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Construye tu palacio de la memoria: estudio muestra efectividad de antigua técnica para mejorar la memoria

Arte

Por: pijamasurf - 03/10/2017

La vieja técnica de construir un palacio de memoria para colocar ahí objetos que queremos recordar ha sido comprobada por la ciencia

En la antigüedad la memoria era considerada un arte y se utilizaban técnicas artesanales para desarrollar esta facultad que, al menos en la filosofía platónica, estaba relacionada al poder de la psique de acceder a la realidad universal. 

La técnica más favorecida entre distintos filósofos y artistas fue la desarrollada por Simónides y consiste en crear un palacio o teatro de la memoria, un lugar familiar pero estimulante en el cual se colocan las cosas que se quieren recordar.  

Un nuevo estudio científico mostró que al practicar esta técnica por sólo 40 días la actividad cerebral de una persona común se empieza a parecer a la de uno de los llamados atletas de la memoria, personas que compiten en campeonatos mundiales de memoria. La investigación sugiere que la capacidad mnemónica no es algo meramente innato y puede desarrollarse con gran plasticidad. El neurocientífico Boris Konrad, quien es también un atleta de la memoria, señala que esta técnica es efectiva ya que mapea información aburrida sobre algo que el cerebro ha evolucionado para hacer, esto es, recordar información en relación con una locación específica. Uno tiene experiencias de esto diariamente: cuando pasamos por cierto lugar o hacemos cierta actividad surgen ciertas memorias dependientes.

Quizás el más grande expositor del arte de la memoria fue el genio renacentista Giordano Bruno, quien escribió profusamente sobre el tema. Entre las varias técnicas que desarrolló está la de asignar una letra a un personaje o a un objeto y luego combinar esas letras, en una "rueda de la memoria". Bruno también se sirvió de la técnica ancestral de colocar el contenido de nuestra memoria, estos personajes mentales, en un anfiteatro o en los anaqueles de una biblioteca. La memoria funciona de manera espacial: al ubicar la información en cierto espacio --que puede ser un teatro imaginario o un espacio familiar-- la grabamos en un lugar particular que es también un estado mental particular (memoria dependiente del espacio). Una entrada en el blog AALTARIS describe bien este arte:

La esencia del arte consiste en la habilidad de mejorar la memoria mediante ejercicios de mecánica mental. Cuando es necesario recordar una compleja masa de información, primero ésta debe ser separada en secciones relevantes con respecto a distintos temas. Luego éstos deben ser dispuestos en algún orden, quizá jerárquico, alfabético o cronológico. Acto seguido, cada fragmento manejable de información es vinculado a un objeto material que pueda ser recordado con facilidad. Dicho objeto material puede ser un lugar, una cosa o una persona. El mejor ejemplo es un método para memorizar una larga lista de nombres, números o cualquier otra forma de información. En primer lugar, la lista es dividida en secciones y luego los fragmentos más manejables son asignados a la habitación de una casa. Dentro de cada habitación, los distintos fragmentos de información son asignados a distintos objetos. Si la técnica es seguida al pie de la letra, vastas cantidades de información pueden ser recordadas con sólo pasear mentalmente por la casa e ir cogiendo aquellos objetos a los que ha sido asignada la información.

Con la combinación de sabiduría ancestral y conocimiento científico es garantía que esta técnica funciona, así que no esperes más y construye tu propio palacio de la memoria. Aquí un ejemplo de un "teatro de la memoria":

 

5 horas, 92 canciones: la playlist de las películas hechas por Quentin Tarantino

Arte

Por: pijamasurf - 03/10/2017

El emblemático universo musical de Tarantino en una sola playlist

La música es compañera indisociable del cine. No siempre, eso es cierto, y si hacemos caso a Tony Zhou, editor independiente cuyo canal para aprender a ver cine hemos reseñado en Pijama Surf, la música en las películas no sólo es cada vez menos relevante sino, tristemente, también es cada vez más homogénea, según explica en este video:

Con todo, ciertos directores conservan aún esa tradición de hacer de la música un recurso cinematográfico, una herramienta más en esa comunicación delicada, creativa y sorprendente que ocurre cuando asistimos a una película. Si además pasa que el artífice de la cinta es un melómano consumado, la coincidencia es notable, pues a una buena película usualmente se suma un buen soundtrack.

Tal es el caso de Quentin Tarantino, quien un poco como Stanley Kubrick o Woody Allen (guardada toda proporción), ha hecho de la música empleada en sus películas parte de su sello como director. Por ejemplo, basta escuchar las primeras notas de “Miserlou”, el emblemático surf de Pulp Fiction (1994), para pensar de inmediato en John Travolta y Uma Thurman.

A manera de curiosidad o de homenaje compartimos ahora esta playlist de 92 canciones, casi 5 horas, que compila ese compacto universo musical seleccionado por Tarantino para sus filmes.

Una compañía que, quizá no por casualidad, invita a cierta irreverencia, cierto atrevimiento, cierta forma de vivir la vida más cerca de sus márgenes, donde ocurre realmente lo memorable o lo inesperado.