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El antecesor del LSD provocó una epidemia que acabó con 40 mil personas

Ciencia

Por: PijamaSurf - 06/20/2017

Desde el siglo IX en Europa Central, hasta 1960 en Etiopía, el cornezuelo fue el responsable de propagar el ergotismo (del francés "ergot", que quiere decir "espolón", como sinónimo del hongo)

El ácido lisérgico, uno de los componentes fundamentales de alcaloides del cornezuelo de centeno y de la dietilamida de ácido lisérgico (LSD, por sus siglas en inglés), se caracteriza por provocar visiones, pesadillas y una enfermedad similar a la peste: el ergotismo. Fue, de hecho, causante de 60 mil muertes en la Castilla de la Edad Media. 

Esta comunidad española, en su momento la potencia económica de Europa, solía ser la principal productora de cereales en la península ibérica. Entre los productos más consumidos por el vulgo debido a su económico precio se encontraba el centeno, del cual surgían unas pequeñas protuberancias llamadas cornezuelos que se desarrollaban en sus espigas. Se trataba de unos hongos de colores blanquecinos y eventualmente negroazulados, los cuales provocaron una epidemia que se comparó con la peste por el alto costo de vidas que produjo, así como por la prolongación temporal con la que impactó en la población. Desde el siglo IX en Europa Central, hasta 1960 en Etiopía, el cornezuelo fue el responsable de propagar el ergotismo –del francés ergot, que quiere decir “espolón”, como sinónimo del hongo.

El ergotismo empezó causando gangrena tanto en las patas como en las colas de los animales, reduciendo la producción de leche e incrementando la tasa de muerte de los mismos; después, los humanos que consumían el cornezuelo a través del pan de centeno solían ser víctimas no sólo de gangrena, quemazón y dolores en las extremidades sino también de alucinaciones, convulsiones y trastornos de la personalidad. En su momento, de hecho, se acusó a los afectados de hechicería, pues las alteraciones mentales eran vistas como prácticas del Diablo, así como de sufrir algún castigo divino debido a los ardores del “fuego sagrado”. Al ergotismo se le llamó también y por consecuencia “el fuego de San Antonio”, pues en 1093 un noble del sureste francés, Gaston de la Valloire, fundó con su hijo Girondo la orden de los Hermanos Hospitalarios de San Antonio. Ahí, en estos hôpitaux des démembrés (hospital de los desemembrados), se curaba a los enfermos de ergotismo y se exhibía como ofrenda los brazos, manos, pies y piernas que se habían amputado. 

Estos hospitales fueron un éxito pues no solían alimentar a los afectados con pan de centeno (sino con pan de trigo), por lo que la incidencia de enfermos se redujo considerablemente. Entre otros menjurjes para reducir los síntomas del ergotismo estuvo el “agua de San Antonio” (una mezcla de manteca de cerdo que se untaba en las heridas), así como el “vino de San Antonio” (elaborado con vides cultivadas y fermentado en reliquias del santo). Pero no fue sino hasta 800 años más tarde –en el siglo XVII– que el médico francés Thuillier relacionó el cornezuelo del centeno con el ergotismo; desgraciadamente, en 1926 hubo otra epidemia en los Montes Urales, en la antigua Unión Soviética, y en 1960 en Etiopía. Ahora sólo queda preguntarse: ¿es este el efecto tan temido del LSD? 

La mayoría guardamos algunos de estos 34 secretos, según la ciencia

Ciencia

Por: Pijama Surf - 06/20/2017

Los secretos son una constante en la vida más íntima de una persona, y estos son los más comunes

Si quieres guardar un secreto, debes esconderlo también de ti mismo. 

George Orwell

Un secreto es siempre intencionado y, como dicta la frase de George Orwell, el problema es que un secreto se arrincona en lo más hondo de nosotros mismos. Por eso los secretos pueden convertirse en una especie de carga de la memoria más profunda. Aun así, al parecer la mayoría los guardamos, y según un estudio publicado por la US National Library of Medicine, éstos pueden dividirse en 34 categorías generales.

Cabe apuntar que la mayoría de los secretos (de acuerdo con este estudio) son acciones que el sujeto asocia generalmente a faltas de ética o un comportamiento antisocial. El estudio también apunta a que estos secretos se convierten en una especie de carga psicológica, más allá de si la persona es consciente o no de ello. Es decir, la mayoría de los secretos no son inofensivos; quizá sea tiempo de cambiar nuestros secretos a otros que tengan que ver con experiencias íntimas, como un tesoro, sin que necesariamente se trate de la parte oscura de nuestra vida.

Según los resultados, las siguientes son las 34 categorías donde se engloban la mayor parte de nuestros secretos:

 

Daño a otra persona

Uso de drogas

Un mal hábito o adicción

Robo

Haber hecho algo ilegal

Daño a uno mismo

Aborto

Trauma

Mentiras

Violación de confianza

Deseo romántico

Descontento romántico

Pensamientos románticos con otra persona estando en una relación

Infidelidad emocional

Infidelidad sexual

Ser la persona con la que otro es infiel

Descontento social

Deslealtad laboral

Bajo desempeño laboral

Planes de pedir a alguien matrimonio

Sorpresa por algo

Algún hobby

Una relación secreta

Secretos familiares

Embarazo

Orientación sexual

Comportamiento sexual

Abstinencia sexual

Pretensión (esconder que no te gusta algo que te hace popular)

Creencias o ideología

Finanzas

Trabajo o proyecto secreto

Ambición

Comportamiento inusual

 

Ahora, de los anteriores secretos, la mayoría afirmó tener en promedio 13 de ellos. Por su parte, el mayor rango de personas con secretos por categoría se ubicó así:

60% Una mentira o impropiedad financiera

47% Violación de confianza

33% Robo, una relación secreta o descontento laboral