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Siguiendo la filosofía de Śamkara, aquí se habla de los tres tipos de experiencias que pueden hacernos reconocer la no-dualidad de un universo que es solamente conciencia.

Algunas de las filosofías místicas más logradas sostienen que el mundo es no-dual, es decir, que nuestra experiencia de un mundo dividido entre sujetos y objetos, luz y oscuridad y demás, es solamente un hábito perceptual que puede purificarse para lograr reconocer que todo es sólo conciencia absoluta e indivisible. 

Uno de los grandes exponentes de esta visión de mundo fue el el filósofo indio Śamkara, unas de las figuras centrales del Vedanta y suprema influencia del Advaita Vedanta. Se cree que Śamkara vivió en los siglos VIII y IX d.C. y murió apenas a los 32 años de edad dejando una vasta obra, entre ella un famoso comentario a los Brahma Sutra, que formó parte de los Sacred Books of the East que Max Müller comisionó traducir, considerándolo una de las joyas de la literatura asiática. Se sabe poco de su vida y, como ocurre con las figuras de los grandes sabios en la India, es difícil desentrañar la leyenda y el mito de lo real (si es que tal cosa es posible o deseable). Pero entre lo más destacado de las anécdotas se cuenta que a los 7 u 8 años ya había decidido convertirse en un renunciante. A los 12 años o algo similar ya había aprendido todas las escrituras bramhánicas y empezaba a desempeñarse como maestro, en el transcurso venciendo a diferentes filósofos en famosos debates.  

Śamkara enseñó lo que se conoce como "subjetividad trascendental", esto es, el universo entero como la experiencia subjetiva de la deidad (Brahman). Aunque el mundo es no-dual, esta no-dualidad no puede verse, decirse o pensarse, ya que estas actividades nos colocan inescapablemente en una lógica dualista de sujeto-objeto (el lenguaje supone un sujeto y un predicado, el pensamiento es alguien que piensa y algo que es pensado, etc.). Sin embargo, la no-dualidad sí puede experimentarse, aunque inefablemente, reconociendo la pura conciencia de existir que es el Brahman. Atisbos de esta realidad podían encontrarse, según explica el Dr. Óscar Pujol, quien ha traducido a Śamkara y es autor de un libro sobre su obra titulado La ilusión fecunda, en tres momentos de la vida de una persona: durante el rapto místico, durante el acto sexual y durante el goce estético. Estas son las tres experiencias supremas de no-dualidad para el hombre en vida. Alguien en la actualidad quizás podría pensar en los psicodélicos, pero no sabemos si esto sería avalado por Śamkara y preferimos descansar en su autoridad. 

Para la mente occidental, el misticismo se ha vuelto algo marginal, primitivo, supuestamente refutado o completamente ajeno. La sexualidad, por supuesto, es una dimensión donde la no-dualidad puede encontrarse pero no ciertamente en el sexo común y corriente que se difunde en la esfera pública como algo que debemos conseguir para ser felices junto a toda una plétora de productos aspiracionales. La no-dualidad del sexo depende de una cierta veta mística (tántrica y alquímica) o de una cierta sublimación estética, un poco en el sentido de Platón, donde el amor lleva a la experiencia anagógica de la belleza. Pujol argumenta que lo que tenemos hoy en día más vivo para experimentar la no-dualidad es la experiencia estética. Existe cierta permisividad social para los artistas, permitimos que los artistas experimenten con la locura pero ya no a los santos (los santos son puestos en duda por la suspicacia secular ante todo lo sagrado). El arte absorbe el remanente de lo sagrado religioso. Sin embargo, podríamos argumentar que dentro de la tecnocracia y el materialismo científico, que son cada vez menos los verdaderos artistas que experimentan la realidad como teofanía, como éxtasis o como no-dualidad. La esencia espiritual del arte es puesta en duda, como todo, por el paradigma secular dominante.

Hoy en día cada vez más personas padecen una especie de incredulidad irónica que es revestida como un signo de inteligencia que aporta el pensamiento científico. Esto no difiere en casi nada del fanatismo religioso (la sociedad secular es una forma de fundamentalismo, ha dicho Roberto Calasso, otro destacado indólogo) y por ello es necesario atizar un poco el fuego de la conciencia para poner en duda también los constructos del pensamiento moderno. Una experiencia de no-dualidad, puede ser justo la medicina necesaria para que transformemos nuestra forma de experimentar el mundo basada en las creencias del materialismo. Para ello, entonces, tenemos esta breve incitación de Śamkara, que nos puede motivar a acercarnos al silencio de lo místico, al erotismo y al arte con otra mirada (quizás con una ausencia de mirada, eliminando el pequeño yo para que nos posea la subjetividad universal). Glosa Pujol que "la liberación no consiste en hacer nada, solamente es reconocer esa conciencia", una conciencia que es la luminosidad de todas nuestras percepciones, incluso cuando estamos en un estado de sueño profundo y posiblemente también más allá de la muerte.

 

Twitter del autor: @alepholo

Citas de Óscar Pujol tomadas de su conferencia durante las "Jornadas Indológicas" realizadas en la UNAM el 5 y 6 de octubre del 2016.

 

El conocimiento del deseo, reflexión sobre la cinta “La academia de las musas” (José Luis Guerín, 2015)

AlterCultura

Por: Psicanzuelo - 10/06/2016

Un profesor de Filología se debate entre el deseo y el amor, a través de una ruta personal de autoconocimiento, en otra sólida docuficción del director catalán

La academia de las musas (José Luis Guerín, 2015) es una "docuficción" que reflexiona sobre los distintos tipos de amor, de lo cerca que se encuentran el sexo y la muerte, de lo joven que puede ser un viejo y la sabiduría que se encuentra en la juventud. Raffaele Pinto en la vida real es un profesor de Filología italiano, de la universidad de Barcelona, que sirve a Guerín como personaje principal en su más reciente cinta donde interpreta o se interpreta, o más bien se reinterpreta como profesor. No es sorpresa que el brillante director le dé vuelta una vez más a los géneros fílmicos en su propuesta y nos haga preguntarnos todo el tiempo qué tan real es todo lo que estamos mirando en pantalla, por cierto en una aguda edición hecha por él mismo y que suma a la búsqueda filosófica, abriendo las preguntas en lugar de contestarlas, abriendo las interacciones en cortes de cosas que parecen separadas y cosas que parecen vinculadas, mostrando polaridades inmediatas aparentemente lejanas. Las preguntas subyacen bajo las cuestiones que parecen algo y son otra cosa, sobre la existencia o no del amor, también sobre el deseo, y viceversa: de lo que precede a lo que existe por medio del deseo y del amor, sobre la inspiración artística bajo el deseo principalmente. 

El profesor Pinto alecciona a varias pupilas sobre la naturaleza de las musas, con ejemplos variados que van de los mitos griegos a la divina comedia. Les hace ver la forma en cómo el propio engaño puede ser a veces camino para ser más fiel al amor, que es lo que importa, asuntos de filosofía por encima del instinto para que triunfe el instinto espiritual que bien puede residir en la carne. Las estudiantes intercambian apuntes fuera de clase, intentan llegar al meollo del asunto, y siguen al profesor como portador de la verdad cuando les rebela que la poesía desde tiempos de Orfeo consiste en conectar el mundo de los muertos con el mundo de los vivos. Bajo esta perspectiva, ¿qué podría ser el amor y qué podría ser una musa? 

El profesor está casado con una mujer de su edad (avanzada), que lo cuestiona por su infatigable búsqueda por la juventud de sus alumnas, por su hipocresía con la que parece justificar sus desvaríos románticos y calenturas de su segundo aire con actos poéticos y clases de Filología. En especial hay una alumna que intenta convertirse en una musa para su maestro, y se percata de que fue una musa para alguien que nunca conoció en persona anteriormente y que, como pasa en todas las relaciones digitales, ellas se vuelven musas de poetas al nivel que sea. 

Las escenas en el aula, en los pasillos y lugares aledaños de la escuela se conectan con escenas en el campo donde algunas alumnas graban el sonido con micrófono y grabadora, de pastores que cantan, sonidos de épocas lejanas, borregos a sus alrededores. Es un toque que dimensiona los discursos del profesor, que parecen de otra época, a un momento actual y finalmente a la atemporalidad a la que se esclaviza el humano simplemente siendo humano; aunque sospechamos que los valores de los que se habla son otros, no podemos dejar de percibir que no dependen de su factor temporal.

Los reflejos que se encuentran entre ellas y la audiencia muchas veces nos conecta visualmente con la idea filosófica de la cueva de Platón, no es que sean ellas o él, es una proyección de algo que se encuentra en otro lugar, a donde se puede acceder por medio de la reflexión y de la ausencia de ella. 

Mira el trailer de la película:

Y aquí puedes ver una entrevista a la actriz Mireia Iniesta:

 

Twitter del autor: @psicanzuelo