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Amigos de verdad, ahorros, tranquilidad de vida: consecuencias de 2 años sin beber alcohol ni café

Salud

Por: pijamasurf - 01/09/2017

Tobias van Schneider decidió dejar el alcohol y mantuvo su voluntad a lo largo de los últimos 2 años, con efectos imprevistos sobre su vida

De una u otra forma, todos sabemos qué significa estar bien. Cada cual a su propia manera, eso es cierto, pues mientras que para unos puede significar ejercitarse y comer bien, otros quizá encuentren bienestar en la posibilidad de viajar, proveer satisfacción a otros y quizá incluso hay quienes creen encontrarlo en las posesiones materiales.

Con todo, en ese espectro tan amplio es posible hallar algunas constantes o, mejor dicho, una sola sin la cual es imposible disfrutar lo que sea que soñemos, deseemos o tengamos: la salud, una condición que sin duda es necesario entender de forma amplia y, más importante aún, liberada de las imposiciones sociales con que a veces la concebimos. La salud involucra al cuerpo y la mente, pero también nuestros hábitos cotidianos, las decisiones que tomamos con respecto a nuestra vida, la toma de conciencia de aquello que –a veces sin darnos cuenta– dirige lo que hacemos, y más.

En este sentido, ahora reseñamos el caso de Tobias van Schneider, un hombre que eliminó dos bebidas de su dieta diaria durante 2 años, las dos sumamente comunes en la vida de prácticamente todo el mundo: el alcohol y el café. A grandes rasgos, su experiencia se resume en estos cuatro descubrimientos que enlistamos a continuación.

 

Ahorro de dinero

Todos sabemos que beber alcohol cuesta, a veces incluso más de lo que quisiéramos. En términos estrictamente monetarios, el alcohol es una bebida un poco más cara que otras y que además casi siempre tiene acompañantes: mezcladores, cigarros, botanas, cenas, personas con quienes se bebe, etc. Al dejar de beber alcohol, Van Schneider ahorró un promedio de mil dólares por mes.

 

Ahorro de situaciones sociales innecesarias

¿Cuántas de tus relaciones están basadas en salir a beber? ¿Cuánto de tu tiempo lo has dedicado a una fiesta en la que quizá ya no querías estar pero te quedaste sólo por seguir bebiendo? Dejar de beber también llevó a Van Schneider a respuestas interesantes respecto a estas preguntas.

 

Mejora de la calidad de sueño

Tanto el café como el alcohol alteran nuestra calidad de sueño. El alcohol quizá ayude a dormir a algunos, pero no de la mejor manera. Y esto es un efecto puramente fisiológico que se agudiza con la edad.

 

Menos pánico, menos estrés

Este punto Van Schneider lo limita al consumo de café. En su caso, la cafeína le altera los nervios, pero también reconoce que esto no le pasa a todas las personas. De cualquier modo, es sabido que muchas de las situaciones que involucran alcohol también pueden tener como consecuencia tensión, incomodidad, angustia. Hay personas que han encontrado en el alcohol la única forma de manifestar algo que en su vida en sobriedad ocultan, lo cual tampoco es la forma más saludable de hacerlo emerger.

 

El testimonio de Van Schneider es más bien sencillo y, podríamos decir, pragmático, pero entre líneas es posible ver cómo, social y subjetivamente, el alcohol puede convertirse en el sucedáneo de aquello que de verdad queremos hacer pero sentimos que no podemos: ahorrar dinero, estar con alguien cuya compañía disfrutamos auténticamente, tener salud, vivir con tranquilidad. En pocas palabras, llevar la vida propia a un punto y estado que nos satisfagan plenamente. Y quizá no baste con dejar el alcohol o quizá esta no sea la solución para todos pero, indudablemente, es importante reflexionar sobre las decisiones que tomamos todos los días y que nos alejan o nos acercan a esa plenitud.

Tus palabras pueden predecir el futuro de tu salud mental

Salud

Por: PijamaSurf - 01/09/2017

La capacidad del ser humano de identificar sus pensamientos como propios es relativamente reciente

La capacidad del ser humano de identificar sus pensamientos como propios es relativamente reciente. De acuerdo con algunas teorías, hace más de 3 mil años las personas percibían lo que pensaban como una voz ajena que hablaba dentro de su cabeza --quizás de algún dios o de una musa que se manifestaba-- hasta que se dieron cuenta de que se trataba de una construcción de su propia mente.

¿Cómo podríamos determinar en qué períodos de nuestra historia empezamos a ser conscientes de nuestros pensamientos? Y sobre todo, ¿cómo encontrar el surgimiento de un concepto que nunca se mencionó? El neurocientífico Mariano Sigman explica en TED talks cómo analizó los “fósiles del pensamiento humano”, es decir, las palabras. Para ello diseñó un algoritmo que mide las jerarquías y las relaciones de significado de las palabras en los libros más antiguos de nuestra cultura, tanto de la Antigua Grecia como de la tradición judeocristiana, para posteriormente analizar cómo se refleja la noción de introspección, es decir, la habilidad de pensar acerca de nuestros propios pensamientos.

Los resultados son fascinantes, ya que permiten no sólo observar desde un punto de vista objetivo y cuantitativo cómo se desarrolló la noción de introspección sino que además, esta metodología tiene una aplicación clínica, pues es posible diseñar algoritmos que reflejen el estado mental de personas con riesgo de desarrollar esquizofrenia y otras enfermedades.

Como menciona el doctor Sigman, la intuición nos ayuda a saber cuando algo no anda bien con la salud mental de alguna persona a través de lo que ésta dice o escribe; sin embargo, la aplicación de estos algoritmos permite un análisis preciso que hasta ahora la medicina no puede ofrecer para obtener un diagnóstico o un pronóstico.

Mariano Sigman, que obtuvo una maestría en física en la Universidad de Buenos Aires y un doctorado en neurociencia en la Universidad Rockefeller, se dedica actualmente a investigar cómo la corteza cerebral se organiza para reunir la información del mundo visual a partir de grandes cambios culturales, como la lectura. También se interesa en predecir cómo se desarrollará la conciencia humana en el futuro.

A continuación puedes mirar la conferencia del doctor Sigman: