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Video: Así era Burning Man en los 90 (prepárate para sentir nostalgia de lo que nunca viviste)

Psiconáutica

Por: Pijamasurf - 09/07/2016

Burning Man en los noventa realmente parecía el mejor lugar del mundo para trippear

"Descubrimos que se puede crear un espacio sagrado sin tener credo alguno... Todas las religiones de alguna manera empezaron con alguien en el desierto y no puedes más que estar en algún momento de tu vida en el desierto, pensando cósmicamente... y el Hombre es como un escalera entre el cielo y la tierra".

 

Hace unos días se dio a conocer el ataque que sufrió el campamento White Ocean dentro del festival Burning Man, aparentemente como protesta contra los millonarios que están cooptando y corrompiendo el espíritu del festival. Y desde hace algunos años se ha venido señalando por asiduos burners está tendencia. Este video de 1997, una verdadera joya, nos da una muestra de lo que era este festival en todo su extraño esplendor y eso que en ese entonces ya llevaba poco más de una década (los primeros Burning Man fueron en Baker Beach con apenas cientos de personas quemando un hombre de madera).

En 1997 unas 15 mil personas se reunieron en el desierto de Nevada para celebrar "la creatividad, el caos y la comunidad". O, como dice uno de los entrevistados por ABC, para "ser ellos mismos" en "el último lugar cool que existe". Y ese fue el problema de Burning Man: que se volvió demasiado cool y no pudo resistirse a la masificación. 

Una de las organizadoras señala que Burning Man no es realmente una fiesta, es un lugar para expresarse, es un evento cultural y espiritual y advierte que todo estará bien mientras el festival esté compuesto por un 90% de personas que quieren expresarse y un 10% de personas que quieren divertirse con los artistas. Hoy, al parecer, es al revés.

Antes costaba 75 dólares hoy eso ha aumentado casi 1000%, lo cual significa decenas de millones de dólares, si se toma en cuenta que asisten unas 80 mil personas.

Los creadores ya anticipaban que entre más personas iban el festival, tendrían más problemas. Y ya en 1997 se hablaba de que se estaban teniendo que restringir las libertades. Uno de las organizadores nota que no se trata de hacer que lo que sea, sino que la idea esencial es tener una experiencia transformadora y participar en la construcción de una comunidad; realizar la utopía parecía algo posible. 

Al final, el reportero de ABC, aparentemente convertido al espíritu burner, alabando a los asistentes, avisa que en el 1997 Burning Man fue "un evento cultural altamente exitoso, sin accidentes".

 

En el minuto 6:19 se puede apreciar una máquina de sueños vintage que sigue el diseño de William Burroughs y Brion Gysin.

A continuación, ofrecemos escenas altamente psicodélicas sin el sello corporativo de Burning Man en 1991, el segundo año el desierto. Nótese un momento alquímico en el fuego donde los participantes queman "sus intangibles" (cosas como el miedo y la alienación) y bailan alegre y salvajemente, soñando con la magia primitiva, con el retorno del ritual del espacio sagrado de comunión.

La eficacia terapéutica de la hipnosis ha sido fascinante y puesta en duda, pero nunca se le había observado con este nivel de detalle.

La imagen del temprano psicoanalista o del mago poniendo bajo estado de trance a un sujeto está presente en el imaginario contemporáneo como una imagen anticuada, incluso algo supersticiosa: de entre los debates que conciernen a la mente y la conciencia, la hipnosis es uno de los que suele dividir tajantemente a los partidarios y defensores de los detractores o escépticos.

Fue por ello que un grupo de investigadores realizaron un estudio (publicado en la revista Cerebral Cortex) con la participación de 545 personas, divididas en dos grupos según su propensión a ser hipnotizadas o al hecho de no poder hipnotizarse en absoluto.

Dentro de una máquina de resonancia magnética, los participantes debían completar una serie de ejercicios mentales para medir la actividad específica de diversas zonas cerebrales, así como variaciones en la circulación sanguínea dentro del mismo. Los ejercicios podían consistir en relajarse simplemente, en pensar en su día con gran detalle, o entrar en estados hipnóticos (cerrar los ojos, respirar intensamente, permitir que el cuerpo “flote”, etc.)

Los ejercicios fueron realizados en órdenes aleatorios por 36 participantes que eran “altamente hipnotizables” y por los 21 que eran los menos hipnotizables, y que servirían como punto de referencia. Los investigadores encontraron tres diferencias fundamentales a nivel cerebral:

Disminución de la actividad en la zona dorsal anterior, que se relaciona con la propriopercepción, con la conciencia de sí mismo.
Aumento de la conectividad entre otros dos componentes cercanos: la corteza dorsolateral prefrontal (encargada en la cognición, la toma de decisiones y la memoria) y la ínsula (que se ocupa del control corporal, la emoción, la empatía y el sentido del tiempo).
Menor conexión entre la corteza dorsolateral prefrontal y un estado llamado “modo de red por defecto”, algo así como el estado de la mente en piloto automático, como cuando pensamos en nosotros en relación a eventos pasados.

Esta investigación ayudará a entender mejor cómo los cambios en el comportamiento y en el cerebro se implican mutuamente, así como para desarrollar tratamientos para aquellos que no son susceptibles a hipnosis, que a mucha gente le sirve para alejarse de hábitos nocivos, para concentrarse o para establecer conexiones analíticas profundas consigo misma.