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Postales de la locura: una colección de retratos de mujeres locas del siglo XIX (FOTOS)

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/18/2017

Con empeño y diligencia, un psiquiatra inglés del siglo XIX conformó una colección impresionante de retratos de mujeres encerradas en el manicomio donde trabajó durante 10 años

La locura es uno de esos abismos que, parafraseando a Nietzsche, después de mucho mirar terminan por devolverle la mirada al observador. Más o menos desde siempre, ese quebranto mental que supone volverse loco ha ejercido una enorme fascinación entre aquellos que no padecen de ello. Platón discurre sobre sus distintos tipos y, acorde a su época, entiende la locura como el resultado de una posesión divina en los hombres. En la Edad Media, Galeno la atribuyó a un desequilibrio de los cuatro humores que antes había descrito Aristóteles, y ya en el siglo XX, para Lacan es la familia el lugar simbólico donde, inevitablemente, se gesta ese trastorno último.

Y es que quizá por eso la locura es tan atractiva: porque, a pesar de todo, no existe una explicación definitiva de por qué una persona puede enloquecer. ¿Se trata, como afirman la neurociencia y la psiquiatría, únicamente de un efecto neuroquímico, de la deficiencia de tal o cual neurotransmisor? ¿Será, como escribió Lewis Carroll, que “aquí todos estamos locos”, pero sólo en unos pocos el delirio alcanza dimensiones intolerables? ¿Es el medio donde se forma la subjetividad en donde se determina que alguien enloquezca?

El siglo XIX es uno de los momentos más interesantes en la historia de la pisque humana. Del ostracismo al que se había condenado a los locos en épocas anteriores se pasó al encierro de los locos, con el fin de estudiarlos y convertirlos en fuentes de conocimiento sobre lo humano. En al menos dos libros –Historia de la locura en la época clásica y Vigilar y castigarMichel Foucault abundó sobre la manera en que, para distintos campos de saber y sobre todo de poder, el ser humano comenzó a ocupar la posición central necesaria para conocerlo y después dominarlo. En este sentido, la locura, como una especie de experiencia limítrofe de nuestra naturaleza y también por su carácter de enajenación (como si los locos fueran seres humanos un poco más allá de lo humano), ofreció una oportunidad inmejorable para investigar los intersticios de la mente humana.

Las imágenes que acompañan esta nota pertenecen a ese momento histórico; específicamente, provienen del archivo de un médico inglés, Hugh Welch Diamond, que las tomó a mediados del siglo, entre 1848 y 1858, década en la cual fue psiquiatra y superintendente residente en la sección femenina del Asilo para Lunáticos del condado de Surrey, en el sureste de Inglaterra. Entre otras hipótesis que manejó durante el tiempo que ocupó dicho cargo, Diamond creyó que la fotografía podía ayudar a entender mejor la locura, servir a los diagnósticos e incluso tener beneficios terapéuticos. El médico, por otro lado, se sumaba así a una amplia tradición gráfica en torno a la insania mental en la que se encuentran pintores, grabadores, dibujantes, retratistas y, como el propio Diamond, fotógrafos e incluso después cineastas.

Diamond tomaba fotografías de las mujeres recluidas en el manicomio porque, por un lado, creía que podía llegar a un mejor diagnóstico de lo que les ocurría mirando las imágenes; por el otro, aseguraba que confrontar a las locas con sus propios retratos podía hacerlas salir de su locura.

Con todo, su empeño no bastó para granjearse la aceptación de sus colegas, quienes, en una reunión de la Royal Society of Medicine celebrada en 1856, descartaron el método fotográfico-terapéutico de Diamond e incluso lo calificaron de “pseudociencia”.

A su favor puede decirse que reunió uno de los acervos más impresionantes de la locura; retratos de mujeres que protagonizaron su propia postal desde el encierro del delirio.

 

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Yuval Harari medita 60 días al año y devela las narrativas bajo las que funciona la humanidad

Sociedad

Por: Pijama Surf - 04/18/2017

El historiador israelí nos comparte su reconstrucción de los mecanismos que han hecho de la humanidad la especie dominante.

Para el periodista Ezra Klein, fascinado con la obra del historiador, queda claro que sólo hay una clase de mente capaz de escribir una obra como Sapiens: una limpia, clara.

El primer libro de Yuval Noah Harari, titulado Sapiens, fue un éxito de ventas y una sensación internacional. Este historiador israelí ha logrado colarse entre las listas de las lecturas favoritas de personajes como Bill Gates, Mark Zuckerberg y Barack Obama. Su último libro es Homo Deus: a Brief History of Tomorrow, un recorrido por lo que está a punto de pasar con la humanidad y la amenaza que supone para el futuro nuestra propia capacidad creativa e inteligencia.

El autor israelí utiliza como método vital y de escritura la profunda meditación del Vipassana, que incluye un retiro anual de sesenta días de silencio, esto permite comprender aún más a fondo los temas que toca en su obra. En entrevista nos explica con mayor detalle que:

 “Cuando entrenas a la mente para enfocarse en algo como la respiración, te da también la disciplina para enfocarte en cosas mucho más grandes y distinguir entre aquellas cosas importantes y las que no lo son. He traído esta disciplina a mi carrera científica también. Es muy difícil, especialmente cuando trabajas con largos periodos históricos, no distraerse con pequeños detalles o evitar ser arrastrado hacia las pequeñas historias o preocupaciones específicas. Hay que seguir recordando lo verdaderamente importante de lo que ocurrió en la Historia o qué es lo más importante que está ocurriendo ahora mismo en el mundo. La disciplina para tener esta concentración la obtuve de  meditar.

            La otra gran aportación, pienso, es que toda la meditación Vipassana se trata de aprender a distinguir entre la realidad y la ficción, qué es real y que son sólo historias que inventamos y construimos en nuestra mente. Esto aplica también para la Historia. La mayoría de la gente se ve sobrepasada por las historias religiosas, por las historias nacionalistas, por las historias económicas y toman todas estas historias por realidad.

            Mi mayor ambición como historiador es ser capaz de distinguir entre lo que verdaderamente está pasando en el mundo y las ficciones que los humanos han estado creando por cientos de años para poder explicar o intentar controlar lo que pasa en el mundo.” 

Una de las ideas centrales en su primer libro es que la humanidad ha sido capaz de expandirse y dominar distintos entornos naturales  gracias a su capacidad para crear historias y ficciones que habilitan la cooperación entre las personas, algo de lo que son incapaces otras especies. Por ficciones o historias se refiere a la mitología, la historia, los cuentos, las leyendas, etc.

“Toda la cooperación humana está basada en la ficción. Esto es mucho más claro en el caso de la religión, especialmente si se trata de la religión de otras personas. Puedes comprender fácilmente, sí, millones de personas se juntan para cooperar en una cruzada o una jihad o para construir una catedral o sinagoga porque todos ellos creen en la misma historia acerca de un Dios, el cielo o el infierno.

            Es más difícil darse cuenta de que la misma dinámica aplica para cualquier tipo de cooperación humana. Si lo piensas, por ejemplo, los derechos humanos son ficticios como Dios o el cielo. No son una realidad biológica. Hablando biológicamente, los humanos no tienen derechos. Si tomas a un Homo Sapiens y lo examinas por dentro, encontraras riñones, hígado, ADN pero no derechos. El único lugar en el que los derechos existen es en las historias que la gente ha inventado.

            Otro buen ejemplo de esto es el dinero. El dinero es, probablemente una de las historias más exitosas jamás contadas. No tiene valor objetivo. No es como una banana o un coco. Si tomas cualquier billete y lo miras bien, no puedes comerlo. No puedes beberlo. No puedes ponértelo. Es absolutamente inútil. Creemos que vale algo porque creemos en una historia. Tenemos a estos grandes narradores de nuestra sociedad, nuestros chamanes, los banqueros y economistas, que se acercan con esta gran historia: “¿Ves este pedazo de papel? Pues esto vale una banana.

            Yo lo creo y tú lo crees y todos lo creen, funciona. De verdad funciona. Puedo tomar este pedazo de papel verde, llevarlo hasta un completo extraño al que nunca había conocido antes, darle este pedazo de papel y a cambio el me dará una banana real que puedo comer.

            Esto es realmente asombroso, no hay otro animal que pueda hacerlo. Otros animales a veces hacen trueque. Los chimpancés por ejemplo. Me das un coco, te doy una banana. Eso puede funcionar para un chimpancé pero si le das un pedazo inútil de papel ¿esperarías que te dé una banana? Eso nunca funcionará con un chimpancé.  Por eso nosotros, y no los chimpancés, controlamos el mundo."

            Curiosamente, esto que constituye nuestra gran fortaleza también resulta nuestra gran debilidad pues cualquier cosa en la realidad que atenta contra nuestras grandes narrativas pone en entredicho su veracidad y puede derrumbar a nuestra sociedad rápidamente.

            “Porque está basada en historias, la sociedad humana es mucho más dinámica y flexible que  cualquier otra sociedad sobre la tierra, y al mismo tiempo, es mucho más frágil.

            Piensa, por ejemplo, sobre las revoluciones. Es muy difícil cambiar un sistema de la noche a la mañana. Es casi imposible. Si piensas, por ejemplo, en una colmena, las abejas han manejado el mismo sistema por millones y millones de años, no pueden cambiarlo a no ser a través de un proceso de evolución y selección natural muy lento. Las abejas no pueden despertarse un día, ejecutar a la abeja reina y establecer una dictadura del proletariado.

            Pero entre humanos tenemos esa clase de revoluciones. Exactamente hace un siglo, en 1917, comenzó la revolución Rusa. Los revolucionarios ejecutaron al zar y establecieron un sistema social completamente diferente, en unos cuantos años, con tan sólo cambiar la historia en la que creían los rusos. Ya no creían en el poder y derecho divino del zar. En su lugar, ahora creían que la autoridad emanaba  de los trabajadores, de la gente.

            Por esto todas las sociedades invierten tanto en propaganda y lavado de cerebros para bombardear a las personas desde muy pequeñas y así crean en la historia dominante en la sociedad. Si no creen, todo colapsa."

Un proceso de meditación como el de Harari requiere de mucha preparación y práctica. Cuenta un poco más al respecto:

“Es difícil. No tienes ninguna distracción, no hay televisión, no hay emails, sin teléfonos ni libros. No escribes. Sólo cuentas con todo el tiempo para enfocarte en lo que realmente está pasando ahora, en la realidad. Te tropiezas con las cosas que no te gustan de ti mismo, las cosas que no te gustan del mundo. Todo aquello que pasas evadiendo, ignorando y suprimiendo.

Comienzas con las sensaciones corporales más básicas, el aire saliendo y entrando, sensaciones en tu estómago, en tus piernas, y mientras te conectas con ello, ganas la habilidad de observar realmente. Obtienes claridad sobre lo que sucede en tu mente. No puedes observar en verdad la ira o el miedo o el aburrimiento si no puedes contemplar tu respiración. Es más fácil observar la respiración que el miedo o la ira.

La gente quiere comprender sus miedos o su ira pero piensan que observar su respiración no es importante. Si no puedes mirar algo tan simple no tienes mucha oportunidad de observar en verdad tu ira que es mucho más compleja y tormentosa.

Lo que sucede a lo largo de sesenta días es que tu mente se aclara y enfoca, vas cada vez más profundo y más profundo, y comienzas a ver las fuentes de toda esa ira, de dónde viene ese miedo y sólo observas. No intentas luchar, sólo observas. ¿Qué es la ira? ¿Qué es el aburrimiento? A veces vivimos por años y años y años experimentando ira y miedo y aburrimiento todos los días y nunca llegamos a observar realmente cómo es sentir ira porque estamos atrapados en la ira misma.

La meditación de sesenta días te da esa oportunidad. Puedes tener una ola de ira, a veces puede durar días y tú sólo, por días, te sientas a observar, a sentir. ¿Qué es la ira? ¿Cómo se siente en el cuerpo? ¿Qué está pasando en mi mente cuando estoy furioso? Es asombroso.”

El autor se toma muy en serio este retiro pues es la base de todo su trabajo posterior, por eso, aunque siempre tiene giras, conferencias, mesas de diálogo, prefiere establecer, antes que cualquier otra cosa, las fechas de su retiro desde el comienzo. Además de sus dos horas de meditación diaria, intenta combatir los estragos de la tecnología:

“Intento establecer mi propia agenda y no dejar que la tecnología lo haga por mí. Tiendo a leer libros, libros largos antes que pasajes cortos o tweets. Creo que otra cosa que ha pasado desde este último siglo es que nos hemos movido de una falta de información hacia un exceso de información. Antes el problema principal de la información era que la gente no tenía suficiente, que había censura y la información era muy rara y difícil de encontrar. Ahora es justo lo opuesto, estamos inundados por inmensas masas de información.

Hemos perdido control de nuestra atención. Está secuestrada por toda clase de fuerzas externas. No sólo en la meditación sino también en el trabajo, intento ser muy disciplinado con mi atención y no permitir que fuerzas externas tomen control sobre ella.”

No hay duda de que vale la pena prestar atención a las publicaciones de este acertado autor. Puedes escuchar la entrevista completa (en inglés) aquí.