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19 estrategias de lenguaje corporal para ejercitar tu persuasión y convencer a otros de tus ideas

Salud

Por: pijamasurf - 02/19/2017

El cuerpo es el mejor recurso para que tus ideas se abran paso en el mundo real

La historia de la humanidad es, hasta cierto punto, la historia de la persuasión. Todos tenemos ideas, pero no todas logran abrirse paso en el mundo. ¿Por qué motivos? Entre otros tanto o más importantes, porque no todas las personas creen con el mismo fervor en lo que piensan y no todas se empeñan en que otros compartan su entusiasmo. Cuántos proyectos no se han quedado dentro de la mente de alguien, o entre los últimos vapores de una taza de café, disipados en las volutas de un cigarro…

Nadie, hasta ahora, ha descifrado el secreto del convencimiento, seguramente porque no existe o, mejor dicho, porque no descansa en una fórmula única que podría aplicarse en cualesquiera circunstancias. Convencer a otros de algo parece más bien una suma o una coincidencia de elementos entre los que el lenguaje corporal es uno de los más importantes.

En efecto: ¿cómo transmitir la pasión por una idea si no a través de nuestro propio cuerpo? ¿Cómo no usar todos sus recursos a favor de dicho propósito? Quien acompaña su discurso de una sonrisa, de una postura firme, de matices y modulaciones en su voz, de la relajación y la tranquilidad, usualmente transmite una impresión de confianza, seguridad y credibilidad. Esto no lo es todo, claro, pero sin duda es más probable que creamos en la idea de alguien que parece saber de lo que habla que en la de otra persona que sólo titubea y se muestra confundida.

A continuación compartimos una lista --que se extendió conforme la realizábamos-- de estrategias que fortalecen dicha persuasión. La mayoría están relacionadas directamente con el cuerpo y su lenguaje, pero otras podrían parecer un tanto tangenciales o fuera del tema. Con todo, las incluimos porque es claro que no existe la división entre mente y cuerpo: todo lo que pasa por nuestra cabeza encuentra, inevitablemente, expresión en algún punto de nuestro cuerpo.

 

Lo elemental del cuerpo

1. Haz contacto visual, siempre

Este es un consejo básico. El contacto visual, incluso por razones evolutivas, se recibe como símbolo de fortaleza y seguridad por parte de la persona que lo sostiene. ¿Cómo vas a convencer a otros sin seguridad en ti mismo?

 

2. Que tu postura sea firme

Saca el pecho, endereza tu columna, abre un poco tu compás. En pocas palabras, mantente en pie y firme. Todo esto con naturalidad, sin que parezcas un militar acartonado y solemne. No fijo ni tieso, sino fuerte y seguro. Aunque camines o te sientes, tu postura firme puede conservarse, porque no es sino expresión de tu propia seguridad interior. El ejercicio, por cierto, ayuda: realiza ejercicios para los músculos de tu espalda, los de tus hombros y los de tu abdomen.

 

3. Sonríe

Las emociones también son importantes, y una enseñanza tan vieja como Esopo asegura que se atraen más moscas con miel que con vinagre.

 

4. Gesticula

¡Contagia tu entusiasmo! Gestos faciales, ademanes y todo lo que puedas hacer con tu cuerpo es otro recurso para generar empatía con quien te escucha y, de esa manera, hacer que crea en tu idea y la acepte.

 

La voz y las palabras

5. En general, aumenta la velocidad con la que hablas

Hablar con fluidez hace que los otros te perciban como experto y confiable. La famosa “facilidad de palabra”, sin embargo, no se obtiene gratuitamente, ni es innata, sino que, como otras cualidades, se cultiva y se ejercita. Lee, escucha programas de radio o podcasts en los que predominen el debate y la conversación; también puedes imaginar que te encuentras en un escenario en el que tienes prohibido quedarte callado. Sigue el hilo de tus pensamientos, seguramente tienes mucho que decir.

 

6. Y sé consciente de ciertas inflexiones

Intenta no tener un tono de voz plano. Cuando sea necesario, eleva el volumen; si haces una pregunta, remárcala, y lo mismo si recurres a una expresión admirativa. Si quieres cautivar la atención de quien te escucha, haz que tu voz se convierta en el camino inesperado por donde va a pasear.

 

7. Recurre al silencio con inteligencia

Como en la música, el silencio es en el discurso un elemento que puedes utilizar a favor de tu expresividad. Después de lanzar una pregunta, un silencio breve da a la otra persona la sensación de sentirse apelada y por lo tanto incluida, aunque seas tú quien va a dar la respuesta. El silencio también da la impresión de sabiduría, de reflexión e incluso de complejidad de mente.

 

8. Utiliza las palabras en función del efecto que buscas

Las palabras tienen un peso específico, como sucede con la materia física, en buena medida porque las comprendemos únicamente en su relación con las demás. Hay palabras que nos hacen sentir bien, otras nos recuerdan situaciones dolorosas, otras más pueden asustarnos o incluso enfurecernos. ¿Qué efectos quieres provocar en tu audiencia y qué palabras vas a elegir para conseguirlo?

 

El comportamiento

9. Utiliza algunos objetos

Ciertos objetos pueden inducir inconscientemente una impresión en tu auditorio. Una pluma, por ejemplo, usada a manera de batuta, puede generar la idea de que como los directores de orquesta, estás en control de la situación. Fumar un cigarro mientras hablas puede imponer cierta aura de experiencia sobre lo que dices. Juguetear con unos lentes puede darte la seriedad que a históricamente se le atribuye a estos accesorios, por asociación con las personas dedicadas al estudio.

 

10. Asiente más

Esta sencillísima conducta contribuye a crear una atmósfera de confianza con tu audiencia. Pero úsala con moderación y sutileza, pues el exceso puede hacer creer a la otra persona que sólo la estás adulando.

 

11. Intenta deshacerte de tus tics nerviosos

La inseguridad emocional llega a expresarse de formas muy concretas: hay quien se frota las orejas, otros se tocan la cara, algunos comienzan a mover sus piernas con desesperación, y más. Toma conciencia de qué haces tú cuando te pones nervioso/a y, cuando se presente ese tic, evítalo.

 

12. Relájate, pero no tanto

En cierto punto del proceso de convencimiento puede ayudar que te muestres relajado. Estira un poco las piernas, respira hondo, sonríe con tranquilidad. Sin embargo, tampoco te excedas, pues podría parecer que ha dejado de importarte lo que dices o la persona que te escucha.

 

13. Acércate, pero sólo lo suficiente

El acercamiento físico también es simbólico. Cuando nos acercamos a alguien para decirle algo se crea la sensación de que le estamos revelando algo que nadie más sabe, que confiamos en esa persona, pero al mismo tiempo puede llegar a percibirse como una amenaza, como el deseo de imponer un dominio.

 

14. Haz contacto físico

También usado con cautela, el contacto físico puede consolidar la impresión de confianza y cercanía. Algunos gestos, además, como los abrazos o tomar de la mano a una persona, generan la idea de protección, cuidado o preocupación por el otro. Cabe acotar que recurrir a estos, sin embargo, depende mucho del tipo de relación que tienes con la persona con quien estás.

 

15. Muévete

Este puede ser un buen recurso para fortalecer la impresión de que sabes de lo que hablas. La inquietud del cuerpo puede hacer creer en la inquietud de tu mente. Si vas de un lado a otro es porque lo vivo de tu idea no te deja quedarte en un solo lugar.

 

El estado anímico

16. Evita los aires de superioridad o el suelo de la autocompasión

Existen por lo menos dos modos de comportarse que son una garantía casi infalible de jamás poder persuadir a otra persona nada. Uno, la rigidez excesiva, esa soberbia desde la cual algunos miran a los demás, instalados en lo alto de su columna de marfil. El otro, el pantano de la nula autoestima, en el cual ni siquiera quien habla cree realmente en lo que dice.

 

17. Relájate

Parece que este punto se repite, pero en realidad no es así. En este caso se trata de una relajación mucho más profunda y general. Mostrarse relajado genera la impresión de seguridad en uno mismo y confianza.

 

18. No exageres

Borges, Wilde y otros escritores sabían que, en literatura, el énfasis tiene el efecto paradójico de debilitar una expresión creativa. Habla fuerte y seguro de ti mismo, pero tampoco tanto como para que parezcas un líder fascista arengando a las masas; muévete y gesticula, pero sin llegar a los extremos de los mimos y los payasos; mira a la gente a los ojos, pero sin que los tuyos lloren y te duelen porque al fijarlos tanto te olvidaste de parpadear. Sé persuasivo, pero sin que parezca que esa es tu única meta en la vida o lo único que te define como persona.

 

19. Sé sincero

Finalmente, sé sincero. Nada convence más que hablar con el corazón, por así decirlo. Y, en el mismo sentido, nada ahuyenta más que notar la mentira en las palabras de quien nos habla. Respeta a tu interlocutor hablándole con verdad: verás que sabrá agradecerlo.

 

¿Qué te parece? ¿Agregarías alguna estrategia? No dejes de darnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota.

 

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Libros

Por: pijamasurf - 02/19/2017

Una larga y obligada lista de lecturas para abrir el panorama mental, cortesía de Joseph Brodsky

Algo intangible pero tajante ocurre al leer. Entrar en contacto con libros, con literatura, historia o filosofía provoca que se expandan los horizontes de la mente, abre la cancha en sentido literal y enriquece de forma hasta entonces inimaginable el rango de perspectivas que utilizamos para mediar con la realidad, para interpretarla y entenderla. 

A mediados del siglo pasado, en el entonces Leningrado, un joven abandonó la escuela a los 15 años. Tras deambular por diversos empleos, incluida la morgue, invernaderos y fábricas, viajaría a Estados Unidos para convertirse en profesor de Yale y Columbia, entre otras universidades, y eventualmente obtendría el premio Nobel de literatura: Joseph Brodsky.

En una de sus clases, impartida en Mount Holyoke, Brodsky le compartió a sus alumnos una lista con los libros que, a su juicio, toda persona debería leer para, básicamente, poder mantener una conversación. Sobra decir que las expectativas de Brodsky ante sus potenciales interlocutores eran bastante altas. En todo caso este listado, además de ser una brújula digna de cualquier ávido lector, asegura una base de conocimiento o bagaje que sin duda enriquecerá la existencia de cualquiera. 

Entre los títulos que Brodsky menciona se incluye desde el Bhagavad Gita y el Mahabharata hasta Francis Bacon, Yeats, Pessoa, las sagas islandesas o El laberinto de la soledad de Octavio Paz. Compartimos las imágenes de esos apuntes y después la lista de títulos.

 

 

1.   Bhagavad Gita
2.   Mahabharata
3.   La epopeya de Gilgamesh
4.   Antiguo Testamento
5.   Homero: Ilíada, Odisea
6.   Herodoto: Nueve libros de Historia
7.   Sófocles: Tragedias
8.   Esquilo: Tragedias
9.   Eurípides: Tragedias (Hipólito, Las bacantes, Electra, Las fenicias)
10. Tucídides: La guerra del Peloponeso
11. Platón: Diálogos
12. Aristóteles: Poética, Física, Ética, Del alma
13. Poesía alejandrina
14. Lucrecio: De la naturaleza de las cosas
15. Plutarco: Vidas paralelas
16. Virgilio: Eneida, Bucólicas, Geórgicas
17. Tácito: Anales
18. Ovidio: Metamorfosis, Heroidas, Arte de amar
19. Nuevo Testamento
20. Suetonio: Vidas de los doce césares
21. Marco Aurelio: Meditaciones
22. Catulo: Poemas
23. Horacio: Poemas
24. Epícteto: Discursos
25. Aristófanes: Comedias
26. Claudio Eliano: Varia Historia, Sobre la naturaleza de los animales
27. Apolonio de Rodas: Argonáuticas
28. Miguel Psellos: Vidas de los emperadores de Bizancio
29. Edward Gibbon: Historia de la decadencia y caída del Imperio romano
30. Plotino: Enéadas
31. Eusebio: Historia de la Iglesia 
32. Boecio: Consolación de la filosofía
33. Plinio el Joven: Cartas
34. Poesía bizantina
35. Heráclito: Fragmentos
36. San Agustín: Confesiones
37. Tomás de Aquino: Suma Teológica
38. San Francisco de Asís: Florecillas 
39. Niccolò Machiavelli: El príncipe
40. Dante Alighieri: Comedia 
41. Franco Sacchetti: Trescientas novelas
42. Sagas islandesas
43. William Shakespeare (Antonio y Cleopatra, Hamlet, Macbeth, Enrique V)
44. François Rabelais
45. Francis Bacon
46. Lutero: Obras selectas
47. Calvino: La institución de la religión cristiana
48. Michel de Montaigne: Ensayos
49. Miguel de Cervantes: Don Quijote
50. René Descartes: Discursos
51. Canción de Rolando
52. Beowulf
53. Benvenuto Cellini
54. Henry Adams: La educación de Henry Adams
55. Thomas Hobbes: Leviatán
56. Blaise Pascal: Pensamientos
57. John Milton: Paraíso perdido
58. John Donne
59. Andrew Marvell
60. George Herbert
61. Richard Crashaw
62. Baruch Spinoza: Tratados
63. Stendhal: La cartuja de Parma, Rojo y negro, Vida de Henry Brulard
64. Jonathan Swift: Los viajes de Gulliver
65. Laurence Sterne: Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy
66. Choderlos de Laclos: Relaciones peligrosas
67.  Baron de Montesquieu: Cartas persas
68. John Locke: Segundo tratado sobre el gobierno civil 
69. Adam Smith: La riqueza de las naciones
70. Gottfried Wilhelm Leibniz: Discurso sobre la metafísica
71. David Hume: todo
72. The Federalist Papers
73. Immanuel Kant: Crítica de la razón pura
74. Søren Kierkegaard: Temor y temblor, O lo uno o lo otro, Migajas filosóficas 
75. Fiódor Dostoyevski: Memorias del subsuelo, Los demonios 
76. Alexis de Tocqueville: La democracia en América
77. Johann Wolfgang von Goethe: Fausto, Viaje a Italia
78. Astolphe-Louis-Léonor, Marqués de Custine: Rusia
79. Eric Auerbach: Mimesis
80. William H. Prescott: Historia de la conquista de México
81. Octavio Paz: El laberinto de la soledad
82. Sir Karl Popper: La lógica de la investigación científica, La sociedad abierta y sus enemigos
83. Elias Canetti: Masa y poder

 

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