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Una meditación de los Yoga-Upanishad que ha sido fundamental en las tradiciones del hatha-yoga y del tantra orientada a sintonizar el sonido divino en el cuerpo.

La filosofía védica de la India iguala la creación con el sonido. Shabda Brahman es el sonido del absoluto, sonido eterno que es inseparable de la manifestación del cosmos. Este término luego pasaría a llamarse Nada Brahman en las tradiciones yóguicas. El sonido es visto como la realidad suprema, es decir el Brahman y posteriormente en el tantrismo como la vibración (spanda) que produce la manifestación de la conciencia universal, la cual se despliega como el mundo; esto se representa como la energía coital de Shiva-Shakti, la pareja divina: el mundo sería la resonancia de su orgasmo, una cimática (erótica) divina. Esta noción del sonido como la energía creativa primordial ha sido denominada "una teología sónica" por Guy L. Beck en su libro Sonic Theology, un estudio sobre el sonido sagrado en la India, en el cual nos basamos para presentar una meditación, que, sin embargo, se encuentra extensamente en los Upanishads y luego con algunas variaciones en el Nath-Yoga y en el tantrismo.

Nada Brahman, según Guy Beck, es tanto "la fuente externa del sonido musical en el cosmos como su manifestación interna dentro del cuerpo humano, originándose en el chakra base del kundalini yoga y gradualmente revelándose como una 'cuerda simpática' de correspondencias". La etimología de Nada evoca una forma de "ignición interna", de encender la mecha de la divinidad en el cuerpo. La sílaba Na representa la fuerza vital (prana) y la sílaba Da representa el fuego (Agni), es de esta combinación que se produce la palabra (que en otras tradiciones como la cristiana está ligada también a la divinidad, el verbo es la encarnación del principio espiritual). Beck compara esto con la noción de los Upanishad de recitar Om como hacer fricción con un palo.  

Entre los Upanishad, los textos del bosque o textos de explicación esotérica que forman parte del Veda tardío, se encuentran los Yoga-Upanishads, una serie de textos que contienen resonancias de la filosofía del yoga de Patanjali y que posteriormente serían abrazados por los adeptos del Hatha-Yoga. Mircea Eliade dice que estos textos fueron compuestos "en un círculo yóguico especializado en 'audiciones místicas"' esto es "en obtener éxtasis a través de la concentración en sonidos". El objetivo final de este círculo de yoguis sónicos era "transformar todo el cosmos en una vasta teofanía sonora". Es decir sintonizar la creación cósmica, que era concebida como una sílaba divina en perpetua manifestación (como el sonido del océano del espacio). Para ello se utilizaban técnicas de asana, pranayama y otras más, como ocurre en el yoga clásico.

El Nadabindu Upanishad describe este proceso teosónico en una meditación:

El yogui debe siempre escuchar el sonido [nada] en el interior de su oído derecho. Este sonido cuando es practicando constantemente ahogara todo sonido [dhavani] del exterior... Si se persiste, el sonido será escuchado cada vez con más sutileza. Primero será cómo lo que produce el océano [jaladhi], luego la nube [jimuta], el timbal [bheri] y la cascada [nirjhara]... Un poco más tarde sonará como el tamboril [mardala], una gran campana [ghanta], y un tambor militar [kahala], y finalmente sonará como el repiqueteo de una campana pequeña [kinkini], la flauta de bambú [vamsha], el arpa [vina] y la abeja [brahmara].

El texto agrega que "Dejando todo pensamiento y libre de la acción, [uno] debe meditar solamente en el nada. Esa mente se mezcla completamente con el nada". La palabra sánscrita nada (que tiene una a larga y se pronuncia naada) no es la raíz de nuestra palabra nada pero podemos hacer un juego de palabras y sugerir que se medita en la nada, pero esa nada es entendida como el vacío de lo indiferenciado rebosante de creatividad, el mar de energía del cual emerge todo (la energía del punto cero de la física moderna), algo así como el sonido del silencio (el amor al silencio es el principio de toda práctica contemplativa). Uno medita en la propia vibración del ser, la cual emerge como la vibración misma del cosmos. 

Guy Beck glosa que "No sólo las acciones pasadas (karma) son anuladas por esta práctica sino que lleva directamente a la meta de toas las disciplinas religiosas". Según el mismo texto, "todas las religiones encuentran su sosiego en la nada de Pranavam [Om] en donde manifiesta el Brahman que no es otro más que el más íntimo atman [el sí mismo]". Estos significa que toda la panoplia de sonidos que escuchamos dirigiendo oído hacia el interior, los instrumentos, los fenómenos naturales y los animales de la descripción, el cosmos mismo, no es más que una forma de sintonizar nuestro propio sonido raíz que es el mismo del universo --Atman es Brahman, existe un único ser, según la filosofía que se deriva de los Upanishad. Y realmente el mar del espacio infinito reverbera en el caracol del nuestro oído.

En los elementos enlistados en la meditación hay una clara similitud con las con las descripciones del despertar de la energía divina kundalini, tanto en el tantra como en el yoga, donde habla de abejas, campanas, cascadas, arpas, flautas, etcétera (sonidos que van subiendo y volviéndose más sutiles conforme se avanza en la práctica del cuerpo energético o cuerpo imaginal). Una versión posterior de esta meditación, ya más sofisticada dentro del sistema del yoga, lleva la atención hacia los diferentes chakras donde sintoniza un cierto sonido asociado a cada centro energético. Esta meditación es común incluso al budismo tántrico (con las sílabas: LAM VAM RAM YAM HAM OM, bija mantras). El sonido va destrabando los chakras y desbloqueando los canales energéticos (nadis). El Hatha-Yoga Pradipika, por ejemplo, asocia la apertura del chakra del corazón (anahata) con el repiqueteo de campanas. La apertura del "nudo de Vishnu" en la garganta con el sonido de un timbal, un tamboril en el entrecejo que perfora el nudo Rudra-Granthi (el último nudo que separa de la conciencia absoluta) y de ahí emerge el "sonido perfecto" similar a una flauta. 

Gorkahnath, el gran iniciado del Nath-Yoga (la secta mística de la que se deriva el hatha-yoga), sugiere que en las etapas iniciales se tapen los oídos con los dedos índices, para primero detectar el sonido interno ("un dhum-dhum"). Este sonido poco a poco "tomará la forma monótona de Om. Su mente se llenará luego de dicha extática y no querrá atender a los sonidos externos .

Una versión moderna, descrita en la grabación Nada Yoga Mediation de Usharbudh Arya, instruye a cerrar los oídos con los pulgares y recitar Om tres veces. Después de la primera vez se se detiene para escuchar la reverberación en el cráneo; la segunda se detiene para escuchar la reverberación subiendo de la espina dorsal al cráneo; la tercera vez se remueven los dedos de los oídos y se escucha la misma reverberación. 

Twitter del autor: @alepholo

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La luz es la gran legisladora del mundo y en el curso del Sol están los patrones y ritmos para llevar una buena vida

Manly P. Hall, pese a no tener una formación académica, fue sin duda uno de los grandes expertos del siglo XX en las religiones antiguas y en los misterios iniciáticos de Occidente y Oriente, de aquello que llamó las tradiciones de la sabiduría (Wisdom Traditions). En sus estudios de las "enseñanzas secretas" de la masonería, el rosacrucianismo, la alquimia, el cristianismo, el hinduismo, el orfismo o de los misterios egipcios, entre otros, Hall encontró la reiteración del culto solar, una astroteología en la que el Sol y la luz son símbolos de la verdad y la vida. El Sol es la manifestación visible de un poder invisible todo-abarcante que es la vida como unidad indivisible.

Hall celebraba todas las semanas charlas en la Philosophical Research Society de Los Ángeles (la cual es hoy en día una universidad). En una de esas sesiones abordó el tema del solsticio de invierno, pero, como le caracterizaba, esta charla se convierte en una profunda discusión sobre la naturaleza de la luz, el simbolismo del Sol y la vida en general. 

El Sol encarna uno de los grandes arquetipos, el gran héroe de las mil máscaras cuyo curso por el cielo se representa en las vicisitudes de los hombres de manera analógica. Dice Hall:

No ha habido ningún pueblo que no haya atravesado algún tipo de de fase de simbolismo solar en su filosofía, ciencia y teología, el Sol ha dominado todas las artes, ha estado involucrado en todas las teorías de armonía musical [recordemos que Pitágoras, según la tradición es el hijo de Apolo, el dios de la métrica y de la luz]. Encontramos registros de esto en todas partes porque el Sol  [y particularmente sus equinoccios y solsticios], representa la restauración anual de la vida, símbolo de la gran resurrección de todas las cosas existentes, la gran redención, la elevación de toda la vida de la oscuridad a la luz.

El solsticio de invierno es la noche más larga del año y por un momento el Sol parece detenerse en el cielo, para luego revirar su curso (la palabra solsticio significa "sol quieto"). Dice Hall:

En el solsticio los antiguos se preparaban para el futuro... veían las piedras de Stonehenge o las sombras de las pirámides para detectar el momento sagrado, el instante divino en el que la vida regresaba al mundo. Aunque era obvio que la vida no se iba del todo, ya que todas las cosas se habrían disuelto en la gran noche del Kali Yuga --solamente disminuía, y en esta disminución dejaba problemas sin resolver, pero a la vez se volvía una gran fuerza moral; algo pasaba que los antiguos sabían: la oscuridad es nuestro desafío, es en nuestros propios corazones y almas que debemos transformar la noche en el día eterno. Cuando hacemos esto vivimos en la luz de la realidad para siempre... Todo esto pasaba por las mentes primitivas, solemnes y humildes que dependían de un poder divino, que no creían poder ser autosuficientes.

Estos pueblos, algunos de los cuales establecieron complejas civilizaciones, pero que se regían por lo que ha sido llamada una religión natural, se sabían parte de una red de interdependencia y creían que su ser estaba en el espíritu del mundo, en el Sol, en el cosmos, en la divinidad. Prosigue Hall:

La adoración de la naturaleza es la adoración de las realidades de las cosas con una humildad comprometida por aprender las lecciones de la luz y la vida, de que, con el tiempo, nos convirtamos en honrados sirvientes de esta Casa de la Refulgencia. Todas las religiones han tenido dioses de la luz y estos dioses de la luz son dioses del amor. Son deidades que protegen, preservan, elevan y redimen toda forma de vida en la naturaleza. 

Y dentro de esta luz tenemos todas las leyes de la vida, y las leyes de la vida son los mandamientos, los métodos, los principios a través de los cuales la vida logra la perfección.

[...] Todo lo bueno de la tierra viene de una sola cosa, que es la vida en sí misma. El Sol antiguamente era entendido como sinónimo de la vida, era el gran símbolo de la vida y estaba él mismo vivo. Porque estaba vivo, podía dar vida, podía propagar vida, podía restaurar y revivir la vida de las cosas que estaban fallando o se estaban apagando. Esta vida era la propiedad común de todos nosotros, el gran regalo, la insuperable magnificencia de la que todos dependíamos, desde el más pequeño átomo a la más grande estrella, la luz es un símbolo de la presencia de la vida

Esta vida que conocemos brillando eternamente ha sido distribuida como la fuente de la vida individual, luz individual. Y así también la luz como la vida penetra en nuestro interior; el gran núcleo de luz-vida en nosotros es el corazón. El corazón es donde eternamente late el tambor de los dioses. Es aquí donde late el tambor de Shiva, según los sabios de la India, el sonido que emana el pulso que sostiene la vida. En todos lados encontramos símbolos, y en donde hay símbolos encontramos la historia del Sol Victorioso, la misteriosa luz universal que iluminó el ser de todas las cosas, y esta luz y este poder es la vida de los hombres. Es la vida de toda la creación, distribuida a través de las hojas de pasto, atravesando toda forma en el vasto árbol de la vida; por ello, en el análisis final, toda la vida es una sola vida, y esa vida es la eterna Luz-Vida en sí misma, el poder de la divinidad en toda la creación.

Manly P. Hall vincula el solsticio con la Navidad, algo que al parecer también hicieron los romanos, sustituyendo las fiestas de dioses de la luz que celebraban alrededor de estas fechas (las Saturnales, las fiestas de Mitra, etc.) con la Natividad de Jesús. Según Hall, el espíritu del solsticio también es la generosidad, el compartir la luz y la sabiduría y en esto podemos conectarlo con la Navidad y hacer un virtuoso sincretismo de estas dos fechas que se unen en la profundidad.

 

Twitter del autor: @alepholo