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La historia del viajero y amante de la tecnología que compartió esta valiosa información con todos los usuarios

Podría sonar a un típico anuncio engañoso de Internet, pero esto es posible. Desde hace algunos años el ingeniero en sistemas Anil Polat ha viajado alrededor del mundo visitando lugares como Moldova, Yemen, Estados Unidos o Islandia. Sus constantes travesías por aeropuertos internacionales y su relación cercana con la tecnología lo inspiraron para comenzar a recolectar algunas de las claves de las redes inalámbricas, tan útiles para todos, en especial para quienes trabajan a distancia como él mismo.

Ante la incertidumbre que provoca llegar a un lugar completamente nuevo, con reglas o pautas diferentes y barreras lingüísticas que dificultan la comunicación, tener acceso a internet puede ser crucial. ¿Cómo saber si el lugar al que llegaremos tiene o no una red abierta o exclusiva para las zonas VIP? Esta dificultad inspiró a Polat para desarrollar una base de datos en la que comenzó a reunir poco a poco algunas de las contraseñas de los aeropuertos principales del mundo.

 

Y aunque ha viajado a más de 70 países los recursos de un solo viajero siempre llegarán a su límite, por lo que pidió a sus lectores, otros viajeros y usuarios de aeropuertos, que le hicieran llegar nombres y claves de acceso de los aeropuertos que visitaran. Rápidamente la información se multiplicó. Anil continuó su camino y realizó una capa en Google Maps desde la que se puede ver la ubicación de cada aeropuerto y con un simple clic se accede al nombre y clave de su Wi-Fi.

Fue tal el éxito y la atención que captó que decidió desarrollar una simple pero poderosa aplicación para tener a la mano las contraseñas de Wi-Fi de los aeropuertos de todo el mundo.  

No sólo es estúpido a nivel personal, fomenta la estupidez y la superficialidad de la Web

Este artículo no debería de ser necesario: es una obviedad que uno no debería de comentar en un artículo o en su publicación en una red social antes de leerlo. Y, sin embargo, esto ocurre casi en la mitad de los casos en sitios como Facebook, donde los artículos suelen tener más shares que vistas y a veces apilan grandes cantidades de comentarios sin que esto se refleje en las vistas a la página. Podría parecer poco importante un tema así, sin embargo, como explicaremos aquí, este hábito del consumo veloz, superficial e irreflexivo de la información hace que en general baje el nivel de la discusión y provoca que incluso los contenidos que se generen en líneas sean de menos calidad y profundidad. Se trata, a grandes rasgos, de una costumbre impulsiva mayormente ignorante.

1. Baja el nivel de discusión (y de inteligencia en general)

Comentar en un artículo sin haberlo leído hace que se resalten prejuicios, lugares comunes y los aspectos más superficiales de la información. Sugiere que todo puede resumirse y entenderse en 60 caracteres (el promedio de un título) o a lo mucho en su resumen (120 caracteres, aproximadamente). Niega el valor de realizar razonamientos complejos que logren explorar un tema desde múltiples perspectivas. Es el equivalente de juzgar a una persona por su apariencia o a un libro por su tapa; si bien estos juicios pueden ser en alguna medida acertados, en la ansiedad de la inmediatez se pierde la riqueza de conocer el fondo y de abrirse a la otredad y a la capacidad de ser sorprendido. 

2. Hace que los medios generen contenido llamativo de poca profundidad

El hecho de que muchas personas no lean los artículos completos pero aún así los compartan o les den like hace que muchos medios consideren que es suficiente presentar sus artículos de forma atractiva, por lo cual se despreocupan del contenido de los mismos, o éste pasa a segundo término en comparación con la presentación. Esto crea una marea de información vacía, pero llamativa, en una especie de dieta informativa con fines cosméticos. Esto es un loop de retroalimentación entre medios y usuarios en el que ambos se engañan el uno al otro.

3. Denota poco nivel intelectual

Realmente la forma en la que te perciben en línea es poco relevante, especialmente porque la mayoría de las personas no saben quién eres y porque el miedo a lo que los demás piensan de ti no es la mejor motivación para actuar. Dicho esto, a muchas personas realmente sí les importa lo qué piensen los demás y quisieran evitar el ridículo, lo cual siempre es un riesgo al opinar sin haber leído un artículo. Evita este riesgo y no comentes antes de leer. 

4.  Dirige la conversación a lugares engañosos

El hecho de que los artículos de noticias se vean atestados de comentarios de personas que no han leído la información suele despistar a los demás y altera el sentido de las conversaciones que pueden generarse en estos espacios. Hace que muchas veces las discusiones se polaricen o se queden en los puntos salientes y no logren encontrar la riqueza de los detalles. 

5. Porque leer es mejor que comentar

De nuevo otra obviedad, pero hay que recordar lo evidente. Es más benéfico para ti leer algo que no sabes o exponerte a la visión de otra persona que buscar confirmar tu visión preestablecida del mundo, ya sea alabando lo que armoniza en apariencia con tus ideas o rechazando aquello que despunta como anómalo e intolerante para ti.

Por último recordemos que Platón consideraba que la opinión (doxa) es, entre todas las formas de conocimiento, la más baja. Así que si lees, al menos podrás tener una opinión informada, basada en la investigación de otras mentes y, si tienes discernimiento, incluso te podrás alimentar de aquellas mentes que saben más allá de la opinión, por la experiencia, la intuición o alguna otra forma superior de conocimiento.