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Esta serie fotográfica compara el antes y el después de personas que dejaron el alcohol fuera de su vida

Salud

Por: pijamasurf - 11/02/2016

2 personas que en realidad son la misma: una cuando el alcohol era habitual en su vida y otra a partir de que se eligió la sobriedad

Los efectos del alcohol sobre el cuerpo humano han sido ampliamente estudiados, en especial cuando su consumo excede los niveles recomendados. El alcohol ha sido una bebida que ha acompañado históricamente a la humanidad, pero no menos cierto es que beberlo en exceso es una tendencia igual de antigua.

En la serie fotográfica que ahora compartimos, publicada antes en el sitio Bored Panda, se puede observar no las consecuencias de beber alcohol cotidiana y desmesuradamente, sino justo lo contrario: dejarlo por completo durante una buena cantidad de días.

7 meses sobrio

 

1 año sobrio

 

8.5 meses sobria

 

1.5 años sobrio

 

300 días sobrio

 

416 días sobria

El comparativo es elocuente, pues en todos los casos, la “segunda” persona luce mucho más radiante, feliz, saludable; en una palabra: viva. Y no es que idealicemos la sobriedad, pero es justo notar que en muchos casos esta decisión acarrea otras consigo; usualmente la gente que deja de beber también comienza a ocupar su tiempo de otra manera: realiza otros trabajos, se ejercita, adopta una dieta saludable, mejora sus relaciones consigo mismo y con otras personas, y más.

¿O qué piensas tú?

 

También en Pijama Surf: 7 lecciones después de 1 año sin beber alcohol

¿Y si la introversión sólo es un asunto de malos modales? ¿Qué pasaría si dejaras de creer que eres introvertido?

Salud

Por: pijamasurf - 11/02/2016

¿Definirse o ser definido? En ese dilema propio de todo desarrollo psíquico, muchas personas han adoptado la introversión como una forma de vida, sin ver que son mucho más que eso

Desde hace algunos años, los introvertidos se pusieron de moda, o al menos se comenzó a hablar mucho de ellos, especialmente en Internet, un ecosistema de comunicación que por sus características ha sido uno de los más adecuados para la personalidad introvertida.

Estudios científicos, ensayos e ilustraciones han sido algunas de las formas desde las cuales se ha intentado acercarse a la introversión y explicar su misterio, contribuir a su fascinación o simplemente expresarla.

¿Por qué existe tal atracción por las personas introvertidas? No es fácil explicarlo, pero de inicio podríamos señalar ese enigma que parece rodearlas y que, en general, es el resultado de una combinación de timidez, modestia, cierta inclinación por el silencio y quizá algún otro rasgo afín que hace parecer interesantes a las personas introvertidas. Además, en una sociedad que por varios siglos ha privilegiado el pensamiento y la reflexión otorgándoles valor por encima de otras cualidades, a los introvertidos se les imputa también ese valor, únicamente por ser como son, por parecer que siempre están reflexionando, o que seleccionan muy bien a las personas con las que comparten su tiempo.

Con todo, es posible que como sucede a veces con las generalizaciones, en ésta también haya un buen grado de romantización, de concesión hacia una supuesta forma de ser que, al ser conocida, sirve a ciertas personas para justificar lo que son –en vez de, preferiblemente, construirse su propio concepto de sí–.

En este sentido, vale la pena recuperar un ensayo de Kj Dell’Antonia publicado recientemente enThe New York Times y que lleva el provocativo título de “¿Soy introvertido o únicamente grosero?”

Dell’Antonia establece este dilema porque, como es sabido, uno de los puntos flacos de la personalidad introvertida es el trato social. La charla circunstancial con un compañero de trabajo, la formalidad de presentarse con un extraño, ser empático con los demás y, en suma, muchas de las conductas que implica la convivencia social cotidiana tienen fama de representar una gran dificultad para los introvertidos, lo cual a su vez parece darles licencia para no realizarlas, sin importar que eso transgreda el “contra social” estándar.

¿Qué pasa, sin embargo, cuando ese supuesto rasgo de personalidad se convierte en un problema? ¿Qué pasa cuando por defender tanto eso que creemos que nos define, la introversión, terminamos perdiendo otras cosas sin que siquiera lo advirtamos? Dell’Antonia dice que, cuando se disculpaba por no poder acudir a una reunión con sus amigos o fingía un pretexto para no ver a sus padres, no pasaba por su mente que estaba descuidando sus relaciones, sino que más bien creía firmemente para sí que “preservaba su energía”, que “protegía su Yo, vulnerable, precioso”. En pocas palabras, que en la lucha entre su Yo y el mundo, por fin había encontrado la manera en que su Yo prevaleciera.

Con todo, el tiempo le mostró que esa forma de proceder al respecto de sus relaciones tuvo al menos una consecuencia palpable: la imposibilidad de formar vínculos afectivos profundos, en buena medida porque aunque parezca paradójico, lo significativo de las relaciones ocurre en los hechos mínimos, en los intercambios del día a día, y no realmente en las antípodas de lo heroico o lo trágico. ¿Cómo tener eso si, de inicio, la introversión se antepone como una barrera entre el sujeto y aquellos que lo rodean?

La intención que recorre el ensayo de Dell’Antonia no apunta hacia la normalización. No se trata de “limar” las particularidades del sujeto para crear miembros uniformados de una sociedad. El propósito es más sencillo: reflexionar sobre aquello que a veces hacemos parte de nuestra subjetividad, por distintos motivos, y a veces sin pensarlo ni quererlo convertimos en un eje alrededor del cual comenzamos a girar y a construir todo lo que somos y hacemos.

¿Qué pasa si quitamos ese eje? ¿De verdad toda nuestra subjetividad caerá? ¿O descubriremos que somos más de lo que a veces creemos que nos define?

Ilustraciones: Tín Trần