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The Open Space Project, el futuro es de quien lo crea (abierta y colectivamente)

AlterCultura

Por: pijama Surf - 07/14/2017

¿Te imaginas un futuro descentralizado, abierto, colectivo y sustentable? Pues el futuro se está haciendo hoy...

Creatividad, innovación, apertura y colaboración son algunos de los ingredientes que componen el nuevo paradigma de la sociedad. Necesitamos acelerar nuestra evolución consciente, y para lograrlo es imprescindible renovar paradigmas.

Pero para que ocurra lo anterior, necesitamos vehículos y herramientas que permitan materializar ese proceso. The Open Space Project es precisamente uno de estos recursos que abren la puerta a un futuro más estimulante y sonriente para todos.

Se trata de una “Organización Autónoma Descentralizada” diseñada para potenciar el intercambio mediante una red de proveedores y usuarios de servicios diversos, entre ellos el procesamiento, la comunicación, el almacenamiento y la energía. Esta red está basada en un sistema de constelación de satélites en sintonía con una estación base.

OSN es una plataforma que se rige de acuerdo a un espíritu de autoorganización, escalabilidad y sustentabilidad; apuesta por la “economía del espacio abierto”, lo cual se refiere a la reducción de costos y barreras para consumar iniciativas globales de colaboración, gracias a una serie de recursos terrestres y espaciales. El API de OSN da acceso a protocolos de comunicación espacial y otras funcionalidades open source para construir aplicaciones espaciales como inteligencia artificial.  

Entre julio y septiembre de este año se estarán liberando los primeros 11 nodos de la red alrededor del mundo, con lo cual se estará oficialmente inaugurando “un nuevo comienzo, que triunfará sólo a través de la participación, de la colaboración de una comunidad empoderada e interconectada”.

Este 15 de julio a las 19:00 (CDT) se celebrará la ceremonia de lanzamiento, “Hello, Universe”, en el Computer History Museum de Mountain View, California, con la participación de Jeremy Rifkin. El evento será transmitido en vivo aquí.  

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Por: PijamaSurf - 07/14/2017

Recientemente se hallaron nuevos vestigios de las construcciones hechas por los aztecas

Pocas miradas extranjeras tuvieron el privilegio de ver cómo Tenochtitlán rompía la luz y el brillo de un lago custodiado por montañas. El asombro que cautivó a los primeros conquistadores les hizo balbucear descripciones de una grandeza que conmovió a sabios y emperadores del mundo entero. Aún hoy sólo podemos imaginar y recrear sus informes, con base en pequeñas ventanas a tesoros arqueológicos, abiertas por las nuevas tecnologías.

Gracias al cultivo y desarrollo de la arqueología y la antropología, hoy es posible desentrañar el Centro Histórico de la Ciudad de México sin llevar a cabo una carnicería de los monumentos de la historia moderna. Tal es la paradoja de muchos sitios arqueológicos que han quedado sepultados por catedrales, palacios o montañas en la selva. Por fortuna, a veces una calle perdida en un predio olvidado puede facilitar un pequeño vistazo a las glorias pasadas.

 

 

De este modo fue que una investigación de 7 años sacó a la luz un templo dedicado a Ehécatl, el cual está acompañado de un juego de pelota, en uno de cuyos bordes se encontró una ofrenda ritual de vértebras de hombres jóvenes. La excavación se hizo a espaldas de la Catedral Metropolitana, debajo de la cual se extiende la mayor parte del área del templo, de más de 36m de longitud.

El dios Ehécatl representaba al viento, elemento necesario para activar a los Tlaloques, encomendados por Tláloc para romper los cuencos que en el cielo guardaban la lluvia. La importancia de Ehécatl para la subsistencia de los mexicas es, pues, equiparable a la lluvia y a la guerra, por lo cual el templo recién descubierto estaba de frente a las pirámides del Templo Mayor.

Las ruinas circulares del templo de Ehécatl recuerdan que existe un centro ceremonial inmenso debajo del Centro de la ciudad, cubierto por el asfalto, los adoquines, los antiguos palacios y las viviendas viejas y deshabitadas, como la memoria que acompaña y cubre a los muertos.