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Este edificio con forma de U invertida podría construirse pronto en Nueva York

Sociedad

Por: pijamasurf - 03/27/2017

Un proyecto arriesgado e innovador de la arquitectura contemporánea podría aparecer próximamente en el paisaje de Manhattan

La arquitectura, como otras artes, es también el ejercicio de la sorpresa. Prueba de ello son las construcciones que desafían nuestra imaginación y traen a la realidad cotidiana de una ciudad, un país, un paisaje, un elemento que se creería imposible.

Tal es el caso de este edificio que, según fue anunciado hace un par de días, se construirá próximamente en Manhattan, Nueva York, por parte del despacho Oiio, y que al menos de momento ya empieza a conocerse como “The Big Bend” (“La gran vuelta”), en alusión clara al “Big Ben” londinense.

En parte, la idea está animada por la prohibición que existe en ciertas zonas de Nueva York para construir edificios de determinada altura. ¿Y si cambiáramos la altura por la longitud?, se preguntaron los arquitectos de Oiio y, para responder, llegaron a este proyecto.

Al menos en el papel, The Big Bend podría tener una longitud de 4 mil pies, es decir, poco más de 1,200m, con lo cual superaría por mucho la torre Burj Khalifa de Dubái, que mide 829m de altura. Además, en su interior contaría con uno de los primeros elevadores capaces de seguir una ruta curva y de ese modo realizar viajes de transporte ininterrumpidos al interior del edificio.

Ioannis Oikonomou, fundador del despacho, aseguró que de momento este proyecto busca inversores, quienes quizá aparezcan pronto y den a Nueva York, y a la historia de la arquitectura, una nueva obra admirable y portentosa.

 

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Sociedad

Por: pijamasurf - 03/27/2017

Chomsky analiza en estos videos cómo las ideas no surgen ni se aceptan espontáneamente, sino a través de un proceso implementado con precisión

El término “propaganda” tiene, no por casualidad, una mala reputación. Apenas lo escuchamos pensamos en regímenes fascistas, en mentiras repetidas una y otra vez hasta que se convierten en verdades (según la conseja de Joseph Goebbels), en medios comprados por el poder en turno y, en suma, en un proceso de manipulación del que nos gusta creernos exentos, como si nosotros no fuéramos susceptibles de ese “lavado” de mente.

Con todo, aun viviendo en el país más democrático del mundo (si es que tal cosa existe), incluso teniendo una formación escolar por encima de la media y acceso potencial a distintas perspectivas de un mismo hecho público, la propaganda puede ejercer su efecto sobre nosotros, en buena medida porque ese es uno de los mecanismos esenciales del sistema en el que vivimos. Para perpetuarse en su posición privilegiada la clase en el poder emplea todos los recursos posibles, y sin duda el manejo de la información es uno de los más poderosos a su alcance.

Los videos que ahora compartimos son una adaptación animada de un par de análisis hechos por el conocido lingüista, activista e investigador del MIT, Noam Chomsky, a propósito de la forma en que se construye el “consenso” público en torno a una idea.

A pesar de lo que podamos creer, las ideas no surgen ni se desarrollan espontáneamente en ninguna sociedad. Su concepción, difusión y eventual aceptación son fases en las que interviene una máquina poderosa ligada con los medios de información pero también con los polos de poder económico y político de una sociedad. La noticia en un periódico, cierto anuncio en la televisión, una campaña publicitaria insistente en el espacio público, son algunas de las manifestaciones finales que llegan al gran público, provenientes de una voluntad que varios pasos atrás se propuso un objetivo: que la gente consumiera cierto producto, que creyera en cierta “verdad”, que tuviera una opinión específica sobre cierto acontecimiento, que acuda a ciertos lugares en su tiempo libre y no a otros, que beba o coma ciertos alimentos, etcétera.

En este sentido, Chomsky desmiente la idea un tanto candorosa de que cada uno de nosotros posee un poder de decisión amplio, que elegimos a cada momento lo que queremos para nuestras vidas y que vivimos en un medio de libertad sin límites. El sistema nos ha vendido esta idea y muchos viven dentro de la ilusión de sentirse personas libres. Sin embargo, quienes establecen las reglas del juego son otros, una minoría selecta con la capacidad de decidir qué se produce, qué se consume, qué sale del mercado, qué le conviene a la economía del mundo. Como alguna vez señaló el filósofo francés Jean Baudrillard, en este sistema nuestra libertad está limitada a elegir entre beber Pepsi o Coca-Cola.

Quizá darse cuenta de esto sea el primer paso para comenzar el difícil proceso de vivir de otra manera, que no es otra cosa más que vivir en libertad auténtica.