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Si crees que drogarte puede hacerte más creativo, debes leer estas palabras del pintor Juan Soriano

Arte

Por: Pijamasurf - 12/17/2016

"De joven yo era muy tremendo, me embriagaba en cualquier fiesta, cantina o cabaret. Pero un día tuve conciencia de que si quiero ser pintor no puedo emborracharme ni padecer crudas"

A menudo se crean ideas románticas y bohemias de los artistas y se piensa que parte de su poder creativo viene de su experimentación con sustancias como el alcohol u otras drogas psicoactivas. Lo cierto es que la mayoría de las veces los artistas logran producir una obra a pesar de sus vicios y no gracias a ellos, aunque pueda haber excepciones en las que una sustancia psicoactiva forma una alianza fructífera con alguna persona (pero, lo que es seguro, es que ello no dura mucho). La realidad es que los artistas son casi siempre mejores cuando están sanos y sobrios.

En este sentido vale la pena escuchar las palabras de Juan Soriano, quien no sólo fue uno de los pintores más importantes de México en el siglo XX sino que fue amigo de los grandes artistas e intelectuales de su época, incluyendo a Paz, Rulfo y Arreola.

En una entrevista publicada en La Jornada, Soriano advierte: "Pero para ser lo que uno quiere (periodista, pintor, cantante...) se necesita una dedicación tremenda. Podemos tener un golpe de suerte, pero eso no dura". Y hace énfasis en el trabajo y en el cultivo de la mente. Para crear hay que leer y poner en práctica el conocimiento con pasión, no drogarse o irse de fiesta, sugiere Soriano.

De joven yo era muy tremendo, me embriagaba en cualquier fiesta, cantina o cabaret. Pero un día tuve conciencia de que si quiero ser pintor no puedo emborracharme ni padecer crudas. Me ponía muy tembloroso y angustiado por las tonterías que hacía de borracho la noche anterior. Entonces dejé de tomar. Aproveché el tiempo para leer muchos libros. Si no entendía algo, iba con un amigo más enterado que yo y le preguntaba sobre mis dudas. Como sólo cursé la escuela primaria, tuve que saber todo a través de los libros que me prestaban mis amigos. Me gustaba el tiempo para aprender, porque ignoraba infinidad de cosas: la historia de México, de Europa, de la pintura y el arte... Hay la necesidad en el hombre de escribir novelas, pintar cuadros de forma libre o imperativa. No todo es fiesta. Hay que dedicarse al oficio por completo. Si uno tira el tiempo a la borda, no lo recupera jamás. Si uno pasa toda su vida con el alcohol, el hachís, la coca y haciendo el sexo obsesivamente, pues está fregado. Es muy difícil amanecer crudo, porque te metes en un desastre físico, horrendo. Tuve la suerte de no seguir por este camino fácil. El arte fue mi salvamento. Me gustaba tanto levantarme cada mañana para pintar y estudiar, con la obsesión de querer dominar algún elemento del oficio; ir a ver cómo trabajaban los otros pintores, cómo manejaban sabiamente la materia. El que no sabe historia del arte se limita; ve una pintura sin conocer su significado; sólo alcanza a decir ¡qué bonito! o ¡qué feo! Un cuadro tiene que descifrarse. Mientras más signos e imágenes veamos, más cosas encontraremos. El artista realiza un orden de los elementos bien justificados sobre el lienzo; hay que leer ese orden siguiendo los objetos simbólicos que lo conforman.

"Esto es un insulto a la vida": Miyazaki sobre la animación hecha con inteligencia artificial (VIDEO)

Arte

Por: pijamasurf - 12/17/2016

Con lucidez, Hayao Miyazaki da el argumento definitivo de por qué la creatividad auténtica nunca podrá ser replicada por una máquina

Hayao Miyazaki es sin duda una de las pocas personas de nuestro tiempo cuya fama mundial es fruto de su propio trabajo, de la dedicación con que lo realiza y cabría decir que incluso del amor con que lo ha sostenido durante estas décadas.

En buena medida esto se debe a que Miyazaki pertenece, por así decirlo, a otro “espíritu de la época”, uno en el cual se sabía y se aceptaba que toma tiempo hacer cosas de valor y que, por otro lado, este mismo es indisociable del esfuerzo con que se hace, la experiencia, la curiosidad, el deseo, el interés por hacerlo mejor y otros factores que, por alguna razón, ahora no se toman mucho en cuenta.

¿Qué explica este cambio de paradigma? A juzgar por lo que se mira en este video que compartimos, la irrupción de la tecnología digital tiene mucho que decir al respecto. Si nos limitamos únicamente al ámbito de la animación, es más o menos evidente que no es lo mismo dibujar a mano que tener el dibujo de una máquina que fue programada para realizarlo. Quizá el resultado final parezca similar y quizá incluso el de la máquina sea más admirable, pero las implicaciones de uno y otro proceso son enteramente distintas. El ser humano puede innovar, equivocarse, seguir su intuición mientras dibuja, tener una idea espontánea respecto de su trabajo, pero la máquina…

En el video (que comenzó a circular en Internet desde hace unos días), un grupo de tres estudiantes presenta a Miyazaki y a un productor de los Estudios Ghibli una animación hecha por una inteligencia artificial, en la cual un cuerpo sanguinolento se arrastra por el suelo. “Este movimiento es muy aterrador, y podría usarse en videojuegos de zombis”, dice uno de los estudiantes.

La respuesta de Miyazaki, sin embargo, es poco alentadora. La traducimos aquí, íntegra:

Bueno… Todas las mañanas, no ahora, pero veía a un amigo que tenía una discapacidad… para él era tan difícil incluso nada más que chocar las manos: los músculos de sus brazos estaban muy entumecidos como para alcanzar mi mano. Ahora, si pienso en él, no puedo ver esto y encontrarlo interesante. Quienquiera que haya creado esto no tiene idea de qué es el dolor o cualquier otra cosa. Estoy absolutamente disgustado. Si de verdad quieren hacer cosas horripilantes, pueden seguir y hacerlas. Yo quisiera nunca incorporar esta tecnología a mi trabajo. Siento decididamente que esto es un insulto a la vida.

Después de esto, el productor que acompaña a Miyazaki pregunta a los estudiante por el objetivo de su labor. Uno de ellos responde que quieren “construir una máquina que dibuje imágenes como los seres humanos lo hacen”.

Y es quizá en ese contraste –entre el comentario preciso aunque demoledor de Miyazaki y la respuesta tontamente ingenua del estudiante– donde se adivina la distancia que separa a ambas épocas: una donde se concibe a la creatividad como un trabajo esencialmente vital (es decir, lleno de vida, en todos los sentidos y aspectos posibles), y otra en donde eso mismo es tan poco valioso que se cree admisible entregar su producción a una máquina, como cualquier otra mercancía.