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Este neurólogo cree que es cuestión de tiempo para que la inteligencia artificial elimine a los humanos

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/19/2016

Acostumbrados a la ciencia ficción, nuestra civilización no ve la amenaza muy real de una sublevación de las máquinas

Imagen: Anónimo: "Humani victus Instrumenta"

El panorama de sci-fi que nos describen películas como Terminator 2Trascendence o Her (desde el género de acción o de drama) nos ha vacunado contra la amenaza de que en un futuro no muy lejano la inteligencia artificial se ponga en nuestra contra. El neurólogo de la Universidad de California en Los Angeles, Sam Harris, cree que incluso "es difícil no ver cómo van a destruirnos o inspirarnos a destruirnos a nosotros mismos."

La historia de la civilización humana es la historia de cómo hemos pensado y creado un mundo bajo la premisa de que somos el pináculo de la inteligencia: simplemente nunca lo hemos puesto a prueba. Harris, por su parte, no cree que el ser humano sea la cumbre de la inteligencia, ni por mucho. Imaginemos la inteligencia como una curva: debajo de nosotros están los animales (o eso creemos), pero lo que está por encima de nosotros escapa a nuestra comprensión, simplemente porque no tenemos manera de avizorarlo. Según Harris:

No estamos parados en la cima de la inteligencia, ni siquiera cerca, con seguridad. Y esta es la idea clave. Esto es lo que vuelve nuestra situación tan precaria, y esto es lo que vuelve nuestra intuición sobre los riesgos tan poco confiables.

A decir del autor de libros sobre inteligencia artificial, la emergencia de la inteligencia artificial como una fuerza controladora del mundo es inevitable porque 1) nos gustan las cosas inteligentes (probablemente estás leyendo esto en un "teléfono inteligente"); 2) es de mucha ayuda tener cosas inteligentes que hacen nuestra vida más fácil (hasta que la dificultan); y 3) por lo tanto, mientras tengamos la capacidad de hacer cosas más inteligentes, lo haremos.

Siguiendo la lógica del investigador, a medida que seamos capaces de crear una inteligencia artificial cada vez más autónoma, ésta va a crear a su vez software que le ayude en su tarea, y ese será el final. ¿Por qué? Porque la inteligencia humana (limitada por la biología y los patrones de conducta animal) es un impedimento para tareas superiores, desde el punto de vista abstracto de una inteligencia superior.

En el futuro "no-tan-distante", Harris prevee dos caminos:

 

1. Evolución separada. Lo asemeja a la relación entre las hormigas y los seres humanos. Los humanos no odiamos a las hormigas, en ocasiones ni las notamos. Pero si una plaga de hormigas se adueña de tu cocina, las eliminas. Nosotros podríamos ser las hormigas de la futura inteligencia artificial.

2. Coevolución. A través de medios prostéticos como los que buscan desarrollar compañías como Kernel y que son tan celebrados por el pionero Elon Musk, es posible que logremos hacer que la evolución de la inteligencia artificial se adapte a las necesidades humanas.

 

¿Qué piensas de la inteligencia artificial? ¿Crees que seremos colonizados por las máquinas o que siempre encontraremos algún modo de prevalecer (como la plaga que somos a veces)? Cuéntanos en los comentarios.

¿Qué es la teoría de Gaia y por qué el planeta Tierra puede considerarse un superorganismo vivo?

Ciencia

Por: pijamasurf - 10/19/2016

No somos formas de vida habitando un planeta: el planeta mismo es vida, y esto puede probarse científicamente

En los años 60 del siglo pasado, el científico atmosférico James Lovelock llevó a cabo un estudio para la NASA, el cual pretendía detectar vida en Marte. Comparando las atmósferas de Venus, la Tierra y Marte, Lovelock concluyó que la presencia de vida en un planeta afecta la composición química de la atmósfera. Marte y Venus no tienen vida debido a que sus atmósferas contienen más de 95% de dióxido de carbono y apenas rastros de oxígeno, mientras que nuestro planeta contiene 21% de oxígeno con algunas trazas de CO2.

Con el desarrollo de este estudio, Lovelock realizó modelos computacionales que prueban que sin la presencia de vida en la Tierra, la temperatura subiría tanto que el planeta sería inhabitable. A partir de esta correlación entre la vida y la atmósfera, Lovelock propuso la “teoría Gaia”, la Tierra como un superorganismo dependiente.

En palabras de la bióloga Lynn Margulis, “la vida no existe sobre la superficie de la Tierra, sino que es la superficie de la Tierra… La Tierra no es un pedazo de roca de tamaño planetario habitado por vida, así como tu cuerpo no es un esqueleto infestado de células.”

La teoría Gaia también puede entenderse como un proceso de coevolución capaz de revolucionar la tradicional teoría darwiniana de que la vida se adapta pasivamente a los cambios del medio ambiente; para Lovelock y sus seguidores, la presencia de vida crea poco a poco las condiciones del medio.

Para entender esto hay que remontarnos algunos miles de millones de años al pasado, cuando la atmósfera terrestre estaba compuesta casi en su totalidad de CO2, como las de Marte y Venus. Cuando aparecieron las primeras bacterias y comenzaron el proceso de fotosíntesis, el dióxido de carbono se volvió su alimento primordial, por lo que, como consecuencia, la vida se extendió y los niveles de CO2 bajaron al igual que la temperatura. 

Este proceso dio origen a algo conocido como “holocausto del oxígeno”, hace unos dos mil millones de años, cuando se acumuló demasiado oxígeno como resultado de la metabolización de CO2. Este oxígeno era tóxico para las bacterias primordiales, por lo que nuevas variaciones tuvieron que surgir, que pudieran a su vez alimentarse del oxígeno. Esto demuestra claramente la teoría de Lovelock, donde “la evolución de las especies y la evolución de su medio ambiente ocurren a la par como un único e inseparable proceso.”

En la alquimia del mundo, el planeta y los seres vivos no pueden cambiar sin afectarse mutuamente: la vida crea sus propias condiciones autopoiéticas de emergencia, y este aparentemente estable proceso en el cual aparecieron los seres humanos nos permite comprender un poco mejor que eso que a veces se llama “el milagro de la vida” no es una aparición azarosa, sino el resultado de condiciones muy concretas e históricamente verificables.