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Esta luna llena se celebra también el cumpleaños de Lao-Tse, el gran patriarca del taoísmo

Lao-Tse (o Lao Zi) es sin duda una de los grandes sabios en la historia de la humanidad. Si bien su vida está envuelta en leyendas e incluso algunos académicos dudan de su existencia o de su autoría del clásico Tao Te King 道德经 (conocido popularmente como El libro del Tao), para millones de fieles taoístas su existencia es indiscutible. Más allá de cualquier polémica, este libro es uno de los ejemplos más brillantes de una sabiduría en armonía con la naturaleza y es uno de los textos más leídos en la historia de la humanidad. 

El taoísmo calcula que su nacimiento ocurrió hace 2 mil 587 años y se celebra cada año el día 15 del segundo mes lunar del calendario anual lunisolar de la cultura china. Este año su cumpleaños se celebra este domingo 12 de marzo, día de la luna llena. 

Según cuenta la leyenda, Lao-Tse, cansado de este mundo, desapareció montando un búfalo (o un buey azul) hacia las montañas del oeste, pero antes el guardián de la puerta del oeste lo persuadió de que dejara testimonio de su gran conocimiento; el libro que dejó es el reverenciado Tao Te King (también transliterado Dào Dé Jīng). A partir de este texto, se ha formado toda una escuela de grandes sabios que han buscado la inmortalidad.

Los seguidores del patriarca del daoísmo celebran esta fecha con oraciones, ofrendas y visitas a los templos, entre ellos el 太清宫 Tài Qīng Gōng en el condado de Luyi, en la provincia de Henan. 

Lao-Tse enseñó en su misteriosa doctrina del Dao (el todo, el camino) a vivir en armonía con el ritmo de la naturaleza, a practicar la virtud, a ir más allá de la lógica racional y a realizar una especie de alquimia interna --basada en la serenidad y en la quietud-- para unirse con el cielo.

Entre la admiración y el temor: 43 composiciones musicales de Friedrich Nietzsche (PLAYLIST)

Filosofía

Por: pijamasurf - 03/12/2017

Entre los 13 y los 22 años, el joven Nietzsche expresó su amor por la música con estas composiciones

El nombre de Friedrich Nietzsche es bien conocido entre los lectores de Pijama Surf. Entre otros textos, hemos publicado aquí uno dedicado a dos conceptos clave en su obra: la afirmación de que “Dios ha muerto” y la idea de “amor fati; también tenemos una “guía” para convertirse en superhombre, e incluso contamos con una nota dedicada a una de sus facetas menos conocidas, su labor como poeta.

En esta ocasión añadimos a ese catálogo, breve pero esmerado, una entrada en la que presentamos a nuestros lectores la música compuesta por el filósofo. Como antes con su poesía, quizá saber que Nietzsche incursionó en la composición sorprenda a algunos, acostumbrados como estamos a creer que el escritor debe escribir, el oficinista trabajar, el maestro enseñar, y que cada uno debe lograr el mayor nivel de especialización posible en su propio campo de trabajo, sin inmiscuirse en otros.

Nietzsche, sin embargo, perteneció a una época en que la curiosidad era aún la brújula principal del conocimiento y la investigación. Además, recordemos que el filósofo admiraba sobremanera tanto la cultura de la Grecia antigua como la del Renacimiento, ambas caracterizadas por una comprensión amplia y compleja de la realidad, y ambas caracterizadas también por pensadores, investigadores y científicos que aunque destacados en un ámbito, no por ello dejaron de interesarse en muchos otros.

En el caso de la música, Nietzsche se acercó sobre todo como un amante: con admiración pero cabría decir que también con temor. A esto cabría sumar también el arrojo de la juventud, pues casi todas las composiciones pertenecen a un período de su vida que va de los 13 a los 22 años. Si tenemos en cuenta que a los 24 Nietzsche fue nombrado catedrático de lenguas clásicas en la Universidad de Basilea, podríamos escuchar sus piezas como un último arrebato de adolescencia, antes de entrar de lleno a la madurez, que igualmente vivió con furor.

Las composiciones, por cierto, no fueron bien recibidas en su época e incluso ahora se les considera más una curiosidad anecdótica que piezas de verdadero valor artístico. Por nuestra parte, preferimos dejar el juicio a cada uno de nuestros lectores, quizá alguno encuentre lo que otros han dejado de escuchar. 

 

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