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¿Por qué es bueno dejar que los niños se aburran?

Salud

Por: Pijama Surf - 05/19/2017

La sobrestimulación genera más ansiedad; los niños están perdiendo la oportunidad de entretenerse con su propia imaginación

Todos los males de los hombres vienen de una sola cosa: de no saber quedarse tranquilos en una habitación.

Blaise Pascal

Ya en el siglo XVI el famoso físico, matemático y pensador Blaise Pascal había advertido que uno de los grandes lastres de la cultura occidental es la poca tolerancia al aburrimiento, y quizás jamás imaginó que la abrupta necesidad de producir y estar entretenido llegaría a los niveles actuales, donde el aburrimiento es un sinónimo ineludible de estrés, ansiedad e incluso depresión.

El problema se alimenta de múltiples fuentes: la publicidad que nos invita a consumir como signo de progreso, la cultura del entretenimiento cada vez más sofisticada, e incluso Internet, donde la información y su premura nos hacen sentir que nunca estaremos completamente “al día”. Lo anterior se manifiesta desde la infancia; cada vez más niños son diagnosticados con ansiedad y los padres, para que sus niños no sufran, les proveen de las miles de herramientas que hacen que su hijo “haga muchas cosas a la vez” y se mantenga entretenido.

El problema es que sin cierta tolerancia al aburrimiento, la vida, paradójicamente, resulta mucho más aburrida. Hace menos de medio siglo, cuando ni la televisión ni los dispositivos habían llegado a la mayoría de las familias, los niños debían hacer uso de su imaginación con el fin de “no aburrirse”, pero hoy los hemos despojado de este reto y a largo plazo, del desarrollo de esta capacidad.

Recientemente, un profesor español publicó un exitosísimo post en Facebook, retomado por Verne, acerca de un juguete que se ha hecho viral en escuelas de todo el mundo (sí, aún sigue ocurriendo que se ponen de moda artefactos inesperados, como memes). Se trata de una especie de trompo con forma de una flor de tres pétalos que gira en su eje y permite hacer con él cuantiosos trucos. Al respecto el profesor hace una reflexión, sobre todo a partir del abrumador dato de que prácticamente el 100% de los niños de su escuela están diagnosticados como ansiosos.

En relación con esto, más allá de ahondar en este juguete, cuyo nombre es Spinner, se invita a que se profundice en el daño que le estamos haciendo a nuestra niñez permitiéndoles nunca aburrirse. Rafael Santandreu, psicólogo y autor de Las gafas de la felicidad, ha llegado incluso a sugerir que en las escuelas se enseñe a los niños a “no hacer nada, a mirar la pared durante 1 hora”. Lo anterior hará que puedan hacerse cargo de lo que ocurre en su mente sin querer evadirse necesariamente; luego llega, después de la ansiedad, una calma, la misma que hemos perdido.

Según Peter Toohey, autor de Boredom: A Lively History, el aburrimiento “puede contener un potencial de reflexión importante y puede ser un estímulo a la creatividad”. El aburrimiento, si no se intenta combatirlo, nos permite soñar despiertos, hacer uso de la imaginación, volver a asimilar el tiempo y nuestro lugar en él desde otro ángulo, entre otros hermosos beneficios.

Ya lo había advertido también Bertrand Russell:

Para llevar una vida feliz es esencial una cierta capacidad de tolerancia al aburrimiento. La vida de los grandes hombres sólo ha sido emocionante durante unos pocos minutos trascendentales.

Deja ir estos 5 pensamientos para liberarte de una vez por todas

Salud

Por: pijamaSurf - 05/19/2017

El momento histórico de cada ser humano, y hasta la propia personalidad, imponen una serie de nociones que nos presionan y atan

A grandes rasgos todos tenemos noción de esas “cosas” que nos hacen sentir menos libres, como la competencia, la envidia o el resentimiento. Y no se trata de evadir estas emociones, ya que son también parte de la experiencia humana, sino más bien de que simplemente las dejes ser e irse.

Y así como intuitivamente, y porque sentimos su nocividad conocemos lo anterior, existen aspectos más complejos que, de hacerlos conscientes, serás más propenso a dejarlos ir para mejorar tu vida en la cotidianidad pero también a largo plazo.

 

Ser perfecto

Existen cánones de belleza y personalidad sobre las “mejores” personas. Sin embargo, tú eres tú, y es importante que te aceptes y trabajes en aquello que desees modificar pero sólo luego de una sincera introspección sobe tus propios cánones, no los que dicta la sociedad; aquello que tú y sólo tú crees que es ser mejor. Y aun con ello en mente, hay que comprender que tus objetivos son sólo tuyos y que aunque quizá llegues a ellos tampoco serás perfecto, incluso bajo tus propios cánones.

 

Producir todo el tiempo

El mundo en que vivimos, que nos dicta que “el tiempo es oro”, nos ha despojado de la simpleza del ocio. Aprender a “no hacer nada” es simplemente imprescindible para librarte de la ansiedad que nos hace pensar que siempre tenemos que estar haciendo algo productivo, palpable. La contemplación, por ejemplo, es una tarea que se aprende, y puede ser mucho más productiva de lo que se asume socialmente.

 

Creer que la felicidad es perenne

En la vida existen todo tipo de momentos; la mayoría de las culturas asumieron los obstáculos que conlleva la vida, y su belleza intrínseca a pesar de ellos. En esta complejidad y aceptación es donde yace la serenidad, misma que, para muchos sabios, es lo más cercano a la felicidad.

 

Ser “alguien” en la vida

Tú ya eres alguien, y ser "alguien" en la vida no necesariamente significa sobresalir. No se trata de que estés estancado, sino de conocerte y ponerte tus propias metas en relación a tu propia personalidad y expectativas sinceras sobre lo que deseas (evitando que ello sea sólo sobresalir, ya que esto es únicamente una ilusión del ego).

 

Compararte

Como nunca en la historia, en gran parte por la influencia de las redes sociales, nos enteramos de la vida de los demás, personas que incluso no figuran en nuestra cotidianidad más allá del mundo virtual. Nos enteramos, prácticamente en tiempo real, de sus viajes, matrimonios, formación de familia, graduaciones, estilo de vida (y los demás de los nuestros), y ello se presta, casi inevitablemente, a que comparemos nuestra vida. Cada persona tiene su ritmo, valores y aspiraciones; pensar en tus decisiones (o en tu vida) teniendo en mente el momento en que se encuentran otros es simplemente absurdo y deprimente.