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Luigi Cancrini sobre el origen de un psicópata

Ciencia

Por: PijamaSurf - 03/09/2017

La psicopatía, la drogadicción, los trastornos alimenticios y otras patologías tienen su origen en la infancia y, por lo tanto, también su prevención y contención

Luigi Cancrini, psiquiatra y psicoterapeuta, fundador de una de las escuelas de psicoterapia más importantes –Centro de Estudios de Terapia Familiar y Relacional, se ha dedicado durante los últimos 20 años a comprender y reducir los efectos del trauma en niños que sufren de todo tipo de violencia, así como a estudiar a profundidad una de las estructuras psíquicas más fascinantes, el limítrofe. 

Para él, el humano es intrínsecamente bueno, por lo que “se convierte en un lobo para los otros cuando tiene dificultades en su infancia”. Es decir, después de pasar por una serie de abusos físicos, psicológicos, sexuales o negligencia durante la infancia, la estructura psíquica de la víctima puede desarrollarse en limítrofe, una estructura que se aventura hacia un océano entre la neurosis y la psicosis. En palabras de Cancrini: “El borderline –o limítrofe– no es lo suficientemente cuerdo como para ser considerado neurótico ni lo suficientemente loco como para ser considerado psicótico”. Según el psiquiatra, en la infancia “se consolida el núcleo de patología que se transformará en trastorno de personalidad. La mayoría de los drogadictos sufren trastorno límite de personalidad, la causa de las adicciones es la infelicidad, el desequilibrio”.

La psicopatía, la drogadicción, los trastornos alimenticios y otras patologías tienen su origen en la infancia y, por lo tanto, también su prevención y contención. Esto significa que si se consigue “intervenir en la infancia, se podrá cambiar el mundo”. Sin embargo, si no se lograse generar una intervención a tiempo, los resultados pueden ser devastadores, y sobran ejemplos de ello: “Yo veo al niño que llora en cada paciente. Hitler, Stalin y Franco eran niños que lloraban, todos con historias familiares terribles. El maltrato y el descuido de los niños producen monstruos muy dañinos si el niño es inteligente y tiene fuerza personal”.

Una manera de prevenir este tipo trastornos mentales, según Cancrini, es contar con el amor de alguien. En su experiencia:

mis primeros recuerdos son de bombardeos. He pasado miedo, pero he tenido unos padres que me han protegido con su afecto. Eso te ancla en la esperanza y la confianza en la vida. Te lleva a creer que el futuro puede ser mejor y que en gran medida depende de cómo lo hagas tú.

En otras palabras:

si hay inseguridad en la imagen que un niño tiene de su madre –o figura que lo cuida, en cómo la siente, hay un punto de ruptura en la persona. […] Si el vínculo familiar se rompe demasiado pronto, hay consecuencias: la herida que produce es un condicionante del futuro.

Según los estudios del psiquiatra italiano, “el problema no son las peleas de los padres –si no son violentas, se puede pelear y cuidar del hijo. El problema es el abandono y el maltrato”. En el caso en que el dolor es excesivo y se afronta en solitario la evolución es destructiva pero, “si el niño está conectado con otros y puede ponerle palabras, es una experiencia de crecimiento; y eso es algo que debemos aprender: combatir y aceptar el dolor como oportunidad de crecer”. La mejor manera para que una víctima pueda expresar su dolor es “estando en silencio, a su lado, esperando: tiempo y presencia. […] El niño que ha sido abandonado tiene el sentimiento de no valer nada y hay que ayudarle a reconstruir su historia”.

Se trata que de dar un mayor peso y significado a los vínculos, pues “es impresionante ver cómo quien pensaba que lo habían abandonado puede cambiar su actitud frente a sí mismo y la vida cuando entiende que no podían cuidarle, que el hecho de que le confiaran a otros también es un acto de amor”. Se trata de dar una nueva imagen a su madre biológica, brindando una “reconstrucción clara, limpia, que puede cambiar la organización psíquica de la persona”.

Estudio confirma que el yo es una ilusión: somos personas totalmente distintas a los 14 y a los 77

Ciencia

Por: pijamasurf - 03/09/2017

Una investigación psicológica realizada en Escocia encuentra que un individuo tiene personalidades totalmente distintas en dos momentos de su misma existencia

Desde el sentido común estamos habituados a creer que vivimos en "la realidad" y que, por otro lado, ésta es el opuesto diametral de "lo imaginario". Creemos que nuestros sentidos no nos engañan y que todo aquello que percibimos y que codificamos sin cuestionar ni poner en duda es, efectivamente, lo real.

Sin embargo, en el caso del ser humano la construcción y percepción de la realidad no es un asunto tan sencillo. Para nosotros que desarrollamos un lenguaje complejo, que tenemos conciencia del mundo y conciencia de sí, que vivimos en un contexto social en donde todo esto se formó y al mismo tiempo se está transformando a cada instante, la oposición entre real e imaginario no es tan nítida como quisiéramos creer.

A este respecto, en la teoría de Jacques Lacan encontramos una idea que nos puede ayudar a mirar con mayor detenimiento esa supuesta dualidad. Sin inmiscuirnos demasiado en la conocida triada “Real-Simbólico-Imaginario” que desarrolló a lo largo de su trabajo intelectual, por el momento baste decir que para Lacan eso que consideramos “imaginario” es, en última instancia, la realidad del sujeto, pues son esas ficciones o relatos que una persona lleva en su mente lo que le permite aprehender la realidad, vivirla y experimentarla. El también psicoanalista y filósofo Slavoj Zizek ha explicado esto sirviéndose, entre otros, de la célebre escena de The Matrix (Lana & Lilly Wachowski, 1999) en que Morpheus ofrece a Neo la píldora que lo llevará a la “realidad real” o que lo mantendrá en la “realidad” de la Matrix:

“Si eliminas de la realidad las ficciones simbólicas que la regulan, eliminas la realidad misma”, dice Zizek. La afirmación puede sonar un tanto extrema. ¿No partimos, en nuestra experiencia cotidiana de la realidad, del supuesto de que la realidad siempre está ahí, que es una inamovible, incuestionable, real? ¿No suena inadmisible que la realidad esté no sólo “contaminada” de ficciones, sino incluso construida únicamente de relatos imaginarios?

Para comenzar a dudar o pensarlo de esa manera, reseñamos ahora los resultados de uno de los estudios más extensos que se han hecho en torno a la idea de personalidad, sin duda una de esas grandes ficciones que, como la idea de dinero o de orden social, aceptamos como realidad porque dan la impresión de estabilidad o continuidad a nuestra existencia (¿y no son en sí mismos lo estable y lo continuo, referidos a la vida, dos grandes ilusiones?).

La investigación corrió a cargo de Mathew A. Harris, Caroline E. Brett y otros académicos adscritos a la British Psychological Society, quienes tomaron información estadística de mil 208 personas que, en 1947, participaron en un estudio sobre salud mental en Escocia y quienes entonces tenían 14 años de edad. En 2012, los investigadores buscaron a algunas de esas personas y consiguieron contactar a 635, de las cuales 174 aceptaron volver a responder el cuestionario que habían recibido hace 65 años.

Los psicólogos tomaron en cuenta indicadores de autoestima, confianza personal, perseverancia, equilibrio emocional, originalidad, deseo de aprender y otras variables, las cuales integraron en el concepto mayor de “dependability”. En español, este término se traduce usualmente como “confiabilidad” y en general se utiliza en ingeniería de sistemas, campo en el cual un sistema es confiable en la medida en que sus funciones aseguren el servicio prometido.

En este sentido, ¿puede decirse que la identidad personal es una sistema confiable, fiel a sí mismo? A juzgar por los resultados obtenidos en esta investigación, no. Una “misma” persona es alguien a los 14 años y otro totalmente distinto a los 77. Así lo demuestran dos hechos muy sencillos: en primer lugar, entre los participantes, ninguno repitió en 2012 la elección que hizo en 1947 de uno de seis tipos de personalidad disponibles en el cuestionario; segundo, ningún amigo cercano definió al participante con el tipo de personalidad con que lo hizo en la primera versión del estudio.

“Consideramos la hipótesis de que encontraríamos evidencia de estabilidad en la personalidad en un período mayor a 63 años, pero nuestras correlaciones no sostienen dicha hipótesis”, escribieron los investigadores en el trabajo donde presentaron sus resultados, publicado en el número de diciembre de 2016 de la revista especializada Psychology and Aging.

Entre otras sugerencias que podemos hacer tanto a partir de las ideas de Lacan como de esta investigación que compartimos, podemos señalar el comportamiento un tanto irónico de quienes se aferran con ahínco a la idea de que su propia personalidad, su identidad, es real e inmutable, cuando todo parece indicar que es una ficción en cambio constante y que incluso puede arribar a un punto diametralmente opuesto a aquel de donde inició el viaje. 

 

En Pijama Surf: Budismo, neurociencia y la ilusión del yo