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'Dublineses', 'Retrato del artista adolescente' y 'Ulysses': los 3 libros más importantes de James Joyce en PDF

Libros

Por: pijamasurf - 02/02/2017

Con su genio y su locura, James Joyce trascendió los límites del lenguaje escrito, dando nuevas fronteras a la expresión literaria

James Joyce es un autor fundamental de la literatura, probablemente el escritor más revolucionario en lengua inglesa desde Shakespeare e igualmente decisivo para otras tradiciones literarias, que encontraron en su singularísimo modo de narrar –cercano a la psicosis y el delirio, si consideramos lo que Jacques Lacan llegó a decir de la escritura joyceana (Seminario XXIII)– un método originalísimo para trasvasar la realidad a las páginas de un libro: las emociones de un adolescente, la ruptura con el padre, la suciedad de las calles dublinesas, el dolor de perder a una madre, la primera experiencia sexual y varios otros momentos vitales que están ocurriendo todo el tiempo y en donde cualquiera puede reconocerse, sin importar que se trate de un lector en Cali o en Nueva York, en Sao Paulo o en Tokio –y eso es parte del genio joyceano.

Por lo demás, la importancia de Joyce en la historia de la literatura también se debe a técnicas narrativas muy específicas que significaron una ruptura respecto de los cánones vigentes en su época. Su uso del monólogo interior y la libertad que dio en la página al flujo de conciencia de sus personajes son probablemente los dos recursos más conocidos y celebrados en la obra de Joyce, pues si bien otros autores contemporáneos o anteriores echaron mano de procedimientos similares (Marcel Proust o Virginia Woolf, por ejemplo), nadie como el irlandés lo llevó al punto de transformar la literatura misma, ensanchando una vez más las fronteras del lenguaje escrito y sus posibilidades de expresión.

A continuación, a manera de homenaje pero también con el deseo de compartir este entusiasmo por uno de los autores preferidos en Pijama Surf, compartimos algunas digitalizaciones que encontramos en línea de los libros más conocidos de James Joyce, con una breve semblanza de ambos. 

 

Dublineses

Los primeros cuentos en los que Joyce comenzó a experimentar con la escritura.

Disponible en este enlace

 

Retrato del artista adolescente

Una novela de “crecimiento” o “aprendizaje” (al estilo del Bildungsroman decimonónico) pero con un estilo joyceano sólido. El encuentro del niño con su juventud y del joven con su hombría. El descubrimiento del mundo y, sobre todo, de la posibilidad de tomar las riendas de la vida propia. Compartimos la traducción del poeta Dámaso Alonso.

​Disponible en este enlace

 

Ulises

El magnum opus de Joyce. Una reescritura desaforada de La Odisea y también más que eso. Un flujo de conciencia ininterrumpido que se observa al mismo tiempo que está creando un mundo con nada más que el lenguaje. En este caso la traducción, en dos tomos, es de José María Valverde, quien entre otros trabajos notables también tradujo la obra completa de William Shakespeare.

Tomo 1 disponible en este enlace

Tomo 2 ​disponible en este enlace

Es así de contundente. Si no lees es difícil que puedas pensar bien

Hoy todos escriben, todos quieren expresar sus sentimientos y opiniones, pero, ¿quién lee? En cierta forma la lectura es una actividad superior a la escritura; sólo podemos escribir con el lenguaje que hemos adquirido leyendo. La lectura es la materia prima de la escritura y la posibilidad de crear una obra que tenga belleza y profundidad o simplemente claridad, se basa en las lecturas que hemos hecho y lo que hemos aprendido de otros autores (sus palabras se vuelven las nuestras, se mezclan con nuestros pensamientos y experiencias). Así se destila la escritura, como una refinación del pensamiento no sólo personal, sino del tiempo mismo.

Para muchas personas es más atractivo escribir, tiene más glamour –algo que quizás se deba a la inmadurez y al egoísmo–, pero grandes escritores nos dicen que la felicidad en realidad está en la lectura. Borges es especialmente fértil en este sentido: "la felicidad, cuando eres lector, es frecuente". Y la célebre: "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído". 

Hay una frase contundente, que si no mal recuerdo es de Juan José Arreola, "Si no lees, no sabes escribir. Si no sabes escribir no sabes pensar". Una sencillez aforística que debe ser el fruto de la labor intelectual de un buen lector. 

Edmund Husserl escribe en su Lógica formal y Lógica trascendental: "El pensamiento siempre se hace en el lenguaje y está totalmente ligado a la palabra. Pensar, de forma distinta a otras modalidades de la conciencia, es siempre lingüístico, siempre un uso del lenguaje". Así que si no tenemos palabras, si no tenemos lecturas en nuestra memoria que enriquezcan nuestro lenguaje, nuestro pensamiento será muy pobre. Las personas toleran no ser buenos lectores, pero si se les dice que no saben pensar, esto lastima su orgullo y, sin embargo, una condiciona a la otra. Así, la lectura es una herramienta de desarrollo fundamental. Y donde mejor se desenvuelve esta herramienta es en los libros, no en los pequeños artículos que dominan la circulación de la Web; el encuentro con el lenguaje merece un espacio de concentración –el medio es también el mensaje–, un encuentro a fondo con la mente de un autor que puede haber muerto hace cientos de años pero que vive, al menos meméticamente, en el texto que se trasvasa a nuestra mente. 

Podemos también preguntarnos si es que existe o no la conciencia sin el lenguaje. Aunque una primera lectura de las filosofías de la India parecería indicar que para los pensadores que nos dieron el yoga y la meditación, la conciencia existe más allá del pensamiento lingüístico (que es, de hecho, todo lo que existe), como ocurre en los estados de absorción meditativa (jñanas), también se debe notar que en el hinduismo el universo es generado a partir de la letra A del sánscrito, de la cual también se deriva la sílaba creadora OM. Posteriormente, en el budismo tibetano la letra A del alfabeto tibetano (parecida a la A del sánscrito) es también considerada una especie de fuente cósmica creativa, y se representa como emanando los cinco elementos en un thigle (bindu en sánscrito). Tenemos por supuesto la cábala, donde el universo entero es lo que se produce cuando se pronuncian los nombres divinos; la letra Aleph, tiene suprema importancia (como exploró Borges en su cuento, donde el Aleph es justamente como una especie de thigle o punto donde se encuentra la totalidad del universo). Sin embargo, el mundo es creado con la letra Bet, con la palabra Bereshit, que David Chaim Smith traduce no como inicio, sino algo así como "inicialidad" (beginingness), para denotar la constancia de la creación, un acto perenne que no ocurre en el pasado, sino en el presente. En suma, el mundo se crea con la palabra y esto es así no sólo en una visión esotérica o religiosa de la realidad, lo es en nuestra vida cotidiana: sólo alcanzamos a distinguir las formas una vez que tenemos los nombres.

De cualquier manera queda claro que la lectura como surtidor de las palabras que animan nuestra conciencia es un aspecto esencial de lo que es un ser humano que piensa el mundo. Podemos existir sin pensar, y a veces el pensamiento se convierte en un ruido que enferma la mente, pero en el pensamiento, con el poder de la palabra, tenemos una potencia divina. Como escribió Hölderlin:

Sin embargo, nos compete, bajo la tormenta de Dios,

Oh poetas, erguidos y con la cabeza descubierta,

Asir con nuestras propias manos el rayo de luz del Padre,

Y pasar, envuelto en canción, ese regalo divino a la gente.

 

Twitter del autor: @alepholo