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El arte de la adivinación por medio de anos (que inventó Jodorowsky)

AlterCultura

Por: pijamasurf - 12/19/2016

Entre una broma metafísica y una mancha escatológica, la lectura de anos para conocer el futuro fue inventada por Alejandro Jodorowsky

La inquietud del ser humano por conocer su futuro y por acceder a información que parece estar más allá de la percepción y razonamiento ordinarios es milenaria. ¿Cuántas personas a lo largo de la historia no han recurrido a decenas de métodos de adivinación para obtener respuestas o pistas en torno a su vida y destino?

Entre las herramientas adivinatorias podríamos mencionar algunas de las más conocidas, comenzando por el tarot, las runas, el I Ching y el café, y luego incluir otras menos populares pero algunas por lo menos tan antiguas como la geomancia o la adivinación por medio de granos de maíz, pero al hacer un recuento de métodos adivinatorios pocos pensaríamos en la anomancia, es decir la lectura del ano.

Algunos atribuyen su creación a Alejandro Jodorowsky quien, se dice, practicaba la lectura de anos en París, pero en una entrevista en 2015 el chileno se refiere a esta técnica como una broma que comenzó durante la filmación de Dune, cuando se le ocurrió pedirle a los actores que se sentaran sobre una fotocopiadora y así extraía imágenes de sus anos. Sea o no una broma (y considerando que acaso todo, comenzando por el universo, lo es), lo cierto es que Jodorowsky ha llevado su práctica a niveles interesantes, ya que asegura tener imágenes del ano de Obama, Dalí y otras grandes personalidades.

De acuerdo con el propio Jodorowsky, los pliegues del ano son únicos e irrepetibles entre cada persona, razón por la cual sirven como una especie de huella dactilar y su “unicidad” refuerza la posibilidad de que transmitan algo de la historia pasada, presente y, por qué no, futura, de un individuo. En este plano, las arrugas más profundas proyectan el pasado y las supericiales el futuro; cómo se interpreten es algo que no está del todo claro aunque el escritor Arturo Pizá, en su novela Este morir a gotas, aventuró un sistema de lectura:

ANÁLISIS ACCIDENTAL DE LAS RUGAS ALEATORIAS

Las rugas aleatorias duras indican timidez y nerviosismo.

Cuando son suaves y elásticas demuestran sensualidad o disposición para el erotismo.

Unas rugas poco aseadas denotan lucidez intelectual, energía y, por raro que parezca, salud mental.

Por desgracia, una cavidad anal con las rugas aleatorias minúsculas y sin vida, ya sean obscuras o rosadas, sugiere decepciones futuras, peleas domésticas continuas, megalomanía academicista y, para rematar, arribismo político.

 

LOS MONTES: POSICIÓN Y SIGNIFICADO

En mi estudio he clasificado los montes del ano en tres: Júpiter, Saturno y Mercurio. Cabe señalar que este catálogo ha sido facturado con meticulosidad científica, con base en las más sagradas leyes de la Anomancia.

El monte de Júpiter: Esta primera formación proyecta los mecanismos de ambición, orgullo, entusiasmo y poder.

El monte de Saturno: O segunda cuadrilla. Se refiere al grupo de pliegues emparentados con las corridas de toros, la religión y el futbol.

El monte de Mercurio: O cuadrilla final. Corresponde a los mecanismos de la libido. Muestra la liberación de perversiones tales como el amancebamiento con pubertas, la coprofilia, urolagnia, la impermeabilización de techos, etcétera.  

Un vistazo a la obra del alquimista Thomas Vaughan y a la visión alquímica de la muerte, o la unión consciente a la luz eterna

Thomas Vaughan fue uno de los más importantes alquimistas británicos de toda la historia. Hermano gemelo del reconocido poeta místico Henry Vaughan, la obra de Thomas, quien escribió también bajo el nombre de Eugenius Philalethes, es admirada por su claridad y su extenso conocimiento de la filosofía natural de su tiempo. Su trabajo puede considerarse continuación de Tritemo, Paracelso y Agrippa, entre otros alquimistas. En su importante Antroposophia Theomagica, Vaughan da una visión de lo que es la muerte desde la perspectiva alquímica:

La muerte es un 'receso de la vida hacia el ocultamiento' --no un aniquilamiento de alguna partícula en específico sino una retirada de las naturalezas ocultas hacia el mismo estado en el que estaban antes de manifestarse. En este receso los diferentes ingredientes del hombre regresan a aquellos diferentes elementos de los cuales provienen antes de acceder a un compuesto. Puesto que pensar que Dios crea la menor cosa ex nihilo en el trabajo de generación es pura fantasía metafísica. Así las partes terrestres --como sabemos por experiencia-- regresan a la tierra, las celestiales a un limbo celestial superior, y el espíritu a Dios, quien lo dio. No debe sorprenderles que afirme que el espíritu del Dios viviente está en el hombre, cuando Dios mismo lo reconoce como suyo.

Vaughan luego agrega, escribiendo bajo su pseudónimo de Eugenius Philalethes, "amante de las piedras", que "aquellos que han bebido el agua de los filósofos" no temen a la muerte porque reconocen "que lo que sea que exista en la naturaleza es digno de ser abrazado". El conocimiento de la realidad espiritual los libera del temor que surge sólo de la ignorancia. Esto los coloca en un selecto grupo en el que se encuentran Enoch, Elías, Esdras, Zoroastro, San Pablo y otros que caminan "en la luz supernatural". "Para unirse a nuestra asamblea es necesario que percibas esta Luz", advierte.

Thomas Vaughan practicaba alquimia con su esposa Rebecca, quien murió de una misteriosa enfermedad antes de que lograra un importante avance en su práctica. Esto es inusual  y, entre otras cosas, es una de las razones por las cuales Peter Levenda considera que existen notables paralelos entre el trabajo alquímico de Vaughan y el tantra. En esto Levenda sigue la insinuación que hace el poeta Kenneth Rexroth en su introducción a las obras de Thomas Vaughan, donde sugiere que Vaughan es uno de los únicos alquimistas que realmente reveló el secreto (el cual tiene que ver con "experimentos del sistema nervioso autónomo"), y en donde se especula que Vaughan y su esposa pudieron haber realizado prácticas sexuales y/o yóguicas, las cuales los acabaron llevando a la muerte. 

Vaughan, como los practicantes de los vehículos tántricos budistas y del dzogchén, buscaba hacer un cuerpo de luz, unirse a la divinidad en vida y en conciencia. Y en esto existen diversos paralelos entre las prácticas soteriológicas budistas (en las que el practicante une su mente con la luz) y el llamado cuerpo de la resurrección del cristianismo, paralelos que ha notado el padre Francisco V. Tiso en su libro Rainbow Body and Resurrection. La alquimia existió en Oriente y en Occidente; y, si bien en Oriente existió y existe de alguna manera todavía una alquimia material que prepara medicinas y transforma metales, el tantra es ciertamente una forma de alquimia y de alguna manera la alquimia hermética-cristiana es también una forma de tantra. Vaughan tal vez sea una de las pistas que revelan que los alquimistas de la tradición occidental también trabajaban con la energía luminosa para transformar su mente-cuerpo y unirse con la divinidad de manera consciente.

He escrito sólo lo que la deidad ha verificado ante mis ojos en particular y que puede justificarse ante el mundo en general. He conocido su luz secreta: su lámpara es mi instructor. 

(Thomas Vaughan)

 

Twitter del autor: @alepholo