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Sócrates nos muestra cómo el amor hacia un cuerpo se puede amplificar hacia un amor espiritual y finalmente hacia un amor de todo el universo

Quien lo ve en todas partes, lo ama en todo y lo manifiesta en sí mismo está verdaderamente iluminado.

Louis Cattiaux

 

En El banquete, la obra que Platón dedica a discutir la naturaleza de Eros, el discurso climático ocurre cuando Sócrates cuenta su iniciación intelectual a los misterios del amor, por la sacerdotisa Diotima. Diotima le explicó, según cuenta Sócrates, que la belleza tiene la función en su sentido más básico de generar el deseo de engendrar, pero este deseo, que es el deseo sexual de reproducción que comparten los hombres con los animales, tiene una veta sublime y puede usarse para alcanzar planos más sutiles de belleza y amor espiritual.

Diotima señala que el objeto del amor es "la generación", la cual "perpetúa la familia de los seres inanimados y le da la inmortalidad que consiente la naturaleza". Aquí tenemos el primer nivel, el amor como un medio para producir la inmortalidad física, o la continuidad de la especie. Diotima sugiere que la inmortalidad es tanto el objeto del amor en su plano más grosero y físico como en su plano más sutil, en el cual se convierte en un medio para alcanzar la inmortalidad del alma: "el amor consiste en aspirar a que lo bueno nos pertenezca siempre. De aquí se sigue que la inmortalidad es igualmente el objeto del amor", dice Diotima. Recordemos que la filosofía platónica identifica la realidad con el alma, no con el mundo material (el cual es una sombra del mundo espiritual o intelectual), por lo cual esa aspiración de encontrar lo bueno para siempre es un movimiento hacia la dimensión del alma. 

 

Diotima instruye a Sócrates en lo que se ha conocido como la "escalera de la belleza". Aquel que ha amado un cuerpo bello "debe llegar a comprender que la belleza que se encuentra en un cuerpo cualquiera es hermana de la belleza que se encuentra en todos los demás". (Para Platón la belleza existe como una imagen de la divinidad en el mundo, un reflejo del Bien, un arquetipo del cual los cuerpos participan). "Una vez penetrado de este pensamiento, nuestro hombre debe mostrarse amante de todos los cuerpos bellos, y despojarse, como de una despreciable pequeñez, de toda pasión que se reconcentre sobre uno solo. Después debe considerar la belleza del alma como más preciosa que la del cuerpo, de suerte, que un alma bella, aunque está en un cuerpo desprovisto de perfecciones, baste para atraer su amor y sus cuidados". Así tenemos este proceso de transformación que va de lo superficial a lo profundo, de lo grosero a lo sutil y de lo particular a lo universal: la iniciación a la cual somete el amor a sus adeptos. Después de contemplar la belleza del alma y tomarla por superior a la belleza física, el adepto entonces contempla la belleza de las leyes, la belleza ética de los actos de los seres humanos y de ahí pasa a contemplar la idea pura de la belleza:

El que en los misterios del amor se haya elevado hasta el punto en que estamos, después de haber recorrido en orden conveniente todos los grados de lo bello y llegado, por último, al término de la iniciación, percibirá como un relámpago una belleza maravillosa, aquella ¡oh Sócrates!, que era objeto de todos sus trabajos anteriores; belleza eterna, increada e imperecedera, exenta de aumento y de disminución.

Así tenemos la culminación del ascenso de la escalera de la belleza, utilizando la fuerza del amor como mecanismo propulsor, hacia la divinidad que es belleza pura y eterna. En el Fedón, Sócrates describe esta misma operación anagógica que es también una manía erótica divina: la locura de un hombre que, al ver la belleza aquí en la Tierra, y al ser recordado de la belleza verdadera, se vuelve alado. En su comentario al Banquete, Marsilio Ficino vuelve a describir este proceso: "Debemos subir del cuerpo al alma, del alma al ángel, y del ángel a Dios". Y en sentido inverso, cómo la belleza entra al mundo y se transforma en amor: "En cuanto comienza en Dios y deleita, nómbrase belleza; en cuanto pasa al mundo y lo extasía, se llama Amor; y en cuanto, mientras vuelve a su Autor, a él enlaza su obra, se llama delectación". Es importante mencionar que los filósofos platónicos crearon una ecuación entre verdad, bondad, belleza y amor, elementos por momentos intercambiables en una escala armónica del mundo. Más tarde el poeta Keats, en un eco platónico, diría "belleza es verdad; verdad, belleza".

El amor platónico reconoce que los cuerpos son solamente sombras de una realidad divina espiritual y trasciende su amor por un hombre o una mujer para, a través de éstos, conocer lo universal. Como dice Diótima, de la belleza en un individuo se concentra en la belleza en sí misma, en el rostro del amado alcanza a atisbar una forma imperecedera, el resplandor del alma que se transparenta en el cuerpo. El amor a un cuerpo es mortal; pero el amor divino es inmortal y esto es justamente la motivación del amor: la inmortalidad, poseer lo bueno siempre. El proceso culmina en una especie de uróboros, el beso circular de la serpiente. Nos dice Marsilio Ficino: "El fin del amor corresponde a su principio". Así todo amor es un deseo de retornar a la fuente. El viaje del solo al Solo, como famosamente describió Plotino, el viaje del alma hacia el Uno. Y se cumple finalmente el deseo precario que nació en la inflamación de la belleza de un hombre o una mujer, de fundirse en otro, de poseer al amado, de la única forma que puede hacerse. Esto es, siendo poseído por el amor mismo, como una chispa devorada por el fuego creativo del cosmos entero; yendo así de lo personal hacia lo universal y por lo tanto despersonalizándose, tanto de la propia individualidad como de un amor individualizado. El individuo muere --se sacrifica en el altar del amado-- para poder franquear la barrera que lo separa y el sujeto se convierte en el objeto, y se encuentra existiendo en todas partes al mismo tiempo, como el latido mismo de la eternidad en el espacio. 

Un último  comentario, con el fin de universalizar esto. Encuentro una curiosa similitud entre la visión platónica del amor que expresa Diotima y la concepción tántrica. Si bien la filosofía tántrica se opone claramente a algunos aspectos de la visión platónica en los que, en cierta forma, se crea un dualismo entre el cuerpo y el alma (donde se busca separar la impureza para afirmar el alma, renunciar a la vanidad del mundo y liberarse en la muerte, obtener las alas del alma, recordar las formas primordiales, etc.), al menos en esta noción de que el cuerpo puede utilizarse para la liberación existe una clara similitud que merece resaltarse. Diotima exhorta a Sócrates a buscar el amor en el cuerpo y de ahí propulsarse a niveles superiores de conciencia de la belleza que en el cuerpo lo inflamó con la semilla de lo divino, que fue el gatillo. Esto parece completamente coherente con el tantra budista e hinduista, donde el cuerpo, parafraseando a André Padoux, es el terreno de la salvación y el deseo (kama) es puesto al servicio de la liberación. Pero no porque en sí mismo el cuerpo sea la salvación sino porque es el vehículo para descubrir la divinidad o la budeidad esencial, que es la realidad prístina que yace oculta y oscurecida por nuestra percepción. Incluso el acto sexual es tenido como un medio para "conducir a través del orgasmo al rebasamiento de los límites del yo empírico y a la fusión con la divinidad". Y también, todas las emociones, incluyendo las emociones negativas, son transformadas en sabiduría, utilizando su energía como un vehículo para aumentar la conciencia. 

Quizás si fuéramos capaces de trascender nuestra identificación con un solo cuerpo --con el nuestro o el de un único amado-- e ir más allá de nuestra concpeción de existir de manera separada, veríamos en el cuerpo del amado o de la amada el universo entero, libre e iluminado. El verdadero amor siempre nos hace amar a todos y a todo, si no lo hace y nos limita a la idolatría de un solo cuerpo, probablemente no es amor, sino solamente infatuación.

 

 

Twitter del autor: @alepholo

Sobre cómo tres ramas distintas del conocimiento explican nuestra relación con el mundo a través de la conciencia y la interpretación

“Si quieres entender el Universo piensa en términos de energía, frecuencia y vibración.”

-Nicola Tesla 

“Si usas tu mente para estudiar la realidad, no entenderás ni tu mente ni la realidad. Si estudias la realidad sin la necesidad de utilizar tu mente, comprenderás ambos.”

-Bodhidharma 

“El objetivo de los brujos abstractos es romper la fijeza de la interpretación social para ver la energía directamente. Al guerrero no le basta con saber que el universo es energía, tiene que averiguarlo por sí mismo.”

-Carlos Castaneda 

Los adelantos científicos contemporáneos en áreas como la neurología, y la física cuántica permiten corroborar descripciones metafísicas sobre la naturaleza elemental del universo, elaboradas por santos e iluminados desde hace siglos, tales como las recogidas en el Tao Te Ching, el Dhammapada, los Yoga-Sutra, el Bagavadguita y el Corpus Hermeticum, por citar algunos de los más conocidos. 

Sin embargo, descripciones altamente sensibles e inteligentes (y por momentos completamente ambiguas e irracionales) se exponen en un camino elegante y por demás exigente, dada su peculiar condición de feroz autoadiestramiento y plagado de planteamientos paradójicos, popularmente conocido como "el camino del guerrero", aunque para diferenciarlo de otros senderos así llamados "del guerrero espiritual" y de otras tradiciones de chamanismo ritual y brujería pagana, un nombre más suspicaz y atinado a las prácticas y ejercicios de esta tradición es, como también se le conoce, "brujería abstracta". 

Actualmente la ciencia moderna nos brinda complejos modelos y teorías sofisticadas para la comprensión de la realidad de nuestro universo, siendo muy interesante notar que sus conjeturas llegan a las mismas conclusiones que la brujería abstracta proporciona en sus descripciones del mundo perceptual; no obstante, la principal diferencia radica en que mientras la ciencia del siglo XXI depende enteramente de modelos fisicomatemáticos y de instrumentos de medición cada vez más sofisticados, la brujería abstracta nos propone comprobar sus explicaciones ontológicas con la experiencia directa, es decir sin ningún tipo de intermediario como puede ser un telescopio, por citar algún ejemplo, o cualquier otro subterfugio, y de esta manera obtener una experiencia íntima y de primera mano de los modelos que pretenden explicar la realidad fundamental.  

Con las aportaciones realizadas en el siglo pasado por científicos brillantes como Schrödinger, Heisenberg y David Bohm se puso de manifiesto que la naturaleza intrínseca de la materia es enteramente dinámica y que fluye en un rÍo de transformaciones y movimientos que navegan una multilocalidad no lineal, estas interacciones no son más que una incesante fluctuación de energía que crea patrones donde la línea del caos y el orden se torna difusa, muy parecido a un mar de oscilaciones que bailan al ritmo de una danza cósmica, una gigantesca piscina de energía de filamentos vibratorios, donde el perceptor determina la ubicación espacio-temporal y la naturaleza de los fenómenos por el simple hecho de observar. 

Correlativamente, los brujos abstractos describen el mundo en que vivimos como "un conglomerado de unidades de interpretación”. Algunos de estos “hombres de conocimiento” a través de un conjunto de técnicas diseñadas para alterar la percepción cotidiana, aprendieron a “ver”, es decir, a percibir el mundo, no como una interpretación, sino como un flujo ininterrumpido de energía. 

Por otro lado, la neurofisiología nos dicta que la realidad es una estructura artificial creada por el intercambio de iones de calcio de millones de sinapsis neuronales que interactúan creando patrones energéticos de suficiente complejidad para poder aparecer como objetos reconocibles en la conciencia, el cerebro actúa como una especie de estructura holográfica que convierte la cascada de frecuencias que recibimos a través de los sentidos en cosas como árboles o galaxias que no existen de modo objetivo. “Se trata de hologramas creados en el interior de nuestras mentes, mientras que lo que denominamos "mundo exterior" no sería más que un océano fluyente y caleidoscópico de energía y vibración”, nos dice el neurólogo Karl H. Pribram, mientras que los vanguardistas Penrose y Hameroff van aún más allá proponiendo que la red de microtúbulos de las neuronas y sus axones funcionan como un computador cuántico responsable de nuestra conciencia. 

Persinger y Lafreniere, dos hombres de ciencia objetiva y metodista, escribieron en su libro Espacio-tiempo y eventos inusuales

Nosotros, como especie, existimos en un mundo en el que existe una gran cantidad de valores numéricos. Sobre estas matrices de puntos, nosotros superpusimos una estructura y así el mundo tiene sentido para nosotros. El patrón de la estructura se origina dentro de nuestras propiedades biológicas y sociológicas. 

La descripción que nos facilitan sobre la cimentación de nuestra percepción usando tecnicismos es extremadamente similar a la que nos suministra la brujería abstracta, a pesar del tipo de lenguaje contrastantemente diferente, por un lado, tenemos una exposición pragmática y objetiva, y por el otro, una explicación con términos que pudieran parecer ambiguos y abstractos, y sin embargo ambos caminos llegan a las mismas conclusiones. 

La brujería abstracta llama “el águila” al poder que gobierna el destino de todos los seres vivientes, y que es un flujo de emanaciones continuamente nuevo y desconcertante, pero no somos conscientes de ello porque vivimos a tres pasos de distancia del mundo real:

• La sensibilidad innata 
• La interpretación biológica 
• El consenso social 

Esos pasos no son simultáneos, pero su velocidad es superior a lo que podemos determinar conscientemente; por eso damos por hecho el mundo que percibimos. Como ejemplo, en este momento atestiguamos un conjunto de “emanaciones del águila”; automáticamente lo transformamos en algo sensorial, con características como luminosidad, sonido, movimiento, etcétera. Entonces interviene la memoria, la cual nos obliga a darle significado, y lo reconocemos, por ejemplo, como otra persona. Por último, nuestro “inventario social” lo clasifica al compararlo con aquellos a quienes conocemos; esa clasificación nos permite identificarlo. A estas alturas, estamos a una buena distancia del hecho real, que es indescriptible, porque es único. Lo mismo ocurre con todo cuanto vemos. Nuestro “darnos cuenta” es el resultado de un largo proceso de depuraciones o “desnates”, como lo llamo don Juan Matus. Lo desnatamos todo, modificamos de tal manera el mundo que nos rodea, que queda muy poco del original. 

Es en este preciso punto donde los aportes de la claridad mental de Siddhartha Gautama, el Buda, sobre la naturaleza fundamental de la percepción humana nos son de gran ayuda por su valiosa aportación al intento de experimentar la construcción de la realidad de manera directa. 

El budismo profundiza metódicamente en el proceso que la brujería abstracta llama desnate, conociéndolo con el término de “skandhas” o "los cinco agregados”. Los cinco agregados se conforman por rupa y nama, a su vez nama está constituido de vedana, sañña, sankhara, y viññana, que se explican brevemente a continuación.

Rūpa: Formas materiales o corporales 
Es la parte material del ser humano, es decir, el cuerpo, pero no solo el cuerpo en sí, sino además la propia imagen que la persona se hace de éste, incluyendo los cinco órganos sensoriales y el sistema nervioso. La forma se refiere a los procesos físicos que sostienen el ciclo vital de un ser humano, los otros cuatro agregados son los procesos mentales (nama). Toda forma se constituye de cuatro naturalezas esenciales: tierra, agua, fuego, aire y las formas que derivan de ellos.

Vedana: Sensaciones y sentimientos 
La parte que genera una sensación corporal agradable o desagradable o neutra de acuerdo al resultado de la evaluación de tipo afectivo, no conceptual del hecho de acuerdo los datos (o información pura) que se reciben a través de los cinco sentidos y de la mente. Vedana se refiere a la actividad de evaluar cualquier contacto que pueda darse entre las bases de los sentidos y sus objetos materiales, así como entre la conciencia y los objetos mentales, discrimina entre contactos agradables, desagradables y contactos que no pasan el umbral necesario para producir una reacción del individuo.

Sañña: Percepción y memoria 
La parte evaluadora que juzga el hecho ocurrido, clasificándolo y juzgándolo como positivo o negativo, a partir del registro de los estímulos sensoriales puros que la persona convierte en objetos reconocibles y distinguibles, dado que la percepción recuerda sus características debido a los anteriores contactos; los pensamientos e ideas también se procesan como objetos, pues mediante la percepción el objeto percibido cargado con la evaluación afectiva se conceptualiza y pasa a ser un objeto mental.

Sankhara: Estados mentales 
Es la reacción a lo percibido. La parte que reacciona con aversión o apego en función de la sensación, es la representación de la experiencia subjetiva del objeto percibido. Los sankharas son los “impulsos de la voluntad”. Los objetos o formaciones mentales son el resultado de unir varios sentimientos y percepciones. Las formaciones mentales son una especie de patrones energéticos que se forman, toman la mente durante un tiempo y desaparecen, condicionando la experiencia.

Viññana: Conciencia 
La parte receptora de la mente que se limita a registrar la ocurrencia de las cosas. Es un acto de atención o respuesta de la mente en el que el conocimiento del objeto se hace consciente en nosotros. La conciencia contiene a todos los otros agregados y es la base de su existencia. La conciencia es, al mismo tiempo, colectiva e individual, donde la colectiva está hecha de la individual y la individual lo está de la colectiva. La conciencia desaparece y resurge cambiada de un instante a otro y actúa de manera discriminatoria y parcial ya sea que exista un aferramiento a lo percibido como deseable, o un rechazo contra lo no deseable e indiferencia a lo neutro. 

El Buda Sakyamuni logró observar que las cuatro funciones mentales son todavía más breves que las efímeras kalapas que componen la realidad material, de esta manera nunca tenemos conciencia de lo que ocurre cada vez que los sentidos corporales entran en contacto con alguna cosa.

Para ejemplificar los conceptos anteriores considere los siguientes casos: 

  1. Si escuchamos las palabras: “¡Eres un tonto!”, la conciencia (viññana) atestigua el suceso, la percepción (sañña) clasifica las palabras como algo negativo y experimentamos una sensación corporal desagradable (vedana) que nos hace reaccionar produciendo aversión (sankhara) contra lo que estamos escuchando, pues rechazamos aquello que nos desagrada. Se da lo contrario si escuchamos un halago que evaluemos como algo positivo, experimentamos una sensación corporal agradable y generamos un sankhara de agrado deseando más de eso que nos ha producido placer. 
  2.  Al examinar cualquier fenómeno y analizarlo, lo primero que advertimos es su nombre y su forma (nama y rupa). Al percibir una rosa decimos: «He aquí una rosa». Existe una sensación óptica (vedana) del rojo, una sensación olfativa de la fragancia, etc. Incluso su peso y su volumen son metamorfosis de los sentidos; y la frase entera se transforma en: «He aquí un agradable conjunto de sensaciones que agrupamos bajo el nombre de rosa». Esta obra de arte de los sentidos no se halla sino en los objetos percibidos: el placer o el dolor se desvanecen, y las sensaciones se perciben fría y claramente sin que se vea afectada la mente. Esto es percepción (sañña). La percepción misma depende de la naturaleza del observador, y de su propensión (sankhara) a percibir. Viññana es el contenedor donde las fuerzas de la creación que han hecho a la rosa, al observador, sus inclinaciones, lo que ambos son, y todo lo que ha sentado la relación entre uno y otro de algún modo se desvanece y ahora es la conciencia absoluta. 

De manera semejante con los cinco agregados, la mencionada tradición brujil, afirma que la solidez del cuerpo y el mundo son recuerdos; al igual que todo lo demás que sentimos de nuestro alrededor son recuerdos que acumulamos. Según esta tradición tenemos el recuerdo de la solidez del mundo al igual que el recuerdo de comunicarnos con palabras. 

Para don Juan Matus, suspender el diálogo interno (detener nuestras ideas de cómo es el mundo y cómo somos nosotros) es la clave de la "brujería" y nos recalca que

Desde que nacimos nos han dicho que el mundo es una serie de ideas y nosotros, a su vez, en este descomunal esfuerzo de nuestra razón, hemos desarrollado una idea de nosotros mismos, que la alimentamos a cada momento, gastando la mayor parte de nuestra energía. Los seres humanos "realmente" no somos materiales (sólidos), estamos constituidos por átomos y los átomos ¡son cargas energéticas! Así pues, hablando científicamente, los hombres y el mundo estamos constituidos por cargas energéticas. La primera "brujería" del hombre común es hacer, de ese mundo de cargas energéticas, un mundo de objetos sólidos y esto se consigue a través de un gran esfuerzo que realiza la razón por medio de un inmenso gasto de energía. A esta magna obra le llamamos ser razonable.

En la tradición budista theravāda, el sufrimiento aparece cuando el individuo se identifica o apega a un agregado; por lo tanto, el sufrimiento se extinguiría al deshacer los apegos a los agregados. La tradición budista mahayana agrega que la libertad espiritual se alcanza al penetrar profundamente en la naturaleza vacía de todos los agregados, puesto que al igual que todos los fenómenos puramente sensoriales y las imágenes que el recuerdo da a conocer a la mente, nama y rupa están sujetas a las tres formas de duḥkha (término que a alude a la insatisfacción, sufrimiento, e imperfección): dolor, cambio e inconsistencia. 

Don Juan Matus, siendo un “hombre de conocimiento”, nos habla sobre lo efímero del mundo y afirma que "para ser un hombre de conocimiento es necesario ser ligero y fluir”, al igual que el budismo concluye que lo anterior sólo es posible cuando las memorias han perdido su carga y poder y desaparecen las formas fijas legadas por identidades y condicionamientos. La percepción se libera y lo mismo ocurre con los filtros de la realidad. Ésta es vista tal cual es. 

Las principales corrientes filosóficas y científicas han tratado de resolver los problemas epistemológicos fundamentales con base en cogniciones y razonamientos lógicos, es ahí donde el budismo y la brujería abstracta convergen en que la única forma en que realmente se puede conocer algo es exprimiéndolo directamente, libre de discriminaciones mentales y filtros perceptuales, tal como expresa el maestro zen D. T. Suzuki refiriéndose al sutra Avatamsaka, uno de los principales textos del budismo mahayana: 

El significado del Avatamsaka y de su filosofía será incomprensible a menos que experimentemos ... un estado de completa disolución, donde no exista diferenciación entre la mente y el cuerpo, entre el sujeto y el objeto... Entonces miramos alrededor y vemos eso... que cada objeto está relacionado con todos los demás objetos... no sólo espacialmente, sino temporalmente... Experimentamos que no hay espacio sin tiempo, que no hay tiempo sin espacio; que se interpenetran.

Indudablemente existe la percepción y existe también la tendencia a justificar la percepción imaginando un substrato ontológico; es ahí donde el nagualismo tolteca dice: «Calla la mente, no cedas a la hipótesis y potencia la percepción». Tal como manifiestó el brujo yaqui don Juan Matus cuando dijo: "Lo que yo prefiero es “ver” (refiriéndose al acto de atestiguar el indescriptible flujo de energía sin preconcepciones, memorias e identificaciones) porque sólo viendo puede un hombre de conocimiento saber". 

Veamos que en el famoso “sutra del corazón”, Shariputra le pregunta a Avalokiteshvara:  
—"¿Cómo debe proceder un hijo noble, cuando desea adiestrarse en la práctica de la perfección profunda de la sabiduría?" 

Y el noble señor Avalokiteshvara, contestó al venerable Shariputra:  
—"Shariputra, cualquier hijo o hija noble que desee adiestrarse en la práctica de la perfección profunda de la sabiduría deberá hacerlo entendiendo que los cinco skandhas carecen de existencia por sí mismos. La forma sólo es vacío y el vacío es en verdad la forma. El vacío no es diferente de la forma, la forma no es diferente del vacío. Lo que es forma, es vacío, lo que es vacío, es forma." 

El sutra del corazón declara que los skandhas, que constituyen nuestra existencia mental y física, son vacíos en su naturaleza o esencia, pero también declara que esta vacuidad es igual a la forma (lo que denota plenitud), en decir, que esto es una vacuidad que al mismo tiempo no es diferente del tipo de realidad que normalmente atribuimos a los eventos; no es un vacío nihilista que socava nuestro mundo, sino un vacío positivo que lo define. 

Para concluir, a manera de reflexión se transcribe un fragmento de Carlos Castaneda sobre los postulados de la brujería abstracta: 

El ser humano pertenece al grupo de los primates. Su gran fortuna es que puede llegar a expresiones únicas de conciencia, por su capacidad de atención y análisis. Sin embargo, la percepción pura siempre se ve interferida por la forma en que interpretamos. Por lo tanto, nuestra realidad se amolda a la descripción. 

Como seres autónomos que somos, nuestra percepción también podría serlo. Pero no lo es, ya que, al ponernos de acuerdo con nuestros semejantes, todos percibimos lo mismo. Esa extraordinaria facultad, que comenzó con un consenso voluntario orientado a la supervivencia, ha terminado por atarnos a nuestras propias descripciones. 

La meta de los brujos abstractos es percibir todo lo que es humanamente posible. Ya que no podemos salir de nuestra condición biológica, ¡seamos monos sublimes!