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Una de las teorías más fascinantes en tiempos recientes sugiere que el universo no tiene una historia objetiva, sino que el pasado emerge a través de la observación para acondicionar un cosmos como el que tenemos, en donde la vida inteligente es inevitable

Hace 10 años Stephen Hawking y el joven físico belga Thomas Hertog publicaron un trabajo científico en el que postulan que el pasado no existe independientemente del presente o de la observación que hacemos en este momento. Hawking y Hertog invirtieron el orden usual en el que se estudian los fenómenos —de abajo hacia arriba o desde el principio hasta el final— proponiendo que un método top-down —de arriba hacia abajo— es más adecuado para entender el delicado balance que ha hecho posible el surgimiento de la vida en el universo, lo que a veces se conoce como el principio antrópico. 

La física teórica que sustenta esta visión de dos de los más destacados físicos contemporáneos es bastante complicada, pero contamos con un TED Talk donde Hertog hace una versión simplificada de la teoría, así como también diversos comentarios en revistas de divulgación. Asimismo, el paper de Hertog y Hawking, titulado "Populating the Landscape a Top Down Approach" contiene un abstract y una conclusión que explican esto sin recurrir a abstrusas matemáticas, si bien para una comprensión cabal de la teoría es necesario conocer las matemáticas de la física moderna. 

Hertog hace una introducción a su visión de cómo es nuestra vida en un multiverso remontándose a la teoría del Big Bang de Lemaitre. Un punto importante es que la teoría del Big Bang no explica cómo se produjo el universo, sólo cómo evolucionó una vez que ya había empezado. No podemos observar la creación, por así decirlo, solamente inferir el inicio a partir de un proceso inflacionario. La física del Big Bang yace más allá de la ciencia; además, estudiando el delicado balance de las constantes del universo, pareciera que el universo hubiera sido diseñado expresamente para que se generara vida inteligente. Esto evidentemente no es algo que deje muy cómodos a los físicos. Por ello se han ideado teorías como la teoría de cuerdas y de los múltiples mundos, las cuales podrían explicar este delicado balance en las leyes del universo, también llamado fine-tuning o principio antrópico (antrópico porque pareciera que todo en el universo está hecho para permitir la evolución de vida inteligente como la humana).

 

 

La teoría de cuerdas mantiene que existen dimensiones ocultas además de las tres dimensiones espaciales y una dimensión temporal; estas dimensiones, que son sumamente pequeñas y por lo tanto difíciles de observar, son las que determinan las leyes de la física. La forma de estas dimensiones —generalmente se cree que son seis— determina las leyes de la física de las dimensiones visibles —cada “cuerda” vibra a una frecuencia resonante que hace que emerja a la existencia cierto tipo de partícula. Estas dimensiones ocultas pueden tener formas diferentes y por lo tanto producen una serie de diferentes universos ensamblados que contienen diferentes leyes físicas y los cuales en teoría existen simultáneamente. Con esto se puede explicar el principio antrópico sin la necesidad de un diseñador: existen una multiplicidad de universos, pero nosotros sólo experimentamos uno; en la teoría de Hawking y Hertog esto ocurre a partir de las observaciones que hacemos. Dice Hertog:

Puedes pensar en esta realidad cuántica com si fuera un árbol. Las ramas representan todos los universos posibles (y nosotros somos parte de ese árbol). Nuestras observaciones seleccionan ciertas ramas, y así dan significado o dan realidad a nuestro pasado en el mundo cuántico… La teoría cuántica indica que no somos sólo escoria química. La vida y el cosmos son una síntesis y nuestras observaciones ahora, de hecho, dan realidad a sus primeros momentos.

Aquí Hertog parece acercarse a la noción de John A. Wheeler sobre el universo participativo, la idea de que el universo emerge de manera interdependiente a las observaciones e interrogaciones que hacemos sobre lo que es el universo:

Es un error pensar en el pasado como ‘ya existiendo’ a todo detalle. El ‘pasado’ es teoría. El pasado no tiene existencia excepto cómo es registrado en el presente. Al decidir qué preguntas postula nuestro aparato de registro cuántico en el presente tenemos una innegable elección sobre aquello que podemos decir sobre el ‘pasado'.

Alan Wallace comenta sobre esta cita de Wheeler, tomada de su obra Quantum Theory and Measurement, “Por ejemplo, los sistemas de medición usados por los cosmólogos aquí y ahora cumplen un papel central en dar lugar a lo que aparenta haber ocurrido en la temprana evolución del universo”. Wallace ve en esto una similitud con la filosofía madhyamika del maestro budista Nagarjuna, la cual sostiene que todos los fenómenos son interdependientes y que ni el pasado ni el presente ni el futuro tienen una existencia inherente, lo cual sugiere que “pueden afectarse entre sí, en relación al marco cognitivo de referencia del cual son designados”. Hay que mencionar que esta causalidad multidireccional no es algo prohibitivo en las leyes de la física actual y de hecho el aparente flujo de la flecha del tiempo del pasado al futuro no está implícito ni en la relatividad de Einstein ni en la mecánica cuántica.

Regresando a la teoría de Hawking y Hertog, el físico belga sostiene que si bien la teoría de cuerdas permite “la existencia de una inimaginable multitud de universos además del nuestro”, no provee un criterio de selección entre estos universos y por lo tanto una explicación de por qué nuestro universo es de esta forma y no de otra. Algo que si provee su acercamiento de arriba abajo. 

En la teoría de Hawking y Hertog, como ocurre con los historiadores o con los conquistadores, reescribimos la historia al observar el universo. Así la pregunta por el inicio del universo deja de ser relevante. No hay un inicio sino todos los inicios como posibilidad (no como realidad concreta) y por lo tanto no hay una historia objetiva del universo. Si queremos pensar en un “inicio del universo” debemos pensar en una superposición de múltiples condiciones iniciales (esto es, universos con distintas leyes), de los cuales sólo una pequeña fracción contribuyeron al universo que experimentamos hoy en día. Inevitablemente el universo ajusta delicadamente sus constantes físicas para dar lugar a nosotros y al cosmos que conocemos; esto ocurre debido a que nuestro universo actual selecciona sólo las historias pasadas que lo llevan a las condiciones presentes. 

Con este método de arriba abajo se evita “una agencia externa” o una “inflación eterna”. El universo se convierte en una suma de todas las posibles historias, las cuales van siendo seleccionadas, como ramas de un árbol que se van bifurcando y en la bifurcación son también automáticamente podadas. 

En su libro The Grand Design, Hawking sostiene que somos máquinas biológicas que siguen leyes físicas determinadas, por lo que no tenemos realmente libre albedrío. Dejaremos esta discusión para otra ocasión, sólo levantando la cuestión sobre un determinismo que no existe en el pasado sino un determinismo hacia el cual avanzamos, acaso com el Punto Omega de Teilhard de Chardin o el concepto de los extraños atractores, algo así como el monolito de Arthur C. Clarke que imanta nuestra evolución. 

Este fenómeno de observación participativa que selecciona el pasado para llegar a nosotros no es algo completamente alejado de la realidad observable. Podría tener un paralelo en el famoso experimento de la doble rendija de la mecánica cuántica, en el cual la luz se comporta como una onda o una partícula según la medición. Parafraseando la explicación de Phillip Ball:  Si no medimos a dónde se fue un fotón entonces vemos un patrón de interferencia cuando la partícula emerge del otro lado, lo cual refleja la naturaleza de onda. Pero si colocamos un detector en las rendijas, entonces el patrón de interferencia desaparece y las partículas aparecen de manera granular, ya no como ondas. Pero podemos hacer el experimento de tal forma que sólo detectemos la rendija por la cual pasó una partícula después de que lo haya hecho. En este caso tampoco vemos interferencia. Lo cual alza la pregunta de ¿cómo "sabe" la partícula que será detectada después de pasar a través de una pantalla, de tal forma que cuando llega a una rendija "sabe" si cruzar ambas rendijas (onda) o sólo una (partícula)? Y, ¿cómo puede la medición posterior afectar el comportamiento pasado? John Wheeler sugirió que quizás los fotones no "saben" realmente qué trayectoria tomar sino que podrían simplemente no existir físicamente hasta que los observamos (nosotros asumimos que tienen una existencia física objetiva). De nuevo, sería el acto de observación el que afectaría el pasado.  

“Las historias del universo dependen de la precisa cuestión que se postula”, dicen Hertog y Hawking. Alan Wallace sugiere que tenemos el universo que tenemos, con ciertos paradigmas, porque lo limitamos con ciertas preguntas. “¿No es acaso nuestra perspectiva de la evolución del universo en su totalidad un reflejo, o una proyección, de la evolución de la interrogación científica europea de la naturaleza del mundo en la era moderna?”. 

Suponiendo que esto ocurre constantemente a nivel cuántico, quedaría por ver hasta qué punto podemos incorporar esta selección de manera consciente a nuestra vida (algo así como el paso de lo cuántico a la relatividad general). Alan Wallace sugiere que en cierta forma esto es lo que hace el budismo tántrico vajrayana, en el que se toma la fruición como sendero. Es decir, la noción de que finalmente todos somos budas es tomada ya no como un potencial, sino como una realidad presente: la semilla es vista ya como la fruta. “Esto significa que, mientras que uno es todavía un ser sensible no-iluminado, uno cultiva el ‘orgullo divino’ de considerarse a uno mismo como un buda sobre la base del buda que uno será en el futuro”. Asimismo, los practicantes del “vehículo diamante” practican la transformación de la percepción en una visión pura, que emula la percepción de un buda, para quien todo siempre ha estado iluminado. “De esta forma, uno utiliza el poder transformativo de la propia iluminación futura en el momento presente, con el entendimiento de que el futuro no es inherentemente real ni está separado del presente… así uno permite que el futuro influya en el presente”. Thomas Hertog terminó su charla en TED sugiriendo que "existe un enorme potencial de complejidad e inteligencia para evolucionar". ¿De dónde emerge ese "potencial"? ¿Ese potencial, como en el budismo vajrayana, es de hecho nuestro futuro (nuestra realidad última) visto sólo como semilla o tendencia de una manera compartimentalizada? Tal vez el libre albedrío, como cree Hawking, es una ilusión, pero seguramente entonces también lo es el tiempo. Y esta distinción entre el pasado, el presente y el futuro quizás sólo sea una persistente convención de nuestro lenguaje, de nuestra forma de interrogar el universo que se reifica dando lugar a un mundo fragmentario con una aparente causalidad unidireccional. El futuro puede influir en el presente o el presente en el pasado porque no existen inherentemente, son inseparables... Lo único que podemos afirmar que existe realmente es este momento y por lo tanto este momento debe de contener todos los otros momentos. 

 

Twitter del autor: @alepholo

Con información de:

arxiv.org/pdf/hep-th/0602091.pdf

http://www.alanwallace.org/buddhistviewoffreewill.pdf

http://www.nature.com/news/2006/060619/full/news060619-6.html

http://www.bbc.com/earth/story/20160708-the-past-is-not-set-in-stone-so-we-may-be-able-to-change-it

Un breve análisis sobre tres importantes conceptos que nos permiten entender a mayor profundidad las implicaciones de los estados no ordinarios de conciencia en el individuo, la ciencia, la espiritualidad y la cultura

Los conceptos de psiconauta y psicotecnología resultan de suma importancia para conocer mejor las potencialidades ocultas del ser humano, los estados no ordinarios de conciencia y las sustancias psicoactivas (desde milenarias plantas sagradas hasta compuestos recientemente sintetizados en el laboratorio). Sin embargo, estos términos son generalmente desconocidos o directamente ignorados cuando se aborda un enfoque que no tome en cuenta el derecho a la libertad cognitiva del ser humano (aquel principio inalienable de total soberanía sobre la propia conciencia).

La palabra psiconauta (un neologismo de raíces griegas que significa literalmente “navegante de la mente”) aparece originalmente en 1970, en el trabajo del escritor alemán Ernst Jünger, especificamente en su obra Acercamientos: Drogas y ebriedad, donde el autor utiliza el término para referirse a los viajeros de los espacios interiores que usan vehículos psicodélicos. No obstante, si bien Jünger es el creador del término, uno de sus principales popularizadores ha sido el eminente etnobotánico Jonathan Ott. Considerado todo un erudito en su campo, Ott, en su obra de 1995 Diccionario de los ángeles, define al psiconauta como un viajero embarcado en las odiseas chamánicas que ocurren en el universo de su propia mente.

Más recientemente Richard Doyle, en su obra La farmacia de Darwin, ha conceptualizado al psiconauta como aquella persona que explora la mente mediante una inevitable ciencia o metodología en primera persona; esto equivaldría a decir que la psiconáutica se relaciona directamente con la capacidad de desarrollar modelos que comprendan tanto la descripción como la explicación de la fenomenología de la conciencia. La doctora Diana Reed Slattery, quien ha estudiado a profundidad diversos mapas y modelos psiconáuticos, establece en el siguiente orden dicha metodología:

(1) Ajustar la química de la conciencia mediante una sustancia psicodélica (o algún otro vehículo psicotecnológico)

(2) observar los cambios en la conciencia

(3) reportar lo ocurrido.

Con respecto a la metodología propuesta por Slattery, modelos provenientes tanto de la farmacología como del chamanismo o la psicoterapia parecen coincidir en que las tres variables más importantes a cuidar para un adecuado ajuste de la química cerebral son el set (o programa mental del individuo), el setting (el entorno y la compañía al momento de la experiencia) y la dosificación –y calidad-- del propio compuesto. De acuerdo con Rick Strassman (autor de DMT: La molécula del espíritu) la mayor parte de los “accidentes” relacionados con experiencias psicodélicas provienen de no cuidar alguna de estas tres variables.

Es por esta razón que Stanislav Grof, psiquiatra checo considerado padre de la psicología transpersonal, define a los psicodélicos como amplificadores no específicos de la conciencia, es decir, son considerados no específicos debido a que su efecto se encuentra sujeto a las variables anteriormente mencionadas. Ésta resulta ser una cuestión fundamental para entender las distintas posturas existentes en torno a estas sustancias: hay quienes las consideran medicinas, espíritus maestros, armas de lavado cerebral (o, como en el caso de la reduccionista psiquiatría ortodoxa, psicotomiméticos o agentes estimulantes de psicosis). Todas estas perspectivas pueden, en cierta medida, llegar a ser válidas cuando consideramos el nivel de realidad que habita el individuo, así como el resultado observable, producto del balance (o desbalance) de las variables ya mencionadas.

Una vez entendido el primer concepto, vale la pena profundizar en cuáles son las herramientas o medios utilizados por los psiconautas para acceder a estos nuevos y desconocidos espacios mentales. El segundo concepto que trata este articulo son las psicotecnologías; dicho termino es extraído del paradigma multiestados, un modelo propuesto por el doctor Thomas B. Roberts (quien imparte una cátedra titulada “Estudios Psicodélicos”, en la Universidad de North Illinois en Estados Unidos). Bajo la lógica de la teoría de Roberts, las psicotecnologías pueden ser entendidas como herramientas o dispositivos psicológicos con la función de permitir a quien los usa alcanzar un output deseado de información, es decir, una respuesta observable que pueda manifestarse en forma de ciertas habilidades específicas; relacionadas con el estado de conciencia del individuo. La idea general con respecto a esto es que los psiconautas, trabajando apropiadamente con el amplio catálogo de psicotecnologías existentes, pueden seleccionar, modificar o mejorar a voluntad habilidades o procesos relacionados con la percepción, cognición o emoción.

De esta manera, estas sustancias formarían parte de una familia concreta de psicotecnologías; esto abre el tema hacia la identificación y el estudio de otras formas de tecnologías de la mente como puede ser la meditación, el yoga, técnicas de respiración (como la holotrópica), la hipnosis, los cantos chamánicos o icaros, el manejo del sueño lucido, las artes marciales iniciáticas, la privación sensorial o formas más modernas de estimulación cerebral como el biofeedback.

Con este modelo, Roberts propone que las psicotecnologías psicodélicas deben jugar un rol esencial como agentes facilitadores del principio metodológico de la experimentación, es decir, los psicodélicos no son necesariamente mejores herramientas que otros medios como la respiración o la meditación, pero sí son vehículos más veloces. En otras palabras, experimentar responsablemente con estas sustancias no requiere de los largos períodos de entrenamiento que sí conlleva, por ejemplo, aprender complejas asanas de yoga, activar todos los chakras del cuerpo o dominar antiguas técnicas meditativas orientales.

Pero entonces, ¿por qué no tenemos una sociedad basada en este tipo de psicotecnologías, tal y como Aldous Huxley propuso en su famosa obra La isla (último trabajo publicado antes de su famosa muerte en LSD)?

Si bien la respuesta a esto puede tener múltiples matices, en el fondo el problema filosófico al que se adhiere es lo que Roberts llama “la falacia del estado único”, aquel supuesto erróneo de que todas nuestras habilidades útiles residen únicamente en el estado de conciencia ordinario. En este sentido el pionero en antropología transpersonal, Charles Laughlin, complementa esto al señalar que existen sociedades monofásicas y multifásicas, siendo nuestro paradigma occidental uno estrictamente monofásico; esto significa que la conciencia ordinaria (también conocida como vigilia) es considerada lo correcto y normal, los sueños son poco valorados y los estados no ordinarios son sistematizadamente descartados al considerarse anormales o simplemente patológicos.

No obstante,  el estado prohibicionista ha establecido una dictadura de realidades, una donde la libre exploración de la conciencia es castigada y estigmatizada. Ott, en su famosa obra Pharmacotheon, se refiere al prohibicionismo como un experimento de ingeniería social cuyas leyes son inaplicables, ineficaces, insalubres, inmorales, antieconómicas, anticientíficas y antiecológicas. En esa misma obra Ott sostiene además que el consumo de sustancias psicoactivas es básicamente una actividad normal y virtualmente universal en toda la historia de nuestra especie. De forma similar, el también etnobotánico Terence  McKenna, en El manjar de los dioses, incluso relaciona a los psicodélicos con el desarrollo de procesos evolutivos complejos (como el propio lenguaje) entre los primeros grupos de homínidos en África.

Recientemente, cada vez más autores hablan de un renacimiento psicodélico; entre ellos encontramos a Ben Sessa, James Oroc, Christopher Partdridge y al propio Tom Roberts. En cualquier caso, estamos hablando de un reavivamiento del interés científico, cultural y espiritual en torno a estos compuestos. Desde mitades del siglo XX hasta la actualidad, tres fases pueden ser perfectamente reconocidas:

1. Desde el descubrimiento de la LSD-25 por parte del químico suizo Albert Hofmann en 1943 hasta el final de la década de los 50 con el filósofo e intelectual Aldous Huxley como figura central.

2. La era contracultural psicodélica de la década de los 60 con el doctor Timothy Leary en el centro. Tras la caída de este movimiento y el alzamiento del prohibicionismo, voces como las de Jonathan Ott se volvieron esenciales. Además de ser un académico riguroso y un erudito en contacto con la primera línea de investigadores psicodélicos como Hofmann y Wasson, Ott es un desafiante explorador psicodélico que se volvería una fuente esencial en la siguiente década para alimentar el interés de las nuevas generaciones de psiconautas (una responsabilidad similar a la de Terence McKenna).

3. El desarrollo de la cultura rave desde mediados de la década de los 80; algunos de los principales representantes de esta fase son el químico Alexander Shulgin (difusor y resintetizador del MDMA, e inventor de más de 230 sustancias psicoactivas, muchas de ellas probadas en él mismo y su esposa), el reconocido etnobotánico y filósofo Terence McKenna (también llamado el bardo psicodélico), el doctor Rick Strassman (psiquiatra cuya investigación reavivó el interés del público por las experiencias con DMT en este siglo) y el artista visionario Alex Grey (cuya campaña de 2013 para la edificación de un mausoleo psicodélico se convirtió en uno de los proyectos más exitosos en la plataforma de crowdfunding digital Kickstarter).

Es entonces, a partir de la década de los 90, también llamada la década del cerebro, que encontramos un interés renovado en el estudio científico de los efectos de estas sustancias por parte de la neurociencia cognitiva y la psicofarmacología; el resultado más visible de este creciente interés fue la reapertura de la investigación psicodélica con el ya mencionado trabajo de Strassman con DMT en la Universidad de Nuevo México, más otros estudios recientes realizados con psilocibina en la Universidad Johns Hopkins, además del trabajo de investigación psicoterapéutica de MAPS con MDMA o las investigaciones con otros psicodélicos que realizan organismos como la Fundación Beckley o el Instituto Heffter.

Para entender mejor cómo todas estas diversas líneas de investigación encajan y pasan a ofrecernos un panorama altamente optimista en relación a la integración y reconocimiento de estas sustancias en nuestra cultura, Roberts nos ofrece un modelo de cuatro etapas destinado a cubrir importantes áreas de nuestra realidad como lo son la ciencia, la espiritualidad, el arte y la propia mente; esto se logra estableciendo un modelo no secuencial, es decir, una teoría donde una nueva etapa no sustituye a otra, sino que éstas coexisten y se construyen naturalmente a partir de su interacción. Las cuatro etapas evolutivas ubicadas por Roberts son las siguientes:

1. La etapa medica-neurocientifica (psicoterapéutica)

2. La etapa espiritual-religiosa (enteogénica)

3. La etapa intelectual-artística (ideogénica)

4. La etapa de las aplicaciones mentales o mindapps (psicotecnologíca)

 

Etapa 1: Psicodélicos en el laboratorio

La etapa medica-neurocientifica es quizá la más visible en la actualidad, y se encuentra caracterizada por los avances científicos en facultades de medicina, clínicas y laboratorios de biología (mayormente en Europa y Estados Unidos); dentro de esta etapa, las experiencias místicas (o transpersonales) producidas por las sustancias psicodélicas son la principal variable de investigación en la curación y/o el cambio de actitudes en pacientes y voluntarios.

El éxito de las experiencias de conciencia trascendente psicodélica puede verse reflejado en los estudios para el tratamiento de la ansiedad, depresión, diferentes tipos de adicciones, psicosis, neurosis, autismo o el trastorno de estrés postraumático (TEPT), lo cual conduce a una aceptación social basada en las propiedades curativas de estas experiencias.

Por ejemplo, el mejoramiento en la plasticidad cerebral ligado a estos estados psicodélicos puede ser entendido como resultado de lo que el investigador Michael Winkelman denomina psicointegración. Este concepto sugiere que al ser análogos de la serotonina --un neurotransmisor básico del organismo-- los psicodélicos modulan no sólo un proceso cerebral específico, sino varias actividades de muchos otros neurotransmisores. Esto produciría una integración entre la estructura cerebral del tálamo, que regula el flujo de información proveniente del sistema nervioso, y del córtex, que interpreta emocionalmente dicha información. Cabe señalar que tanto el tálamo como el córtex hacen uso de los circuitos serotoninérgicos (5-HT2), lo cual hace sugerir a Winkelman que las experiencias psicodélicas, al estimular estos circuitos, mejoran en términos generales los procesos de comunicación cerebral, explicando así dicha neuroplasticidad.

 

Etapa 2: Psicodélicos en la espiritualidad

A pesar de los grandes avances que la ciencia descubre con respecto a los psicodélicos, sus potenciales aplicaciones no se restringen exclusivamente a la psicoterapia moderna; es por ello que en esta segunda etapa estos compuestos suelen recibir el nombre de enteógenos, un neologismo propuesto por Ott, Wasson y otros reconocidos académicos. El significado de este término es “generando la divinidad interior” y hace referencia al uso de psicodélicos en contextos donde el individuo posee un sentido de lo sagrado, o bien, un modelo de interpretación espiritual (oracular o ritualístico) para las experiencias producidas por dichas sustancias. Estos modelos son frecuentemente observables en las antiguas escuelas iniciáticas, como la de Eleusis en Grecia, donde parecen haber utilizado psicodélicos derivados del cornezuelo de centeno u hongos psilocíbicos como catalizadores para rituales de iniciación (otros ejemplos de esto fueron el soma en la India, así como el teonanácatl en Mesoamérica).  

Pruebas del desarrollo actual de esta segunda etapa pueden encontrarse en: (1) el incremento en el número de iglesias que usan legalmente compuestos psicodélicos de forma enteogénica (Santo Daime, União do Vegetal, Iglesia Nativa Americana, etc.), (2) el impacto social de la conciencia “espiritual” de los psicodélicos en la cultura popular, y (3) la rápida propagación de diferentes tipos de publicaciones sobre el uso enteogénico de los psicodélicos gracias, en gran medida, a internet, y particularmente a sitios como Erowid.

 

Etapa 3: Psicodélicos como catalizadores intelectuales y artísticos

Si nos remontamos a las investigaciones del doctor Oscar Janiger en la década de los 60, encontraremos que dichos estudios mostraron que muchos artistas se sentían más ingeniosos e inspirados durante o después de una experiencia psicodélica, esto ha conducido a señalar que el uso selectivo de psicodélicos en la resolución de problemas para ingenieros, físicos, matemáticos, diseñadores, arquitectos o artistas, podría constituir una de las aplicaciones artístico-intelectuales más relevantes de estas sustancias.

Apoyando este argumento también podemos mencionar algunos científicos que lograron catalizar sus habilidades creativas e intelectuales por medio de estados psicodélicos; la lista incluye --entre muchos otros-- a Kary Mullis (desarrollador de la técnica de reacción en cadena de la polimerasa-PCR), Francis Crick (uno de los descubridores de la estructura molecular de la doble hélice del ADN), Steve Jobs (fundador de Apple), Richard Feynman (premio Nobel de física), Douglas Engelbart (pionero del Internet, las interfaces gráficas, creador del hipertexto y del mouse), Mark Pesce (uno de los desarrolladores del Lenguaje para Marcación de Realidad Virtual VRML), John C. Lilly (pionero en la comunicación interespecies y creador de los tanques de aislamiento sensorial), y por supuesto, Aldous Huxley (escritor considerado como una de las máximas autoridades intelectuales del siglo XX).

Uno de los fundamentos para explicar esta relación entre creatividad y conciencia psicodélica puede ser encontrado en un revelador estudio del 2011 publicado por British Medical Journal, donde se demostró que personas con un alto coeficiente intelectual desde su niñez suelen ser más susceptibles a convertirse en consumidores de ciertas drogas como el MDMA. La explicación a esto yace en el hecho de que las personas inteligentes se encuentran normalmente más abiertas a tener este tipo de experiencias debido a la alta estimulación cognitiva y/o emocional que estos compuestos producen; es por ello que en este contexto de la tercera etapa, Roberts denomina a los psicodélicos ideogénos (generadores de ideas), y sugiere que este uso puede servir como un puente de transición hacia el cuarto escenario evolutivo: la etapa de las aplicaciones mentales o psicotecnologíca.

 

Etapa 4: Psicodélicos como tecnologías de la mente

Hay que recordar que fue Alan Watts, filósofo y uno de los principales divulgadores del budismo zen en occidente, quien sugirió en su momento que los compuestos psicodélicos pueden considerarse como complementos perceptivos semejantes al telescopio o al microscopio, sólo que en el caso de estas sustancias el complemento no se encuentra enfocado en el mundo externo, sino en estados internos del sistema nervioso.

Además del estado ordinario de conciencia, los humanos tenemos la capacidad de acceder a muchos otros estados, cada uno con sus particulares habilidades específicas o residentes. Mediante lo que Roberts llama mindapps (o psicotecnologías), podemos instalar y trabajar dichos estados o habilidades. Por esto mismo, las aplicaciones mentales, las psicotecnologías (o mindapps), también pueden llegar a recordarnos un poco a la teoría de los ocho circuitos cerebrales del doctor Timothy Leary y de Robert Anton Wilson, así como al concepto de metaprogramación desarrollado por el doctor John Lilly.

La etapa psicotecnológica, al igual que las ideas de psiconautas como Leary, Wilson, Lilly y Watts establece que el ser humano al explorar su conciencia se encuentra cada vez más consciente de sí mismo, de su modo de operar, y por consiguiente, está avanzando hacia una modalidad de comportamiento donde la inteligencia estudia a la inteligencia, o el sistema nervioso estudia al propio sistema nervioso; esto nos lleva a reprogramarnos y a eliminar más fácilmente condicionamientos y automatismos que normalmente reducen nuestra calidad de vida.

Siguiendo esta línea, Roberts sugiere que tal y como podemos programar e instalar un número indefinido de aplicaciones dentro de nuestros dispositivos electrónicos, de igual manera podemos usar dentro nuestro ciertas psicotecnologías que nos lleven a desarrollar o trabajar funciones o habilidades específicas, no disponibles normalmente en el estado ordinario de conciencia.

Finalmente, y para concluir este artículo, me gustaría incluir una serie de links a publicaciones (lamentablemente, sólo disponibles en inglés) que no corresponden a los habituales sitios devotos a las sustancias psicodélicas, sino que fueron presentadas en publicaciones mainstream y journals académicos oficiales a lo largo de la última década, esto también puede ser visto como evidencia del antes mencionado renacer  psicodélico. Tomo estas referencias del último libro del doctor Roberts, The Psychedelic Future of Mind, una lectura más que recomendada para quien haya encontrado interesante este texto y donde muchas de estas ideas se exponen a mayor profundidad.

The Chronicle of Higher Education. Researchers Explore New Visions for Hallucinogens. 2006

The Lancet. Psychedelic Research Moves Mainstream. 2008

American Psychological Association Monitor. Research on Psychedelics Makes a Comeback. 2010

Scientific American. Hallucinogens as Medicines. 2010

The Economist. Research Into Hallucinogenic Drugs Begins to Shake Off Decades of Taboo. 2011

The New York Times. A Dose of a Hallucinogen From a ‘Magic Mushroom, and Then Lasting Peace. 2016

 

Contacto con el autor: Ibrah Gebrail // Psyconautas Radio // La Drogoteca