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12 lecciones de vida de un hombre que ha visto morir a 12 mil personas

AlterCultura

Por: pijamasurf - 08/04/2017

A la orilla del río Ganges, en Varanasi, India, miles de personas van a morir; Bhairav Nath Shukla las ha atendido por 44 años y esto es lo que ha aprendido

Bhairav Nath Shukla ha sido por 44 años el administrador de una de las casas de huéspedes en la que devotos hindúes se hospedan en preparación a la muerte en la ciudad de Varanasi, que se encuentra a las orillas del Ganges. Una importante creencia sostiene que morir en este sitio, conocido también como Kashi, permite que la persona obtenga la liberación (moksha) del ciclo de muerte y renacimiento, o lo que llaman "Kashi Labh", la fruta de Kashi.  

Administrando la casa Kashi Labh Muktu Bhawan de Varanasi, Bhairav Nath Sukala ha conocido a alrededor de 12 mil personas que han ido a morir a su establecimiento, ricos y pobres e individuos de la más grande diversidad. En lo que es un testimonio de enorme valor, este hombre que lo ha visto todo le contó a Deepak Ramola del sitio Fuel 12 lecciones que ha aprendido en sus 44 años de servicio. Las palabras de Shukla son especialmente interesantes pues son fruto de la particular visión moral de la muerte que se tiene en la India, donde la muerte es la gran frontera que define el destino de un alma o conciencia, siendo que la forma en la que morimos, que resume la forma en la que vivimos, dicta lo que seremos posteriormente, ya sea que regresemos al ciclo de muerte y renacimiento, que puede verse como una forma de esclavitud, o que nos liberemos y alcancemos la verdadera naturaleza del ser, que es descrita como dicha pura e inmortal. En otras palabras, al morir, uno se enfrenta con su vida misma y todos sus actos (karmas) determinan el desenlace de la muerte, lo cual hace literalmente de vital importancia que nuestra vida se conduzca con cierta inteligencia y bondad.

 

1. Resuelve todos tus conflictos antes de partir  

"Las personas llevan consigo enormes cargas de manera innecesaria durante toda su vida y sólo buscan deshacerse de ellas al final de sus viajes. El truco yace en no tener conflictos, sino en resolverlos tan pronto como surjan", dice Shukla.

 

2. La simplicidad es la verdad de la vida  

La gente suelen dejar de caer en excesos y autoindulgencia cuando están por morir, y sólo entonces entienden que pudieron haber llevado una vida más simple, con menos posesiones, orientada a lo verdaderamente importante, que en la India se conoce como el dharma.

 

3. Que no te importen los rasgos negativos de otros 

Shukla mantiene que albergar amargura y resentimiento por las cosas negativas de los demás es un peso del cual debemos liberarnos. Todas las personas tienen cosas buenas y malas y es siempre mejor enfocarnos en lo positivo, pues esto hace que sea más fácil que las amemos.  

 

4. Acepta la ayuda de los demás  

Shukla señala que es necesario abrirnos a la influencia positiva de los otros, ya que existen siempre quienes saben más que nosotros en muchos aspectos.

 

5. Encuentra la belleza de las cosas cotidianas  

Su casa de huéspedes tiene el detalle de tocar bhajans y canciones devocionales tres veces al día, y hay algunas personas que se detienen y admiran las notas musicales con gran asombro. Estos individuos suelen tener una mejor actitud; otros nunca notan estas texturas de la existencia, quizás porque son demasiado orgullosos o están demasiado ensimismados. Se pierden de la alegría de la vida, que yace en los detalles.  

 

6. La aceptación es liberación  

La indiferencia, el rechazo y la negación crean ansiedad y miedo, mientras que aceptar las cosas libera energía que permite ver un problema con mayor claridad.  

 

7. Ver a los demás como iguales hace más fácil el servicio  

Shukla dice que su trabajo habría sido insoportable e ineficiente si no fuera capaz de ver a todas las personas de la misma forma, sin discriminarlas (algo que es especialmente sensible en la India, por el sistema de castas). Alguien que categoriza no da un buen servicio, explica. Esto aplica para todos los ámbitos.

 

8. Cuando encuentres tu propósito, haz algo al respecto  

Shukla ha notado que mucha gente en la vida encuentra un llamado o un propósito existencial pero muchos no hacen nada al respecto, lo cual se convierte al final en un peso.

 

9. Los hábitos se convierten en valores  

Con esto Shukla resalta la importancia de cultivar buenos hábitos, pues si uno lo hace, éstos se convierten en un sistema de valores que permite ver la vida y moverse en el mundo de manera honesta y compasiva. Todo lo bueno que somos empieza con un pequeño hábito que decidimos cultivar.  

 

10. Elige lo que quieres aprender  

El mundo es un vasto océano de conocimiento pero, por ello, uno puede perderse fácilmente. Es necesario darle valor e importancia a ciertas cosas que dan alegría y sostienen el corazón y la mente y no perder el tiempo en cosas inanes.  

 

11. Uno no corta lazos con las personas; se cortan lazos con los pensamientos que producen  

Shukla sugiere que uno no se desconecta de quienes verdaderamente ha amado; sin embargo, sí puede desunirse de ciertos aspectos negativos de alguna persona, al dejar de identificarse con ciertos rasgos. Uno se divorcia de ciertos pensamientos, no del otro. Esto permite, también, liberarse de resentimientos.  

 

12. Guarda para el dharma el 10% de lo que ganas  

Shukla calcula que es apropiado dar el 10% de los ingresos para el bienestar de los demás. Su experiencia le dice que los actos generosos hacen que una persona se vaya del mundo con la compañía de sus familiares y con las bendiciones de extraños, lo cual ayuda a que la muerte sea más pacífica y agraciada. Asimismo, este altruismo muestra que uno no se aferra a lo que tiene, lo cual de nuevo hace más ligera la vida y su desenlace.

Placebo, karma e ignorancia de las causas verdaderas del sufrimiento

Hasta hace algunas décadas la ciencia difícilmente aceptaba que la mente podía influir en el cuerpo de tal forma que pudiera propiciar una enfermedad o curarla. Hoy, sin embargo, se sabe no sólo que existe el efecto placebo (y su oscura contraparte: el nocebo) sino también que el placebo funciona incluso cuando se sabe que se está tomando placebo.

La investigadora Jo Marchant, autora del libro Cure, explica que "la mente puede afectar funciones fisiológicas como la digestión, la circulación o el sistema inmune, vía el sistema nervioso autonómico". Existen diversos estudios que muestran que el placebo es efectivo para tratar cosas como el asma, la depresión, el intestino irritable, problemas de espalda y sobre todo el dolor (quizás todas las condiciones puedan ser tratadas con placebo; el problema es que no existe suficiente investigación, ya que amenaza el poder de la industria médica). Según Marchant, el paradigma materialista de la ciencia ha hecho que:

desde Descartes los científicos ven lo físico, lo material mensurable, como algo más 'real' y más apto para la interrogación científica que las emociones y las creencias. Esto ha llevado a un sesgo atávico en el que se cree que ya que nuestros pensamientos no son 'reales', no pueden influir en nuestros cuerpos físicos.

El problema con el placebo, dice Marchant, es que la mayoría de la investigación científica es fondeada por las farmacéuticas, a las cuales evidentemente no les conviene decir que el placebo funciona tan bien como algunas de sus medicinas más populares o que el efecto curativo de muchas de estas medicinas, como los antidepresivos, en realidad podría deberse al efecto placebo.

Aunque actualmente es evidente para cualquier científico que el placebo funciona y representa (al menos para cualquier médico honesto) uno de los campos más interesantes y prometedores de la medicina, se sigue creyendo que el placebo funciona solamente para tratar condiciones menores. A la mayoría de los médicos pensar que cosas como un cáncer pueden ser curadas por un efecto mental o noético les parecería irresponsable, y sin embargo, existen casos en la literatura médica que así lo sugieren.

Ernest Lawrence Rossi, en su libro The Psychobiology of Mind-Body Healing, relata el caso de un paciente, el señor Wright, quien mostró una radical respuesta al placebo (el caso fue documentado por el doctor Phillip West). El señor Wright tenía numerosos tumores del tamaño de órganos y se le pronosticaban apenas unas semanas de vida, cuando escuchó sobre un nuevo medicamento para tratar el cáncer llamado "Krebiozen". Entusiasmado, convenció a su médico para que le administrara este medicamento. Desde antes de recibir el medicamento el señor Wright ya mostraba un talante de radical mejoría y, después de que se le administró una inyección en un plan de 10 días, sus tumores habían prácticamente desaparecido. 2 meses después, reportes en la prensa sobre el Krebiozen hacían referencia a que las pruebas clínicas no habían obtenido buenos resultados. Esto inmediatamente deprimió al señor Wright, quien volvió a desarrollar tumores. Pero el doctor West había detectado lo sucedido, y le comentó que los medios estaban desinformando y que había una nueva cepa de la medicina de mayor potencia. La recuperación de su tumor terminal fue aún más dramática. El señor Wright se mantuvo 2 meses sin síntomas, pero lamentablemente llegó a sus manos un reporte de la Asociación de Médicos de Estados Unidos en el que simplemente se determinaba que este fármaco era inútil. Poco después murió.

Rossi escribe sobre el proceso del placebo:

Obviamente, el sistema inmune del señor Wright debió de haberse activado por su creencia en la cura. La rapidez increíble de su sanación sugiere que sus sistemas autonómico y endócrino debieron de responder fácilmente a la sugestión, permitiendo que movilizara su torrente sanguíneo con una increíble efectividad para remover fluidos tóxicos y desechos del cáncer en rápida disminución [...] Ahora sabemos mucho mas del 'sistema límbico-hipotalámico' del cerebro como el gran conector entre mente y cuerpo que modula la actividad de los sistemas autonómicos, endócrinos e inmunes en respuesta a creencias y a sugestión mental.

 

Karma y enfermedad

Lo que planteamos aquí, sin embargo, es más radical que sólo decir que la mente puede curar un cáncer o que la mente puede crear un cáncer (algo que ha sido estudiado por el doctor Ryke Geerd Hamer). Se plantea aquí que toda enfermedad es el resultado de la interacción mente-cuerpo, de un sistema que no puede separarse, porque no es dos cosas. Se plantea que lo mental es tan esencialmente causal, o incluso más que lo físico. De nuevo, es importante regresar a la idea del dualismo cartesiano que tanto ha marcado nuestra cultura. Es desde Descartes que el racionalismo encumbrado en la ciencia ha creado una división arbitraria entre mente (o alma) y cuerpo. Algo que es un contrasentido de nuestra experiencia, ya que toda sensación "corporal" es experimentada a través de nuestra mente; la realidad, el mundo de las cosas, depende siempre de la mente que lo percibe. No podemos hablar propiamente de la existencia de un cuerpo sin que exista conciencia. William Blake lo entendió así:

El hombre no tiene un cuerpo distinto de su alma. Aquello que llamamos cuerpo es una porción de alma percibida por los cinco sentidos, pasajes principales del alma en esta edad.

Para Blake, libre de la moral cristiana pero también del nihilismo materialista, lo verdaderamente satánico no era el cuerpo, sino la mecanización del racionalismo y la industrialización que reducía al ser humano a una máquina (ahora utilizamos la metáfora de que nuestro cerebro es una computadora y la conciencia es una ilusión generada por el hardware, como ha postulado Daniel Dennett).

En radical diferencia al paradigma materialista occidental, tenemos las filosofías orientales que nacen en la India, donde lo primordial es la mente. Aunque existen diversos matices y ciertas diferencias en diferentes escuelas, incluso algunos dualismos similares (como el de purusha y prakriti), en general el hinduismo y el budismo coinciden en que es la mente la que tiene un cuerpo, el cuerpo es el instrumento de la mente y es moldeado por ella como resultado de una serie de actos intencionales a lo largo de diversas vidas (y en ciertas escuelas, como el tantra, el cuerpo y la mente son no-duales, expresiones de una misma energía-conciencia). El cuerpo es la cristalización del karma y por lo tanto todas sus manifestaciones (enfermedades o tendencias) no son más que vectores o inercias que emergen causadas por la mente. Y es que, como el Buda enseñó en su cadena de eslabones de originación (nidanas), la conciencia es lo que crea al cuerpo, y es específicamente la volición mental la que hace que madure un karma. Karma es acción, pero para que haya un efecto en un individuo debe haber una intención (cetana). 

De aquí entonces la lectura de que toda enfermedad tienes causas y condiciones que podemos llamar mentales, si bien es también siempre corporal, porque de otra forma no podría manifestarse; es siempre psicosomática, mente y cuerpo. Para algunas personas esto puede parecer muy radical e incluso ofensivo, ya que significa que somos responsables de todas nuestras enfermedades y contrariedades, incluyendo aquellos infortunios que nos parecen azarosos e incontrolables, como ser atropellados o como nacer con una condición genética. Esto a algunos los puede llevar a una noción de juicio moral, de sentirse culpables, pero se habla aquí, más que de bien o mal, de sabiduría o ignorancia.

En uno de los lojong o entrenamientos de la mente del maestro budista Atisha se dice "échale toda la culpa a uno", ese uno es la ignorancia, tu ignorancia. Para el budismo la causa esencial del sufrimiento es la ignorancia, el entendimiento erróneo de la realidad. No entender que los actos negativos producirán consecuencias negativas (y que los pensamientos negativos también lo harán); no entender que perseguir cosas impermanentes nos harán sufrir insatisfacción; no entender que somos cada uno responsables de nuestras vidas y que culpar a otro (ya sea una persona, un dios o al mismo azar) es algo que igualmente acabará produciendo más sufrimiento. Nuestra ignorancia es tal que no vemos cómo cada mínimo pensamiento, cada deseo, cada frustración, va apilándose y creando hábitos y tendencias que tarde o temprano se manifiestan creando malestar y enfermedad --o, si son virtuosos e inteligentes, lo opuesto. Es importante mencionar que para el budismo lo que somos esencialmente es sólo un manojo o un vórtice de hábitos (a los cuales damos una cualidad de solidez e identidad al conceptualmente designarlos como una entidad fija), y por lo tanto si cambiamos nuestros hábitos podemos transformarnos ontológicamente, al nivel más profundo, al punto de curar o crear cualquier enfermedad.

De la misma manera que la ignorancia es lo que genera sufrimiento y enfermedad, la sabiduría genera dicha y cura el sufrimiento. Aunque una persona que ha entendido la naturaleza de su mente y por lo tanto del mundo que existe en interdependencia con la mente podrá seguir experimentando enfermedades (que para el budismo son la maduración del karma pasado), ya no sufrirá por ellas y por lo tanto se habrá modificado el significado de una "enfermedad" (ya que el placer y el dolor no tendrán la misma connotación dualista). Al final, lo que se plantea es que no sólo las enfermedades son psicosomáticas, sino que el ser humano es fundamentalmente hipocondríaco, ya que ha llegado a creer que está enfermo de una enfermedad terminal (la muerte) al creer que es sólo su cuerpo, identificándose a sí mismo con una existencia individual separada de todo un universo de otredad. Pero, se dice en el budismo mahayana y vajrayana, lo que somos nunca ha nacido y nunca morirá. El cuerpo es sólo un instrumento de conocimiento, una momentánea ilusión con la que aquello que es juega (aquello que es, es la cognición misma que, se dice, no cambia, es como un espejo que puede reflejar cualquier cosa y por supuesto no depende de un cuerpo, pero toma cuerpos por el karma en el juego de las apariencias). Misteriosamente, la luminosidad pura de la mente puede convertirse también en un cuerpo; acaso es porque no tienes límites que puede tomar también una existencia limitada, aunque ésta no modifica su naturaleza de ninguna manera y por lo tanto debe tomarse como mágica e insustancial aparición. Sólo lo que no cambia es real, pero es en el cambio que lo real se conoce a sí mismo.