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Ver todas las cosas como sueños y, más aún, como magia, es el método del budismo tántrico para alcanzar la iluminación con celeridad

En un artículo anterior mencionamos la importancia que tiene en el budismo mahayana sostener la perspectiva de que los fenómenos son como un sueño, desde los versos del Prajnaparamita al lojong o entrenamiento de la mente de Atisha. Esta visión es fundamental en establecer lo que se conoce como el bodhichitta absoluto, la mente o espíritu del despertar, fincada también en el principio fundamental de la vacuidad. Ahora veamos cómo esta visión evoluciona en el vajrayana, el budismo tántrico de la tradición indotibetana que postula un sendero más expedito para la iluminación, y donde los fenómenos son considerados como magia --algo que es formulado ya en el mahayana, pero que es enfatizado en el vajrayana y particularmente en la tradición nyingma. El principio elemental de esta visión es que pese a que los fenómenos realmente no existen, aún así aparecen o se manifiestan. "La característica de la magia es que aunque aparece, la forma en la que aparece naturalmente no es verdad... pese a que apareció, no nay nada ahí que luego se disuelve", dice Thinley Norbu. Esto es lo que ocurre con un acto de magia en el que un mago con ciertos trucos de percepción --causas y condiciones interdependientes-- hace que veamos algo que no está ahí. La diferencia entre hablar de que las cosas son como sueños o como magia estriba fundamentalmente en que el tantra no es un sendero de renuncia sino uno en el que no se aceptan ni rechazan las cosas y se experimenta el mundo desde un gozo estético apuntalado en la sabiduría no dual de que aquello que vemos no tiene sustancia y no está separado de nuestra mente. Coinciden diversos académicos en sus estudios del tantra budista e hinduista en que la esencia del tantra es que integra la sabiduría con el placer estético sirviéndose de la conducción de la energía del cuerpo para potenciar el gozo-sabiduría; este es el engarce tántrico por antonomasia, una continuidad extática. En el budismo se le llama un sendero de transformación puesto que la visión mágica de las cosas transforma todo lo que se manifiesta en deidad, en un juego luminoso que está más allá toda mácula en tanto a que reconoce que las apariencias no son más que el despliegue lúdico y compasivo de los budas. Por poner un ejemplo, si vemos una proyección holográfica y sabemos que se trata de una serie de hologramas aún así podemos disfrutar de la belleza del espectáculo, y con la gran salvedad de que no formaremos un apego hacia las imágenes que vemos al saber que no tienen existencia sustancial e intrínseca. A grosso modo lo que nos dice el budismo vajrayana es que todo es una proyección (una magna ficción) y que podemos hacer que esa proyección se libere de todo miedo o esperanza si la observamos con la visión pura de un buda --del buda que ya somos, si tomamos el fruto del sendero como la base. Nos podemos convertir en esas deidades de luz en las cuales se medita porque esta ya es nuestra naturaleza. 

En este caso es importante remitirse a una autoridad, ya que todas las enseñanzas del budismo están basadas no en una revelación divina sino en la realización de maestros que han cursado el sendero --y en el caso del vajrayana no hay sendero sin un lama o maestro. Thinley Norbu, consumado maestro del vajrayana, hijo del gran Dudjom Ripnoche y emanación del gran maestro Longchenpa, nos da la pauta de esta perspectiva mágica en su libro A Cascading Waterfall of Nectar, una guía altamente poética sobre las prácticas preliminares o ngöndro.  "El sendero del bodhisattva es el reconocimiento de que todas las apariencias, como la magia, son irreales y las pasiones son transformadas en el dharmata para el beneficio de todo los seres". El dharmata es la realidad absoluta, luz clara vacuidad que es no dual con la propia conciencia prístina. Aquí podemos notar la sutil diferencia entre mahayana y el vajrayana, siendo que en este último las pasiones son transformadas en sabiduría, no se renuncia a los defectos u oscurecimientos si no que se realiza una forma de alquimia contemplativa. Merece citarse extensamente el siguiente pasaje del libro ya mencionado en el que se enuncian las conocidas metáforas que presenta la filosofía madhyamika para establecer la vacuidad o ausencia de existencia inherente de los fenómenos:

Las apariencias no tienen obstrucciones como la magia; no han nacido como un sueño; no tienen término como los reflejos de la luna en el agua; no son eternas, como un eco; no vienen, como una ilusión óptica; no van, como un espejismo; no están separadas de la forma, como un reflejo; y no son iguales a la forma ni son una, como una emanación. Como estos ocho mágicos ejemplos, las apariencias no tienen existencia verdadera, pero aun así aparecen ante todos. En ver todas las apariencias como mágicas, y por lo tanto abandonar el apego a la existencia como real, ahí yace la capacidad de cumplir lo que significa la liberación. 

Algunos recordarán la frase del Sutra Diamante donde el Buda dice:  "todos los fenómenos condicionados son como un sueño, una ilusión, una burbuja, una sombra, una gota de rocío, un trueno...". Aquí la irrealidad de los fenómenos está dada fundamentalmente por su impermanencia. Uno aprende de esto que no debe aferrarse a los objetos que emergen y que capturan nuestra atención, puesto que son fugaces y estaremos haciendo como el venado que quiere saciar su sed con un espejismo de agua. Thinley Norbu explica que existen mayormente tres formas en las que podemos ver los fenómenos: pensando que son reales, lo cual constituye la visión invertida de la verdad relativa; considerando que lo que vemos son las apariencias externas o símbolos de tierras puras y la esencia interna de deidades o bodhisattvas, lo cual constituye la realidad relativa verdadera; y la visión de la realidad absoluta en la cual "no existe el concepto de apariencia o no-apariencia, por lo cual no hay apego a concepto o no-apego a concepto, éste es el estado de los budas". Aquí se reconoce que lo puro y lo impuro, la sabiduría y la misma ignorancia nunca han sido dos cosas. Esta es la visión suprema, que reconoce la vacuidad de todos los fenómenos, que, aunque se manifiestan, nunca han dejado el dharmata. La visión mágica, que se basa en la comprensión de la vacuidad e interdependencia de todas las cosas, nos ayuda a dejar de aferrarnos y apegarnos a los fenómenos y a la dicotomía de sujeto u objeto que se produce cuando no los reconocemos por lo que son --el juego mágico e insustancial de la luz. El gran bodhisattva de la tradición nyingma, Longchenpa, escribió en su Tesoro del Espacio Absoluto:

La naturaleza de la mente es una inmutable matriz celeste, una matriz de despliegue variable, compasiva emanación mágica --todo es ornamentación de la espaciosidad y nada más. Es la creatividad  de la mente luminosa, pulsando hacia afuera y hacia adentro, sin ser nada, y sin embargo apareciendo como todo en todas partes... iluminando magníficas, asombrosas emanaciones mágicas.

 

Twitter del autor: @alepholo

 

Paralelos entre la visión holográfica de la cosmología moderna y la cosmología budista del Sutra de la Guirnalda

En cada partícula de polvo hay tantos budas como hay partículas de polvo en todos los mundos. Cada buda en su lugar rodeado de varias asambleas cuales océanos de bodhisattvas.  

Avatamasaka Sutra

El Dalái Lama llamó al libro en el que establece un diálogo entre la ciencia y la espiritualidad budista El universo en un solo átomo. El título es significativo ya que este concepto --de la totalidad en la parte-- se encuentra tanto en la ciencia moderna como en el budismo.

El físico David Bohm, quien en gran medida fue el maestro de ciencia del Dalái Lama, desarrolló una interpretación de la mecánica cuántica en la que sugiere que la totalidad de la información del universo yace codificada en cada región del tiempo-espacio. Bohm fue quien primero introdujo la metáfora de un holograma para explicar la naturaleza del cosmos; en su teoría, el universo es como una imagen holográfica que, no importa cuántas veces sea dividida, mantiene la totalidad de la información de la misma (la noción de un universo holográfico es usada de manera distinta por los físicos actualmente: se dice que nuestro universo es la proyección tridimensional de una espacio base bidimensional). Bohm llamó a esta propiedad fundamental "holomovimiento" y con ella quiso explicar las extrañas propiedades de la física cuántica. El holomovimiento es el flujo de la totalidad implicada; las cosas son vistas como constantemente emergiendo y disolviéndose en un océano indiferenciado de materia y conciencia. Las cosas que surgen, sin embargo, no existen de manera independiente o permanente sino que son imágenes de la totalidad indivisible; no pueden concebirse como entidades cerradas sino solamente como procesos, manifestaciones de un perpetuo devenir de infinito potencial. El lector notará evidentemente los paralelos con la filosofía de Whitehead y sobre todo con varias corrientes de filosofía oriental. La idea del universo como un proceso infinito que no puede ser delimitado o fijado en entidades individuales es central al budismo. En el libro mencionado el Dalái Lama da la visión cosmológica del Abidharma y del Kalachakra:

En el corazón de la cosmología budista yace no sólo la idea de que existen múltiples sistemas de mundos --infinitamente superiores en número a los granos de arena del río Ganges, según algunos textos-- sino también la idea de que están en un constante estado de surgir y disolverse. Esto significa que el universo no tiene un comienzo absoluto. 

En el que me parece es el texto más psicodélico de la historia (así también descrito por su traductor Thomas Cleary) y en el cual se encuentran embriones de lo que hoy llamamos popularmente una visión fractal y una visión holística del universo, el Avatamasaka Sutra (el Sutra de la Guirnalda), se dice que existen tantos universos como el resultado del "cuadrado de lo incalculable" que es una función de lo "inefable", "multiplicado por sí mismo". Es en este texto del mahayana, que fue comenzado unos 500 años después de la muerte de Buda, que se introduce la metáfora de la red de Indra (o collar de perlas de Indra), algo así como la visión holográfica del universo de la antigüedad. El Dalái Lama la describe en El universo en un solo átomo:

En dicha red, ninguna joya yace en el centro o en la orilla. Cada una de las joyas está en el centro en el sentido de que refleja a todas las otras joyas de la red. Al mismo tiempo, está en la orilla en el sentido de que ella misma es reflejada en todas las otras joyas. Dada la profunda interconexión del universo, no es posible tener conocimiento ni siquiera de un solo átomo sin ser omnisciente. Conocer completamente un solo átomo significa conocer todas sus relaciones con todos los fenómenos de un universo infinito.  

Esto es así, según el budismo mahayana, porque todas las cosas se originan en interdependencia, coemergen, no tienen existencia inherente, su existencia está dada solamente en una red de relaciones que no tiene principio ni final, por lo cual hasta la cosa más pequeña depende de todas las otras (esto es otra forma de decir que el universo está vacío). Por fortuna, según el mismo budismo mahayana, la mente búdica es omnisciente y cada uno de nosotros en la pureza de nuestra mente es un buda, así que quizás no nos esté velada esta posibilidad majestuosa de conocer la totalidad del universo en el destello de un solo átomo. Como inspiración en este hipotético sendero de visión holográfica consideremos algunos de los extraordinarios versos del Sutra de la Guirnalda, en los cuales se establece la noción fundamental de unidad entre los átomos, los universos y los budas. Nos dice el sutra de manera incansable que existen tantos budas como átomos en los universos, lo cual parece sugerir que la realidad entera está iluminada:

Los que tienen una mente virtuosa recorren este camino...

Ellos ven budas en el espacio de un punto,

su número incontable e inefable,

lo mismo es verdad para todo fenómeno...

[...] Inconmensurables, ilimitados e incontables eones

ven claramente en un instante.

Vemos que el título del libro del Dalái Lama pudo haberse originado de este maravilloso texto:

Incontables e ilimitadas tierras

ellos causan que entren a la vez en un solo átomo,

que es capaz de contenerlas todas sin disminución...

[...] El poder espiritual de todos los budas

muestra miríadas de tierras en un átomo:

de varios tipos, todas claramente vistas,

como reflejos, no tienen realidad intrínseca.

El Sutra de la Guirnalda no escatima en ninguna medida y con un lujo nunca visto describe incontables mundos y los budas que los habitan, acaso como una especie de manjar inspiracional para aquellos en el sendero:

Algunas tierras están bien dispuestas,

formadas como la red de Indra:

algunas son como los moños de los dioses...

algunas son como las manos de los budas...

algunas son como los relámpagos...

Se compara a los mundos con las hojas en un bosque, unas cayendo y unas creciendo; se dice que existen mundos de pura luz, mundos de flores de diamante (y en los diamantes hay múltiples budas), mundos que descansan en brotes de flores de loto, mundos que son "como las nubes que producen reyes dragones en el cielo". En el universo fraguado por la pureza activa del Buda Vairocana: 

En cada átomo del mundo del Banco de Flores

se puede ver el universo del cosmos elemental:

Luces enjoyadas despliegan budas como masas de nubes,

Esta es la libertad de los budas en su campo.

[...] En cada átomo yacen múltiples océanos de mundos

sus locaciones cada una diferente, todas bellamente puras:

Así el infinito entra en uno,

sin embargo cada unidad permanece distinta, sin superposición.

Se dice que tal profusión de mundos es la aparición que resulta de la mente de los seres, cada mundo un reflejo de sus actos. Una profusión que, sin embargo, está más allá del monismo y de conceptos como "todo es una sola mente". Misteriosamente, un Buda experimenta la totalidad pero no se anonada en la misma, mantiene diferencia. Y a final de cuentas, los diversos mundos, vistos con visión pura, no son realmente dukkha, son adornos, la infinita guirnalda de la potencia creativa de la mente. Como dice Thomas Cleary en su traducción: "todas las manifestaciones, todos los fenómenos, pueden ser referidos como 'adornos'". Esta es la deliciosa promesa del cosmos del bodhisattva: no sólo beatitud espiritual sino también estética.

 

Twitter del autor: @alepholo