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Mariposas coronan un caimán en el Amazonas mientras beben sus lágrimas para obtener nutrientes

Cuando se trata de poesía, estética o perfección, cuando se trata de belleza, nada se acerca a la naturaleza. El impecable guión que la rige, su súper sofisticada simplicidad y su esencia inabarcable –que guarda sorpresas aún para el más minucioso observador–, hacen de ésta un lenguaje literalmente divino, y las historias que se cuentan a través de él jamas dejarán, por fortuna, de sorprendernos.

La anterior reflexión viene de contemplar una imagen recién capturada por el fotógrafo Mark Cowan, durante una expedición al Amazonas para estudiar la explosiva diversidad de reptiles y anfibios que esta región presume. Se trata de una escena grandiosa e improbable: un caimán portando una corona de mariposas. Y si el momento rebasa la arquitectura de lo imaginario, la explicación es aún más hermosa. 

Al igual que ocurre con esa poética simbiosis protagonizada por tortugas y abejas (sobre la cual puedes leer aquí), en este caso resulta que las mariposas visitan con frecuencia a los caimanes para beber sus lágrimas, las cuales son ricas en minerales, especialmente en sodio. Así, las mariposas se abastecen de nutrientes vitales y aunque no está claro el beneficio que obtienen los caimanes, a juzgar por la atildada generosidad con que opera la naturaleza, seguramente que éstos se benefician de algún modo (además del sublime fashion que implica portar una corona de mariposas).      

Twitter del autor: @ParadoxeParadis

Cuatro cosas que inesperadamente nos producen alegría (según la ciencia)

AlterCultura

Por: piJamasurf - 09/17/2016

La alegría a veces aparece en donde menos lo imaginas, aquí cuatro pruebas de esto

La casi obsesiva búsqueda de la felicidad en nuestra sociedad provoca que dediquemos una buena cantidad de energía a seguir el rastro de este estado –que, por cierto, es un tanto abstracto–. Y en ese proceso nos abocamos a buscar, de manera consciente o inconsciente, aquellas cosas, experiencias o actitudes que más puedan acercarnos a dicho destino. 

Es muy probable que la felicidad sea más o menos proporcional a la simplicidad que imprimamos a nuestras vidas. Pero más allá de esta hipótesis, y si se trata de hallar rutas o estímulos puntuales para detonar en nosotros la felicidad, además de los clásicos consejos, al parecer existen algunos elementos inesperados, descubiertos vía diversos estudios científicos, y los cuáles, extrañamente, por lo menos nos proveerán con algo de alegría –algo así como un poco de felicidad pasajera–.

Aquí cuatro de éstos:  

Tomar el transporte público

Aunque parezca paradójico, según una investigación de la UEA Norwich Medical School, sumergirnos en el vivo ajetreo propio del transporte público nos da, aunque a veces disfrazado de estrés, un algo de alegría: las caminatas implícitas, tiempo para leer o digerir reflexivamente tu día, socializar, etc.  

Involucrarte en un acto violento

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Vanderbilt, al involucrarte en un acto violento, por ejemplo una clásica pelea, las zonas de recompensa en tu cerebro se activan –a veces la verdad es cruda–.

Ver películas tristes

Según este estudio, el exponerte a películas tristes termina por darte algo de alegría. Probablemente se deba a la catarsis implícita en el acto de sumergirte en una realidad cruenta, para luego regresar a la tuya y recibirla de forma distinta. 

Pensar en la muerte

Un ejercicio propio de incontables tradiciones de desarrollo espiritual. Una de las mejores maneras de valorar tu vida, y de apreciar los cientos de detalles que te rodean es visualizar tu fin.