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Amazon se está convirtiendo en un monopolio de ventas al por menor que opera bajo un esquema poco responsable

Amazon, la compañía que controla más del 30% de todas las ventas al por menor en línea y fuera de la red en Estados Unidos, así como el 40% de los servicios de nube y que tiene una cada vez más fuerte presencia en otros países, compró hace unos días Whole Foods, la franquicia de supermercados de comida orgánica que ha crecido enormemente en los últimos años. Horas después del anuncio las acciones de Amazon ya habían subido un 3%, lo suficiente para costear la movida.

Douglas Rushkoff, quien se ha convertido en uno de los más lúcidos críticos de la economía capitalista digital, considera que el esquema bajo el que opera Amazon y el poder que está cobrando representa "una amenaza para los mercados, la economía e incluso el planeta". Rushkoff opina que lo que estamos viendo es distinto a los viejos monopolios. Tradicionalmente, en las industrias económicas los monopolios deben ser desarmados, porque empiezan a controlar las plataformas en las que los productos se distribuyen: la compañía de teléfono controla los cables, la petrolera las refinerías y la distribución, etc. En el caso de la economía digital, la plataforma es el mismo negocio; las compañías digitales venden su plataforma, su ecosistema.

El problema es que cuando un mercado existente es sólo un medio para otro fin, la compañía no considera los efectos a largo plazo de sus acciones. Amazon trató a la industria de los libros de la misma manera que compañías como Walmart trataron los territorios en los que se expandieron. Utilizar una enorme cantidad de capital para bajar los precios, poner a los competidores fuera del negocio, convertirse en el único empleador de la comunidad, transformar empleados en trabajadores de medio tiempo, hacer lobby para ablandar las regulaciones y efectivamente extraer todo el valor de una región para luego cerrar y moverse a otra.

Rushkoff sugiere que este modelo contiene semillas de fascismo y en realidad no beneficia ni a las mismas personas que componen las corporaciones, las cuales logran extraer el valor del mercado pero no redistribuirlo entre sus trabajadores de manera eficiente. A su vez secan y destruyen el mercado del cual dependen: "Es una forma de obesidad financiera, en la que lo único que queda para la compañía es adquirir un nuevo mercado, extraer su valor y moverse al siguiente".

Existe preocupación también debido a que Amazon opera bajo un esquema de cero ganancias. Whole Foods bajo el mando de Amazon probablemente tendrá menos ganancias de las que obtiene hace ahora, lo cual es un signo de preocupación para toda la competencia: competir contra una empresa a la que no le importa obtener ganancias es sumamente difícil cuando necesitas reportarlas. A Amazon no le suele preocupar que una de sus empresas no genere ganancias, lo que le interesa es que produzca valor que aumente su cotización en la bolsa y, también, que pueda generar nuevos datos. Tener un supermercado como Whole Foods y ligarlo con la cuenta Amazon Prime podría producir una cantidad muy jugosa de datos sobre los comportamientos de los consumidores para alimentar al monstruo de Big Data de Amazon. Además, Amazon puede tener un nuevo espacio para vender su hardware.

Por motivos culturales, la gama imprecisa de emociones ilustradas y lo “socialmente correcto”, Facebook no puede ser un indicador fiable de emociones colectivas

Una de las trampas de la realidad virtual es que puede ser una invención personal en todas sus dimensiones. Es decir, allí creamos un perfil de nosotros que queremos mostrar a los demás, como una especie de producto, no necesariamente uno real. De entrada, esta posibilidad inventiva hace que los datos en la web no necesariamente sean material confiable para hacer mediciones de emociones reales. ¿Por qué? Por que muchas veces mentimos en pro de nuestra “marca”, del perfil que queremos proyectar.

Lo anterior es muy importante, aunque también lo es la imposibilidad de verdaderamente tener acceso a herramientas más precisas por parte de los usuarios con el fin de expresar una emoción particular. Es decir, si de por sí el lenguaje siempre se encuentra limitado, y "el límite de mi lenguaje es el límite de mi mundo" (nos dice Wittgenstein), en el mundo virtual ocurre lo mismo. Según la ciencia, los humanos hacemos uso de hasta 21 gestos para expresar una emoción; por ello, los emoticones famosos de ningún modo son precisos en cuanto a la emoción que quiere mostrarse.

Un nuevo análisis, además, muestra la discordancia de los estados de ánimo expresados en redes sociales como Facebook en relación con otros indicadores. Por ejemplo, en Facebook, de acuerdo con el análisis de emociones Corea del Norte sería el país más feliz del mundo, a pesar de que esta nación no ranquea en dicho rubro respecto a los niveles de satisfacción que sitúan a Dinamarca con esa cualidad en estudios de otra índole.

Lo que sucede es que culturalmente somos propicios a demostrar o no ciertos estados de ánimo según lo más correcto socialmente. Estas diferencias culturales del uso del lenguaje --en este caso, en relación con las emociones y los emoticones-- son una muestra de que las emociones expresadas en redes sociales no son, de hecho, un dato confiable sobre el estado emocional de los usuarios. Andrew Zolli, autor de Resilience: Why Things Bounce Back, nos habla al respecto en el siguiente video.