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El chatbot Tay de Microsoft es un buen ejemplo de lo que puede pasar cuando un bot es liberado en la selva digital

Microsoft, Facebook y otras compañías están apostando fuertemente por los chatbots, algoritmos que conversan y aprenden de sus conversaciones y los cuales podrían reemplazar a humanos para dar ciertos servicios, desde asistencia técnica, hasta terapia. Pese a ambiciosas proyecciones, estos bots siguen teniendo sus problemas en la vida real. 

Hace unos meses, Microsoft lanzó un chatbot que estaba programado para conversar como si fuera un millennial en Twitter, específicamente una chica adolescente. Pero poco después de empezar a interactuar en Twitter, el bot, llamado Tay, empezó a comportarse como neonazi y a publicar comentarios poco menos que desastrosos para la compañía de software. 

Tay debía de imitar a personas de 18 a 24 años, pero algunos usuarios del foro de hacktivistas y pranksters 4chan subvirtieron al chatbot y lo llevaron a lugares oscuros (que son parte también de la Red). En sólo 16 horas en línea Tay tuiteó frases como "Odio a las malditas feministas, ojalá se pudran en el infierno" o "Hitler no hizo nada malo". Entre otras cosas, el chatbot negó el holocausto, acusó a George W. Bush de los atentados del 11S e insultó a diversos usuarios. 

Según Jo Allison, de Canvas8, los chatbots o programas IA "tienen gran potencial pero siempre y cuando logren entender el lenguaje contextualmente. Y aprendan a no dejarse engañar y promover el genocidio". Más allá de que tenemos bots que empiezan a escribir poesía, a dar consejos de vida y demás, aún son demasiado inocentes o ingenuos en lo que concierne a decodificar las sutilezas y los dobles sentidos del lenguaje humano.

Estudio explica que Twitter es una caja de resonancia política. ¿Será un medio realmente democrático?

Medios y Tecnología

Por: pijamasurf - 09/27/2016

La red social funciona como una caja de resonancias, donde los usuarios sólo escuchan (con distintos matices) el eco de sus propias opiniones.

Las redes sociales son un medio muy interesante para analizar las opiniones y adherencias políticas de sus usuarios, quienes se informan y comparten puntos de vista con personas alrededor del mundo en torno a temas de interés mundial. ¿Pero se trata de medios realmente democráticos, definiendo estos como medios donde todas las voces sean escuchadas y la discusión fluya hacia un mejor entendimiento común de la organización social?

Un nuevo estudio publicado en Politics Analysis parece contradecir la función democrática de las redes sociales, específicamente de Twitter. El autor, Pablo Barberá, de la Universidad del Sur de California, explica que el 85% de los retweets con orientación política provienen de usuarios con posiciones ubicadas en el mismo espectro político. Es decir, que Twitter parece funcionar en su gran mayoría como una caja de resonancia de las opiniones similares, donde en contraste, las opiniones radicalmente distintas a las nuestras nunca pasarán por nuestro TL.

En el estudio, Barberá escribe: "Los individuos son expuestos cada vez mas únicamente a la información que refuerza sus puntos de vista previos, evitando así la confrontación de opiniones. Esto genera un ambiente de caja de resonancia, por llamarlo de alguna forma, que fomenta el extremismo y la polarización política." Según el especialista, las conversaciones en Twitter están dominadas por usuarios claramente identificados con polos extremos de la política, de derechas o izquierdas.

¿Pero no es parte de la responsabilidad de cada ciudadano informarse y contrastar sus propias opiniones con las de aquellos con quienes no están de acuerdo? Por desgracia, este estudio es consistente con una gráfica del ingeniero Gilad Lotan (el genio de la data detrás de compañías como SocialFlow y bitly) que representa las tendencias en el flujo de información en Twitter después del bombardeo de una escuela de Naciones Unidas en Bait Hanoun en 2014. Las redes sociales, o al menos Twitter, parecen radicalizar las tendencias discursivas de los espectros políticos, de modo que los de extrema izquierda nunca se enterarán de qué opinan los de extrema derecha, lo cual está en contra de la noción democrática de que todos tienen derecho a dar su opinión a condición de que todos los demás les presten atención.