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Antecedentes del multiverso en la cosmología hinduista

La ciencia moderna ha empleado la idea del multiverso (de los muchos mundos, de los universos paralelos) para intentar explicar el delicado balance que ha hecho posible la evolución del universo (fine-tuning, principio antrópico). Mucho antes la religión hinduista ya había concebido el multiverso como una forma de explicar y maravillarse de la infinitud divina.

En el Bhagavat Purana, un texto milenario que predica la devoción a Krishna, se hace mención en repetidas ocasiones del concepto de innumerables universos: "Existen innumerables universos además de éste, y aunque son de una magnitud ilimitada, se mueven como átomos en ti. Por ello se te conoce como ilimitado" (Bhagavata Purana 6.16.37).

En la que quizás sea la obra más querida de toda la literatura religiosa de la India, el Bhagavad Gita, parte de la gran épica del Mahabharata, también un existe un episodio en el cual se puede interpretar que se sostiene que existimos en un multiverso, el cual es el cuerpo multidimensional de la deidad. El físico Pankaj Joshi escribe

La idea de los universos paralelos perturba a muchos científicos, pero es completamente natural en las tradiciones de la India. En el Bhagavad Gita, Krishna ofrece un vislumbre de múltiples creaciones cósmicas y aniquilaciones a su discípulo Arjuna; diferentes universos están localizados en diferentes partes del cuerpo cósmico de Krishna. Y también textos jainistas elaboran sobre la noción de diferentes universos, o Lokas...

Joshi probablemente hace referencia a uno de los pasajes más psicodélicos en la historia de la literatura mundial. El capítulo 11 del Bhagavad Gita cuenta cómo Krishna, la suprema personalidad, instruye al guerrero Arjuna, a quien sirve como auriga en el campo de batalla, sobre los misterios más insondables del Ser. Arjuna le pide que se muestre en todo su esplendor, su forma divina o vishvarupa; pero Arjuna no puede soportar esta tremenda visión por lo cual Krishna lo eleva a su propio estado, prestándole su ojo divino, en lo que se conoce como el vishvarupa-yoga-darshana, algo así como el "yoga de la visión de la forma universal". En el cuerpo de Krishna, "como si cientos de miles de soles aparecieran simultáneamente en el cielo", Arjuna contempla el espectáculo de la creación y la disolución del universo --o de los universos. No queda muy claro si este famoso episodio implica la idea de una multiplicidad de universos: se habla de múltiples diferenciaciones dentro del cuerpo de Krishna, que contiene diferentes deidades, demonios, seres elementales hombres y demás criaturas --todo surgiendo entre bocas y ojos, rayos de luz y fuegos que todo lo consumen. "En ese momento Arjuna pudo ver en la forma universal del Señor [Krishna] las ilimitadas expansiones del universo situadas todas en un solo sitio, aunque divididas en miles de miles". Lo que sí es evidente --y está en todas partes, tanto en el janismo como en el budismo y en el hinduismo-- es que las religiones de la India conciben el universo como un eterno ciclo de manifestación y disolución. Que algunos hayan leído en estos versos la idea del multiverso puede entenderse también por algunas otros versos en el Bhagavad Gita. Por ejemplo, al final del capítulo 10 Krishna dice: "Conoce que todas las hermosas, magníficas y gloriosas creaciones brotan de apenas una chispa de mi esplendor... con un solo fragmento de mí mismo, genero y sustento todo este universo". Si este universo es sólo un fragmento de la deidad suprema, y sabemos que la deidad es creatividad no-dual ilimitada, necesariamente debe haber otros universos, perpetuamente manifestándose y disolviéndose, cada uno de ellos no más que una partícula de polvo flotando en la luz. 

Para concluir hay que mencionar que, más allá de que la mención del multiverso sea explícita o no en el Bhagavad Gita, la idea del multiverso y de la infinitud de la existencia y los mundos está en completa consonancia con las tres grandes religiones de la India y se podrían encontrar numerosos ejemplos para sustentar la hipótesis de que esta idea fue concebida ya hace miles de años. 

*Visualización del vishvarupa darshan

 

También en Pijama Surf: El Aleph en la boca de Krishna

 

Twitter del autor: @alepholo

Wetiko, el virus psicoespiritual que está infectando a toda la humanidad

AlterCultura

Por: pijamasurf - 01/22/2017

Los nativos americanos designan la enfermedad que padece la civilización occidental como wetiko, la manifestación maligna egoica que está destruyendo nuestro planeta

Hay un término que puede ser muy relevante para lo que estamos viviendo como civilización: wetiko. Este término es usado por los indígenas nativos americanos (wetiko para los algonquin, windigo para los ojibwa) para describir la forma de pensamiento que se desarrolla entre personas que practican el canibalismo, como si fuera el virus mental del canibalismo. Se dice que este patógeno engaña a su huésped y lo hace creer que obtener la fuerza vital de los demás (plantas, animales, personas, etc.) es una forma lógica y racional de existir. En otras palabras es el virus del egoísmo, o lo que Paul Levy ha llamado en su libro Dispelling Wetiko “egofrenia”, el egoísmo intrínsecamente como una enfermedad que impide reconocer la realidad de que vivimos en un mundo interdependiente, que toda la vida tiene el mismo valor intrínseco y que en realidad no existimos como egos separados.

En su libro Colombus and Other Cannibals, el historiador de la cultura nativo americana Jack D. Forbes describe la creencia común entre comunidades indígenas de que los conquistadores europeos estaban crónicamente infectados de wetiko. “Trágicamente, la historia del mundo en los últimos 2 mil años es, en gran medida, la historia de la epidemiología de la enfermedad del wetiko”, escribe Forbes. “El canibalismo es el consumo de la vida de otra persona para el beneficio propio”. Puede que actualmente el canibalismo no ocurra de manera literal —aunque se podría argumentar que alimentarnos de animales es una forma de canibalismo— pero ocurre masivamente en la forma en la que se ejecuta nuestro sistema económico. Miles de millones de personas viven entregando su jornada, toda su fuerza vital, persiguiendo una ilusión, una fantasía ajena, y en el proceso entregando su riqueza a unos pocos. Podemos ver un canibalismo en la voluntad de poder de conquistar el mundo y explotar la naturaleza; en el sobreconsumo y en la extracción de todos los recursos con el fin de obtener más ganancias personales (una especie de vampirismo también de la fuerza vital del planeta). Todo esto se hace en nombre de la civilización, un argumento colectivo que es la más crasa hipocresía. Cuando le preguntaron a Gandhi qué pensaba de la civilización occidental, contestó: “Creo que sería una buena idea”. Una buena idea que pese a algunos intentos no ha logrado materializarse. 

Al final de cuentas el egoísmo, o la egofrenia, es un canibalismo psíquico. Decimos que es una enfermedad espiritual o psicoespiritual porque centra toda la conciencia en una parte del cerebro e impide reconocer la profundidad de la mente (que no está constreñida sólo a un cuerpo, a la materia), es decir, se niega el aspecto espiritual del ser. “La civilización moderna padece un extremo dominio de los aspectos racionales e intelectuales de la mente, un desequilibrio que parece desconectarnos de la naturaleza, de la empatía y de nosotros mismos”, dice Levy.

Podemos creer que wetiko es sólo una forma, más o menos supersticiosa, de imaginar concretamente nuestro egoísmo. Pero es posible que aunque sea sólo una enfermedad mental pueda también contagiarse y replicarse en otras personas, como sugiere la teoría memética de Richard Dawkins. De cierta manera la información se comporta como un organismo vivo que busca perpetuarse, lo cual logra infectando a través de las ideas y el contenido mental (genes culturales) a otros organismos. Paul Levy sugiere que el wetiko opera como un virus mental que se esparce a través de nuestros puntos ciegos, de la mente subconsciente, y depende de nuestra propia ignorancia de lo que está sucediendo, es decir, de no ver que estamos siendo arrastrados por la importancia personal o la egofrenia. 

Levy compara el wetiko con el concepto de la Prisión de Hierro Negro del escritor Philip K. Dick. En sus visiones gnósticas Dick notó que “estamos en un tipo de prisión pero no lo sabemos”. Debemos darnos cuenta de que estamos encerrados en una cárcel y que existe una especie de simulación, generada por nuestra propia mente (infectada por un agente patógeno, “un falsificador del espíritu”), que se superpone a la realidad. “La Prisión de Hierro Negro es una vasta y compleja forma de vida que se protege a sí misma induciendo una alucinación negativa”.

La Prisión de Hierro Negro se replica creando a través de nosotros microextensiones de ella misma, “extendiendo su pensamiento androide (la uniformidad) cada vez más”. A lo que Levy agrega: "el pensamiento androide, esto es, pensamiento grupal robótico mecanicista (sin creatividad programada en su sistema) es una de las cualidades de la mente tomada por wetiko”. La enfermedad opera produciendo un sentido de aislamiento e independencia, de que estamos solos aquí adentro y el mundo allá afuera es salvaje y hostil. “Wetiko nos distrae explotando nuestra tendencia habitual inconsciente a ver la fuente de nuestros problemas como algo externo a nosotros”. Dick había escrito también que creer que existe una realidad objetiva separada de la mente que la observa sería “un terrible error intelectual”. Esto es importante porque esta creencia en un mundo objetivo es la raíz de nuestra separación —lo que sustenta un mundo dividido entre un sujeto y sus objetos— y es también el alimento que mantiene corriendo el programa del ego como una realidad absoluta.

Philip K. Dick escribió: “A veces me parece que el planeta está bajo un hechizo. Estamos dormidos o en un trance”. Dick creía que un demiurgo que había querido reemplazar la creación original divina había producido un mundo falso, una realidad espuria —pero lo había creado a través de nosotros. El demonio se había infiltrado en nuestra propia mente, al punto de hacernos pensar que es nuestra mente. (En este sentido puede ser útil recordar la visión del budismo tántrico de que los demonios son en realidad sólo las aflicciones de nuestra propia mente que se proyectan hacia afuera). 

Debido a que a final de cuentas el mundo es divino y perfecto, según Dick, el mismo demiurgo y su simulacro global —la Prisión de Hierro Negro o el mismo wetiko— son agentes de nuestra propia evolución, la enfermedad puede ser el detonador de un estadio de conciencia, de un reconocimiento de lo que es verdaderamente esencial en la vida. Se trata de descubrir que “hay un universo detrás del nuestro, oculto en su interior”. “El mundo no es sólo una falsificación, hay más: es una falsificación, pero debajo de ella yace otro mundo, y es ese otro mundo, ese mundo del Logos, que se filtra y rompe a través”. Dick dice que podemos acceder a ese mundo sin la necesidad de un sacerdote o intermediario. Para hacerlo debemos recordar (anamnesis) que nosotros no somos realmente egos en un cuerpo sino que nuestra naturaleza es la misma que la divinidad que hizo que se manifestara el universo en primer lugar, es decir que somos la totalidad. Es por ello que el camino —y Dick era un ferviente cristiano gnóstico— es liberarse de la importancia personal y no huir del sufrimiento consustancial del mundo, sino hacerlo sacrificio en la trascendencia del conocimiento de esta unidad divina. “Si es que existe la felicidad en el hombre, ésta viene de su renuncia voluntaria a su yo en favor de su participación en el destino de la unidad total”, escribió Dick. “El poder supremo de la compasión es el único poder capaz de resolver este laberinto”. Tenemos aquí una receta para escapar de la Prisión de Hierro Negro (de la Matrix) y al mismo tiempo curarnos de este virus llamado wetiko.

A fin de cuentas la noción de que somos egos o seres individuales separados del mundo es sólo un meme, quizás el meme más exitoso de la historia. Terence McKenna sugería que debíamos contrarrestar los efectos del egoísmo que estaba destruyendo el planeta esparciendo otros memes. En este sentido esparcir el meme de wetiko, es decir, hacer que nos demos cuenta de que padecemos esta enfermedad utilizando mecanismos de replicación de información, podría ser un poderoso remedio para tratar la psicosis colectiva que sufrimos.