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Los dos senderos de la neurosis: reflexión sobre la cinta ‘Cosmos’ (Andrzej Zulawski, 2016)

Arte

Por: Psicanzuelo - 12/22/2016

Se analiza la cinta ‘Cosmos’ bajo la lupa de algunos conceptos sobre el amor del renombrado neurólogo y psiquiatra Viktor Frankl

Cosmos es la ultima película que filmara el iconoclasta cineasta Andrzej Zulawski antes de morir, a quien se le denominaba cineasta histérico por el contenido de sus escenas hiperalteradas, con una mujer al volante de las situaciones dramáticas.

El cine de Zulawski resultaba antes que nada fresco en el contexto del cine polaco que estaba obsesionado por cuestiones políticas y sociales después de la guerra. Es un integrante particular de lo denominado como nuevo cine polaco, que encabezaba Andrzej Wajda (1926-2016) que también murió este año, como Zulawski. Admiramos en Cosmos muchas referencias a su propio cine como si se tratará de una after party, con sus frenéticas cámaras  en movimiento que en montaje resultan excitantes y los constantes espasmos en los rostros de los comediantes.

En el primer acto, como gancho inicial, mientras acompañamos al protagonista, Witold (Jonathan Genet), un estudiante de leyes, mientras camina por el bosque para encontrar un pequeño pájaro ahorcado por un delgado hilo entre los troncos.

El salvaje e intenso intelectual Witold, que es forzado por su padre para ser abogado, intenta estudiar recientemente alojado en una casa de huéspedes. Otro huésped llega a habitar otra habitación al mismo tiempo, Fuchs (Johan Libéreau), con tinte en el cabello que recuerda la obra temprana del director (en especial Lo importante es amar). La casera es Madame Woytis (Sabine Azéma), que no deja de recordar de maneras distintas la obra tardía de Alain Resnais. Zulawski aprovecha las direcciones que el maestro Resnais practicaba con la actriz, en un cine de referencias absurdas, para lograr una especie de coro griego cubista, que va marcando el timing de la obra. En la casa de huéspedes, ante los misteriosos ahorcamientos de animales, primero un gorrión, luego un pollo y más tarde el gato de la misma señora. El esposo de la señora siempre comiendo rábanos con yogur, en la mesa de cena donde se dan las platicas más amenas en cuanto a las costumbres locales. Donde Witold puede admirar a la hija de la pareja, la buñueliana Lena (Victoria Guerra), carnalidad etérea, con quien desarrolla un lazo particular.

Witold, en lugar de estudiar para sus exámenes de leyes, no deja de escribir todas esas frases que se le ocurren, al mismo tiempo que se las vocifera a su nuevo amigo, Fuchs, cuya sexualidad es muy ambigua, siendo Pasolini el único cineasta que cita. Witold había escrito una novela antes que sus padres no entendieron, o no quisieron entender, que además se oponen a su carrera de escritor. Ahora Witold intenta escribir el guión de una película que podría rodar Max Ophüls, dice, y que está lleno de las huellas de Stendhal, Sartre, Dostoyevski, etcétera…

Es en esta parte donde la filosofía clínica de Viktor Frankl puede ser útil para desmarañar el enredo de la personalidad de Witold, quien desarrolla distintos lazos con las dos mujeres de la casa. Dos personajes misteriosos porque son dos caras de una moneda, la bella hija de los dueños de la casa y la encantadora recamarera con labio leporino, las dos obsesionan al joven  por distintas razones. A una la cela y a la otra le teme, con las dos conecta en su imaginación desbordante entre sueño y vigilia, pero son promesas de mundos distintos.

Viktor Frankl dice:

Por donde el auténtico amor se mantiene como una relación espiritual con lo que hay de espiritual en el ser amado, como el hecho de percatarse de la existencia de un tú en su ser –así y no-de-otro-modo, a salvo de aquella temporalidad que pesa sobre los simples estados de sexualidad corporal o de erotismo anímico.

Y así parece que piensa Zulawski cuando pone a su protagonista entre los dos senderos, la atracción desmedida que brota de los impulsos ante Lena y la profundidad reveladora en la mirada de Catherette/Ginette (Clementine Pons). En Catherette mira su alma reflejada, esa alma que reconoce dentro del alma de la amada, y sus actos de violencia al reino animal.    

Sigue Frankl:

Quien se halla fijado a la erótica, exagerando su valor, suele empujar aquella “puerta hacia la dicha” de la que ya sabemos por Kirkegaard que se abre hacia fuera,  y por lo mismo queda cerrada para el hombre ansioso. Quien se halle, por otra parte, fijado a la vida amorosa en un sentido negativo, restándole toda importancia y procurando, así, encajar la pérdida de lo que no alcanzó y llegó a considerar, equivocadamente, como inasequible, también se cerrará por sí mismo el camino hacia la dicha en el amor.

Esa es la neurosis de este personaje conformado por dos personajes, dos personas, Witold versus Fuchs, cada uno es una de estas posturas, que llevan irremediablemente a buscar a Catherette o a Lena en un acto fatídico final. 

El artificio de la película es revelado en varias ocasiones, confundiendo a la audiencia que no sabe si lo que está viendo es parte de la trama, un error de tono, parte imaginaria de alguno de los personajes, pero es simplemente revelar la película que está debajo de cada escena, el esfuerzo por pensar qué es lo que vale de la vida. En la juventud podemos observar varias opciones que tiene el individuo, pero hay un destino, una actitud, decisiones varias, que dan como resultado una realidad. La realidad como el poema que necesita al poeta para poder ser admirada y no tomada como algo que existe por si misma. Vemos la playa, el bosque, la casa en sus distintos cuartos, pero el poeta nombra todo, le da un sentido, carga las cosas de significado.

 

Bibliografía

Frankl, V. E. Psicoanálisis y existencialismo (de la psicoterapia a la logoterapia).

 

Twitter del autor: @psicanzuelo

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