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Existe una fuerza e inspiración especial en el caos y no deberíamos ser tan ordenados, afirma economista

Filosofía

Por: pijamasurf - 10/28/2016

Tim Harford ha escrito un libro basado en una investigación sobre los efectos del caos y el orden en la creatividad y éstas son algunas de sus conclusiones

Hay diferentes teorías y estrategias con respecto a la creatividad, una de las recomendaciones que con más frecuencia se hacen a quienes parecen tener dificultades para mantener el caos bajo control es que sean limpios y ordenados. Lo cual, además de resultar chocante para algunos, no necesariamente se traduce en mayor creatividad o en su hija bastarda: la productividad. De hecho, de acuerdo al economista y periodista británico Tim Harford a veces el caos es mucho mejor que la precisión y el orden. Esto se debe a que a veces el caos puede ser más funcional que las técnicas de sistematización, ya que lleva a quienes se encuentran inmersos en él a experimentar, y produce distracción, disrupción, elementos inesperados y cambios de contexto, lo cual puede resultar sumamente fructífero en términos creativos. 

 

Al menos eso es lo que sostiene Harford en su libro Caótico: cómo ser creativo y resiliente en un mundo con mentalidad de orden. El autor hace hincapié en la importancia que tiene la estandarización en cosas como el transporte público, las instalaciones eléctricas y  otro tipo de cuestiones, pero en el día a día algo de aleatoriedad puede ser buena. Sin embargo, parece que los humanos no siempre somos buenos para abrazar el caos, esto se ve reflejado en la tendencia de tener amistades que son como nosotros, lo cual nos priva de conocer personas realmente buenas y hacer contactos más allá de nuestro pequeño mundo. De acuerdo con sus investigaciones, Harford afirma que establecer conexiones al azar con extraños nos puede dar mejores resultados. Además sugiere un par de teorías con respecto a por qué a veces nos invade un desastre cuando estamos tratando de ser ordenados. Primero afirma que un espacio de trabajo debe ser funcional y quizá tu escritorio se vea terriblemente desordenado para otros, pero si te funciona, entonces está bien. Por otro lado, también sugiere que nuestro escritorio tiende a volverse más caótico cuando estamos más agobiados y estresados. 

 

A raíz de la investigación que realizó para su libro, el autor ha dejado de presionar a sus hijos para que mantengan su cuarto ordenado (lo cual no incluye las áreas comunes, por supuesto), pues cree que la cuestión del orden y el caos y cómo nos relacionamos con él es algo que debemos enfrentar todas las personas a nivel individual y proveer nuestra propia respuesta. Además concluye que:

 

Sistemáticamente tratamos de ser más limpios de lo que deberíamos. Tratamos de ser más organizados de lo que debemos ser y nos sentimos muy culpables cuando nuestro sistema de organización se cae a pedazos, lo cual sucede con frecuencia. Nos hacemos pasar un mal rato por ser desordenados cuando en realidad el caos puede ser la forma más efectiva de organizar la información.  

 

Al parecer el filósofo Friedrich Nietzche no estaba tan alejado de la realidad cuando sugirió que:

 

Uno debe albergar caos en sí mismo para ser capaz de dar a luz a una estrella danzante. 

 

De tal forma que la siguiente ocasión que alguien te reclame por tu desorden puedes sugerirle que se dé una dosis de caos para alejarse de la rigidez y acercarse a la creatividad. 

 

“Cor ne edito: No te comas el corazón” ¿Qué significa esta misteriosa enseñanza atribuida a Pitágoras?

Filosofía

Por: pijamasurf - 10/28/2016

Una enseñanza de Pitágoras que nos llega apenas como un fragmento, pero no por ello con menos fuerza para llevarla a nuestra vida

De la Antigüedad, en muchos casos sólo tenemos fragmentos. Eso que sucede con edificios y otras reminiscencias que podríamos calificar como físicas y palpables –las ruinas de ciertos templos, las reliquias de algunos objetos– sucede también con el conocimiento de lo antiguos, el cual estamos muy lejos de conocer en su forma original y, a cambio, llegó a nosotros después de muchos trasvases. Creemos leer a Platón, pero en realidad leemos aquello que se conservó del filósofo, y lo mismo para poetas, trágicos, historiadores, protogeógrafos y más.

En este contexto, hubo ciertas obras más afortunadas que otras. Hubo algunas que, como las de Eurípides y Aristóteles, sobrevivieron si no íntegras, sí al menos con abundancia. Para conocer la obra de otros autores ha sido necesario rastrear, hurgar, extraer, hacer una especie de labor minera en los comentadores que retomaron sus palabras muchos siglos después, que reprodujeron lo que alguna vez leyeron o escucharon y que, en esas fuentes indirectas, se atribuía ya de segunda mano a filósofos como Parménides o Diógenes.

Así también con Pitágoras, un personaje de curiosidad y sabiduría legendarias, que pasó a la historia como una especie de primer hombre que despertó al mundo cuando todo en éste permanecía sin nombre ni definición. Como otros filósofos presocráticos, a Pitágoras se le atribuye un interés en prácticamente todos los campos de conocimiento, desde los astros hasta el funcionamiento del cuerpo, de las matemáticas a la posibilidad de la metempsicosis.

Entre lo mucho que Pitágoras enseñó, se encuentra una serie de enseñanzas que el pseudo Plutarco recoge en un escrito conocido como “Sobre la educación de los hijos”. Cabe mencionar que pseudo Plutarco no es tanto un autor específico, sino más bien un genérico que por falta de mayor precisión histórica, se utiliza para agrupar una media docena de textos que, hasta la fecha, no se sabe bien a bien quién escribió.

En “Sobre la educación de los hijos”, decíamos, pseudo Plutarco enumera varias “alegorías” que la tradición atribuye a Pitágoras, mismas que acompaña de una explicaicón porque, de inicio, incluso en la Antigüedad podían parecer enigmáticas. Por ejemplo, ésta: “No llevar un anillo estrecho”, que pseudo Plutarco interpreta como que “se debe vivir una vida libre y no sujeta a lazo alguno”.

Pero la que nos atañe es quizá aún más enigmática: “no devorar el corazón”, que ha pasado a la historia también bajo su fraseo en latín: Cor ne edito.

Más allá de algunas interpretaciones mitográficas y antropológicas que podrían hacerse –comer el corazón es un momento fundamental de muchos rituales, en varias culturas, lo mismo en las leyendas titánicas, que en Game of Thrones, o en los ciclos caballerescos de la Edad Media cristiana–, pseudo Plutarco realiza una lectura mucho más sencilla y, sobre todo, práctica, vital. “No te comas el corazón” es, desde su punto de vista, una recomendación muy simple: “no dañar el alma consumiéndola con preocupaciones”.

Quizá esto es mucho menos excitante que el momento en que, en la novena historia del Decamerón, un caballero descubre la infidelidad de su esposa en los brazos de su mejor amigo, con las consecuencias previsibles, pero de cualquier forma es un buen consejo. No desgastes inútilmente tu corazón –es decir, tu ánimo, tu espíritu, tu mente– preocupándote, probablemente la forma más inútil de lidiar con tu malestar. Si algo te angustia, si algo te inquieta, si algo está afectando tu vida, haz algo al respecto, decide, actúa: evita que tu corazón se coma a sí mismo.