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¿Por todos lados te felicitan y te desean lo mejor? Estas variantes te ayudarán a responder sin sonar repetitivo

Sociedad

Por: pijamasurf - 12/28/2016

La expresión no cesa: atrévete a experimentar con toda su gama de posibilidades

Como sabemos bien, en esta temporada abundan los “buenos deseos”. En casi cada encuentro que tenemos las personas se despiden de nosotros con una felicitación, un abrazo, una manifestación explícita de que el año que comienza traiga lo mejor para nosotros.

Hasta cierto punto, esto puede ser causa de una ligera incomodidad, pues la multiplicación de estas situaciones nos deja sin respuestas originales o que al menos no nos hagan parecer repetitivos.

A continuación compartimos tres variantes, un tanto extravagantes, para corresponder a las felicitaciones de los demás con algo más que una fórmula de cortesía.

 

La variante del lenguaje corporal: No digas nada: da rienda suelta a tu expresión corporal.

A veces las fórmulas de cortesía son un obstáculo para expresar lo que de verdad sentimos. Si es el caso, deja que tu cuerpo se encargue de la respuesta: una mirada, un abrazo, una sonrisa, un gesto de aprobación o de sorpresa. Usualmente el cuerpo no miente, así que quién sabe, quizá incluso puede ser más sincero que tú.

 

La variante enigmática: “Lo que yo le deseo a usted es menos de la mitad de todo lo que yo querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo usted merece”.

Una respuesta inspirada en una línea de J. R. R. Tolkien, el famoso autor de El hobbit y El señor de los anillos. Es al inicio de esta última cuando uno de los personajes principales, Bilbo Baggins, pronuncia un discurso que en cierto momento deja confundidos a los invitados a su fiesta de cumpleaños. Sin duda la persona que te desee lo mejor quedará igualmente preguntándose qué le deseas en realidad.

 

La variante nihilista: “Gracias, aunque nada comienza ni termina realmente”.

Esta puede no ser una respuesta educada (de acuerdo con el protocolo social esperado), pero al menos desde un punto de vista filosófico y hasta un tanto científico, es sincera, en la medida en que el tiempo es una invención del ser humano, una ilusión colectiva necesaria para dar marco a la realidad en los límites de nuestra percepción.

 

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Estas 4 expresiones demuestran que las palabras más sencillas son a veces las más elocuentes

Sociedad

Por: pijamasurf - 12/28/2016

Los detalles más mínimos son a veces los más memorables, y estas palabras así parecen demostrarlo

El lenguaje es como una constelación. A la distancia lo vemos como un todo, un universo autosuficiente y que no precisa más que de sí para continuar existiendo. Sin embargo, al igual que sucede con la exploración astronómica, conforme nos acercamos a esa totalidad, descubrimos detalles que antes escapaban a nuestra vista. Vemos sistemas organizados en torno a estrellas específicas, planetas de órbitas insomnes, astros moribundos y otros apenas nacientes. El lenguaje es un poco así: palabras que hacen girar a otras a su alrededor, palabras llenas de luz, palabras que incluso los exploradores han olvidado… Y entre éstas, palabras sencillas que, inesperadamente, son tanto o más expresivas que aquellas que podríamos calificar de grandilocuentes.

A continuación, en un ejercicio que algo tiene de taxonomía, compartimos cuatro expresiones que a pesar de ser algunas de las más sencillas en español, dicen mucho más de lo que esperaríamos.

Te invitamos a conocerlas y a agregar otras que conozcas en la sección de comentarios de esta nota.

 

Esta palabra puede parecer muy simple, pero en la vida no es del todo sencillo aprender a usarla. Algunos dicen Sí a todo, aun cuando quizá debieran utilizarla con mayor conciencia. Otros, en cambio, suelen vivir instalados en el No, en la resistencia al flujo natural de la vida: decimos No a una separación, al dolor, al sufrimiento, y a veces incluso a la felicidad, al placer y al amor. En Walking Life, la película de Richard Linklater (2001), uno de los personajes sostiene esta hipótesis sobre las implicaciones de decir Sí a la vida:

"De hecho, sólo existe un instante, y es este, y es la eternidad. Es el instante en el cual Dios plantea una pregunta, que es, básicamente, ‘¿Quieres, ya sabes, ser uno con la eternidad? ¿Quieres estar en el cielo?’. Y todos respondemos: ‘No, gracias. No ahora’. De tal modo que el tiempo es ese constante decir ‘No’ a la invitación divina. Quiero decir, eso es el tiempo. Es decir, no hay más en el 50 a. C. que en el 2001. Sólo está este instante, y es ahí donde siempre estamos". Y después ella me dijo que, de hecho, esa es la narrativa de vida de todas las personas. Que, ya sabes, más allá de las diferencias fenoménicas, no hay sino una historia, y esa es la historia de pasar del ‘No’ al ‘Sí’. Toda lo vida es un ‘No, gracias; no, gracias; no, gracias’, hasta que finalmente es un ‘Sí, me rindo. Sí, acepto. Sí, lo abrazo’. Ese es el viaje.

 

Gracias

Esta es probablemente una de las palabras más sencillas de todos los idiomas y también una de muchos efectos en nuestra vida diaria. El agradecimiento es el terreno donde la compasión echa sus raíces, pues dar las gracias es, en buena medida, dar el lugar que le corresponde a todo lo que recibimos cada día, tomándolo de donde viene y colocándolo en el lugar de nuestra vida que mejor le sienta.

 

Cuídate

No son muchos los idiomas actuales en los que se use este imperativo como fórmula de despedida. Pasa en el español de México y de algunos otros países latinoamericanos, también en el inglés de Estados Unidos. Pero más allá de la singularidad, esta partícula verbal es sumamente elocuente, pues es como una síntesis de la importancia que ciertas personas tienen en nuestra vida, una especie de deseo que algo tiene de conjuro mágico para invocar la protección y el cuidado para aquellos a quienes más queremos.

 

¿Me escuchas?

Esta pregunta puede sonar un tanto trivial, e incluso puede ser que en nuestra vida la usemos a cada tanto, por ejemplo, cuando hablamos por teléfono y por un momento creemos que la otra persona al otro lado nos ha perdido, o nosotros mismos caemos en un silencio perturbador. Su significado, sin embargo, es profundo, pues, paradójicamente, escuchar es una de las habilidades menos comunes de nuestro tiempo, tan caracterizado por las comunicaciones. Escuchar a una persona es alcanzar a distinguir el lugar desde el cual nos está hablando, su posición como amigo, padre, pareja, compañero de trabajo, vecino, etc.; la historia que lo llevó al momento en que coincidimos con ella, sus posibilidades y limitaciones. Cuando escuchamos de verdad salimos del encierro de nuestro Yo para compartir un instante con el Otro.

 

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