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¿Cuánto más dura en promedio un orgasmo femenino frente al masculino?

Ciencia

Por: Pijama Surf - 07/02/2017

Según sondeos, el promedio de duración de orgasmos entre hombres y mujeres difiere en un 20% de tiempo

En los últimos años el orgasmo femenino se ha convertido en centro de atención de la sexología, ya que es un misterio puesto que parece no ser resultado de un motor evolutivo, como en el caso del hombre. Las cifras sobre este fenómeno son cada vez mayores dada la fascinación que suscita, por ejemplo, el hecho de que el 70% de las mujeres requiere algún tipo de estimulación en el clítoris (de lo contrario, es probable que no tengan un orgasmo), o bien, que una mujer puede llegar a aguantar 107 veces más dolor durante un orgasmo.

Sabemos también que existen al menos 10 tipos de orgasmos femeninos y, según un sondeo reciente, ahora conocemos que los orgasmos de las mujeres suelen prolongarse en promedio un 20% más de tiempo que el de los hombres. Mientras el orgasmo promedio de ellos dura aproximadamente 8.7 segundos, el de ellas es de casi 11 segundos (10.9).

Quizá lo anterior se deba a que la mujer tarda más en alcanzar el clímax, un cúmulo de placer que se prolonga más antes de su declive; pero ello son sólo conjeturas sobre el misterio que continúa siendo el orgasmo femenino y el mundo del orgasmo en general (recordemos que su estudio formal tiene escasos poco más de 100 años).

El antecesor del LSD provocó una epidemia que acabó con 40 mil personas

Ciencia

Por: PijamaSurf - 07/02/2017

Desde el siglo IX en Europa Central, hasta 1960 en Etiopía, el cornezuelo fue el responsable de propagar el ergotismo (del francés "ergot", que quiere decir "espolón", como sinónimo del hongo)

El ácido lisérgico, uno de los componentes fundamentales de alcaloides del cornezuelo de centeno y de la dietilamida de ácido lisérgico (LSD, por sus siglas en inglés), se caracteriza por provocar visiones, pesadillas y una enfermedad similar a la peste: el ergotismo. Fue, de hecho, causante de 60 mil muertes en la Castilla de la Edad Media. 

Esta comunidad española, en su momento la potencia económica de Europa, solía ser la principal productora de cereales en la península ibérica. Entre los productos más consumidos por el vulgo debido a su económico precio se encontraba el centeno, del cual surgían unas pequeñas protuberancias llamadas cornezuelos que se desarrollaban en sus espigas. Se trataba de unos hongos de colores blanquecinos y eventualmente negroazulados, los cuales provocaron una epidemia que se comparó con la peste por el alto costo de vidas que produjo, así como por la prolongación temporal con la que impactó en la población. Desde el siglo IX en Europa Central, hasta 1960 en Etiopía, el cornezuelo fue el responsable de propagar el ergotismo –del francés ergot, que quiere decir “espolón”, como sinónimo del hongo.

El ergotismo empezó causando gangrena tanto en las patas como en las colas de los animales, reduciendo la producción de leche e incrementando la tasa de muerte de los mismos; después, los humanos que consumían el cornezuelo a través del pan de centeno solían ser víctimas no sólo de gangrena, quemazón y dolores en las extremidades sino también de alucinaciones, convulsiones y trastornos de la personalidad. En su momento, de hecho, se acusó a los afectados de hechicería, pues las alteraciones mentales eran vistas como prácticas del Diablo, así como de sufrir algún castigo divino debido a los ardores del “fuego sagrado”. Al ergotismo se le llamó también y por consecuencia “el fuego de San Antonio”, pues en 1093 un noble del sureste francés, Gaston de la Valloire, fundó con su hijo Girondo la orden de los Hermanos Hospitalarios de San Antonio. Ahí, en estos hôpitaux des démembrés (hospital de los desemembrados), se curaba a los enfermos de ergotismo y se exhibía como ofrenda los brazos, manos, pies y piernas que se habían amputado. 

Estos hospitales fueron un éxito pues no solían alimentar a los afectados con pan de centeno (sino con pan de trigo), por lo que la incidencia de enfermos se redujo considerablemente. Entre otros menjurjes para reducir los síntomas del ergotismo estuvo el “agua de San Antonio” (una mezcla de manteca de cerdo que se untaba en las heridas), así como el “vino de San Antonio” (elaborado con vides cultivadas y fermentado en reliquias del santo). Pero no fue sino hasta 800 años más tarde –en el siglo XVII– que el médico francés Thuillier relacionó el cornezuelo del centeno con el ergotismo; desgraciadamente, en 1926 hubo otra epidemia en los Montes Urales, en la antigua Unión Soviética, y en 1960 en Etiopía. Ahora sólo queda preguntarse: ¿es este el efecto tan temido del LSD?