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Asiento con forma de pene en el metro de México causa conmoción (VIDEO)

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/01/2017

Un asiento con forma de pene, exclusivo para hombres, genera conmoción (por buenas razones) en el mundo

Actualmente México suele aparecer en las noticias en otras partes del mundo mayormente por el narcotráfico, pero recientemente otra noticia de este país ha copado las planas de los medios internacionales. Hace unos días se dieron a conocer imágenes de un peculiar implemento en el metro de la Ciudad de México: un asiento con la forma de un torso desnudo y un pene en relieve bajo la leyenda "exclusivo para hombres".

La idea detrás de este "stunt" era que los hombres sintieran la grotesca incomodidad a la cual se somete a numerosas mujeres en los vagones del metro, en los que abunda el acoso sexual. En otras palabras, esa sensación perturbadora de sentir súbitamente el pene de un extraño embarrándose al cuerpo.

Aparentemente el suceso fue parte de una estrategia magistralmente orquestada por ONU Mujeres en su campaña contra el acoso sexual #NoEsDeHombres. La idea, según Ana Güezmes, representante de este organismo, era generar empatía en los usuarios del metro y corregir la visión errónea de que la violencia de género se produce como resultado de los vestidos provocativos que utilizan ciertas mujeres, una idea que, aunque suene ridícula y retrógrada, sigue siendo sostenida por muchos hombres. Una campaña de guerrilla-marketing que combate lo grotesco con lo grotesco. Morbo por una buena causa. Y aunque al parecer la intervención más que tener un efecto en los usuarios del metro fue una operación para tomar estas imágenes y viralizarlas, no se puede negar su efectividad e importancia.

Así es como los medios te hacen aceptar ciertas ideas hasta que las crees tuyas (VIDEO)

Sociedad

Por: pijamasurf - 04/01/2017

Chomsky analiza en estos videos cómo las ideas no surgen ni se aceptan espontáneamente, sino a través de un proceso implementado con precisión

El término “propaganda” tiene, no por casualidad, una mala reputación. Apenas lo escuchamos pensamos en regímenes fascistas, en mentiras repetidas una y otra vez hasta que se convierten en verdades (según la conseja de Joseph Goebbels), en medios comprados por el poder en turno y, en suma, en un proceso de manipulación del que nos gusta creernos exentos, como si nosotros no fuéramos susceptibles de ese “lavado” de mente.

Con todo, aun viviendo en el país más democrático del mundo (si es que tal cosa existe), incluso teniendo una formación escolar por encima de la media y acceso potencial a distintas perspectivas de un mismo hecho público, la propaganda puede ejercer su efecto sobre nosotros, en buena medida porque ese es uno de los mecanismos esenciales del sistema en el que vivimos. Para perpetuarse en su posición privilegiada la clase en el poder emplea todos los recursos posibles, y sin duda el manejo de la información es uno de los más poderosos a su alcance.

Los videos que ahora compartimos son una adaptación animada de un par de análisis hechos por el conocido lingüista, activista e investigador del MIT, Noam Chomsky, a propósito de la forma en que se construye el “consenso” público en torno a una idea.

A pesar de lo que podamos creer, las ideas no surgen ni se desarrollan espontáneamente en ninguna sociedad. Su concepción, difusión y eventual aceptación son fases en las que interviene una máquina poderosa ligada con los medios de información pero también con los polos de poder económico y político de una sociedad. La noticia en un periódico, cierto anuncio en la televisión, una campaña publicitaria insistente en el espacio público, son algunas de las manifestaciones finales que llegan al gran público, provenientes de una voluntad que varios pasos atrás se propuso un objetivo: que la gente consumiera cierto producto, que creyera en cierta “verdad”, que tuviera una opinión específica sobre cierto acontecimiento, que acuda a ciertos lugares en su tiempo libre y no a otros, que beba o coma ciertos alimentos, etcétera.

En este sentido, Chomsky desmiente la idea un tanto candorosa de que cada uno de nosotros posee un poder de decisión amplio, que elegimos a cada momento lo que queremos para nuestras vidas y que vivimos en un medio de libertad sin límites. El sistema nos ha vendido esta idea y muchos viven dentro de la ilusión de sentirse personas libres. Sin embargo, quienes establecen las reglas del juego son otros, una minoría selecta con la capacidad de decidir qué se produce, qué se consume, qué sale del mercado, qué le conviene a la economía del mundo. Como alguna vez señaló el filósofo francés Jean Baudrillard, en este sistema nuestra libertad está limitada a elegir entre beber Pepsi o Coca-Cola.

Quizá darse cuenta de esto sea el primer paso para comenzar el difícil proceso de vivir de otra manera, que no es otra cosa más que vivir en libertad auténtica.