*

X

Aprendan de sus errores y tomen menos selfies: los consejos de Obama para los jóvenes estadounidenses

Política

Por: pijamasurf - 04/25/2017

En su primera aparición pública desde que dejó de ser presidente de Estados Unidos, Barack Obama ofreció algunos consejos a jóvenes universitarios

Luego de una larga ausencia pública, este lunes el expresidente de Estados Unidos Barack Obama reapareció en un foro en la Universidad de Chicago, en donde dio una plática a jóvenes estudiantes a propósito de diversos temas: de su formación como político al futuro de la juventud en su país.

Por el tipo de audiencia, Obama se inclinó también hacia el aspecto un tanto paternal del intercambio y ofreció un par de consejos. Uno, un tanto previsible, sobre el valor del fracaso como medio de aprendizaje experiencial en la vida. Sobre esto dijo Obama:

Pasarán por algunos fracasos y pienso que lo más importante –quizá es un cliché, pero a veces los clichés son ciertos– es aprender de esos fracasos, y tener cierto sentido de resiliencia y ser capaz de examinar: ‘¿Qué fue lo que no logré? ¿Por qué no tuve éxito? ¿Qué necesito hacer mejor?’ […]

Cuando veo a internos de la Casa Blanca o hablo con jóvenes, siempre les digo: ‘Preocúpate menos de lo que quieres ser y más de lo quieres hacer’; porque cuando estás más preocupado porque quieres ser congresista, quieres ser senador o quieres ser rico, entonces quizá algunas personas tengan éxito en perseguir ese objetivo, pero cuando llegan a éste, no saben qué hacer con él, y si no llegan, no tienen nada qué mostrar.

Pero cuando te preocupas por, digamos, ‘Quiero mejorar la educación en los barrios de bajos recursos’ o ‘Quiero enfrentarme al cambio climático y ayudar a salvar el planeta’, entonces lo que sea que hagas para conseguir ese objetivo valdrá la pena, te enseñará cosas y te pondrá en una posición en la que generarás impacto. Y si es el caso, como resultado, también terminarás siendo exitoso…

El segundo consejo fue un tanto menos usual, pues se refirió a una realidad mucho más contemporánea: las selfies. Obama instó a los jóvenes a registrar de otra forma esas vivencias que se convierten en pasado y que quizá, con el tiempo, muchos preferirán haber dejado atrás, y no en este presente sostenido en el que nos hace vivir Internet. Esta fue la recomendación de Obama:

Conforme creces vas a aprender, cambiar y evolucionar en todo tipo de maneras, y eso es saludable y normal, pero el problema ahora con el Internet es que el pasado siempre está ahí. Una forma de pensar en ello es sólo tenerlo. Porque… quiero decir, la verdad es que si ustedes tuvieran las fotos de todo lo que hice en secundaria, lo más probable es que no hubiera sido presidente de Estados Unidos… Yo les aconsejaría ser un poco más prudentes con sus selfies y las fotografías que toman… Es sólo una sugerencia.

Por qué lo que estamos viviendo se parece más a 'Un mundo feliz' de Huxley que a '1984' de Orwell

Política

Por: pijamasurf - 04/25/2017

Aldous Huxley tenía razón

Ante las experiencias traumáticas de los regímenes totalitarios del siglo XX, el libro 1984 de George Orwell --debido a su representación del Estado tiránico como el represivo y ominpresente Gran Hermano-- se convirtió en el texto distópico de cabecera que advertía los peligros de lo que podría ocurrir con una mezcla de abuso de poder, tecnología y supresión de la libertad y la información. Ante el primer atisbo de represión, vigilancia y control del Estado se cantaba con alarma el término Gran Hermano. Y si bien ciertamente hay algo de esto actualmente, la distopía que más se acerca a predecir y a darnos herramientas para entender lo que estamos viviendo hoy en día es Un mundo feliz de Aldous Huxley. Esto fue previsto con gran claridad por el escritor y analista de medios Neil Postman en 1985, en su libro Amusing Ourselves to Death (Entreteniéndonos hasta la muerte).

El sistema esbozado en el texto de Orwell se basa en la censura, la represión de los movimientos de oposición y sobre todo en la anulación de la individualidad, mientras que el de Huxley trata de, en palabras de Andrew Postman (el hijo de Neil), "una burbuja de gratificación instantánea, tecnología sedativa y consumo exacerbado". Mucho más parecido a lo que estamos viviendo en la sociedad occidental de Facebook y Donald Trump. No un control estilo "la bota en la cara" sino algo más parecido a la apatía, la dispersión y el desinterés producido por la distracción y el egoísmo de la cultura del entretenimiento. Como sugiere Neil Postman, en nuestra sociedad no es necesaria la represión de un movimiento político porque la realidad como entretenimiento nos coloca en un estado de pasividad, indolencia e ignorancia que nos hace inofensivos para el sistema. Postman escribió:

Lo que Orwell temía era que se prohibieran los libros. Lo que Huxley temía era que no hubiera razón para prohibirlos porque nadie querría leer uno. Orwell temía a aquellos que nos privarían de la información. Huxley temía a aquellos que nos darían tanto que nos reducirían a la pasividad y al egoísmo. Orwell temía que la verdad sería ocultada de nosotros. Huxley temía que la verdad sería ahogada en un mar de irrelevancia. Orwell temía que nos convertiríamos en una cultura captiva. Huxley temía que nos convertiríamos en una cultura trivial. 

Es difícil definir mejor lo que nos está pasando actualmente que como lo hizo Postman hace más de 30 años y, por supuesto, Huxley hace 80. En este solo párrafo está el narcisismo y el hiperindividualismo de la era digital, el mundo de las noticias falsas y de la posverdad, la burbuja de los filtros, el infotainment y demás malestares de la cultura de nuestros días, los cuales están zurcidos invisiblemente al tejido de la normalidad. 

En su texto "La propaganda en una sociedad democrática", Huxley escribió:

En lo que respecta a la propaganda, los primeros defensores del alfabetismo universal y de la prensa libre advirtieron sólo dos posibilidades: que la propaganda sea verdad o que sea falsa. No previeron lo que en realidad ha sucedido, sobre todo en nuestras sociedades occidentales capitalistas: el desarrollo de una vasta industria de comunicación masiva, que no lidia ni con lo falso ni con lo verdadero, sino con lo irreal, lo que es casi siempre totalmente irrelevante.

[...] Pero incluso en Roma no había nada comparado con el sinfín de distracciones que proveen los diarios, las revistas, la radio, la televisión y el cine. En Un mundo feliz las distracciones sin cortes de la naturaleza más fascinante [the feelies: películas también táctiles, orgy porgy, sexo grupal bajo la influencia de las drogas, centrifugal bumblepuppy, una futurista versión de espirobol] son deliberadamente usadas como instrumentos de política pública, con el propósito de impedir que las personas presten mucha atención a las realidades de la situación social y política. El otro mundo de la religión es diferente al otro mundo del entretenimiento; pero se asemejan en que decididamente "no son de este mundo". Ambos son distracciones y, si se viven continuamente, pueden volverse, como en la frase de Marx, "el opio del pueblo" y, por consiguiente, una amenaza a la libertad. Sólo los que vigilan pueden mantener sus libertades y sólo los que están constante e inteligentemente en el aquí y en el ahora pueden autogobernarse efectivamente por procedimientos democráticos. Una sociedad cuyos miembros pasan buena parte de su tiempo no en el presente, no en el aquí y en el ahora y en el futuro calculable, sino en otro lugar, en los otros mundos irrelevantes del deporte y las telenovelas, de la mitología y la fantasía metafísica, encontrará difícil de resistir las invasiones de aquellos que controlan y manipulan a la sociedad.

En su propaganda los dictadores de hoy dependen fundamentalmente de la repetición, supresión y racionalización —la repetición de eslóganes que desean que sean aceptados como verdad, la supresión de hechos que quieren que sean ignorados y la estimulación y racionalización de pasiones que pueden ser usadas en el interés del Partido o del Estado. Al tiempo que el arte y la ciencia de la manipulación son mejor entendidas, los dictadores del futuro indudablemente aprenderán a combinar estas técnicas con las distracciones interminables que, en Occidente, amenazan con ahogar en un mar de irrelevancia la propaganda racional esencial para mantener las libertades individuales y la supervivencia de las instituciones democráticas.