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6 predicciones de Aldous Huxley sobre cómo se acabará la libertad en el mundo

Política

Por: Kin Navarro - 12/02/2016

Estas observaciones hechas a la mitad del siglo XX pueden sonar más actuales de lo que desearíamos

Luego de haber vivido la primera y segunda guerras mundiales y el comienzo de la guerra fría, Aldous Huxley, en una entrevista para el programa de ABC de Mike Wallace en 1958, arroja agudas reflexiones y una tajante descripción de los pasos que nos conducirán a perder libertades individuales y colectivas.

Sus observaciones son mucho más valiosas hoy de lo que fueron en su época, pues se percibían como improbables o demasiado lejanas para ser tomadas en consideración. Al comienzo de la entrevista, Wallace presenta a Huxley de la siguiente forma:

 

Un hombre cazado por la visión del infierno en la tierra, un crítico social mordaz; hace 27 años, el señor Huxley escribó Un mundo feliz, una novela que predice que algún día el mundo entero vivirá bajo la mano de una atemorizante dictadura. Hoy el señor Huxley afirma que ese horrible mundo ficticio está a la vuelta de la esquina para todos.

 

Con los acontecimientos recientes y una tercera guerra mundial latente desde hace algunos años, Huxley nos recuerda que la mejor arma contra la tiranía siempre será el pensamiento divergente, individual y crítico.

Las siguientes seis predicciones tomadas de la entrevista ponen de relieve la urgencia de despertar y confrontar la manera en que el poder es utilizado actualmente:

 

Esclavizados por la burocracia, la televisión y la tecnología

De acuerdo con el autor británico, el avance de la tecnología trae inevitablemente la necesidad de nuevas instituciones organizadas de manera jerárquica y vertical. No sólo eso: estas tecnologías permiten construir organizaciones más grandes y complejas en las que los individuos son obligados a obedecer las órdenes de cadenas de mando más y más largas.

 

 

Algunos dictadores, como Hitler, han utilizado la mano dura para regir pero también se han valido de los medios de comunicación, como la televisión, para difundir ideas y puntos de vista que permitieran a las poblaciones identificarse con cualquier punto de su agenda hasta llevarlas a hacer cosas de las que no están tan seguros.

 

La publicidad esquivará los filtros racionales y capturará la mente de los niños

Cada Navidad que pasa este punto se vuelve a comprobar una y otra vez. También con cada proceso electoral por venir. La publicidad (así como la propaganda) busca colocar bienes, servicios o ideas para su consumo arrojando contenidos que apelan a las fuerzas inconscientes en la mente de las personas. Nunca apelan al criterio y buen juicio de quien escucha.

 

 

En la época en que se hizo esta entrevista, la televisión apenas comenzaba a jugar el papel decisivo que luego tendría en los cambios dentro de la opinión pública. El control del imaginario de los niños, acompañados todo el tiempo y durante su crecimiento por la televisión, forjó una generación de individuos obedientes, con ciertas inclinaciones políticas claras y fieles a las marcas con que se identificaron desde pequeños.

 

El establecimiento de una dictadura basada en el terror

 

Para Huxley, estas dictaduras tendrán una nueva forma, lejana al tipo de regímenes a los que el siglo XX estaba acostumbrado. Otra de las posibilidades latentes es la planteada por Orwell en su libro 1984, una dictadura basada en el estricto uso de la fuerza: vigilancia, castigo, estado permanente de guerra.

 

La revolución farmacológica nos hará amar la esclavitud

 

Con la implementación de nuevas drogas y la posibilidad de producir grandes volúmenes a bajo costo se abre también la oportunidad de hacer de las sustancias una vía de control, al modificar la percepción y el estado anímico de las poblaciones. Permanecer felices incluso en situaciones en las que la alegría no debería caber, quizá a costa de nuestra dignidad.

 

Los candidatos políticos serán mercancía publicitada por profesionales

Este es uno de los puntos que se han cumplido con mayor claridad. Fenómenos como Enrique Peña Nieto en México o Donald Trump en Estados Unidos demuestran que no se necesita tener una base política sólida o una propuesta en concreto, basta con apelar a los deseos y miedos de las poblaciones para inclinarlos a favor o en contra de lo que sea.

 

La dictadura perfecta, Luis Estrada. Bandidos Films, 2014.

 

Cualquier político puede ser asesorado para lucir sincero, para usar las palabras correctas y encarnar la personalidad correcta, una faceta encantadora que deja de lado las preguntas realmente importantes sobre el rumbo de las cosas. La mercadotecnia tiene un papel clave en las decisiones políticas de la gente.

 

Personas malignas se aprovecharán de la tecnología y el gobierno para obtener poder

Todas las democracias se basan sobre el entendido de que el poder es peligroso y que resulta extremadamente importante no dejar que ningún hombre o grupo pequeño tenga demasiado poder ni que lo tenga por mucho tiempo.

 

 

Las cúpulas del poder existen en cada país y el alcance de su influencia muchas veces resulta incalculable. ¿Qué tan cerca estamos de una guerra entre esos grupos? ¿Existirá alguno que quiera reinar por encima de todos?

Bienvenidos a la era de la posverdad

En su más reciente documental HyperNormalisation, Adam Curtis anuncia: "Vivimos en un mundo donde los poderosos nos engañan. Sabemos que mienten, y ellos saben que sabemos que mienten, pero no les importa. Decimos que nos importa, pero no hacemos nada. Nada nunca cambia. Es normal. Bienvenidos al mundo de la posverdad”.

La imagen del póster de este mundo de la posverdad y la pospolítica (términos que utiliza Curtis) bien podría ser Donald Trump y en general estas elecciones. Trump, aunque involucrado en numerosos casos de corrupción, discriminación y simplemente engaño y mentira, no se ha visto afectado de manera significativa por toda una oleada de información en los medios más reconocidos del mundo que lo revela como un ilusionista, un showman, un estrella de reality TV en un mundo donde la realidad ya no existe. El caso de Trump llega al paroxismo, pero también Hillary Clinton ha sido expuesta en una relación de connivencia con los bancos y los medios, además de que en reiteradas ocasiones se ha demostrado que ha dicho mentiras. Para su suerte, Hillary se beneficia del vaudeville político de Trump, se vuelve un mal menor y si bien su candidatura es sumamente débil, no es realmente importante ya que de todas maneras los políticos realmente no tienen mucho poder, no al menos de cambiar el sistema. Trump en cierta forma representa una singularidad, un torbellino de caos, pero no amenaza realmente al sistema, sólo amenaza a la realidad misma, a sustituirla con una perenne fantasía, la sumisión a un mundo que no sólo es falso, sino que se sabe falso y aun así continúa. 

La elección del 2016 en Estados Unidos, independientemente del ganador, ha sido altamente reveladora sobre el estado actual de la política --elecciones que ya Noam Chomsky hace décadas había descrito no como un enfrentamiento de ideologías y partidos que se oponen sino como una competencia, una especie de pitch de agencias de relaciones públicas, de marketing. La elección ha mostrado que las personas tienen una enorme capacidad para filtrar y desechar todo lo que no coincide y no afirma su propia visión del mundo y sólo escuchar lo que quieren oír. El estado actual de la política parece probar que las personas no experimentan la realidad, experimentan siempre su realidad (algo en lo que coincide la neurociencia). Esto es algo que está ya embebido en el sistema de los medios y particularmente en Internet, con las llamadas "filter bubbles", algoritmos que regresan a las personas versiones expandidas de lo que, de entrada, ya les gusta y de esta manera los protegen de encontrarse con información que desafía sus creencias (y de paso crean un adictivo feed de confort y dopamina). El axioma operativo es "si te gustó esto, amarás esto otro", y así ad infinitum.

"En esta elección las personas blancas en el Partido Republicano se decidieron por el más enfadado, abyecto y vil individuo al cual pudieron impulsar --un artista del engaño, y cuyo engaño ellos mismos conocían", dice Steven W. Thrasher, columnista de The Guardian. En esto podemos incluir al electorado --que recibe información de que se trata de un engaño, de una gran mentira, pero pretende que no ha escuchado esto o que la misma información es también un engaño. Así, en esta elección vemos cómo la política madura a su estado esencial de irrealidad, el cual parece ser ya una definición de su estatus. Un espectáculo en el que todos fingen que les importa la verdad, pero que ciertamente no se trata de la verdad, sino de tapar el gran vacío de la irrealidad con discursos que afirman el poder y la diferencia. Lo cual es otra gran ilusión, porque a final de cuentas los políticos no tienen ya el poder de hacer cambios "verdaderos" o significativos, el poder está en las corporaciones y cada vez más en el mismo sistema financiero y en los sistemas informáticos. La visión de un mundo polarizado entre diferentes ideologías, partidos y políticos es una visión simplista, de una narrativa clara, en un mundo demasiado complejo en el que las narrativas se han dislocado. La política actualmente asume mayormente un papel de entretenimiento en el balance del poder global. Distraer para que las cosas sigan igual y no sea necesario enfrentar la impotencia. Este entretenimiento, por supuesto, como las películas más taquilleras, esta cargado de miedo, horror, comedia, intriga y controversia y demás sensaciones que mantienen la espectador cautivo. Adam Curtis ha sugerido que el caso de Donald Trump ha inaugurado una nueva era en que el poder de los políticos se limita a generar clics en Internet y perfiles demográficos, los cuales alimentan a los sistemas de información y las compañías de big data que traducen los datos en predicciones y en nuevos algoritmos para influir en la conducta. 

Adam Curtis entiende el caso de Trump como posible sólo en un mundo hiperindividualista en el que todas las personas tienen su propia versión de la verdad y en el que la política es una especie de parche para mostrar que el poder ya no está donde estaba antes. En una reciente entrevista explica:

Lo que he intentado mostrar es que el capitalismo pensó: "Genial, podemos darles a las personas un montón de cosas que las hacen sentir como ellos mismos". El problema de la política es que es muy difícil crear un movimiento político a partir de personas hiperindividualistas, porque todos tienen su propia versión de la verdad. Esto impide que los políticos afecten a las personas y las unifiquen. La política ha sido destruida por eso [por el hiperindividualismo]. Así que Trump ha aceptado esto --ha dicho, pues, todos tienen sus propias verdades, así yo también tengo mis propias verdades... Si te fijas en Trump, él es el más grande ejemplo del individuo autoactualizado. Lo que piensa ese momento en el escenario es real. ¿Así que si tienes una gran cantidad de personas encerradas en su cabeza, entonces cómo cambias el mundo? Porque cada uno tiene un mundo diferente. Y eso es lo que Trump ha enfatizado, la inhabilidad de los políticos.

Curtis sugiere que vivimos en un mundo de la posverdad donde se gratifica a las personas para que todos crean que su propia versión del mundo es verdad. Y Trump ha mostrado este mundo, venciendo o inutilizando al periodismo. Mientras que el periodismo revelaba actos de corrupción, racismo, sexismo y demás, la popularidad de Trump seguía subiendo, porque las personas dejaron de creer en los medios (cada uno desde su torre de marfil de la realidad). "Si alguien como Trump viene y dice mentiras todo el tiempo y un periodista muestra que está mintiendo y a nadie le importa y su popularidad sigue subiendo, yo diría que el periodismo ha perdido su principal fundamento". Curtis sugiere que Trump ha mostrado a los periodistas que su función ya no es la que creen: revelar la verdad, mostrar la realidad. Podemos conjeturar que el rol del periodista ahora es simplemente seguir alimentando a las personas de la verdad que ya han elegido, amplificar el espectáculo, ser parte de una casa de espejos en la que todos se ven a sí mismos iterados en el mundo.

 

Ve aquí HyperNormalisation

 

Twitter del autor: @alepholo