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Correr 1 hora genera 7 horas más de vida, según estudio

Salud

Por: pijamasurf - 04/25/2017

Correr mejora el sistema cardiovascular y podría hacer que vivas algunos años más

Correr para vencer al reloj del tiempo, esquivar la guadaña de Cronos.

Científicos de Iowa State mantienen que correr puede prolongar notablemente la vida. Siguiendo un estudio previo realizado en el 2014 en el que se había encontrado una correlación entre correr por incluso sólo 10 minutos al día y una reducción en el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, el profesor Duck-chul Lee ahora encontró que correr puede disminuir la probabilidad de una muerte prematura en cerca del 40%.

El estudio notó que, no importa el ritmo al que se corra, esta actividad de alguna manera le proporciona más tiempo de lo que toma hacerse a la persona que corre.

Específicamente, correr 1 hora brinda 7 horas de vida extra, en términos estadísticos. En este caso el estudio tomó como base a individuos que fueran a correr 2 horas a la semana durante 40 años, lo que significaría un total de 6 meses corriendo. Estos 6 meses le darían a una persona un incremento en expectativa de vida de 3.2 años.

Así que tomar este hábito tempranamente es una forma de ganar vida, aunque se especifica que correr no tiene la capacidad de producir individuos inmortales. ¿Pero correr, meditar, hacer yoga y contemplar fotos de gatos en línea, tal vez esa sea la receta secreta?

¿Sabías que tu cerebro procesa la soledad prolongada como dolor físico?

Salud

Por: pijamasurf - 04/25/2017

La soledad prolongada favorece el desarrollo de enfermedades y, neuronalmente, enciende las áreas asociadas al dolor físico

Hace poco salió a la luz un asombroso estudio que reveló que uno de cada cuatro estadounidenses adultos viven solos, y en Manhattan, por ejemplo, la cifra crece estrepitosamente a casi uno de cada dos. Esto es nuevo en la historia del mundo y coincide también con una época en la que, por primera vez en la historia, la mayor parte de la población vive en las ciudades.

Vivir solo puede sonar muy atractivo, sobre todo en la era de individualismo que vivimos ahora, donde pareciera que las satisfacciones (¿placeres?) son lo más importante. Y aunque podría asociarse a personas que saben estar consigo mismas y que han dejado de necesitar la compañía constante de otros (como la familia), en realidad la ciencia está comprobando que la soledad prolongada (incluso aunque tu personalidad propenda orgánicamente a ella) es procesada en tu cerebro como dolor físico.

Si en la historia del mundo el hombre siempre se movió en comunidad y con un fuerte nexo de pertenencia por medio de la familia, hoy las cifras apuntan a que hemos cambiado de forma de vida, pero no la necesidad de afecto como materia prima para el espíritu (de hecho, hay estudios que apuntan a que lo que nos hace más felices no es el dinero, la fama o el reconocimiento, sino las relaciones personales significativas).

La soledad prolongada no sólo causa dolor físico para tu sistema neuronal; diversos estudios muestran también la sorprendente relación del desarrollo de enfermedades o muerte más temprana en personas altamente solitarias. Enfermedades como el cáncer y ciertos males neurodegenerativos están asociados a la soledad.

El investigador John Cacioppo, de la Universidad de Chicago, lleva años estudiando la relación entre la soledad y nuestros mecanismos celulares. Entre sus hallazgos, publicados en su libro Loneliness: Human Nature and the Need for Social Connection, está que la respuesta inmunológica en nuestro cuerpo disminuye en las personas altamente solitarias.

Por su parte, en otro par de estudios Naomi Eisenberger, investigadora del Social Genomics Core Laboratory de la Universidad de California, encontró, por medio de un rastreo neuronal, que en las personas que se sienten desconectadas de otros se encienden las zonas del cerebro asociadas al dolor físico.

Hoy contamos con herramientas milenarias para afrontar el mundo desde momentos de soledad altamente benéficas, como la meditación. Sin embargo, todo apunta a que ello no basta: necesitamos de los demás, compartir, sentirnos parte de algo. Quizá es momento de dejar de sentirnos "todopoderosos" en nuestra individualidad para volver a la comunidad y estrechar lazos con otros. Tu salud lo exige.