*

X

El puente del corazón entre el sueño paradójico y el desincronizado: reflexión de la cinta “Cementerio de esplendor” (Apichatpong Weerasethakul, 2016)

Arte

Por: Psicanzuelo - 01/27/2017

Un relato lúcido sobre las conexiones entre estar dormido y estar despierto; por medio de la empatía humana se puede acceder a reinos ancestrales y mejorar la calidad de vida del lado de la naturaleza

Agraciadamente con su más reciente filme, Apichatpong Weerasethakul regresa a esa manera de hacer cine que había dejado después de filmar Síndromes y un siglo (2006), cuando optó por el espectáculo grandilocuente del que está construido El tío Boonemee que recuerda sus vidas pasadas (2010), curiosamente su más popular y exitosa cinta. Me parece que el cineasta tailandés finalmente encuentra un equilibrio entre su carrera de artista visual, para lo que también es genial, y la de cineasta purista y sencillo que no deja de recordar al maestro Ozu desde sus inicios. Con Blissfully Yours (2002) (que sería difícil de explicar en cuanto a trama, o quizás demasiado fácil: un picnic romántico en la selva a dos pistas; en una de ellas, una pareja joven de trabajadores y en otra dos personas de más edad) se trataban problemas de inmigración, identidad, y económicos de la clase trabajadora, pero nunca de forma directa; la cinta es un poema de sensaciones que acerca al hombre a la naturaleza, el sonar de un río, de las hojas de los arboles, aparentemente en tiempo real. Pero quizás esa sencillez viene de antes, del primer ejercicio fílmico del autor, que era una narración fantástica armada como juego de cadáver exquisito con distintos individuos miembros de distintas comunidades en el campo de Tailandia: Objeto misterioso al mediodía (2000). Esta cinta era un documental sobre la ficción/fantasía, sobre la capacidad de inventar, pues por medio de las historias contadas se va abriendo una explicación de lo que sucede con cada individuo. Es a este inicio a lo que se refiere bastante la nueva obra de Weerasethakul: inventar historias para curar pero concebir la trama para entender lo que hay detrás de lo que hacemos, para explicarnos de alguna forma la vida y poder ordenarla para después redirigirnos a donde en realidad debemos de ir. Pensar en el sistema de reencarnaciones que son tan familiares para los orientales religiosamente tiene mucho que ver con encontrar una lógica de vida que rebase nuestros sueños egoístas: mirar la gran película, el panorama general del espíritu.

En Cementerio de esplendor (Weerasethakul, 2015), Jen (Jenjira Pongpas) es voluntaria que cuida soldados dormidos que se alojan en una escuela fuera de uso por obras, semejando un pequeño hospital. En especial desarrolla una relación con Itt (Banlop Lomnoi), que cuando no está dormido es un buen compañero de pláticas y paseos. El trabajo de Jen es excepcional, logra no sólo comunicar los conflictos externos e internos del personaje sino que puede vivir lo que se dice en un nivel subcutáneo de la película, que más bien medita sobre las formas de control, sobre el laberinto de ilusiones en un sentido búdico del cual está construido el mundo tecnológico actual, sobre la soledad y el cambio de cuerpos que vive el alma. La actriz Jenjira Pongpas es un elemento necesario para el cine del autor tailandés; pareciera que es su álter ego, intentando proteger su creación y a sus habitantes.

El trabajo del director de fotografía mexicano Diego García (Toro de neón) es sobrio y preciso, no busca brillar ostentosamente y hace que la propuesta de Weerasethakul aterrice adecuadamente. Parece que se siguen las indicaciones que André Bazin hiciera a mediados del siglo pasado apoyándose en la obra de Orson Welles y Jean Renoir, entre otros: un cine objetivo en plano general que no dirigiera la mirada del espectador, brindándole una ansiada libertad en la pantalla (poder mirar adonde él quiera, sin obligarlo a mirar por un corte cerrado). La cámara del Cementerio de esplendor está fija, casi no se mueve, con planos largos de duración y encuadres que no buscan una formalidad estética sino que tratan de romper la película y que el espectador se pueda sumergir como un observador de una realidad distante, y quizás no tan distante, en esas tomas lejanas que no tienen una sola protección, ni siquiera en planos medios.

Resulta que debajo de los soldados dormitando hay un valle con príncipes y guerreros enterrados, donde alguna vez hubo una ciudad con palacios hace muchos siglos; parece ser que los soldados vuelven a darle energía a estos seres que se intentan manifestar en nuestro mundo. Weerasethakul hace la formula psíquica exacta y contrapone a una médium espiritual psíquica que puede entrar a los sueños de los soldados con un trabajo exploratorio físico de Jen; deambulando juntas pueden presenciar lo que se encuentra en otras dimensiones y a lo que de una u otra manera se puede acceder en el mundo físico por medio del corazón.

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

Por esto llamaron a William Mortensen el “Anticristo” de la fotografía

Arte

Por: pijamasurf - 01/27/2017

Este singular explorador regresó de las regiones más tétricas del alma humana con perturbadoras fotografías

Como en otras artes, en la historia de la fotografía también existe un capítulo que bien podría encontrarse en los anaqueles de lo prohibido y lo censurado. Una zona en la que se encuentran fotógrafos transgresores, problemáticos, heterodoxos, artistas que supieron encontrar lo sublime y lo bello no en lo luminoso, sino en la oscuridad; no en la jovialidad de la vida, sino en su decadencia; no en aquello que todos celebran, sino justamente ahí donde la mayoría opta por retirar la vista.

En ese territorio, pocos fotógrafos tan destacados como William Mortensen, un artista del lente a quien su colega Ansel Adams llegó a llamar “el Diablo” y “el Anticristo” de la fotografía, títulos en correspondencia con su sombría inclinación por motivos visuales fuera de la norma.

Mortensen desarrolló su obra entre 1930 y 1960, 3 décadas de labor en las que además de las características mencionadas se apegó al llamado “pictorialismo”, en el cual los recursos de la fotografía (enfoque, exposición, luminosidad, revelado, etc.) se explotaban lo más posible para lograr una “imagen dentro de la imagen” o, dicho de otro modo, una expresión más allá de la mera toma, todo esto con el añadido de una filosofía artística cercana al Romanticismo del siglo XIX.

Juana la Loca

 

La muerte de Hipatia

 

El pozo y el péndulo

["aquello que nos atemoriza nos atrae inevitablemente, y no podemos retirar la mirada de eso que nos aterroriza" –Mortensen]

 

L'Amour

 

Belphegor

[En demonología, Belphegor es uno de los siete príncipes del Infierno, el encargado de hacer que alguien descubra algo, seducido por las riquezas y el trabajo fácil; Mortensen cultivó un amplio interés por el ocultismo, al grado de que llegó a planear una enciclopedia de prácticas demoníacas y de brujería]

 

El hechicero

 

En Mortensen, las imágenes resultantes de esta forma de ejercer la fotografía conforman un álbum maldito, un recorrido tétrico por la deformidad, el crimen, la belleza mórbida, el sufrimiento y otras regiones intolerables e incluso odiosas, pero no por ello menos humanas.

 

El poseído

 

William Mortensen como Maquiavelo

 

William Mortensen, autorretrato

 

Venus y Vulcano

 

En Pijama Surf: La Universidad de Harvard ofrece gratis este curso en línea de fotografía

En Internet: Monsters and Madonnas: Looking at William Mortensen