maneras de escuchar” (Colin MacCabe) y cuenta con la dulce voz en off guía de la maravillosa actriz Tilda Swinton, y con su presencia en varias escenas dialogando con John Berger. Hay que recordar que antes de que fuera una actriz popular, Swinton fue diva del cineasta underground Derek Jarman, quien la descubrió y la hizo parte de sus maravillosas creaciones sui géneris, en esos años conoci a Beregr y se hicieron buenos amigos. r vivies sui generis ayos tambitro episodios que se construye encima de la visiñon ó a Berger y se hicieron grandes amigos. Nació el  mismo día que él y fueron amigos por más de 1/4 de siglo. “Tu cara ha nacido hacía sí misma” le dice él en voz de ella, entre tomas varias de momentos entre ellos conviviendo entre dibujos que él hace, y platicas con luz suave invernal. Hablan de cómo los momentos están unidos y corta la secuencia a cómo levanta la nieve Berger con una pala. En montaje paralelo ella mezcla avena con agua y harina, él dibuja; eso es parte de su filosofía donde el tiempo se encuentra como base de la creación y la reflexión. “Una memoria vivida de mi padre es de cuando no se iba temprano a trabajar, y yo estaba ahí, como a los 4 años, él cortaba una manzana”, mientras Tilda corta una manzana, y deja la cáscara en frente de su plato intentando coincidir con el relato de Berger sobre su padre junto a la avena. Hay una escena filmada muchos años atrás donde los dos son mucho más jóvenes; la manera como fue filmada no puede dejar de recordar a Jarman, y el corte de nuevo a la cocina revela el tiempo que está articulando el relato, la relación entre los dos, lo no dicho, para que ahora él le haga preguntas a ella.

La siguiente frase cierra el episodio: “Si pudiéramos vernos como pedazos de historia, seríamos como las narraciones que escriben los escritores, pedazos de vida que hacen bien al lector”, en voz de Swinton, sobre el plano inicial de la  carretera alpina nevada, con ellos al fondo alejándose cada vez más.

“Primavera” (Christopher Roth) es el título de la segunda parte, que abre con  tomas varias de la naturaleza en primavera, que no dejan de recordar el trabajo reciente de Terrence Malick (El árbol de la vida, El nuevo mundo), con la voz en off ahora de John Berger que habla de la sangre del individuo, y de que cuando se creó la raza humana no había un guía. La voz en off cambia a la del cineasta que dirige esta parte, dice que “es primavera y van a platicar con John sobre política, sobre la primavera árabe y, en fin, la primavera como utopía dentro de la eternidad del capitalismo. Es primavera, filme de política, levantamientos, la política, el futuro del pasado. La eterna falsa primavera del capitalismo”. La cineasta que es la mancuerna del cineasta también habla, las voces se llenan de imágenes del viaje y de la casa de Berger, de la que, dicen, no ha escapado el invierno. La cineasta lee algunas hojas de Berger a cuadro con el pueblo primaveral detrás, Quincy, que habla sobre la primera relación que tuvo el hombre con los animales, siendo metafórica. Ese cambio de punto de vista constante mantiene al espectador del documental despierto y preguntándose sobre su propio punto de vista.

Berger habla de cómo un granero se llena y se vacía por las estaciones, y cómo los animales siempre están ahí, esto parte de un documental viejo que vemos en pantalla, donde un granjero ayuda a dar a luz a una vaca un hermoso becerro.

El cineasta explica cómo Berger se mudó al campo con su esposa para vivir la vida de los granjeros comunes, y cómo su escritura tiene que ver mucho con los animales como los vemos en la granja, y de su relación con el humano. Derrida habla en cuadro, parte de otro documental sobre la deconstrucción, sobre cómo podía demostrar la relación entre animales y hombres. La voz en off de una actriz, que aparece desnuda en pantalla leyendo, o recitando de memoria, no deja claro el ejercicio cinematográfico a través del montaje: los animales viendo y escuchando como humanos, en la intersección de lo que somos, como dentro de una película. Una toma animada del legendario material del investigador precinematográfico Eadweard Muybridge abre la secuencia filosófica, hablando de Heidegger y el concepto de ánima, la tristeza infinita por falta de palabra, la falta de lenguaje común deja clara la separación entre animal y hombre. Aunque, como dice Berger, finalmente los animales y el hombre podrían compartir la ignorancia por la muerte.

La siguiente parte se titula “Una canción por los políticos” (Colin MacCabe y Bartek Dziadosz), abre con una especie de talk show casero en el que un hombre habla del programa donde conoció a Berger hablando de Picasso, Giacometti y Léger. Junto a él un novelista y poeta americano, una poeta y activista hindú, y un director de cine y artista de Alemania que realizó el anterior capítulo. Berger es presentado como un relator de historias pero que se ha dedicado a hacer política toda su vida.

Dice Berger que si es un relator de historias es porque escucha, es como un pastor que trae contrabando por las fronteras, habla de que ahora la prosa es insuficiente para relatar el mundo actual, sería más adecuada una canción: “Es en el infierno donde la solidaridad es importante, no en el cielo” .

Tilda Swinton cierra el capítulo leyeno un entrañable poema de Attila József, “El séptimo”:

Nacer siete veces, una en una casa en fuego, otra en una helada inundación, otra en un salvaje manicomio, otra en un campo de trigo blanco, otra en un convento vacío, y otra entre puercos en un chiquero. Seis bebés llorando no es suficiente, tú debes ser el séptimo. Cuando tengas que sobrevivir, deja que tu enemigo cuente siete. Uno lejos del trabajo en domingo, otro empezando su trabajo el lunes, otro que enseñe sin pago alguno, otro que enseñe a nadar ahogándose, otro que es la semilla del bosque, otro que los salvajes antepasados protegen, pero sus trucos no serán suficientes porque tú tienes que ser el tercero.

“Cosecha” (Tilda Swinton) se titula la cuarta y última parte, donde se vuelven a encontrar Berger y Swinton en París, después de que él enseña un taller con chicos jóvenes, durante el taller a sus dos alumnos los manda a su granja a ver sus frambuesas con su hijo. Cortamos a una serie de drones que vuelan en las montañas verdes, donde se revelan vacas, caminos y arboles, nos permiten admirar la belleza que Berger decidió intercambiar por su vida citadina hace tantos años. El hijo de Berger platica con ellos sentados en el pasto, mientras la cámara vuela adentro del granero, una vez más de cómo se llena el espacio de hierba para alimentar a las vacas y todo desaparece finalmente en sus heces. Le regalan huevos los estudiantes de Edimburgo, al igual que se los habían regalado a John, le dicen que es algo de su jardín, pero no es de su jardín.  

Este ultimo film fue dirigido por Swinton y producido por el Derek Jarman Lab, quienes producen todo el documental y, al parecer, además de producir también ofrecen entrenamiento fílmico apoyado en teoría cinematográfica.

 

http://www.jarmanlab.org

http://seasonsinquincy.com

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

En esta segunda parte de nuestro DECÁLOGO dedicado al maestro Stanley Kubrick, abordamos un serial de películas caracterizadas por la polémica, el debate y la profundidad psicológica

En esta segunda parte de nuestro DECÁLOGO dedicado al maestro Stanley Kubrick, abordamos un serial de películas caracterizadas por la polémica, el debate y la profundidad psicológica, obras consideradas clásicos de la cinematografía y algunas de ellas mencionadas por el American Film Institute y la revista Sigth and Sound en sus respectivas listas decenales. En la entrega anterior exploramos la visión conceptual del director sobre hechos reales y figurados, testimoniales y de ficción, a la luz de la guerra de los 7 años, la primera guerra mundial y la guerra de Vietnam, donde su temática aborda la ambición, el heroísmo y la indolencia respectivamente. La relatoría continuó por los recovecos del mal en los laberintos de la mente de Stephen King y asistimos cual cómplices a la traición de un crimen perfecto, como perfección del montaje buscó siempre el realizador neoyorquino. Las interminables jornadas de rodaje, las repeticiones incesantes de cada escena, la pericia técnica, la búsqueda constante por el ensamble armónico del sonido, las pausas y el ritmo agónico, sedicioso y en vértigo, que lo mismo deja atónico que invita a la reflexión profunda, integraron un proceso de filmación que de suyo es también legendario.

Gracias a su influencia en diversos aspectos narrativos y visuales, hemos disfrutado de cintas que acuden desde diferentes géneros a sus principios fílmicos mediante las propuestas de directores como Steven Spielberg, Guillermo del Toro, James Cameron, Alfonso Cuarón, Lars Von Trier, Darren Aronofsky, Andrés Palma Buratta, Christopher Nolan, Richard Linklater, Duncan Jones, P. T. Anderson, Quentin Tarantino, Frank Darabont, e incluso Martin Scorsese y George Lucas, entre muchos otros, forman parte del variopinto canon cinematográfico derivado de Stanley Kubrick. A continuación, nuestro viaje conceptual a través su legado nos conduce directo y sin escalas a la profundidad del deseo y del heroísmo, luego sugiere argumentar un debate geopolítico que ineludiblemente nos dirigirá a la violencia como una aguda crítica social, para finalmente invitarnos a posar la mirada en el universo y contemplar así la ronda impar de nuestra existencia.

 

Deseo

OJOS BIEN CERRADOS (Eyes Wide Shut) 1999

Epitafio artístico en la obra de un provocador de los deseos, una exploración perturbadora de la libido despierta, que no había explorado el director desde la espléndida Lolita (1962), soberbia adaptación literaria de Nabokov. La relación marital que transforma el amor en la costumbre, el gusto en el anhelo delegado, la voluntad de la monogamia en la fantasía que se reprime y luego se expresa en los juegos de la mente, dan pauta a una película que hizo mella en los más acérrimos críticos de Kubrick y a su vez abrió un debate artístico en sus seguidores. Justo al fin de siglo y en la víspera del nuevo milenio, Ojos bien cerrados se presenta como un viso a la doble moral de la aristocracia ante la infidelidad, la ética y con mayor atrevimiento, como un repaso de temas tabúes de la sociedad posmoderna, la trata y la prostitución como un problema de la urbe, el encubrimiento policial del abuso, y desde ese cuestionamiento social, se adentra en las azuladas pesadillas de un matrimonio que experimenta la crisis de la tentación y la confianza semejadas en la necesidad de la confesión.

Tom Cruise y Nicole Kidman llevan su relación de vida real a la ficción adaptada de la novela Traumnovelle, escrita en 1926 por Arthur Schnitzler a través de los personajes William y Alice Harford. Y como corolario de una realidad que se confunde con la fantasía, los más de 2 años de rodaje y otras circunstancias contextuales llevaron a la pareja al divorcio, y a Kubrick a entregar su última película, también protagonizada por los directores Todd Field y Sidney Pollack, de forma póstuma. Una noche por la ciudad y sus afueras, un recorrido por las calles y sus sombras, por la ciudad y sus disfraces, afronta la díscola dualidad de una revelación dolosa que Alice hace a William, y que genera los pasajes de una orgía visual motivada por la identidad tras la máscara y la sexualidad concupiscente del deseo cuando se expresa. El título parece advertir al espectador desde la ironía, los ojos estarán más abiertos ante la suposición de los “hubieras” que proceden de lo prohibido. Una satírica cinta navideña estrenada en el verano de 1999, que con los años ha sido revalorada y considerada de culto. Kubrick murió antes del estreno, quizá el alivio del escándalo le hubiera tomado varios años hasta que los críticos compartieran el estremecer de Cruise como el doctor Harford ante las misteriosas contraseñas de la noche y sus rituales.

 

Sacrificio

ESPARTACO (Spartacus) 1960

El heroísmo consecuente de la emancipación de las conciencias, de la libertad del credo y la fuerza como defensa ante el exterminio. Una cinta poderosa en su coreografía casi poética, en las extraordinarias batallas cuerpo a cuerpo y desde las espadas y lanzas ante el escudo, sustenta no sólo en la fuerza la supervivencia sino en la voluntad. Kirk Douglas, quien diera el apoyo más importante que Kubrick recibió en Hollywood, interpreta al gladiador Espartaco en este guión adaptado por Donald Trumbo de la novela homónima de Howard Fast. Trumbo escribía como fantasma tras el veto del macartismo que había elaborado una lista negra de escritores comunistas y que se hizo visible ganando su segundo Óscar furtivo, gracias al apeo que Douglas diera con su nombre ante el estudio, el gobierno y la industria. Espartaco, en su vasto elenco y coreografías, también cuenta con la sensible actuación de Tony Curtis.

Relato histórico de la guerra servil en Libia, Espartaco es un auténtico espectáculo que hace honor a las grandes cintas de la década de los años 50 y la primera mitad de los años 60: enormes escenarios, fotografía en color deslumbrante, abundantes extras, poderosa banda sonora y un elenco de primera línea. La película resalta las virtudes, la compasión en las canteras, la bondad en la esclavitud, el heroísmo y la rebelión emancipadora como consecuencia del exilio consecuente de la lucha por la libertad, que brindan la palestra para resaltar el sacrificio de un hombre por su pueblo y de un pueblo por su libertad, una relación de individuo-colectivo que expira el fratricida desenlace por la supervivencia y el amor como motivo. Una épica de redención generacional, un devenir de liberación para el cautivo, y un himno al liderazgo sin reservas, brindan a Espartaco secuencias de acción acompañadas de romance e ilustraciones sobre su temporalidad, que resaltan el poder interpretativo de Charles Laugthon como Graco, Peter Ustinov como Batiatus y Laurence Olivier como Craso, y que sin embargo, se ven confrontadas por la actuación de Curtis como Antonino, que tanta ámpula generara desde la perspectiva de género y orientación afectiva del personaje hacia el propio Espartaco. Con toda intencionalidad Kubrick abría nuevos parajes a la interpretación histórica y emocional que unía tema y trama mediante los personajes circundantes de la Vía Apia.

 

Paranoia

DR. INSÓLITO (Dr. Strangelove) 1964

La histeria colectiva de una época crucial de la historia del siglo XX. Un momento determinante en el devenir de la modernidad que agoniza, de un nuevo orden económico internacional que se instituye, de ideologías que dominan y se imponen, y de la posmodernidad que aguarda fanatismo y ambición como una consecuencia de la libertad suprimida. El preludio del fin de los tiempos proviene del totalitarismo intencional que desde la perspectiva subjetiva del director describe, sin más posicionamiento que el humor negro y la realidad de una guerra fría que está más candente que nunca, una sátira política que en su comedia convida la eliminación mutua de los poderosos con el afán de que ninguno prevalezca al final de los hipados. Adaptación libre de la novela Red Alert de 1958 escrita por Peter George, Doctor Insólito aconseja desde la sorna dejar de preocuparse por la bomba nuclear y comenzar a quererla como un claroscuro presente que bien representa el blanco y negro de su fotografía. Jack D. Ripper, en alusión a Jack El Destripador, interpretado por Sterling Hayden, comanda la milicia estadounidense que planea iniciar una guerra contra los soviéticos tras el convencimiento de una conspiración comunista dirigida a fluorizar el agua; para ello ordena detonar una bomba cuyo blindaje de códigos confiere el fin de la humanidad. Peter Sellers, en una cátedra de su enorme talento histriónico, interpreta al hilarante Dr. Strangelove, un ex científico nazi que asesora al presidente de Estados Unidos sobre la disolución de la bomba y el vano efecto que tendría dicho armamento en su misiva, que sugiere un escondite de selección natural para prodigar la vida. Sellers interpreta a otros dos personajes, Markin Muffley, presidente de Estados Unidos y el capitán Lionel Mandrake, miembro de la británica Royal Air Force, que busca afanosamente dar aviso y desactivar lo imposible; el resultado, el jaripeo monumental de un debutante James Earl Jones sobre el misil que avanza más rápido que la histeria de George C. Scott en su extraordinario papel del general Turgidson. Un consejo de guerra que debate, discute y no acuerda, una histeria colectiva que invade los temores del planeta que pende de un hilo, y el asombro del propio Dr. Strangelove que por tanta atención al movimiento intempestivo de su brazo derecho, no cae en la cuenta de que puede caminar como camina la humanidad hacia su extinción.

 

Violencia

LA NARANJA MECÁNICA (A Clockwork Orange) 1971

Adaptación de la homóloga publicada por Anthony Burgess, La naranja mecánica es una de las películas más provocadoras, rebeldes y originales que la cinematografía ha presentado en sus más de 100 años de fundación. Malcom McDowell interpreta a Alex de Large, un joven delincuente que representa a toda una generación perdida y en búsqueda, a una generación que habita la guerra fría, la guerra de Vietnam y el advenimiento del capital como punto decisivo de las divisiones sociales en el mundo consecuente del totalitarismo político que sólo ha sido sustituido por un sistema que se transforma. La simpatía por el mal, el carisma del atroz criminal, las vejaciones a las élites, a los méndigos y en síntesis a los inocentes en un debate filosófico y socioeconómico, construyen desde un lenguaje propio, una crítica sistémica y estructural donde los colegios no son una opción, las diferencias clasistas son más hondas y la libertad es condicional a la autoridad, que en su conjunto definen a una de las obras maestras más estudiadas de la historia.

Un caló dialectal que unifica criterios y pertenencias, una mirada distópica del fin del milenio vista desde 1971, es la óptica que Kubrick presenta para jugar visualmente con símbolos y significados que resultan ambiguos de libertad y libertinaje, duales de ética y moral, y que disciernen entre el existencialismo y la determinación, entre el castigo y la restitución. Alex es apresado tras los delitos cometidos junto a sus “drugos” y es obligado a experimentar en cautiverio la técnica psicológica conductista; así presencia los horrores vividos a causa de la crueldad y la violencia, mientras un artefacto le abre los ojos y se adentra en sus sentidos a través de imágenes que simbolizan la ausencia de límites o que coaccionan su obligatoriedad como una impronta. Al ritmo de la novena sinfonía de Beethoven y al macabro compás de “Cantando bajo la lluvia”, la violencia es presentada como causa y consecuencia, como producto de una sociedad maniatada, donde fe, religión y confianza han subyugado al libre albedrío. Al tiempo, explora la naturaleza humana desde la pérdida y el duelo de vínculos sociales por la falta de diálogo. La marginación y la ira van de la mano, la venganza es un efecto y el castigo una secuela, el ciclo del control será continuo, la dicotomía entre el mal y el bien habitan la condición humana.

 

Existencia

2001: ODISEA DEL ESPACIO (2001: A Space Odyssey) 1969

Una sinfonía de imagen y silencio, de imagen y música, de imágenes y símbolos, un viaje a través del tiempo, un atisbo al origen, una serie de preguntas perennes que no responden el sentido y significado de la existencia pero que invitan a reflexionar sobre ella, son algunas descripciones que pudieran acompasar la definitiva obra maestra de Stanley Kubrick. Basada en el relato “El centinela”, de Arthur C. Clarke, 2001: Odisea del Espacio es una poesía visual que devora los sentidos e invita a recorrer su caleidoscopio de emociones y aliento. Pletórica de cavilación filosófica que incluye índices alegóricos a Friedrich Nietzsche, la película referencia las pautas musicales de Richard Strauss con Así habló Zaratustra, aunada a las notas de Johann Strauss Jr. en la representación que semeja la asunción del hombre hacia su asidero. Un salto cuántico sin espacio y tiempo, donde pasado, presente y futuro coexisten en el universo paralelo de la evolución, la tecnología, la inteligencia artificial, la vida extraterrestre y el regreso del ser humano al origen de la vida y la creación.

Filmada en 1968, la cinta es una proeza de efectos visuales que irónicamente dieron a Kubrick su único premio Óscar, y que han generado teorías sobre la participación del director en una supuesta filmación de la llegada del hombre a la Luna en 1969. La épica seduce a la audiencia desde un imaginario científico y sensorial, presentando una mirada del espacio que resulta sorprendente; no obstante, lo que más impacta de 2001 es su propuesta filosófica, naturalista y humanista desde diversos enfoques reflexivos y metafísicos. Situada en 1999, año en que casualmente morirá el director, 2001 es una oda al tiempo, al ser humano, al espacio y su infinito. “El hombre es el lobo del hombre” dicta Thomas Hobbes y Frankenstein de Mary Shelley representa al hombre que se asume como dios y crea; así Hall 9000, la máquina que calcula y planea eliminar a la tripulación del Discovery 1 con dirección a Júpiter, interactúa con Bowman, astronauta al que inquiere, advierte y amenaza. La asimilación existencial percibe la aparición atemporal de un monolito, no como un acontecimiento del entorno, no como parte del descubrimiento intrínseco de la aventura y la exploración, sino del amanecer como un misterio, como esa necesaria capacidad de asombro que necesitamos los seres humanos ante la inextricable inmensidad del universo.

 

* Iván Uriel Atanacio Medellín. Escritor y documentalista. Considerado uno de los principales exponentes de la literatura testimonial en lengua hispana. Sus novelas El surco y El Ítamo, que abordan la migración universal, han sido estudiadas en diversas universidades a nivel internacional. Dirigió los documentales La voz humana y Día de descanso. Es Director Editorial de Filmakersmovie.com.