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Estas 5 expresiones del lenguaje cotidiano están limitando tu realidad

Arte

Por: pijamasurf - 02/15/2017

La realidad que experimentamos está construida sobre la base de las palabras que usamos

Nuestra realidad está hecha de lenguaje, porque gracias a éste podemos aprehenderla y experimentarla. Entre otras implicaciones, de este hecho es posible extraer un corolario interesante: las cualidades de nuestro lenguaje determinan también las cualidades de nuestra realidad. Un lenguaje rico se traduce en una experiencia mucho más rica de la vida y el mundo y, en cambio, usualmente las versiones estrechas de la realidad están vinculadas de lleno con un lenguaje limitado.

Darnos cuenta de ello es descubrir también que cambiar el lenguaje que utilizamos es cambiarnos a nosotros mismos y modificar la realidad que habitamos.

A continuación compartimos cinco sencillas expresiones que operan dicha transformación pero no en un sentido deseable, pues por el uso que les damos limitan nuestra realidad, empobreciéndola.

 

1. De verdad/Realmente

Borges, entre otros escritores, aconsejó evitar el énfasis. Él pensaba en la literatura, claro, en donde emplear este recurso retórico vuelve sospechoso un estilo, como si el escritor dudara tanto de su propia capacidad expresiva que necesitara exagerar para convencer a su lector. Algo así pasa con el énfasis un tanto hueco que hay en la reafirmación de que tal o cual suceso fue “real”, “de verdad pasó”, etc. Por lo demás, el uso de ambas palabras es tan común que resulta para muchos en una muletilla de su discurso.

¿Qué emplear entonces? Todo depende del contexto, pero en general intenta optar por un adverbio más preciso. En una oración como “Fue una comida realmente deliciosa” quizá podrías decir “inesperadamente deliciosa”.

 

2. Las cosas

El mundo contemporáneo parece estar hecho únicamente de “cosas”. Hechos, personas, emociones, objetos y prácticamente cualquier otro elemento de la realidad puede ser reducido a “cosas así”, “cosas como esa”, “cosas de ese tipo”, etcétera.

¿Qué hacer entonces? Simple: llamar a “las cosas” por su nombre, como reza la conseja popular.

 

3. Creo/Pienso/Siento

¿No merece la riqueza de nuestro pensamiento un espectro mucho más amplio de palabras para referirnos a lo que cruza por nuestra mente?

¿Qué opciones tienes? Me parece…, Tengo la impresión…, Opino…, Mi idea al respecto…, etcétera.

 

4. Ser/Estar

Una de las primeras prácticas que se pueden adoptar para enriquecer el vocabulario consiste en reducir en la medida de lo posible el uso de los verbos "ser" y "estar", sumamente cómodos porque condensan una multitud de significados pero, por ello mismo, reduccionistas para la realidad que experimentamos.

A cambio, intenta recurrir a otros verbos.

 

5. Muy

Estas son dos palabras que por fuerza de repetición también han perdido su sentido. De tanto usarlo, el adverbio "muy" ya no acrecienta el valor de nada, y parece lo mismo decir que algo es interesante a muy interesante.

En este caso, la recomendación podría ser dejar de usar “muy” para elevar la calidad de algo y, mejor, encontrar una palabra que exprese con justicia y precisión lo que queremos decir. ¿Por qué decir que algo es “muy bueno” y no calificarlo de excelso, por ejemplo?

 

¿Qué te parece? ¿No es la realidad suficientemente diversa y múltiple como para limitarla con nuestras palabras?

Evo Morales propone cambiar a calendario ancestral de 13 meses y 20 días

AlterCultura

Por: pijamasurf - 02/15/2017

Un calendario originario fortalecería nuestra sintonía con la naturaleza y la conexión con nuestras raíces culturales

El calendario, más allá de guiar la temporalidad de una cultura, define buena parte de su relación con la naturaleza y, en un sentido más amplio, con el universo. Aquellas culturas que han mantenido una relación más estrecha con la naturaleza tienen sistemas de calendarios que responden con precisión a estos ciclos y ritmos. Al calendario gregoriano, adoptado en 1582, se le acusa de no resonar con los ciclos naturales (de ahí que haya meses de 28, 30 o 31 días, cuando en cambio los ritmos naturales son siempre simétricos). 

Evo Morales, mandatario boliviano de origen aymara, ha estado pujando por que se reemplace el calendario gregoriano que rige a Occidente (y por ende, la globalización) por sistemas calendáricos de los pueblos originarios, los cuales, independientemente de sus variaciones, tienen como eje los ciclos lunares de 28 días, siempre fijos y sucesivos. Por eso, Morales propuso adoptar un calendario de 13 meses de 28 días, que suman 364 días (más un día cero o "fuera del tiempo"), con lo cual los meses se rigen por la Luna pero la suma del ciclo está también en sintonía con el Sol. 

Además de acercarnos más al tempo natural, con todas las implicaciones prácticas e intangibles de esto, revivir los calendarios originarios refuerza un sentido de recolección con las raíces culturales de los pueblos de América o, dicho en palabras de Morales: "Es por eso que proyectamos la recuperación de los calendarios ancestrales como parte del proceso de reconstitución de nuestra identidad y la recuperación de nuestra fuerza". 

Esta iniciativa del presidente de Bolivia, que hizo pública durante la celebración del pasado solsticio invernal (que en el hemisferio sur ocurre el 21 de junio), hace eco de propuestas similares, por ejemplo el movimiento encabezado por José Argüelles, quien promovió incansablemente el uso de un calendario de 13 lunas inspirado en los sistemas calendáricos de los mayas.