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El sencillo ejercicio para programar alegría en tu vida del gurú de la felicidad de Google

AlterCultura

Por: pijamasurf - 11/23/2016

Chade-Meng Tan era apodado el "tipo alegre" en Google; comparte aquí sus secretos

La alegría y el gozo consustancial de la existencia no es algo que uno tiene que trabajar en terapia arduamente, según Chade-Meng Tan, autor del libro Joy on Demand; de hecho, uno está mejor servido si realiza simples ejercicios mentales.

Tan es un exingeniero de Google que era reconocido no tanto por su trabajo temprano en desarrollar la función de búsqueda móvil sino por impartir clases de mindfulness en la empresa de Mountain View. De aquí que haya desarrollado todo un programa de atención plena y desarrollo personal orientado a la cultura corporativa. 

En su libro mantiene que él mismo se ha transformado en un tipo feliz simplemente realizando un sencillo ejercicio, al cual podemos ver como una especie de programación de buenos hábitos ligada a la atención plena. Se trata de reconocer lo que llama "delgadas rebanadas de alegría". Como el nombre lo indica, no se trata de nada épico, sólo de reconocer las sensaciones cotidianas que nos complacen. Por ejemplo, tomar agua cuando tienes sed: "Cuando hago eso, experimento una pequeña rebanada de alegría tanto en el tiempo como el espacio".

La idea es que esto sea parte de una meditación en movimiento: reconocer la alegría de una mordida de pan, la sensación de un aire fresco en un día caluroso, la conexión que uno siente cuando habla con un amigo, etc. Este tipo de cosas abundan en la vida, pero cuando uno las nota y hace una especie de nota mental, reconociendo la sensación, según Tan esto forma hábitos positivos que refuerzan nuestra capacidad de experimentar alegría. Se familiariza a la mente con la alegría. 

El sistema de Tan está sustentado por investigaciones que muestran que las personas que tienen mayor conciencia de los "sabores" de la vida reportan una mayor satisfacción en general. 

    

Tenemos de alguna manera una especie de optimismo sistematizado, con la ventaja de establecerse dentro de un marco de mindfulness, el cual hace que una persona no divague tanto en sus pensamientos y preocupaciones. Reconocer que la vida está hecha de pequeñas rebanadas de alegría es un método interesante aunque quizás no del todo completo, ya que la vida también está hecha de pequeñas rebanadas de dolor; reconocerlas sin formar apego a ellas ni identificarse es igualmente importante.

Morir luchando: este precioso altar natural a la muerte fue captado en las gélidas llanuras de Alaska

Dicen que es lo único que te acompañará, de cerquita, a lo largo de toda tu vida. Desde nuestro principio la muerte está ahí, “siempre a la izquierda, a la distancia de un brazo”, decía Don Juan Matus. En la tradición samurái esta noción se utiliza como abrigo cotidiano e incluso se asoma unos milímetros extra al abismo, y salen a vivir considerándose ya muertos.

Ese instante en el que el aliento se va para ya no volver, el tener presente esa siempre latente posibilidad, el reconocernos finitos –al menos en el plano sobre el cual escribimos o leemos esta nota, es el memento mori. Los soldados romanos empleaban la frase a modo de recordatorio para reconocer siempre abierta la posibilidad de morir; así se propiciaba el cultivo de la prudencia y se preparaba mental y emocionalmente para el fin.  

A pesar de ser un aspecto ineludible de nuestra realidad biológica, y de su carácter tajante, por diversas razones nuestra cultura, me refiero a la occidental, prefiere vivir evadiendo la muerte. Por eso quizá tenerla presente se considera más como un ejercicio tétrico que como una práctica de liberación y sanidad. Por fortuna la naturaleza se encarga de recordarnos esa finitud, y en numerosas ocasiones lo hace de manera preciosa –como si recurriera a la belleza para matizar nuestra carga cultural y así ayudarnos a abrazar, de buena gana, lo inevitable.

El otoño tardío es la temporada de apareamiento entre los alces, y por lo tanto también son tiempos de batalla entre los machos, que luchan entre ellos por hacerse de una hembra. Muchas veces estos enfrentamientos, famosos por su tenacidad, no terminan hasta que uno de los contrincantes muere (tantos y eros).

Hace poco en Alaska se registró uno de estos combates, sólo que en esta ocasión se hizo presente un tercer y victorioso contendiente, el clima. Al parecer estos alces, tras quedar enganchados mientras luchaban, se habrían caído al agua y a causa de las bajas temperaturas que han tomado por asalto las latitudes norteñas del planeta –obviamente bajas aun para sus estándares– quedaron congelados casi instantáneamente. El hallazgo fue realizado por un caminante, Brad Webster, que recorría los alrededores de su campamento ubicado en Unalakleet.

La escena destaca por su caprichosa belleza: sobre una superficie de hielo azul grisáceo, que proyecta una constelación de cicatrices blancas, asoman los lomos y cuernos de dos grandes alces. Si bien al mirar detenidamente la imagen se puede intuir que se trata de un par de ejemplares Alces alces y luego, con un poco de imaginación, reconstruir la historia que arrojó tal escena, la conjugación de cuerpos está elegantemente al borde de la abstracción.

Hay a quien le parecerá poco llamativa la inusual escena; otros la encontrarán triste, entendiéndola como una prueba más de la crueldad de la naturaleza o el azar. Pero también existe otra perspectiva, la de apreciarla como una metáfora exquisita, como un recordatorio frontal, inquietantemente hermoso, de que la muerte está ahí, aquí y en todas partes, y que está tan viva como la vida de cualquiera de nosotros.

Un altar natural (Memento mori) 

 

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

 

The enmeshed antlers are the supposed reason for the death of the two bulls.

The ice preserved the struggle, and allowed the moment to be captured by photographers.