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De cuando se creía que el LSD podía salvar al mundo: 'The Sunshine Makers'

Psiconáutica

Por: PijamaSurf - 05/02/2017

Un excelente documental para los amantes de la psicodelia

The Sunshine Makers (2015) es el tercer documental del joven realizador británico Cosmo Feilding-Mellen, y trata sobre la elaboración y distribución masiva de la mítica tableta de LSD Orange Sunshine en el ámbito contracultural de los años 60. Feilding-Mellen reconstruye, no sin talento y con devoción considerables, el tejemaneje entre tribus hippies, la paranoia policíaca, los mecenas de la psicodelia y una pareja de soñadores estrafalarios: Tim Scully y Nicholas Sand.

Scully, un ser extraño, maniático obsesivo de la organización (durante más de 30 años cenó alimentos sólo de color blanco y catalogaba con mórbido escrutinio su colección de libros de ciencia ficción), transformó sus afecciones autistas de la infancia en una carrera de físico-matemático marginal y se convirtió en el cerebro detrás de la elaboración del Orange Sunshine. Por su parte, Sand, originario de Brooklyn, experimentado yogui y empecinado nudista, fue el estratega y el negociador estrella del proyecto. Ambos quedarían entrelazados por una singular misión y por un millonario con marcadas inclinaciones psicotrópicas.

La singular misión no era otra que la revolución psicodélica y su consecuencia lógica de un cambio radical del mundo y de la percepción. A Scully no le interesaba el dinero que pudiera haber en juego; el origen, el motor y el destino siempre fueron para él el amor y la revelación. A Sand, sin embargo, no le molestó el hecho de tener jugosas ganancias por una labor espiritual y eminentemente altruista.

William “Billy” Hitchcock es el mecenas recreativo que los presentó y que solventó el establecimiento de un laboratorio primero en California y luego en Denver, Colorado. Billy Hitchcock también representa el puente que unirá a Sand y Scully con Timothy Leary y, más tarde, con la Hermandad del Amor Eterno, comunidad hippie que se convertiría en el centro de distribución del Orange Sunshine entre los adeptos, cada vez más fieles y numerosos, del LSD.

Sand y Scully creyeron, ingenua pero sinceramente (y al menos Sand todavía lo cree), que el LSD podía salvar al mundo. Pensaban que si todos y cada uno nos dábamos un buen viaje de ácido habría mucho menos posibilidades de que alguien quisiera hacer la guerra, tanto personalmente como a escala mundial. Buscaron activar el mundo y conectarlo con el universo psicodélico, algo que según sus predicciones debía ocurrir en unos 5 años o un poco más, como dice Sand en el film, a condición de llegar a las personas indicadas, liberando 4 millones de dosis en 1 mes.

Quizá el documental está demasiado impregnado del optimismo sesentero (no ahonda en los aspectos negativos del LSD ni en lo que un malviaje puede provocar en ciertas personas), pero es fiel en tanto que retrata la ferviente creencia de estos evangelistas del ácido lisérgico acerca de que la experimentación psicodélica podría salvar al mundo, una creencia ingenua que refleja el rechazo de una generación de jóvenes ante los mecanismos alienantes de una economía de guerra que echaba raíces en Vietnam. También se apega a ese espíritu de la época con transiciones narrativas ágiles, visualmente atractivas (hasta aquella de Scully practicando yoga, desnudo), y la banda sonora es un colorido viaje a las fértiles tierras de la nostalgia.

El destino de Sand y Scully pareciera no tan afortunado, pues ambos fueron perseguidos y arrestados por el Tío Sam; el primero pasó 15 años en la cárcel y el segundo sumó 20. The Sunshine Makers volvió a reunirlos y aún es visible el compañerismo entre ambos. Scully, un hombre de 70 años, flaco, sonriente y con sombrero; Sand, de la misma edad más o menos, corpulento y un poco descuidado, pero aún practicando yoga (desnudo, como siempre), mientras Scully cataloga sus libros, su comida enlatada y se divierte con extraños dispositivos electrónicos.

Un documental imperdible para que los amantes de la psicodelia conozcan un poco más de la historia de esta sustancia.

El origen del Día de la Bicicleta y el primer viaje en LSD del doctor Hofmann

Psiconáutica

Por: pijamasurf - 05/02/2017

Este 19 de abril se celebra el Día Mundial de la Bicicleta, una fecha que tiene su surtidor en el primer viaje con LSD de la historia, hace 74 años

Hoy millones de personas en distintas ciudades del mundo festejarán o serán expuestos a la propaganda del Día Mundial de la Bicicleta, uno más entre una larga lista de efemérides, la mayoría inanes. Muchos pensarán que entre la cantidad de días internacionales que se celebran el de la bicicleta es uno de los mejores, pues a fin de cuentas promueve una actividad deportiva y un medio de transporte que descongestiona la vida urbana. Pocos sabrán que el origen de este día está vinculado indisociablemente con un viaje en bicicleta único, aquel del doctor Albert Hofmann, de sus laboratorios en Sandoz, Suiza, a su casa, habiendo antes consumido por primera vez con fines experimentales LSD (3 días antes, Hofmann lo había ingerido en pocas cantidades sin querer).

El Día de la Bicicleta se celebra como tal desde 1985, luego de que Thomas B. Roberts, profesor de la Universidad de Illinois, tuviera la ocurrencia de celebrarlo un 19 de abril siguiendo aquel evento epifánico del doctor Hofmann. Curiosamente, hoy muchos gobiernos utilizan la celebración para promover sus acciones en materia de urbanismo y algunos mandatarios van al trabajo en bicicleta, emulando el memorable viaje en LSD de Hofmann (algo que probablemente ignoran). El Día de la Bicicleta se suma a otras celebraciones, como el Día de San Valentín o la misma Navidad, que tienen un origen pagano que se pierde en el tiempo, ocultado por la fechada del mercantilismo.

Hacemos ahora un recuento de la memorable jornada en la que el doctor Hofmann probó por primera vez una droga que luego alimentaría todo el movimiento psicodélico, especialmente debido al entusiasmo de Tim Leary. Hofmann lamentó mucho que esta sustancia fuera prohibida y se vetara toda investigación científica con LSD, y seguramente hoy estaría contento de ver que la medicina psicodélica tiene un renacimiento. Leary quería darle LSD a todo el mundo, sin distinción; Hofmann sabía que el LSD era sólo para algunas personas en ciertos momentos, idealmente bajo supervisión médica, y que de otra forma podía ser peligroso. 

El 19 de abril de 1943 el doctor Albert Hofmann decidió probar una nueva droga que había desarrollado en sus laboratorios en Suiza años antes trabajando con el ergot, un hongo que se genera en el pan de centeno (y que, se dice, habría sido usado en los misterios griegos de Eleusis) en busca de encontrar un estimulante circulatorio. Los accidentes son la materia prima de la creación, y el 16 de abril de 1943 Hofmann ingirió accidentalmente un poco de LSD –"todo hombre derrama la sustancia que ama”, decía Robert Anton Wilson parafraseando a Oscar Wilde. Esta pequeña dosis fue suficiente para desatar a su imaginación y preparar el histórico primer viaje de dietilamida de ácido lisérgico.

El día que ahora conocemos como Día de la Bicicleta, Hofmann decidió tomar 250mg de LSD-25 (el umbral de la dosis son 20mg). Después de ingerir la ominosa sustancia, el doctor Hofmann fue presa de un momento inicial de pánico –lo que se explica por la gran cantidad de ácido que consumió sin tener referencias, coqueteando con un malviaje que al final no dominó la experiencia, abriendo de esta forma brecha en beneficio de la psicodelia: después de una examinación médica superficial Hofmann comprobó que estaba bien y decidió explorar la sustancia. Aquí se cifraba la plantilla del viaje psicodélico de primero tener que enfrentar dificultades --un simbólico descenso al inframundo-- para luego resurgir avante con las mieles de la catarsis. Le pidió a su asistente que lo llevara a casa en bicicleta porque no se podía usar vehículos motorizados, debido a la guerra. En el viaje en bici, al entrar en contacto con la luz del Sol y la naturaleza, despertó el primer momento de conciencia psicodélica que luego llamarían sunshine acid:

Poco a poco empecé a disfrutar una serie sin precedente de colores y formas jugando persistentemente detrás de mis ojos cerrados. Imágenes fantásticas surgían, alternándose, variando, abriendo y cerrándose en círculos, explotando en fuentes, reacomodándose e hibridizándose en un flujo constante...

Tuve la sensación de que veía la tierra y la belleza de la naturaleza como era cuando fue creada. Fue una experiencia maravillosa. Un renacimiento, ver la naturaleza bajo una luz nueva…

 

* Una versión de esta nota fue originalmente publicada el 19 de abril de 2010 (la historia es un fractal que se repite).