*

X

¿El paganismo es la religión perfecta para los millenials?

Filosofía

Por: pijamasurf - 10/04/2016

El paganismo no es una religión como tal, sino una suma de diferentes prácticas espirituales que pueden adaptarse personalmente con gran flexibilidad

La función de las religiones en la vida de la gente puede abordarse desde puntos de vista comunitarios, políticos, económicos, e incluso como genuina necesidad espiritual de trascender lo inmediato, hacer contacto con una naturaleza divina profunda, o la vivencia del relato vital que los practicantes decidan. Las religiones tradicionales (pensando en el catolicismo, el cristianismo, el judaísmo y el islamismo, "religiones del libro") tienen en común un culto a una forma divina tardía (el dios masculino todopoderoso), por lo que podemos considerarlas religiones “jóvenes” con respecto a cultos más antiguos.

Es a este tipo de cultos antiguos que se aplica la palabra “paganismo” al explicar la creciente afiliación de estudiantes y jóvenes en Occidente a ceremonias Wiccan, a la lectura de Magick, al regreso a las fuentes prehispánicas provenientes de pueblos mayas, huicholes, zapotecos, incas, mapuches o apaches, por nombrar sólo algunos, así como a formas híbridas de conocimiento espiritual, como el paganismo humanista, el neopaganismo, la Iglesia de Satán, el ecopaganismo, y muchos, muchos grupos más. Estos cultos tampoco –ni mucho menos– fueron descubiertos por los millenials, sino que han sido practicados a través de linajes ininterrumpidos, secretos en ocasiones, abiertamente en otras (como los Wiccan del ejército estadounidense) durante siglos.

El “pagano” no es necesariamente el ateo: el término latino “paganus” se refiere a quienes vivían en los “pagus”, en las aldeas lejanas de las ciudades. La palabra adquiere su connotación de alguien contrario al cristianismo durante el siglo IV o el V, cuando Roma permite a los cristianos desarrollar su culto a cambio de que pagaran impuestos a las arcas imperiales. Los “paganus” pagaban sus impuestos en el altar, como cualquier súbdito no cristiano del imperio, pero con las reformas de Teodosio el pagano adquirió su connotación negativa actual: el pagano es, antes que otra cosa, un no cristiano que mantenía contacto con cultos anteriores, como la devoción de los penates o dioses familiares.

Según Michael Strmiska, profesor visitante de estudios religiosos de la Universidad de Masaryk, “el atractivo del paganismo moderno es que es una alternativa a las religiones tradicionales, como el cristianismo.” Desde luego, “no todos los paganos aceptan la etiqueta de "pagano", pero desde un punto de vista académico, su denominador común es un intento de recrear y revisitar el precristianismo".

Estimaciones de los últimos censos en Estados Unidos calculan que existen entre medio y un millón de estadounidenses que se identifican a sí mismos como paganos. Probablemente no se trate de una minoría representativa ni siquiera, pero muchos ya empiezan a organizar jornadas y eventos en torno a sus creencias, así como grupos de estudio y clubes dentro de universidades, lo que coloca al fenómeno en la órbita de los millenials.

Procesión Wiccan en Inglaterra


¿Una religión para millenials?

Y es que si lo consideramos un momento, los millenials son un grupo poblacional amplio, a menudo malentendido aunque muy atacado —justo como los paganos del siglo IV. Como los paganos, los millenials tienden a sentirse ajenos a las formas de trabajo y de entender el éxito, el mundo, el amor y todas las categorías de las generaciones previas, por lo que también es comprensible que poco a poco buscaran formas de representarse la espiritualidad de una manera “personalizada” y propia.

En cuanto a religión, los intereses de los millenials no se centran únicamente en las influencias familiares o de su entorno inmediato, sino que han crecido enterándose de otras formas de culto religioso en todo el mundo como algo que se da por sentado. Si nuestros abuelos o bisabuelos creían en un mundo tajantemente católico, cristiano o protestante, los jóvenes de hoy saben que el árbol de las religiones tiene una pluralidad asombrosa de ramas, y que de todas se puede aprender un poco.

Bandera de los paganos queer

Los neopaganismos actuales, pues, serían un destilado de sabidurías ancestrales, no siempre seguidas con rigor, pero puestas en el crisol de la fe como creencias vivas, que finalmente es lo que mantiene las religiones como fuerzas de cohesión actuante en el mundo.

El "Humanismo pagano" es una de las versiones más pujantes de esta tendencia. El editor del sitio web homónimo, John Halstead, fue criado como mormón, pero afirma que el paganismo ni siquiera refuerza la necesidad de creer en dioses como tales. “Lo que me llevó al paganismo”, afirma Halstead, “fue una serie de cosas, una de las cuales fue una conciencia creciente entre la gente, religiosa y no, sobre el cambio climático y nuestra responsabilidad para con la Tierra… Es una religión que me pareció consistente con el estado actual de la ciencia de nuestros días”.

En ese sentido, los paganos utilizan un lenguaje “teísta”, esto es, que se refiere al Sol, las estaciones y la naturaleza como si se trataran de seres o entidades divinas. Su filiación con movimientos ambientales y ecológicos los vuelve también una probable fuerza política en el futuro próximo, cuando la situación medioambiental se agudice (de hecho, ya realizan acciones en torno a celebraciones como el día del planeta en Europa, Canadá y Australia). 

Margot Adler, sacerdotisa Wiccan, escribió sobre el futuro del paganismo que no debe convertirse finalmente en una religión más, pues “nuestro movimiento sigue siendo importante en parte por su crítica a las religiones monoteístas y patriarcales. ¿Se perderá o se debilitará esa crítica cuando el paganismo tome el lugar que le corresponde como una religión establecida?” Sólo sus practicantes podrán determinarlo.

Con información de Inverse.

Te podría interesar:
Una serie de pasos que han sido recorridos con provecho por muchos exploradores espirituales

"Los ocho pasos del yoga" (u ocho escalones o ramas, siendo más literal) se atribuyen tradicionalmente a Patanjali, yogui del siglo III de nuestra era, y es considerado el texto fundacional del yoga. Como en una procesión o una escalera, cada estancia del sendero prepara al cuerpo y a la mente para la iluminación. Aquí te proponemos una explicación sencilla de cada uno de los ocho senderos, comenzando por los comportamientos sociales, yama (a menudo referidos como “hacer”, o hábitos que hay que cultivar) y niyama (“no hacer”, en el sentido de una prohibición o hábitos a evitar):
 

1. Yama
Se divide en cinco aspectos a evitar, aunque también pueden entenderse como votos:

  • Ahimsa, o no violencia. No lastimar a ninguna criatura, en pensamiento ni en acto. 
  • Satya, o no mentir. Cultivar la honestidad de pensamiento y acto.
  • Asteya, o no robar. Esto aplica tanto para cosas materiales como intangibles, como la atención de los demás sólo para satisfacer tu ego.
  • Brahmacharya, que a menudo se traduce como “castidad”, pero que literalmente quiere decir “buscar a Brahma”. Quiere decir evitar la lujuria, en el sentido de relaciones sexuales superficiales que disminuyen nuestra energía.
  • Aparigraha, o cultivar el desapego a las cosas materiales y buscar una vida simple.

2. Niyama
Son hábitos en el trato con nosotros mismos, sobre la observancia de una disciplina interior, y al igual que Yama se dividen en cinco aspectos:

  • Shauca, o pureza, que se obtiene al cultivar los cinco aspectos del Yama. Se trata de una “limpieza” energética, o como dice la frase popular, “tratar tu cuerpo como si fuera un templo”.
  • Santosha, o satisfacción, pero no la de los sentidos y las pasiones, sino la que se produce a través de habitar el instante y hacernos responsables de nuestra circunstancia actual, a partir de la cual podremos desarrollarnos.
  • Tapas, o austeridad. Se trata de alejar la mente, el habla y el cuerpo disciplinadamente de aquello que no aumente nuestra energía, de manera que estemos disponibles para fines espirituales más altos.
  • Svadhyaya, o estudio de los textos sagrados. Puede entenderse no sólo como el estudio de los Vedas y sutras de la tradición hinduista, sino por extensión el proceso educativo que promueve la conexión con lo que sea divino para ti.
  • Ishvara-pranidhana, o vivir con conciencia de lo divino. Se trata de cultivar devoción hacia lo que sea divino para ti, dios(es), Buda, los ancestros, etcétera.

3. Asana
Aunque en muchos estilos de yoga se habla de asanas como sinónimos de posturas, el asana del óctuple camino se refiere por extensión a la preparación del cuerpo para la meditación. En Occidente, el yoga es visto a menudo como una forma de ejercicio y acondicionamiento físico, pero en la tradición se trata de aprender a controlar la posición del cuerpo durante largos períodos para evitar que éste sea una distracción durante la meditación. Como dijo Patanjali, “asana se consigue al liberar el cuerpo y la mente de la tensión y la impaciencia y meditar en el infinito”.


4. Pranayama
Pranayama” se suele traducir como “control de la respiración” puesto que el prana, o energía vital, está íntimamente ligado a la respiración. En efecto, muchos maestros hacen hincapié en la importancia de la conciencia en la respiración, pero no como una forma de “control” sino para mantener la regulación energética del cuerpo. Al inspirar, nuestra energía sube; al expirar, baja. Cuando nos asombramos o algo nos hace felices inconscientemente metemos aire al cuerpo (“¡Ah!”), mientras que la tristeza y el abatimiento crean el efecto contrario al expirar. Más que controlar la respiración se trata de evitar que la mente se distraiga, promoviendo la concentración mediante los procesos de inspiración, retención y expiración de aire.


5. Pratyahara
Este escalón puede traducirse como “retirada” de los sentidos, de modo que la atención se interiorice. Se trata de retirar gentilmente nuestra atención en todo momento de cada cosa que ocurre a nuestro alrededor, de manera que podamos reconocer la naturaleza ilusoria de toda percepción sensorial e incluso emocional e intelectual. 


6. Dharana
Según Patanjali, la concentración o dharana implica “reunir el pensamiento en un lugar”, a la manera en que las hojas de un libro se encuentran “concentradas” en el libro. En esta práctica fijamos la mente en algún objeto que nos ayude a meditar, que puede ser físico como una flor, un mandala o una vela, o sonoro, como los mantras. Es la concentración sin esfuerzo, reposada.


7. Dhyana
La concentración o dharana produce un estado de meditación que se llama dhyana, una meditación sin objeto (que no debe confundirse con “la nada” occidental). En dhyana la distracción no es un problema, porque la concentración sin esfuerzo ha rendido frutos. No se trata únicamente de la calma de la meditación, sino de llevar esa calma con nosotros a todos los aspectos de nuestra vida, a cada momento.


8. Samadhi
Es el estado último al que puede aspirarse a través del camino del yoga, pero describirlo en palabras sería un ejercicio vacío. Los maestros lo llaman “la unión con dios” y la alegría absoluta, contemplación pura y superconciencia. Aquí se han eliminado todas las oscilaciones de la mente y se descansa en aquello que es incondicionado.